Capitulo nueve: del amor al odio…cinco minutos.
(Bella P.O.V)
Edward se fue tarde esa noche de mi casa, le hice un café, dejé que su cabeza descansara sobre mis rodillas mientras veíamos un aburridísimo documental sobre leones y le hacía cariño en su rebelde cabello broncíneo.
Por suerte no tenía que ir al trabajo, pero de igual manera tuve que levantarme temprano para ir nuevamente al hospital a hacerme toda esa larga lista de análisis que Edward había ordenado, insertaron en dos ocasiones una aguja en mi brazo, la primera vez fue para extraer cinco tubitos de sangre y la otra fue para meter dentro de mis venas un contraste liquido que permitiría ver mi cerebro con mayor nitidez, lo ultimo me dolió mas, era como tener fuego recorriendo todo mi cuerpo, desagradable y doloroso.
Se suponía que debía ir a la casa de Edward para que almorzáramos juntos y luego fuéramos a esa convención de psiquiatría en ese hotel de lujo. Por primera vez en mi vida le pedí ayuda a Alice, la cual me obligó a usar un vestido blanco sin tirantes y hasta la rodilla con una chaquetita de mangas cortas y zapatos de taco bajo en el mismo tono, tomé mi cabello en una coleta dejando que aquellos mechones rebeldes cayeran por el lado de mi rostro; cuando ya estuve lista cogí mi bolso, tome un taxi y me dirigí a la casa de Edward.
Era un lindo día así que le dije al taxista que me dejara un poco antes de mi destino y me bajé del coche para caminar un poco. Amaba a Edward, me encanta su sonrisa, su cabello broncíneo, su barbita de dos días, me parece adorable esa marquita que se le hace cuando sonríe, adoro el sonido de su risa, junto al él todo es mejor, es como si tuviera un motivo más para vivir en ese mundo para nada acogedor.
Me fui caminando tranquilamente sonriéndole a la vida y disfrutando de la sensación que provoca el enamoramiento, cuando llegué lancé un largo suspiro antes de tocar la puerta esperando verlo a él, pero lo que vi cambio drásticamente mi sensación de enamorada a una sensación de enojo total.
-¿Quién eres tú?- me pregunto la tipa que me abrió la puerta, era rubia, alta, de piernas largas y busto grande, piel blanca y ojos azules; no abría pensado mal de la situación si la tipa no llevase una camisa de Edward y los shorts de su pijama.
En ese momento odie a Edward, si sonrisa estúpidamente torcida, su cabello desordenado como la mierda, su barba asquerosa y desaseada, la ridícula marca que se le hacía en la cara cada vez que sonríe y detesté el sonido estridente de su risa, maldito Edward traidor pero ¿Quién era yo para culparlo?, él podía hacer con la tipa lo que nunca podrá hacer conmigo, es un maldito hombre, un inconsecuente de mierda que la noche anterior me juraba amor y ahora se acostaba con la primera tipa de mierda que tenia cuerpo de modelo.
-¿Esta Edward?- pregunté cortante tratando de no llorar.
-Si, se están cambiando, por favor pasa- dijo la rubia oxigenada, sus palabras resonaron en mi cabeza y le di mil significados nada apropiados, ella vestía ropa de él, y bueno, el seguramente se estaba vistiendo después de que esa zorra lo hubiese desnudado.
Entré a la casa con la frente en alto, cuando él estuviera presente le arrancaría los ojos, antes me comportaría a la altura y trataría de salir lo más digna posible de esta.
-Hola, ¿tu eres Bella cierto?- Preguntó otra rubia que estaba sentada en el sofá de su casa, por lo menos esta vestía su propia ropa.
-Si, soy yo, ¿y tu quien eres?- pregunté.
-¡Ay qué emoción! Tu eres la novia de Edward, eres tan linda como el nos dijo que eras, yo soy Kate y ella es mi hermana Irina- dijo la rubia numero dos presentando a la zorra numero uno.
A pesar del contexto de la situación Kate no me cayó tan mal, se veía joven, como de unos diecinueve o veinte años, su cabello era de un rubio casi blanco y usaba un flequillo que le cubría la frente y le daba un aire misterioso a sus ojos azules, además estaba vestida con su propia ropa y no era nada extravagante, Kate vestía mas o menos como yo, solo que ella ocupaba unos zapatos parecidos a los que usan las niñas pequeñas.
-Edward nos contó un poco sobre ti, espero que no te moleste; estoy tan feliz de que él haya encontrado a alguien como tú, creímos que nunca se repondría de la muerte de nuestra hermana, pero aquí estas y él se ve lleno de luz otra vez- dijo Kate dándome a entender quienes eran ellas.
-Ustedes son las hermanas de Tanya- dije mas en una afirmación que en una pregunta; ahora entendía muchas cosas, los rostros de muñeca, los ojos azules y el cabello rubio.
-Si, nosotras mismas- dijo Kate con nostalgia, -me mudé a Seattle por la universidad y como yo también tengo algo del problemita de Tanya mi madre insistió que Irina me acompañara- agregó.
-¿y podría saber qué problema tienes?- pregunté ya que ¿Quién mejor que yo para entenderla?
-No es nada grave como escapar del tacto humano o no poder sostenerle la mirada a las personas, es solo que repito las cosas con mucha frecuencia, si salgo de una habitación apago y prendo las luces una infinidad de veces y siempre chequeo en mi bolso que no se me haya perdido algo, o miro el reloj con mayor frecuencia de la normal- explicó Kate.
-Por lo menos no es como lo mío- musité.
-Edward nos contó algo, pero ten fe, tío Carlisle es un buen médico, te curaras- dijo la muchacha.
-Katie, ¿Por qué no subes y le avisas a Edward que su novia ya está aquí?- dijo Irina en un cínico tono dulce a su hermana.
Kate subió las escaleras corriendo dejándome a solas con la zorra de Irina.
-Escúchame bien mosca muerta- dijo agarrando mi muñeca con brusquedad, -Edward es mío ¿ok?, ni se te ocurra que lo vas a engatusar con tu carita de niña buena o tu trastorno de mierda, ya me lo quitó Tanya una vez, tu no harás lo mismo y ni creas que te la haré fácil porque si le dices a Edward una palabra de nuestra pequeña conversación mi tacto contigo no será tan amable y alguno de mis amigos podría ir a hacerte una cariñosa visita- escupió para luego soltarme con la misma brusquedad.
No me había equivocado con lo de zorra, la tipa si que era escalofriante pero se equivocaba si creía que podría hacerme daño.
-¿Te quedó claro Bella?- preguntó con fingida dulzura.
-Si, perra- le dije en el mismo tono dulce que ella usó conmigo.
-Bella amor, llegaste- exclamó Edward mientras bajaba las escaleras acompañado de Kate.
-¿ya nos vamos?- pregunté desesperada por salir de aquel lugar.
-si- me respondió, -Chicas, siéntanse como en su casa, ojalá se resuelva pronto lo de sus maletas y la aerolínea se las traiga-completó Edward tomándome de la mano.
-Edward- le llamó "perririna", -Lamento haberte bañado con gaseosa pero no sabía que alguien la había agitado antes de que la abriera, lo lamento- dijo la estúpida poniéndole cara de cordero degollado a Edward.
-No pasa nada- le respondió Edward y me sacó de la casa.
-¿Y bien?, ¿Qué quieres comer?- me preguntó mientras abría la puerta del Volvo para mí.
No le iba a hacer caso a la advertencia de cuarta de Irina, si quería que las cosas resultasen con Edward debía tenerle confianza, debía contarle lo que Irina me había dicho para luego evitar malos entendidos.
-Bella, ¿estas bien?, me estas preocupando- indicó Edward mientras conducía.
-Estaciónate, debo hablar contigo- dije seria.
El hizo lo que yo le pedí, apagó el motor del Volvo y se volteó a verme.
-¿Qué hacen esas dos chicas en tu casa?, y no pienses que te estoy haciendo una escena de celos, Kate es muy dulce y me cae demasiado bien pero Irina es una perra zorra maldita- dije despotricando en contra de la rubia llena de silicona.
-Kate se vino a Seattle por la universidad y su madre la obligó a venirse con Irina porque Kate heredó de su padre el mismo problema que Tanya también heredo en un mayor grado de complejidad y alguien debía cuidarla, a ambas se les extraviaron las maletas en el aeropuerto y ahí tenían el dinero para arrendar un cuarto de hotel mientras conseguían un lugar estable en donde vivir, a la única persona que conocen en Seattle es a mí y no entiendo porque llamas zorra a Irina si ella es tan buena como Kate- dijo Edward con un poco de enfado.
-Vale, tal vez me excedí un poco pero no puedo estar tranquila si una chica me amenaza hoy con quitarme al chico del cual estoy enamorada y también me dice que sus amigos me harán "una cariñosa visita"- dije soltando la sopa de una vez.
-Irina no es así, ella no es así como tú dices- dijo Edward sin creer lo que yo le decía.
-De Kate cree maravillas, la chica es un ángel, pero de Irina no- dije enseñándole mi muñeca en la cual tenía sus dedos marcados.
-No puede ser- musito Edward sorprendido tomando mi muñeca con delicadeza.
-Nadie te va a tocar Bella, yo te voy a cuidar, siempre- dijo él acariciando mi rostro.
-Por cierto, comprenderás que por una razón de ética no puedo echarla a la calle, después de todo ella es hermana de Kate y ella no tiene porque responsabilizarse de los actos de Irina, pero tendré especial cuidado con ella, quedaremos como si tu nunca me hubieses dicho nada para evitar que te vuelva a lastimar- me explicó acariciando con su pulgar las marcas que Irina había dejado en mi muñeca.
De nuevo parecía que amaba a Edward, me encanta su sonrisa, su cabello broncíneo, su barbita de dos días, me parece adorable esa marquita que se le hace cuando sonríe, adoro el sonido de su risa, junto al él todo es mejor, es como si tuviera un motivo más para vivir en ese mundo para nada acogedor.
Él volvió a conducir y me llevó a un restaurant de comida italiana, teníamos tiempo de sobra como para comer, caminar, ser nosotros mismos antes de transformarme en la paciente que solo está en esa convención por la buena voluntad de su médico. El tema de la discusión con Irina no volvió a salir a colación, comí mi pasta disfrutando de la compañía de Edward y de los detalles que me contaba de su infancia en Forks con las hermanas Denali.
-Kate no sabía andar en bicicleta sin rueditas de apoyo y "la innombrable" le tenía miedo a mi perro, por eso salía solo con Tanya; luego se nos hizo habito salir solos y al volver Kate nos tenía jugo de naranjas con hielo para refrescarnos- me comentó Edward.
-¿Qué hay de ti?, ¿Qué hiciste en el poco tiempo que viviste en Forks- me preguntó.
-No quiero hablar de eso- respondí echándome un gran bocado de pasta a la boca-
-Vamos Bella, te he contado casi toda mi vida, cuéntame algo de la tuya- pidió en tono juguetón.
-Iba a La Push con Jacob a tirarle piedras al mar- dije tratando de no escucharme dolida, pero la verdad es que el tema Jacob Black siempre iba a doler, incluso mucho más que Mike, lo mío con Mike fue solo un noviazgo estúpido el cual estaba basado en "soy genial porque ando con la chica nueva" y "que bien, alguien se fijó en mi", pero con Jacob fue distinto, yo lo amé y él me desilusionó, me pasé años culpándolo por joderme la vida, por haber sido quien me causó la mayor recaída de mi existencia y no fue hasta que tuve mis primeras sesiones de psicoterapia con Jasper cuando logré ir perdonando de a poco y dejando lo que tuve con Jacob atrás.
-Disculpa, no quise mencionar algo que te incomodara- dijo Edward tomando mi mano por encima de la mesa.
-No te preocupes, eso ya es pasado; en mi adolescencia me la pasaba en La Push porque mi padre tenía buenos amigos ahí, y bueno, ahí conocí a Jacob y luego con el pasar de los años pude comprender lo que de verdad me dolía de la situación; no me importó perder a mi novio, es más, creo que me alivió dejar de ser la novia de Jacob; lo que me dolió fue perder a ese amigo que siempre estaba ahí cuando yo lo necesitaba- expliqué sintiéndome un poco más calmada.
-Independiente de si esto sigue o termina de alguna manera yo siempre estaré para ti Bella- dijo Edward dándole un apretoncito amistoso a mi mano.
Nos dedicamos a comer en silencio luego de nuestra intensa charla sobre mi estancia en Forks, cuando hubimos terminado de comer, Edward pidió la cuenta y tomando mi mano salimos del restaurant rumbo a la convención de Psiquiatría.
Cuando llegamos tuvimos que poner las distancias pertinentes entre una paciente y su médico, al interior del hotel nos encontramos con Alice y Jasper, los cuales se encontraban ubicados en unas butacas dentro de un gran salón acondicionado para aquel tipo de reuniones. Entendía que Edward era un tipo sociable pero nuevamente comencé a odiar esa faceta suya de imán de chicas que parecían modelos de pasarela, cada cinco minutos se le acercaba alguna y se quedaba conversando con él sobre los tiempos que compartieron en la universidad y sobre las fiestas que se perdió por estar tras los libros.
Cuando creí que ya nos podríamos ir a sentar junto a Alice y Jasper vino mi peor pesadilla, una mujer de la misma edad de Edward, alta, de piernas largas y morenas, larga cabellera negra y ojos castaños y almendrados.
-¿Edward?, ¿Edward Cullen?, ¿de verdad eres tú?- preguntó la chica piernas de araña.
-¿Zafrina?, ¡tanto tiempo sin verte!, ¿Qué tal tu vida?- preguntó Edward pareciendo feliz de verla.
-Muy bien, trabajé un tiempo en Brasil y ahora volví, ¿y quién es esta muñequita que te acompaña?, ¿tu novia?- preguntó Zafrina dirigiéndose a mí.
-shhhh cállate Zafrina, Volturi anda cerca- la calló Edward.
-Ahhh ya entiendo, es tú paciente y ese viejo verde de Aro Volturi quiere experimentar con ella, hacerte a un lado e inventar el rumor de que andas con ella para sacarte del camino- dedujo Zafrina.
-Lo del rumor es cierto, estamos juntos y te agradecería tu discreción en este asunto- pidió Edward.
-Tranquilo hombre, tu y Jasper eran mis únicos amigos en esa universidad llena de niñitos ricos, además me parece bien que haya nacido la mujer capaz de sacarte de una biblioteca, luchen por su amor y…. que labor tan altruista Edward de invitar a tu paciente a esta convención, sigues tan comprometido con tu profesión como en la universidad, adiós…- dijo Zafrina para salir pitando de ahí.
Luego supe el porqué de su discurso tan variado, Aro volturi estaba tras nosotros y de inmediato cuando se hizo notar me escondí tras Edward.
-Mi querido amigo Edward, has traído a tu paciente, concuerdo con la doctora Zafrina, es una labor muy altruista la tuya joven Cullen, pero ya has hecho mucho, ¿Qué tal si dejas que yo me haga cargo de ella ahora?- propuso el tipejo.
-Mi padre se hará cargo- dijo Edward tratando de parecer tranquilo
-Vamos Edward, no querrás darle problemas a Carlisle- indicó Aro.
-Dije que mi padre se hará cargo- expuso Edward envolviéndome protectoramente con uno de sus brazos para llevarme al salón de convenciones.
chan chan chan... ahora que tuve mi semana de "vacaciones" por la universidad pude actualizar antes, ojala les guste el capi y que deje review la que quiera ser envuelta protectoramente en los brazos de Edward, o en su defecto la que quiera arrancarle el pelo a Irina
gracias por leer y por comentar
