Capitulo once: Nadie te quiere aquí.
(Edward P.O.V)
-Te hice una pregunta, que mierda haces aquí- volvió a decir Bella furiosa.
-Tranquila, no es para que me trates así, solo vine a hacerte una pequeña visita, ¿Por qué luces como si hubieras estado luchando con leones?- le preguntó tranquilamente una voz masculina desde el umbral de la puerta.
-Es un asunto que no te incumbe así que ahora lárgate, nadie te quiere aquí, ve a presumirle tu vida perfecta a otra persona- dijo Bella destilando enojo en cada palabra que decía.
Decidí intervenir por el bien del pobre tipo que estuviese afuera, últimamente Bella estaba pasando por una etapa en la que su "filtro" se había ido, ahora hacia y luego pensaba, eso me lo confirmaba lo extrañamente cariñosa que se había vuelto hace un rato en el sofá, en parte le agradecía al extraño por aparecerse justo a tiempo, mi autocontrol ya se estaba viendo quebrantado ante las insistentes caricias de Bella.
-¿Amor, está todo bien?- pregunté desde el sofá mientras me abotonaba la camisa.
-¿amor?, ¿vives con un tipo?, respóndeme Isabella- le preguntó aquel hombre.
-Eso es algo que a ti no te importa Jacob, ahora vete y déjame seguir con mi novio lo que interrumpiste- le respondió ella burlonamente.
Ante la sola mención de ese nombre yo me levanté de un salto del sofá, ella dijo Jacob, y ese nombre yo lo había leído en su ficha de las psicoterapias, también ella lo había mencionado con odio y tristeza, no tenía dudas, el tipo que estaba con ella en la puerta era Jacob Black, su ex novio.
-Jacob maldición, no puedes entrar, vete- dijo mi novia en un forcejeo.
El tipejo entró a la casa como si fuera suya, venia hecho una furia, era de mi misma estatura, piel morena, cabello negro y corto, ojos oscuros y musculoso, no tanto como Emmett, el amigo de Bella pero si lo suficiente como para dejarme hecho polvo en una pelea.
-¿Así que tu eres el imbécil que se está aprovechando de Bella?, a Charlie le va a encantar la noticia que le voy a llevar, su hija se ha mejorado y ahora deja que venga un tipo con cara de niño bonito y la manosee- espetó Jacob dirigiéndose a mí.
Iba a encararlo pero no me esperé que Bella lo abofeteara, luego de eso vino a refugiarse en mis brazos y ahí la mantuve yo, protegida de cualquier imbécil que quisiera dañarla.
-Entonces es verdad, este tipo es un aprovechador y tu su maldita puta personal- masculló Jacob con una mano en la mejilla que Bella le había abofeteado.
-Tú no sabes nada Jacob. Este hombre que tu ves aquí ha sido el único que ha sabido tratarme con amor, el único que ha podido ayudarme con mi enfermedad, el único que ha hecho algo por mí, mientras que tu sigues siendo el inmaduro que me desilusionó y me da pena que no puedas alegrarte de que yo ahora esté bien y junto a alguien que me quiere- le dijo Bella entre lagrimas.
-¿Cómo sabes que este tipo te quiere?, solo busca lo mismo que todos y si no interrumpo tu se lo hubieras dado, das vergüenza Isabella- dijo el animal sin alma que tenía enfrente.
-Límpiate la boca antes de hablar de Bella, ella es la mujer más lista, dulce y hermosa que he conocido, no merece el trato que le estas dando ni mucho menos que hables así de ella, y para tu información yo la amo más que a mi vida y no voy a permitir que un animal sin corazón venga a hacerla sufrir- dije en su defensa.
-No sé cómo puedes perder el tiempo con alguien como ella, pronto te aburrirás cuando veas que no es más que una torpe enferma psiquiátrica- soltó el chucho haciendo que Bella dejara mis brazos y me hiciera a un lado para defenderse por sí misma.
-¿Sabes algo Jacob?, luego de que terminamos tuve la peor recaída que he tenido en mi existencia, fue ahí cuando las chicas decidieron sacarme de Forks para empezar una nueva vida, era una zombie suicida que vivía para estar escondida en mi habitación planeando mi muerte, la cual nunca llegaba por mucho que lo intentara, fueron cuatro largos años llorando la desilusión que me causaste y cuatro años odiándote por haberme jodido la vida pero luego conocí a Edward y comencé a confiar nuevamente en las personas, con él aprendí que soy valiosa y comencé a sentirme llena de vida otra vez; también llego a mi vida un gran amigo, mi psicólogo, que me enseñó el valor del perdón, y yo he aprendido a perdonarme y a perdonar a los demás, me he perdonado por no comprender tus necesidades físicas y por no poder cubrirlas, y también perdoné tu inmadurez y tu falta de comprensión, y ahora te perdono nuevamente y espero que seas muy feliz en tu vida, que encuentres a alguien que te ame y que formes una familia hermosa que te haga feliz. Ahora como última petición te ruego que te vayas, nadie te quiere aquí, si Charlie quiere saber de mí que venga él, y que no mande a un mensajero- dijo Bella sin titubeos, sin lágrimas.
En ese momento me sentí enormemente orgulloso de la mujer que tenia al lado, solo ella era capaz de poseer la fortaleza y entereza para perdonar a quien le había hecho tanto daño así sin más, Bella era una persona admirable, incluso el chucho se quedó sin palabras ante su discurso de buenos principios.
-¿Te acompaño a la puerta?- le dije a Jacob ya que presentía que Bella no querría mas guerra con este asunto.
-Conozco la salida- respondió él saliendo de la casa dando un portazo.
Fue ahí cuando Bella se desplomó en la alfombra y se puso a llorar, me agaché junto a ella y dejé que mi espalda se apoyara en el sofá para estar más cómodo y así Bella pudiera llorar sobre mi pecho.
-Amor no llores, ya todo pasó, tranquila mi preciosa- le dije mientras acariciaba su sedoso cabello castaño.
-Déjame llorar Edward, no sé porque lo hago pero me hace sentir mejor- me respondió aferrándose más a mí.
Hice caso a su petición, dejé que llorara hasta que se quedó sin lágrimas pero se notaba enormemente aliviada, mi pecho se hallaba hinchado de orgullo, junto a mi tenia a la mujer más valiente, bondadosa, inteligente, simpática y hermosa del mundo. Sabía que la situación no era la adecuada pero no podía perder la oportunidad de estar con una mujer como Bella a mi lado toda la vida, ella era mi otra mitad, mi complemento y a pesar de no tener un anillo, una cena romántica ni a la luna como acompañante se lo quería proponer, quería que Isabella Swan fuese mi esposa a como dé lugar.
-¿Edward?- dijo ella cuando dejó de sollozar en mi pecho.
-Dime amor- le respondí jugueteando con sus dedos.
-Tengo miedo- expresó preocupada.
-¿De qué?- le pregunté.
-Tengo miedo de que Jacob entre a mi casa mientras estoy durmiendo- dijo levantando su mirada hacia mí.
-Sabes que junto a mi no debes temerle a nada, si te hace sentir mejor yo podría quedarme contigo esta noche cuidando de que nada malo te pase- le dije y una sonrisa se extendió por su rostro.
-¿En serio?- dijo ella levantando su cabeza y secando sus lágrimas
-En serio- le respondí haciendo que ella se levantase y fuera directo a su habitación.
Le dije que fuera a prepararse para dormir mientras yo le hacia un té de manzanilla para que se relajara, subí las escaleras de la casa rumbo a su habitación con la taza de manzanilla y la encontré cepillando su cabello sentada en la cama, me sorprendió lo hermosa que podía llegar a verse con algo tan simple como un pijama que consistía en una camiseta de tirantes y un short, todo en tonos pasteles.
Le dejé su manzanilla en la mesita de noche y vi que al otro lado de la cama había ropa de hombre, era una camiseta gris y un short a cuadros, quise saber a quien habían pertenecido esas ropas porque no creía que ella gustara vestir como hombre en sus ratos libres, quizás eran de su padre, quizás del maldito de Jacob Black, quizás….
-Son de Emmett- se me adelantó.
-Emmett se quedaba con Rose a veces así que en su habitación encontré algo que pudieras usar para dormir, porque no creo que pretendas dormir con la ropa que usaste hoy- dijo ella asertivamente.
De inmediato mis molestas dudas se disiparon pero quedaba otra, ¿Dónde iba a dormir yo?, porque estaba claro que no podía invadir el espacio de Bella ocupando su cama que si bien era grande no tenía el tamaño necesario para que durmieran dos personas sin toparse durante la noche. Ella tenía un pequeño sofá en su habitación en el cual estaban sentados muchos peluches ordenados por color y tamaño, comencé a hacerlos a un lado para tener un espacio en el cual dormir cuando un bufido de Bella me interrumpió.
-¡Edward Cullen no seas infantil!, tu duermes de tu lado y yo del mío, ahora deja a mis peluches tranquilos y trae tu caballeroso trasero aquí- dijo autoritaria.
Preferí hacerle caso porque en parte se encontraba bastante molesta y en parte yo estaba actuando como un idiota, ella ya había tenido suficiente por hoy y yo me negaba de una manera infantil a brindarle la protección que en mis brazos podía encontrar. Ella bebió su manzanilla y dejó la taza en la mesita de noche, cuando estuvimos a oscuras Bella se acurrucó entre mis brazos y se durmió casi al instante, se notaba que estaba agotada, primero el encuentro con Irina, luego la convención y después la escenita que le armó el chucho. Verla dormir era algo fascinante, su respiración tranquila, sus latidos armoniosos, los pequeños balbuceos que se le salían, su aroma a fresas y flores eran algo maravilloso, ahí había encontrado otra razón para querer casarme con Bella; ella era la mujer con la que quería dormir todas mis noches y despertar todas mis mañanas. Me quedé dormido con ese pensamiento y con la idea de comprarle un anillo mañana mismo para comprometerme con ella.
(Bella P.O.V)
Nunca había dormido tan bien, primera vez en mi vida que podía decir que no soñé pesadillas y todo gracias a Edward, me sentía tan protegida en sus brazos que podía estallar la tercera guerra mundial y yo seguiría igual de tranquila junto a él; la ropa de Emmett le quedaba un poco grande pero aun así lucia magnifico dormido en mi cama y con su cabello broncíneo luciendo mas rebelde de lo habitual; le di un pequeño beso en la mejilla y él comenzó a moverse inquieto entre las sabanas.
-¿Qué hora es?- preguntó somnoliento
-Las ocho y media, debo ir a trabajar- le dije corriendo las cobijas para levantarme.
-Dile a tu jefa que tu médico te ha ordenado reposo absoluto y que debes permanecer en cama toda la mañana junto a tu novio- soltó Edward atrayéndome más a sí.
-Ya ha sido lo suficientemente gentil para darme la tarde libre e ir a tu cena con psiquiatras como para que yo no me presente a trabajar en la mañana-dije sabiendo que había ganado la discusión.
-Tienes razón, además debo ir a mi casa, darme una ducha, revisar un periódico en donde leí el otro día de un departamento bonito para universitarios y sugerírselo a Kate, pasar por el hospital, por una joyería, ir a la casa de Jasper, volver a la mía…- Edward iba a seguir enumerando cosas que hacer durante el día pero yo lo detuve, me causaba curiosidad lo de la joyería.
-¿Por qué iras a una joyería?- le pregunté inocentemente.
-Yo no he dicho eso- me respondió tratando de usar sus trucos psicológicos conmigo.
-Yo sé lo que escuché Edward- le dije segura de mis palabras.
-Mi reloj favorito no funciona y quiero usarlo hoy- respondió finalmente.
Una sensación de alivio me invadió, por un momento pensé que le iba a regalar una joya a alguna chica, yo y mis tontas inseguridades.
Edward se levantó de mi cama, tomó su ropa del día anterior y fue a vestirse a otra habitación, de inmediato la cama comenzó a parecerme muy grande y comencé a cuestionarme que quizás la idea de casarme algún día no sería tan asquerosa como pensaba, el despertar envuelta en sus brazos había resultado ser de lo más placentero y su aroma aun seguía impregnado en la almohada, ese masculino pero dulce aroma.
No me podía quedar oliendo la almohada que usó toda la mañana por lo que me levanté y me fui directo al baño para darme una ducha rápida, traté de ser lo más breve posible, luego escogí un conjunto sencillo y me vestí; dejé mi cabello húmedo suelto para que se secase solo y me apliqué un poco de brillo labial. Cuando salí de mi habitación Edward estaba en la cocina, me había preparado el desayuno que consistía en leche, pan tostado y frutas; reí al ver un vaso lleno de agua junto a las pastillas que tomo cada mañana, sin duda se había preocupado de que no se me olvidaran, un buen médico que se asegura que sus pacientes sigan el tratamiento.
-Cuando termines de desayunar quiero llevarte a tu trabajo, no quiero que ese Jacob te pille y te haga daño, te recogeré a las siete para la cena de hoy- dijo con preocupación.
-Ese tipo no me hará nada Edward, creo que con todo lo que le dije ayer le quedó bastante claro que no lo quiero ver nunca más- le respondí mordiendo mi pan tostado.
-Solo quiero asegurarme que estés bien, hazme feliz y acepta que te acompañe hoy- pidió acunando mi rostro. Si me ponía esa cara de gatito abandonado bajo la lluvia era muy improbable que yo le negase algo, no tuve más opción que aceptar su propuesta y una vez que estuve lista dejé que Edward me llevase a mi trabajo.
-No puedo creer que ese perrucho se haya aparecido en tu casa así como así- dijo Alice una vez que le conté lo sucedido.
-Que bueno que Edward estaba ahí, sin él seguro que me hubiera echado a llorar- confesé.
-Si claro, y fue la excusa perfecta para meterlo en tu cama- expuso Alice dándole un doble sentido a sus palabras.
-No fue con ese propósito y lo sabes, además él me respeta y me quiere- le dije un tanto enojada.
-Ya Bella cálmate, no es para que te enojes con tu amiga que te tiene un vestido hermoso hermoso para que uses esta noche y a tu doctorcito se le caiga la baba- dijo Alice sacando del armario de sus confecciones un vestido largo y negro, sin tirantes, con una cinta negra a la altura del busto y nada extravagante como me imaginé que seria.
-Creo que en casa dejé una cartera Gucci y unos Jimmy Choo que son de tu talla, también en la habitación de Rose hay un labial rojo que te quedaría perfecto- completó Alice contemplando el vestido con cariño.
-¿Este es creación tuya?- le pregunté.
-Lo bauticé como Bella, es sencillo, bonito y elegante, lo que tu usarías- dijo la duende loca emocionándome, dejé el vestido de lado y la abracé, eran muchas emociones para un solo día, primero el despertar junto a Edward y luego las muestras de cariño de Alice.
-¿ya estás bien que me abrazas?- preguntó mi amiga respondiéndome el abrazo.
-Cállate duende y muéstrame que usarás tu- dije separándome de ella.
-Usaré algo divertido, lindo y nunca antes visto; lo bauticé como Alice- dijo ella sacando del armario otro vestido color violeta oscuro, un poco más corto que el mío, con una cintura bien delineada y cuyos tirantes se amarraban al cuello.
-¿crees que deje loco a mi psicólogo favorito?- preguntó con una sonrisa
-Estas definitivamente loca- le respondí para después reírnos estrepitosamente en la oficina del departamento de creaciones de la revista.
