Capitulo doce: Estamos destrozados
(Edward P.O.V)
Dejé a mi ángel en su trabajo y me dirigí rápidamente a mi casa, necesitaba una ducha y no había querido pedirle a Bella su baño, era muy quisquilloso con esas cuestiones, después de todo yo también tengo mis manías y una de esas es que soy de aquellas personas que no pueden usar otro baño más que el propio.
Conduje como un loco por las calles de Seattle, aun debía pasar por una joyería y comprar una sortija de compromiso, planeaba pedirle matrimonio justo después de la cena, lejos de la mirada inquisitiva de Aro volturi; llegué a mi casa y estacioné el coche, cuando entré me encontré a Kate sentada en el sofá con su maleta y el periódico de ayer en sus manos.
-¿ya enviaron sus maletas?- pregunté lo obvio.
-Si, y ya nos vamos, tu amigo Jasper nos llamó esta mañana y nos dijo que en el periódico había visto un apartamento para Irina y para mi- dijo Kate con algo de pena.
Jasper siempre tan preocupado, seguro se le había traspasado un poco de la intuición femenina de Alice y les había sugerido ese apartamento a las chicas por Irina, estaba casi convencido de que Alice le había dicho algo sobre la mayor de las Denali.
-Esta mañana llamé al arrendador, el apartamento está disponible, tiene una buena vista y a Kate le quedará cerca de la universidad; además hoy por la tarde tengo una entrevista de trabajo, estaremos bien- dijo Irina usando un tono frio.
-Cuida a Bella, ella es una buena chica- dijo Kate dándome un abrazo que yo respondí.
-No te preocupes Kate, tu solo estudia, vive y sé feliz; cuídate mucho- le pedí no estando seguro de los cuidados que podría darle Irina.
-Ya basta de despedidas, no es como si nos fuéramos del país, además volverá a tener su privacidad para estar a solas con su novia, no es tan malo Kate- dijo Irina reprendiéndola.
Eso me pareció sospechoso porque hasta donde yo sabía Irina odiaba a Bella, por algo la había herido y amenazado. Era muy raro que ahora repentinamente se alegrara de que Bella y yo pudiéramos estar solos, claro que ella contaba con el problema de mi novia con el tacto humano y no sabía que eso ya era tema superado.
-Adiós Edward, ven a visitarnos cuando tengas tiempo- dijo Kate dedicándome una sonrisa.
-Adiós Kate- le respondí mientras las veía salir por la puerta.
Luego de que se fueron las chicas me di mi tan ansiada ducha, lavé mi cabello, cepillé mis dientes y me afeité ya que Bella se quejaba a veces de que mi escaza barba le hacía cosquillas cuando la besaba, cuando ya estuve vestido y listo para salir llamé a Jasper y le pedí que me esperara en el centro comercial.
-Una cosa es que acompañe a Alice y otra muy distinta es que te acompañe a ti, ¿quieres comprarte un vestido?- Bromeó Jasper cuando ambos llegamos al centro comercial.
-quiero comprar un anillo- le respondí.
-¿Qué vas a hacer?, ¿es para Bella?, ¿Es solo un regalo o es algo más?, piensa bien lo que va s a hacer, ella aun no acaba su tratamiento, no está lista para el matrimonio, no puede…- Jasper iba a seguir pero yo lo interrumpí.
-Bella y yo ayer dormimos juntos- le dije dejando la frase inconclusa para que su mente de alcantarilla hiciera conexiones erradas.
-¿Acaso eres idiota?, ella aun está en tratamiento estúpido, pudiste haberla traumado de por vida, debe odiarte y no la culpo por eso- continuó Jasper despotricando en contra mía.
-Su Ex novio le hizo una visita, discutieron y ella quedó tan asustada que me ofrecí a quedarme con ella para velar su sueño y protegerla de ese patán por si se atrevía a entrar a la casa mientras ella dormía- expliqué haciendo que Jasper relajara su postura hacia mí.
-Quiero que sea mi esposa Jasper, quiero despertar todas las mañanas a su lado, quiero envejecer junto a ella, Bella es la mujer de mi vida y estoy dispuesto a esperar que ella se recupere todo el tiempo que sea necesario- dije mientras entrabamos en la joyería.
-¿y qué tipo de anillo estas buscando?, conociendo a Bella preferiría algo sencillo- dijo Jasper y comenzó a reírse.
-¿Se puede saber de te ríes?- pregunté casi contagiándome de la risa de Jasper.
-Regálale uno de esmeraldas, a ella le gustará- dijo finalmente
-no me mires así Cullen, cuando ella habla conmigo no para de decir que le encantan tus ojos, que parecen esmeraldas y ya sabes, cosas típicas de chica enamorada- finalizó mi amigo.
Le pedí a la vendedora que me mostrara todos los anillos de esmeraldas que tenia y me decidí por uno de oro blanco con la esmeralda en el centro y que estaba finamente adornado con pequeños diamantitos que rodeaban a la piedra verde, no me importó el precio del anillo, pasé mi tarjeta de crédito y en unos instantes la joya era mía para dársela a la mujer que ocupaba mi corazón.
-¿Cuándo le pidas matrimonio te arrodillaras?- preguntó Jasper mofándose de mí.
-¿Por qué te burlas?, ya te quiero ver cuando estés en la misma situación, estarás aterrado, sobre todo si la chica en cuestión te dice que sí, ya te quiero ver siendo arrastrado por Alice en los preparativos de una boda- me burle.
-Ya tranquilo Cullen, solo te pido que no le eches el anillo en una copa con champaña, mi madre aun cuenta como se ahogó con la sorpresa de papá- dijo mi amigo.
-Será después de la cena de esta noche, quizás en su casa cuando vaya a dejarla y sin champaña- le aclaré a Jasper y juntos partimos al hospital, el imbécil de Aro nos había mandado a llamar el día de ayer para acordar ciertas cosas de la cena de esta noche.
Manejé con suma lentitud ya que no tenía ningún apuro en verle la cara a ese viejo asqueroso, cuando llegué el muy estúpido nos esperaba sonriente en la puerta del hospital, se veía feliz y debía ser porque algo muy beneficioso para él acababa de ocurrir, seguro debió convencer a alguno de los pacientes de otros para que se trataran con él.
-Mis queridos amigos, los he reunido para que hablemos de esa paciente que tienen en común, la señorita Isabella Swan. Ella ha accedido finalmente a que yo sea su médico tratante, nos está esperando junto con Carlisle para que terminemos la derivación médica.
Mi rostro debió ser indescriptible por que Jasper me agarró del hombro para que no cometiese ninguna estupidez, después de que habíamos luchado tanto Bella se rendía así, sentía decepción, ira, me sentía traicionado, no podía creer como ella, una mujer inteligente se dejaba engañar por un viejo zorro como él; me costaba creerlo, y aunque sonase masoquista decidí ir hasta la oficina de mi padre en donde estaba ella para aclarar este asunto.
Caminé junto con Aro y Jasper hasta la oficina de mi padre, cuando llegamos ahí estaba ella, sentada en la camilla mientras mi padre revisaba sus reflejos, se veía algo perturbada por nuestra intromisión, tan inocente como si no supiera el daño que acababa de hacerme.
(Bella P.O.V)
-Bella, tienes un llamado, creo que es de ese hospital al que vas- dijo Austin, uno de mis compañeros del departamento de redacción; salí de la oficina de Alice y me dirigí a la mía para contestar la llamada.
-¿Diga?- contesté el llamado.
-Señorita Swan, soy Jane Flint del departamento de Radiología del hospital en el que usted se trata, han surgido unos inconvenientes con sus exámenes y el doctor Carlisle Cullen ha solicitado una cita médica extra programada con usted a la brevedad- dijo la mujer tras el teléfono.
-¿Qué clase de inconvenientes?- pregunté un tanto asustada.
-El doctor le informará en su oficina, por favor antes de su cita retire una copia de sus análisis de sangre y de su scanner cerebral ya que el doctor Cullen tiene los originales- explicó Jane
-Ok, estaré allí en media hora- dije y corté el llamado. Tras explicarle brevemente a mi jefa el asunto y agradecerle su comprensión salí del edificio y tomé el primer taxi que pillé para dirigirme al hospital, le mandé un mensaje de texto a Alice avisándole en donde estaría y me fui todo el camino preguntándome si Edward estaría allí también para explicarme que sucedía.
Como Jane dijo, pasé a recoger mis análisis, luego me fui al área de neurología y di con aquella oficina que afuera tenía un letrero que decía "Doctor Carlisle Cullen, Neurocirujano", toqué la puerta y un muy sorprendido Carlisle me abrió.
-Bella, que sorpresa, no te esperaba por aquí- dijo Carlisle totalmente asombrado.
-No estoy entendiendo nada Carlisle, me han llamado a mi trabajo diciéndome que usted programó una cita conmigo para revisar mis exámenes, he estado asustada todo el camino pensando que algo ha salido mal- dije una vez entramos a su oficina.
-Esto es raro, según tengo entendido nuestra cita programada es para la próxima semana, de seguro Edward debió ver tus exámenes y se preocupó, pero ya que estas aquí déjame echar un vistazo- explicó extendiendo su mano para que yo le entregara mis exámenes.
El observó con detenimiento cada uno de ellos mientras yo esperaba pacientemente que me dijera que todo estaba bien y que no había nada de qué preocuparse.
-Bella, con esto hemos descartado que tu problema no tiene nada que ver con tu cerebro, sino que es algo hormonal, veras, tu scanner ha salido perfecto, tu cerebro está bien, también los niveles de medicamento en la sangre, Edward ha cuidado de mantenerte con las dosis correctas, no hay daño en tu cuerpo producto de los medicamentos que tomas, si una anemia severa que debes cuidar con unas nuevas pastillas que voy a darte, de ahí tu piel tan pálida- indicó Carlisle y yo sonreí.
-¿Entonces estoy bien?, ¿Qué hay de malo con mis hormonas?- pregunté.
-Tienes un problema de hipotiroidismo, que es cuando hay una baja de hormonas tiroideas en la sangre, a veces el hipotiroidismo causa episodios depresivos como el que tú tienes, debo hacerte más estudios para darte la medicación adecuada, creo que hemos hecho un gran avance, pronto estarás bien- dijo Carlisle esperanzado.
-Ahora sube a la camilla, quiero revisar tus reflejos para ver si puedo empezar a quitarte de a poco los antidepresivos y estabilizadores del ánimo que te ha dejado Edward- explicó y yo me subí de un salto a la camilla emocionada ante la perspectiva de una vida sin medicamentos y con Edward junto a mí, por fin habían encontrado la raíz de mi problema, esta vez iba a estar bien de verdad.
-¿Cuánto tiempo deberé tomar medicamentos para el hipotiroidismo?-pregunté curiosa mientras Carlisle ponía una luz en mis pupilas.
-Lamento informarte que esas pastillas deberás tomarlas para siempre, pero creo que será más agradable tomar esas que las que estas tomando ahora-acotó Carlisle sacando un martillito pequeño para revisar mis reflejos, en eso y sin tocar la puerta aparecieron Jasper, Edward y mi pesadilla, Aro Volturi.
Jasper estaba inexpresivo, sujetaba el brazo de Edward como temiendo que golpeara a alguien, él solo me miraba con una expresión de tristeza y decepción en su rostro mientras que Aro Volturi tenía una gran sonrisa en su fea cara.
-¿Acaso no te han enseñado a tocar la puerta Aro?, acabas de interrumpir una atención médica- le reprendió Carlisle.
-Cállate Carlisle, agradécele a tu hijo el hecho que ahora no vayas a ejercer como medico nunca más en tu perfecta vida- espetó Aro.
-No te metas con mi familia, ¿Acaso no lo has superado ya?, Esme no te eligió, ahora deja de atormentar a nuestro hijo- pidió Carlisle agarrando el brazo de Edward y trayéndolo a su lado.
-¿Este idiota quería a mamá?- preguntó Edward sorprendido.
-Fueron cosas de la universidad hijo, cosas del pasado, ambos queríamos a la misma mujer y ella hizo su elección, ahora es él quien no comprende que Esme es feliz con la elección que hizo- le explicó Carlisle a su hijo.
-Tu perfecto hijo tiene una relación con su paciente y tu sabes que eso está prohibido, su amigo vive con la amiga de su paciente, ¿no encuentras eso un poco retorcido?, que falta de ética la de tu hijo Carlisle, ¿Qué dirán en otros hospitales cuando lo sepan?, y el muy ingenuo la deriva a tu consulta para librarse de todo problema, involucrándote tanto como él lo está- dijo Aro muy sonriente.
-No ocupes a Edward en una venganza que es conmigo, si quieres húndeme a mí, no me importa pero a Isabella, Jasper y a mi hijo no los tocas- nos defendió Carlisle.
-No podrás ni dar clases de biología en una secundaria Carlisle, mientras tú te dedicabas a enseñarle a caminar a tu mocoso yo me hacia poderoso, ahora los tengo en mis manos, o mejor dicho la señorita Swan los tiene en sus manos- dijo el muy tarado haciendo que todos voltearan a verme.
-No Bella, niégate, no hagas caso a ninguna de sus amenazas, por favor amor no lo hagas, sería como condenarte a morir- me rogó Edward mientras yo seguía sin entender.
-Que patético Edward, ella es una enferma psiquiátrica, no te ama, solo buscó en ti la solución a su problema y ahora vendrá conmigo, será mi paciente y tu seguirás sin ella- confesó Aro Volturi sintiéndose victorioso.
-¿Y qué pasa si me niego?- pregunté desafiante.
-Pasa que tu Edward, tu amiguito y tu querido suegro se quedan sin trabajo, ni aquí ni en ningún hospital del país, además mis influencias pueden hacer que ellos no ejerzan la profesión de médico y psicólogo en ninguna parte de este mundo, a mis amigos de Volterra les encantaría hacerme ese favor, ¿viene conmigo señorita Swan?- pregunto Aro extendiendo su mano.
-Estoy en su manos- dije bajándome de la camilla, le dedique una última mirada Edward, este era el adiós, el más cruel adiós que hubiera vivido, ahora estaba a merced de un loco que quizás que tratamientos iba a probar en mí, pero por Edward haría todo, además ellos eran los únicos que en verdad me habían ayudado, Edward con su tratamiento y su cariño, Jasper como ese amigo que siempre tenía un consejo valioso que darme y Carlisle y su trato paternal hacia mí, y pensar que hace cinco minutos estaba feliz por saber que me iba a mejorar de una vez y ahora todos mis sueños se hallaban truncados.
Fui con Aro a su oficina, era muy distinta a las otras, allí tenía un escritorio, una silla de ruedas y repisas llenas de frasquitos de pastillas, me indicó que me sentara y así lo hice.
-Isabella, creo que su nuevo tratamiento se vería alterado con la presencia del doctor Edward Cullen cerca de usted- dijo el idiota caminando por la oficina como si fuera un gran rey condenando a un súbdito rebelde.
-Si quiere que no lo vea lo haré, ahora si me permite debo ir a mi casa a alimentar a mi gato- le dije levantándome de la silla pero él me lo impidió, sus manos estaban en mis hombros y esa sensación de asco volvía a aparecer.
-Te irás a un hospital psiquiátrico Isabella, allí te someterás a un tratamiento nuevo sin ningún Cullen que lo interrumpa y solo saldrás cuando yo lo estime pertinente- me gritó Aro.
-¡Yo no quiero!, usted no puede obligarme, yo no estoy loca, quiero irme a casa, quiero a Edward, a mis amigas, mi trabajo…-iba a seguir pero un piquete en mi cuello me lo impidió, me volteé a ver quien lo había hecho y ahí había un muchacho rubio con una jeringa sonriéndome de manera nada amistosa.
-Buen trabajo Alec, cuando se duerma la sacas en la silla de ruedas sin que nadie la vea y la llevas a mi hospital, que Irina se encargue de ella cuando llegue- le dijo al tal Alec palmeando su espalda.
¿en qué clase de mundo retorcido vivía?, Irina trabajaba para Aro, y ahora me iban a llevar en contra de mi voluntad a un psiquiátrico en donde la loca más loca iba a hacerme la vida imposible, traté de luchar contra el sueño pero no pude, me quedé profundamente dormida a los pocos segundos de haber sentido el piquete en mi cuello, al despertar me encontré recostada en una incómoda cama en un pequeño cuarto blanco cuya única ventana estaba muy alta para que yo alcanzara a ver por ella y además tenía barrotes, había una bata de hospital a los pies de la cama; estaba tan desorientada que no me percaté de aquella rubia que vestía como enfermera.
-Te dije que si le decías algo a Edward lo ibas a lamentar, maldita mosca muerta- me dijo agarrando con demasiada fuerza el mismo brazo que antes había dejado morado.
-¿te preguntas como lo sé?, los seguí, mala elección el ser una boca floja, ahora él cree que tu decidiste internarte, que no lo quieres, que estás loca y que por eso hiciste todo ese teatro de la estúpida enamorada, ahora estoy yo para consolarlo, si ya lo consolé cuando la idiota de Tanya murió, puedo consolarlo cuando mueras acá- acabó por decir.
-No moriré, seré fuerte por él, por Carlisle y por Jasper- dije tambaleándome mientras me ponía de pie.
-Entonces ten cuidado con el agua que bebes, no vayas a terminar intoxicada como Tanya, ahora ponte esa bata de loca, tu primera "terapia" empieza en media hora- confesó como si nada dejándome sola en aquella deprimente habitación.
