Capitulo dieciséis: Plenitud

(Bella P.O.V)

Todo era como siempre lo soñamos, las tres habíamos decidido arreglarnos en la que fue nuestra casa y que ahora le habíamos dejado a Kate para que no siguiera recordando su estadía en el departamento con Irina, Kate vestida de un rosa pálido ayudaba a Rosalie con la cola de su vestido mientras que Alice caminaba de un lado a otro poniendo histérica a la señora Brandon y yo me encontraba entre mi madre y Esme quienes arreglaban mi cabello y mi maquillaje.

-Ni se te ocurra llorar Bella, no quiero a mi hija con ojeras negras en la iglesia- me reprendió Reneé al ver como temblaba mi labio inferior.

¿Por qué no podía ser todo como ayer?, cuando pasé a ser ante la ley la señora Cullen y solo tuve que usar uno de mis vestidos y poco maquillaje; ahora la boda por la iglesia "tenia" que ser grande, Alice y Rose lo querían así y a los chicos no les quedó otra más que acatar sus deseos. Por un momento me imaginé casándome con Edward en jeans y camisetas de algodón y una risa descomunal me invadió; las chicas se me quedaron mirando, ellas histerias y yo reía, que irónico.

-¿Podrías contarnos el chiste Bella?, anoche ni dormí por la boda, Emmett es tan infantil que temo que diga algún disparate en la iglesia- dijo Rose nerviosa mientras alisaba arrugas inexistentes en su vestido.

-No pasa nada Rose, es solo que el vestido es un poco incomodo- me quejé.

-No deberías quejarte mala amiga, ese vestido lo diseñé especialmente para ti, es el más cómodo de los tres, me imaginé que te quejarías, por eso el diseño- protestó Alice con falso enfado.

-¿Qué tan a menudo tienes que vestirte con una tonelada de tela blanca y vaporosa que se te enreda en las piernas y unos tacones mortales?- le formulé a Alice.

-Ya no te quejes Bella, somos dos novias neuróticas como para añadir una mas- intervino Rose arreglando el broche de cristal en su cabello.

-Edward y los demás están esperándolas chicas, yo debo irme, nos vemos allá- dijo Esme con su teléfono móvil en la mano saliendo de la casa.

El momento que nunca pensé que llegaría había llegado, Charlie me esperaba luciendo un esmoquin y Reneé se veía claramente emocionada; me di una última mirada en el espejo, mi vestido blanco parecía uno solo con mi piel, era como siempre lo soñé, con unos finos tirantes, el torso que se apegaba a mi cuerpo y la falda de tela vaporosa que caía desde mis caderas hasta el suelo; mi cabello era otra historia, se encontraba rizado y adornado por una sencilla tiara de brillantes que según Esme había pertenecido a la familia desde hace mucho y que si tenía una hija ella debía usarla cuando se casara. Ya entendía por qué Alice dijo que era el vestido mas cómodo de los tres; el de ella era más vaporoso que el mío y el de Rose tenía una cola de un tamaño considerable.

Íbamos cada una en un coche diferente, así lo habíamos planeado, primero iba Alice con su padre, luego venia yo con Charlie y después Rose con el señor Hale; Alice estratégicamente la dejó al último para que nadie tropezase con la cola de su vestido; nuestras madres habían partido con Esme y a medida que nos acercábamos a la iglesia mi nerviosismo aumentaba, mi corazón se aceleró cuando el coche se detuvo y vi bajar a Alice desde la ventanilla, mi padre me ayudó a bajar, los zapatos de taco alto no me hacían fácil mi misión de llegar ilesa al altar.

La marcha nupcial había comenzado a sonar, Alice iba delante mío del brazo de su padre, el señor Brandon claramente frenaba a su hija para que fuera con paso lento y no corriendo al encuentro de Jasper, yo temblaba como gelatina y tras echarle un vistazo rápido a Rose pude ver que fulminaba a Emmett con la mirada como queriéndole decir "no hagas nada estúpido".

Cuando finalmente Alice se ubicó junto a Jasper fue que pude ver a Edward, aquel hombre que ya era mío ante la ley, de pie junto al altar como un dios griego esperándome solo a mi; tuve que reprimir mis ganas de correr a sus brazos, se veía tan guapo en ese traje gris perlado con camisa blanca y pañuelo al cuello en vez de corbata, su cabello lucia despeinado como siempre pero se notaban unos fallidos intentos por peinarlo, definitivamente lo amaba, más que a mi propia vida.

-Bien Cullen, ya lo sabes, o me cuidas a mi princesa o te vacio la pistola- le dijo Charlie cuando me dejó junto a él.

-¡Papá!- lo reprendí, ¿Cómo se le ocurría amenazarlo de esa forma?

-Era broma Cullen, solo sean felices- dijo mi padre antes de ir a ubicarse junto a Reneé.

-Te ves irresistiblemente hermosa hoy Isabella- me susurró Edward al oído haciéndome estremecer.

-Y usted se ve muy guapo doctor Cullen- le dije siguiendo su juego, aun quedaba tiempo, Rose se estaba ubicando junto a Emmett y el señor Hale le estaba advirtiendo en su afán de padre sobreprotector.

-Soy un hombre casado ante la ley señorita, no debería decirme esas cosas- continuó Edward.

-Su esposa no tiene por que saberlo- le dije antes de que el sacerdote nos llamara la atención y comenzara con la ceremonia.

Cada vez estaba más nerviosa, Edward tomó mi mano para tranquilizarme pero solo logró que mis latidos se aceleraran más y todo me diera vueltas, maldije internamente a los nuevos medicamentos que me recetó Carlisle, estaba experimentando todos los efectos secundarios justo en mi boda.

Alice ya había dado el sí, ella y Jasper se besaban mientras todos los aplaudían, el sacerdote se acercó a nosotros, solo esperaba que esta vez las palabras si salieran de mi boca.

-Edward Anthony Cullen, ¿quieres recibir a Isabella Marie Swan como esposa y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida?- le preguntó el sacerdote a Edward; él me dedico una sonrisa antes de volverse a él.

-Si, acepto- respondió Edward con lo que yo solté un suspiro de alivio.

- y tu Isabella Marie Swan, ¿quieres recibir a Edward Anthony Cullen como esposo y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad y, así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?- me preguntó.

Esta vez las dudas se habían quedado atrás junto con las inseguridades, yo merecía estar al lado de aquel hombre tan maravilloso, entrelacé mi mano con la suya antes de hablar.

-Si, acepto- dije con seguridad.

Ambos nos pusimos los anillos y Edward depositó un beso en mi mano, ahora si era su esposa en todos los aspectos, ¿Quién iba a pensar que Bella Swan, la chica que repudiaba todo contacto humano ahora era Bella Cullen, la esposa de un psiquiatra?

-El novio puede besar a la novia- dijo el sacerdote y Edward acunó mi rostro entre sus manos y me besó dulcemente haciendo todos mis sueños realidad.

Miré a mí alrededor, la nueva señora Whitlock abrazaba a Jasper con una gran sonrisa, Rosalie pronunciaba sus votos y yo me encontraba entre los brazos del que ahora era mi esposo.

A la salida Alice insistió en lanzar el ramo, el de Rose lo atrapó Kate, la cual luego fue atrapada en el efusivo abrazo de Garrett; Alice lanzó el suyo, el que cayó a manos de Austin, mi compañero de edición; iba a lanzar el mío pero Edward me tomó del brazo y me alejó de la multitud.

-¿Qué pasa?, debo lanzar mi ramo- le dije extrañada ante su actitud.

-Hay un lugar al que me gustaría ir contigo antes de ir a la fiesta- me respondió Edward.

-¡Hey Eddie! Podrías esperar a la noche para hacer cositas con Bella- nos gritó Emmett ganándose una reprimenda de parte de Rosalie.

Edward le levantó el dedo del medio, definitivamente estuvo compartiendo mucho tiempo con el oso gigante cuando no estuve.

-¿A dónde vamos?- le pregunté un tanto curiosa.

-Necesito presentarte a alguien- me respondió abriéndome la puerta de su Volvo.

Edward conducía muy rápido, se estaba alejando bastante de Seattle; ya estaba atardeciendo, un hombre estaba cerrando un enorme portón a lo que Edward se bajó inmediatamente del coche a hablar con él y luego de unas breves palabras vino por mí.

Una vez dentro del lugar me percaté de en donde estaba, era un cementerio, ¿Qué pretendía Edward trayéndome a un cementerio?

-Aquí es- dijo Edward y me fijé en la tumba sobre la cual estaba parada.

"Tanya Denali, amada hija, hermana y amiga."

-Necesitaba cerrar un ciclo Bella, cada vez estoy más convencido que ella te puso en mi camino y hoy vine a darle las gracias por eso- me explicó Edward.

-Creo que ahora con Irina en la cárcel y Kate viviendo con Garrett podrá descansar en paz- acoté dejando mi ramo de novia en su tumba.

-Ahora puedo vivir tranquilo sabiendo que ella no se suicidó por mi culpa y que me ha recompensado poniendo en mi destino a una mujer tan buena como tú, Tanya desde el cielo sigue siendo una buena amiga- comentó Edward abrazándome por la cintura.

-Creo que deberíamos ir a la fiesta antes que la señora Whitlock nos despelleje vivos- sugirió mi esposo tomándome de la mano para salir del cementerio.

Co la manera de conducir de Edward llegamos en tiempo record, él tenía razón, Alice nos miraba reprobatoriamente, y más a mí, como buscando si había arruinado el hermoso vestido que ella había diseñado. Seguimos todos los ritos típicos de una boda, el brindis, el vals, partimos el pastel y luego las tres cansadísimas de tanto ajetreo nos sentamos en unas sillas para platicar.

-Con Jazz iremos a Paris, ¡la capital de la moda chicas!- chilló Alice

-Jasper quiere ir a Francia por Napoleón, no por las camisas caras y chaquetas de diseñador- acotó Rose.

-Da lo mismo, iremos a Paris- volvió a chillar Alice.

-Con Emmett iremos a Italia, ahí están los Ferrari y sus pizzas- contó Rosalie.

Yo no tenía idea de adónde iba a llevarme Edward, todos sabían menos yo, incluso las chicas, pero no hay plazo que no se cumpla, Edward me cargaba gentilmente hasta el coche dado que yo no quería caminar con esas trampas mortales, iríamos a su casa, la que ahora era nuestra, nos cambiaríamos, tomaríamos nuestro equipaje que entre Esme y Reneé empacaron y abordaríamos un avión rumbo a no sé dónde.

Cuando nos subimos al avión ocupé el hombro de Edward como almohada, tenía mucho sueño y además el día había sido bastante agitado, solo unas horas después fui consciente de que él también se había quedado dormido porque había dejado de acariciar mi cabello. Ambos despertamos en el atardecer de un país extraño, solo supe donde estaba cuando me bajé del avión, Edward me había traído a Brasil.

-¿Qué hacemos en Brasil Edward?- le pregunté extrañada ante su elección.

-Vamos a Isla Esme, y no me mires así, fue un regalo de mi padre a mi madre cuando nací yo- explicó Edward mi pregunta no formulada sobre porque una isla tiene el mismo nombre que su mamá.

Llegamos a un pequeño puerto, Edward cargó nuestro equipaje dentro del yate y luego me ayudó a subir en él. El clima era cálido y los colores anaranjados del crepúsculo sobre el mar eran hermosos, era todo demasiado romántico.

Cuando llegamos a la isla fue mas menos la misma rutina, anclar el yate, bajar el equipaje y luego caminar de la mano por la arena rumbo a la única casa que había en la isla.

Edward traía la camisa algo abierta, lo que me daba una vista bastante buena de su muy bien formado pecho, no pude evitar que mis labios recorrieran su cuello antes de llegar a su boca, después de todo ya era su esposa, ahora no podía alejarme.

-¿Estas segura de que quieres hacer esto Bella?, podemos esperar- sugirió Edward siendo inconsecuente con lo que decía por la manera en que sus labios besaban mis hombros.

Si bien aun no me daban el alta médica por mi enfermedad y el tacto humano me causaba cierto rechazo, Edward era historia aparte, él con un solo tacto podía transportarme hacia la luna y mas allá, confiaba en él más que en cualquier persona, más que en mi misma y el amor que le tenía era inmensamente grande. Estaba viviendo la típica situación romántica que solo pasa en las telenovelas, le estaba entregando mi pureza al hombre que amaba, era nuestra primera vez y ambos nos demostrábamos con cada toque, con cada beso cuanto nos amábamos, la ropa de repente se convirtió en un estorbo y fue el sentir toda mi piel en contacto con la suya lo que hizo darme cuenta que ya no necesitaba medicamentos para permitirme la cercanía con alguien, el amor de Edward me había sanado, esa noche junto a él había dejado de ser Bella la intocable.

-Te amo- dijo mientras yo dormitaba con mi cabeza apoyada en su pecho desnudo.

-Yo también te amo Edward- le respondí abrazándome más a él.

Sin darme cuenta me quedé dormida entre sus caricias, desperté al día siguiente con la cabeza en una almohada, el olor del café recién hecho hizo que me levantara, tomé la camisa de Edward que estaba en el piso vergonzosamente sin algunos botones y me la puse, lo vi vistiendo solo unos shorts mientras preparaba el desayuno.

-¿Quiere algo en especial la señora Cullen?- preguntó sonriéndome desde la cocina.

-Quiero tus labios en los míos- le respondí robándole un beso.

-Si seguimos así se me va a quemar el desayuno, además no sabes lo que provocas en mi vistiendo mi ropa- señaló para besarme brevemente para seguir con el desayuno.

Comimos rápidamente porque Edward me había ilusionado con enseñarme a nadar en aquellas aguas cristalinas y cálidas y además porque queríamos recorrer la isla y tener otra de nuestras "sesiones de besos".

Fui a la habitación a cambiarme pero grande fue mi sorpresa cuando vi lo que mi madre y mi suegra habían empacado para mi, ¿tan desesperadas estaban por tener un nieto?, había mucha lencería francesa de encaje, bikinis algo pequeños, vestidos cortos y ¡un solo bendito jeans!, como andar con pantalones no me iba a ayudar a aprender a nadar saqué un bikini azul y sobre él me puse un vestido del mismo color, tomé una toalla de playa, mi bloqueador solar y salí a encontrarme con Edward.

La vida no podía ser más hermosa, cada día era mejor que el anterior pero no podía evitar cuestionarme si iba a ser todo así, algún día Aro Volturi saldría de prisión y Irina no se quedaría atrás, nada es para siempre, algún día tendría que luchar por Edward de nuevo.

-¿Algo que te preocupe amor?- preguntó Edward.

-Nada- le mentí mientras dejaba que pusiera bloqueador solar en mi espalda.

-Sabes que puedes confiar en mi Bella, ¿Nuestra nueva cercanía te afecta en algo?- me preguntó; me voltee a ver su expresión, lucia torturado y culpable, como si creyera que él tenía que ver con mi preocupación.

-No tiene nada que ver eso Edward, me gusta estar a tu lado, es solo… que me pregunto si tanta felicidad podrá durar para siempre- dije acurrucándome en sus brazos.

-Amor, tu ya estas casi sanada, estamos casados y disfrutando de nuestra luna de miel, ¿Qué puede ir mal?- cuestionó Edward.

-Que Irina y Aro salgan de prisión- confesé finalmente.

Edward se largó a reír, lucia tan despreocupado, tan tranquilo y feliz…

-Ellos no saldrán nunca Bella, mi papá me llamó hace poco y me contó que a Irina la condenaron por el asesinato de Tanya y por tu secuestro, y Aro… aparte de tu secuestro tiene varias irregularidades a cuestas, malos tratos a sus pacientes y créeme, no eres la única a la que metieron en ese hospital contra su voluntad- me explicó Edward.

-Entonces… ¿No van a molestarnos jamás?- pregunté un poco más tranquila.

-No Bella, Irina tiene cadena perpetua y Aro arriesga más de cincuenta años, ambos morirán en prisión- dijo Edward devolviéndome la tranquilidad.

Con algo más de paz me dediqué a disfrutar del sol junto con Edward, la luna de miel me había sentado bien, mi piel tenía un tono más dorado, ya no estaba tan pálida como un fantasma y además Edward bronceado se veía sumamente irresistible, pero todo tiene que terminar alguna vez, tuvimos que volver a nuestra ciudad y a nuestros trabajos, pero era agradable llegar a casa y tener a alguien con quien compartir tus experiencias del día; En el trabajo todos decían que se me veía más feliz, ¿y cómo no estarlo si era la esposa del hombre más maravilloso de la tierra?

-Revisé tu expediente, el que estaba en la oficina de Jasper- dijo Edward mientras cenábamos.

-¿y por qué?, ¿algo va mal conmigo?- le pregunté algo extrañada.

-Fue solo curiosidad, en una sesión le dijiste que tu vida seria perfecta si tuvieras un esposo, una casa, un perro, un gato y un hijo- me respondió sin restarle atención a su cena.

-Mi vida es perfecta ahora Edward- le dije totalmente convencida de lo que decía.

-Ve a la cochera, luego seguimos comiendo- ordenó para luego levantarse de la mesa y tomar mi mano e ir a la cochera.

Fui con él aunque no sabía que pretendía, encendió la luz y grande fue mi sorpresa al ver un pequeño cachorrito de pelaje esponjoso y dorado con una cinta azul atada en su cuello.

-No es de raza, sé que no querías que gastase dinero en algún regalo, por eso lo adopté de un albergue de animales, dijeron que no crecería mucho, espero que a Bigotes no le moleste el nuevo integrante de la familia- Expresó Edward divertido.

Tomé al pequeñín entre mis brazos y esté lamió mi mejilla, -Te llamaras Rabito- le dije al perro.

-Si, tiene la cola un poco corta, pero ahora tienes al esposo, la casa, el perro y el gato, solo te falta el hijo- concluyó Edward.

-Si, tienes razón, pero no hay nada que nueve meses no puedan solucionar- dije poniendo a mi cachorro en el suelo y dejando a Edward pálido de la impresión.

Fin


bueno chicas...este es el fin, aun falta el epilogo, lo sé cuando lo suba pq la universidad no me da tiempo

gracias por sus comentarios y por leer...y la ultima frase de Bella...saquen sus propias conclusiones, se los dejo a su imaginacion, en el epilogo se sabran mas cosas

bye!