hola

la verdad es que ya me urge q corran estos pedazos ganas no me faltan de plano saltarmelos y llegar ya a la parte importante de la historia pero no puedo!! y eso que soy yo la que lo escribe jejeje no se deseperen junto conmigo por fa bueno espero que despues de todo les guste el capitulo y si tienen una idea de que las cosas ocurran mas rápido se los agradecere


Decidí levantarme de mi cama por mucho trabajo que me costase, fui hasta la ventana viendo como la nieve cubría todo a su paso, Charlie se había marchado ya, me encantaba a veces pensaba que era como si yo estuviera viviendo sola me gustaba estar sola, desayune lo de siempre cereales con jugo de naranja, la idea de ir a la escuela me motivaba más de lo que me quesera ya que existía una clara razón quería ver a Edward Cullen lo cual era una estupidez ¿Por qué quería verlo? ni yo misma lo sabia

La nieve no ayudaba mucho a mi nula coordinación tenía que concentrarme más que para un examen de trigonometría al caminar al llegar al coche intacta decidí dejar de pensar en Cullen y mejor hacer mis ejercicios de memoria no sin antes poder evitar si los chicos de aquí serian como los de Phoenix, mala idea si algo me frustraba más que pensar en Edward era no recordar mi vida en Arizona

Llegue a la escuela si ningún percance eso era demasiado raro Un objeto plateado me llamó la atención y me dirigí a la parte trasera del monovolumen, apoyándome en él todo el tiempo, para examinar las llantas, recubiertas por finas cadenas entrecruzadas. Charlie había madrugado para poner cadenas a los neumáticos del coche. Se me hizo un nudo en la garganta, ya que no estaba acostumbrada a que alguien cuidara de mí, y la silenciosa preocupación de Charlie me pilló desprevenida.

De pronto escuche un terrible sonido que hizo que volteara vi varias cosas a la vez. Nada se movía a cámara lenta, como sucede en las películas, sino que el flujo de adrenalina hizo que mi mente obrara con mayor rapidez, y pudiera asimilar al mismo tiempo varias escenas con todo lujo de detalles. Edward Cullen se encontraba a cuatro coches de distancia, y me miraba con rostro de espanto. Su semblante destacaba entre un mar de caras, todas con la misma expresión horrorizada. Pero en aquel momento tenía más importancia una furgoneta azul oscuro que patinaba con las llantas bloqueadas chirriando contra los frenos, y que dio un brutal trompo sobre el hielo del aparcamiento. Iba a chocar contra la parte posterior del monovolumen, y yo estaba en medio de los dos vehículos. Ni siquiera tendría tiempo para cerrar los ojos. Algo me golpeó con fuerza, aunque no desde la dirección que esperaba, inmediatamente antes de que escuchara el terrible crujido que se produjo cuando la camioneta golpeó contra la base de mi coche y se plegó como un acordeón. Me golpeé la cabeza contra el asfalto helado y sentí que algo frío y compacto me sujetaba contra el suelo. Estaba tendida en la calzada, detrás del coche color café que estaba junto al mío, pero no tuve ocasión de advertir nada más porque la camioneta seguía acercándose. Después de raspar la parte trasera del monovolumen, había dado la vuelta y estaba a punto de aplastarme de nuevo.

Me percaté de que había alguien a mi lado al oír una maldición en voz baja, y era imposible no reconocerla. Dos grandes manos blancas se extendieron delante de mí para protegerme y la furgoneta se detuvo vacilante a treinta centímetros de mi cabeza. De forma providencial, ambas manos cabían en la profunda abolladura del lateral de la carrocería de la camioneta , entonces aquellas manos se movieron con tal rapidez que se volvieron borrosas. De repente, una sostuvo la carrocería de la furgoneta por debajo mientras algo me arrastraba. Empujó mis piernas hasta que toparon con los neumáticos del coche marrón. Con un seco crujido metálico que estuvo a punto de perforarme los tímpanos, la camioneta cayó pesadamente en el asfalto entre el estrépito de las ventanas al hacerse añicos

Mi mente daba vueltas otra vez aparecían esos ojos grises acompañados de varios rostros que hicieron que recordara nombres, lugares, fechas y sobretodo personas vino a mi mente Phil y eso con llevo a recordar mi auto mi precioso y amado volvo negro ¿Qué fue de él? , pero el propietarios de otro volvo un plateado para ser más exactos me saco de mis pensamientos.

- ¿Bella? ¿Cómo estás?

-Estoy bien.

Mi propia voz me resultaba extraña. Intenté incorporarme y entonces me percaté de que me apretaba contra su costado con mano de acero.

-Ve con cuidado-dijo mientras intentaba soltarme-. Creo que te has dado un buen porrazo en la cabeza.

Sentí un dolor palpitante encima del oído izquierdo.

- ¡Ay! -exclamé, sorprendida.

-Tal y como pensaba...

Por increíble que pudiera parecer, daba la impresión de que intentaba contener la risa, si estaba muy agradecida de recordar varias cosas pero en ese momento me intrigaba mas saber como diablos había llegado tan rápido

-¿Cómo llegaste hasta aquí tan rápido?-pregunte

-Estaba a tu lado, Bella -dijo; el tono de su voz volvía a ser serio.

Quise incorporarme, y esta vez me lo permitió, quitó la mano de mi cintura y se alejó cuanto le fue posible en aquel estrecho lugar. Contemplé la expresión inocente de su rostro, lleno de preocupación. Sus ojos dorados me desorientaron de nuevo. ¿Qué era lo que acababa de preguntarle?

Nos localizaron enseguida. Había un gentío con lágrimas en las mejillas gritándose entre sí, y gritándonos a nosotros.

-No te muevas-ordenó alguien.

-¡Sacad a Tyler de la camioneta!-dijo alguien

El bullicio nos rodeó. Intenté ponerme en pie, pero la mano fría de Edward me detuvo.

-Quédate ahí por ahora.

-Pero hace frío -me quejé. Me sorprendió cuando se rió quedamente, pero con un tono irónico-. Estabas allí, lejos -me acordé de repente, y dejó de reírse-.

Te encontrabas al lado de tu coche.

Su rostro se endureció.

-No, no es cierto.

-Te vi.

A nuestro alrededor reinaba el caos. Oí las voces más rudas de los adultos, que acababan de llegar, pero sólo prestaba atención a nuestra discusión. Yo tenía razón y él iba a reconocerlo.

-Bella, estaba contigo, a tu lado, y te quité de en medio.

Dio rienda suelta al devastador poder de su mirada, como si intentara decirme algo crucial.

-No -dije con firmeza.

El dorado de sus ojos centelleó.

-Por favor, Bella.

- ¿Por qué? -inquirí.

-Confía en mí -me rogó. Su voz baja me abrumó. Entonces oí las sirenas.

- ¿Prometes explicármelo todo después?

-Muy bien -dijo con brusquedad, repentinamente exasperado.

-Muy bien -repetí encolerizada.

Nos sacaron de ahí, Edward pudo rechazar la camilla pero en cambio me delato diciendo que yo tenía una contusión argh como me chocaba, casi me morí de la vergüenza cuando me pusieron el collarín parecía que toda la preparatoria estaba allí, mirando con gesto adusto, mientras me introducían en la parte posterior de la ambulancia. Dejaron que Edward fuera delante. Eso me enfureció.

Para empeorar las cosas, el jefe de policía Swan llegó antes de que me pusieran a salvo.

- ¡Bella! -gritó con pánico al reconocerme en la camilla.

-Estoy perfectamente, papá -dije con un suspiro—. No me pasa nada.

Lo ignoré

y me detuve a analizar el revoltijo de imágenes inexplicables que se agolpaban en mi mente. Cuando me alejaron del coche en camilla, había visto una abolladura profunda en el parachoques del coche marrón. Encajaba a la perfección con el contorno de los hombros de Edward, como si se hubiera apoyado contra el vehículo con fuerza suficiente para dañar el bastidor metálico. Y luego estaba la familia de Edward, que nos miraba a lo lejos con una gama de expresiones que iban desde la reprobación hasta la ira, pero no había el menor atisbo de preocupación por la integridad de su hermano, Intenté hallar una solución lógica que explicara lo que acababa de ver, una explicación que excluyera la posibilidad de que hubiera enloquecido.

La policía seguía a la ambulancia eso hizo que me pusiera de mas mal humor pero lo que logro que perdiera mi autocontrol fue a ver entrar por su propio pie a Edward

Me condujeron hasta la sala de urgencias, una gran habitación con una hilera de camas separadas por cortinas de colores claros. Una enfermera me tomó la tensión y puso un termómetro debajo de mi lengua. Dado que nadie se molestó en correr las cortinas para concederme un poco de intimidad, decidí que no estaba obligada a llevar aquel feo collarín por más tiempo. En cuanto se fue la enfermera, desabroché el velero rápidamente y lo tiré debajo de la cama.

Se produjo una nueva conmoción entre el personal del hospital. Trajeron otra camilla hacia la cama contigua a la mía. Reconocí a Tyler Crowley, de mi clase de Historia, debajo de los vendajes ensangrentados que le envolvían la cabeza. Tenía un aspecto cien veces peor que el mío, pero me miró con ansiedad.

- ¡Bella, lo siento mucho!

-Estoy bien, Tyler, pero tú tienes un aspecto horrible. ¿Cómo te encuentras?

Tyler no prestó atención a mis palabras.

- ¡Pensé que te iba a matar! Iba a demasiada velocidad y entré mal en el hielo...

Hizo una mueca cuando una enfermera empezó a limpiarle la cara.

-No te preocupes; no me alcanzaste.

- ¿Cómo te apartaste tan rápido? Estabas allí y luego desapareciste.

-Pues... Edward me empujó para apartarme de la trayectoria de la camioneta.

Parecía confuso.

- ¿Quién?

-Edward Cullen. Estaba a mi lado.

Siempre se me había dado muy mal mentir. No sonaba nada convincente.

- ¿Cullen? No lo vi... ¡Vaya, todo ocurrió muy deprisa! ¿Está bien?

-Supongo que sí. Anda por aquí cerca, pero a él no le obligaron a utilizar una camilla.

Sabía no que no estaba loca. En ese caso, ¿qué había ocurrido? No había forma de encontrar una explicación convincente para lo que había visto. Luego me llevaron en silla de ruedas para sacar una placa de mi cabeza, les tuve que contar lo de mi accidente en donde perdí parte de mi memoria y que no tenía ni un mes que había pasado Pregunté si podía marcharme, pero la enfermera me dijo que primero debía hablar con el doctor, por lo que quedé atrapada en la sala de urgencias mientras Tyler me acosaba con sus continuas disculpas. Siguió torturándose por mucho que intenté convencerle de que me encontraba perfectamente. Al final, cerré los ojos y le ignoré, aunque continuó murmurando palabras de remordimiento.

-¿Estará durmiendo?-preguntó una voz musical. Abrí los ojos de inmediato.

Edward se hallaba al pie de mi cama sonriendo con suficiencia. Le fulminé con la mirada. No resultaba fácil... Hubiera resultado más natural comérselo con los ojos.

-Oye, Edward, lo siento mucho... -empezó Tyler.

El interpelado alzó la mano para hacerle callar.

-No hay culpa sin sangre -le dijo con una sonrisa que dejó entrever sus dientes deslumbrantes. Se sentó en el borde de la cama de Tyler, me miró y volvió a sonreír con suficiencia.

- ¿Bueno, cuál es el diagnóstico?

-No me pasa nada, pero no me dejan marcharme -me quejé-. ¿Por qué no te han atado a una camilla como a nosotros?

-Tengo influencias –respondió-, pero no te preocupes, voy a liberarte.

Entonces entró un doctor y me quedé boquiabierta. Era joven, rubio y más guapo que cualquier estrella de cine, aunque estaba pálido y ojeroso; se le notaba cansado. A tenor de lo que me había dicho Charlie, ése debía de ser el padre de Edward.

-Bueno, señorita Swan -dijo el doctor Cullen con una voz marcadamente seductora-, ¿cómo se encuentra?

-Estoy bien -repetí, ojala fuera por última vez.

Se dirigió hacia la mesa de luz vertical de la pared y la encendió.

-Las radiografías son buenas –dijo-. ¿Le duele la cabeza? Edward me ha dicho que se dio un golpe bastante fuerte

-Estoy perfectamente -repetí con un suspiro mientras lanzaba una rápida mirada de enojo a Edward.

El médico me examinó la cabeza con sus fríos dedos. Se percató cuando esbocé un gesto de dolor.

- ¿Le duele? -preguntó.

-No mucho, aunque después del golpe empecé a recordar cosas, vera lo que sucede es que hace como 3 semana tuve un accidente en donde perdí parte de mi memoria pero después del golpe empecé a recordar varias cosas

-mmm eso podría ser un avance tal vez dentro de unos días pueda recordar todo

-eso estaría genial –respondí con alegría

—De acuerdo, su padre se encuentra en la sala de espera. Se puede ir a casa con él, pero debe regresar rápidamente si siente mareos o algún trastorno de visión.

— ¿No puedo ir a la escuela? —inquirí al imaginarme los intentos de Charlie por ser atento.

—Hoy debería tomarse las cosas con calma.

Fulminé a Edward con la mirada.

- ¿Puede élir a la escuela?

-Alguien ha de darles la buena nueva de que hemos sobrevivido —dijo con suficiencia.

-En realidad -le corrigió el doctor Cullen- parece que la mayoría de los estudiantes están en la sala de espera.

- ¡Oh, no! -gemí, cubriéndome el rostro con las manos.

El doctor Cullen enarcó las cejas.

- ¿Quiere quedarse aquí?

- ¡No, no! -insistí al tiempo que sacaba las piernas por el borde de la camilla

y me levantaba con prisa, con demasiada prisa, porque me tambaleé y el doctor

Cullen me sostuvo. Parecía preocupado.

-Me encuentro bien -volví a asegurarle. No merecía la pena explicarle que mi falta de equilibrio no tenía nada que ver con el golpe en la cabeza.

-Tome unas pastillas de Tylenol contra el dolor -sugirió mientras me sujetaba.

-No me duele mucho -insistí.

-Parece que ha tenido muchísima suerte -dijo con una sonrisa mientras firmaba mi informe

-La suerte fue que Edward estuviera a mi lado -le corregí mirando con dureza al objeto de mi declaración.

-Ah, sí, bueno -musitó el doctor Cullen, súbitamente ocupado con los papeles que tenía delante. Después, miró a Tyler y se marchó a la cama contigua.

Tuve la intuición de que el doctor estaba al tanto de todo

—Lamento decirle que usted se va a tener que quedar con nosotros un poquito más —le dijo a Tyler, y empezó a examinar sus heridas.

Me acerqué a Edward en cuanto el doctor me dio la espalda.

— ¿Puedo hablar contigo un momento? —murmuré muy bajo. Se apartó un paso de mí, con la mandíbula tensa.

—Tu padre te espera —dijo entre dientes.

Miré al doctor Cullen y a Tyler, e insistí:

—Quiero hablar contigo a solas, si no te importa.

Me miró con ira, me dio la espalda y anduvo a trancos por la gran sala. Casi tuve que correr para seguirlo, pero se volvió para hacerme frente tan pronto como nos metimos en un pequeño corredor.

— ¿Qué quieres? —preguntó molesto.

Su mirada era glacial y su hostilidad me intimidó, hablé con más severidad de la que pretendía.

—Me debes una explicación —le recordé.

——Te salvé la vida. No te debo nada.

Retrocedí ante el resentimiento de su tono.

—Me lo prometiste.

—Bella, te diste un fuerte golpe en la cabeza, no sabes de qué hablas. Lo dijo de forma cortante. Me enfadé y le miré con gesto desafiante.

—No me pasaba nada en la cabeza. Me devolvió la mirada de desafío.

— ¿Qué quieres de mí, Bella?

—Quiero saber la verdad —dije—. Quiero saber por qué miento por ti.

— ¿Qué crees que pasó? —preguntó bruscamente.

—Todo lo que sé —le contesté de forma atropellada— es que no estabas cerca de mí, en absoluto, y Tyler tampoco te vio, de modo que no me vengas con eso de que me he dado un golpe muy fuerte en la cabeza. La furgoneta iba a matarnos, pero no lo hizo. Tus manos dejaron abolladuras tanto en la carrocería de la camioneta como en el coche marrón, pero has salido ileso. Y luego la sujetaste cuando me iba a

aplastar las piernas...

Me di cuenta de que parecía una locura y fui incapaz de continuar. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas de pura rabia. Rechiné los dientes para intentar contenerlas.

Edward me miró con incredulidad, pero su rostro estaba tenso y permanecía a la defensiva.

— ¿Crees que aparté a pulso una furgoneta?

Su voz cuestionaba mi cordura, pero sólo sirvió para alimentar más mis sospechas, ya que parecía la típica frase perfecta que pronuncia un actor consumado.

Apreté la mandíbula y me limité a asentir con la cabeza.

—Nadie te va a creer, ya lo sabes.

Su voz contenía una nota de burla y desdén.

—No se lo voy a decir a nadie.

Hablé despacio, pronunciando lentamente cada palabra, controlando mi enfado con cuidado. La sorpresa recorrió su rostro.

—Entonces, ¿qué importa?

—Me importa a mí —insistí—. No me gusta mentir, por eso quiero tener un buen motivo para hacerlo.

— ¿Es que no me lo puedes agradecer y punto?

—Gracias.

Esperé, furiosa, echando chispas.

—No vas a dejarlo correr, ¿verdad?

—No.

—En tal caso... espero que disfrutes de la decepción.

Enfadados, .nos miramos el uno al otro, hasta que al final rompí el silencio intentando concentrarme. Corría el peligro de que su rostro, hermoso y lívido, me distrajera. Era como intentar apartar la vista de un ángel destructor.

— ¿Por qué te molestaste en salvarme? —pregunté con toda la frialdad que pude.

Se hizo una pausa y durante un breve momento su rostro bellísimo fue inesperadamente vulnerable.

—No lo sé —susurró.

Entonces me dio la espalda y se marchó.


ahh bueno otro pedazo menos jijiji prometo hacer qeu los proximos capitulos sean mas rapidos y pliis dejen reviews

besos

bye