Personas complicadas.
El mensaje que le había llegado de él era bastante conciso.
"A las 3, en casa, te espero."
Y era todo, ni un beso, ni una disculpa por dejarse llevar otra vez por su maldito espíritu libre y dejarla a ella que se hiciera planta ahí, clavada en la tierra. Planta por meses. Hasta que él volvía y ella estúpidamente, a pesar de llenarlo de insultos, corría a él para refugiarse en sus brazos cálidos, llenos de sueños y esperanzas. Para besar su boca, que cuando hablaba la adormecía con historias de sus aventuras en lugares lejanos y cuando la besaba, profería halagos que nunca escucharía de ninguna otra persona. Quizás por eso, él era su respiro después de largo tiempo conteniendo el poco aire que le quedaba.
La casa de Aang siempre le había parecido un lugar acogedor, a pesar de que él decía que le era el lugar más frío e inhóspito del mundo y ella solía burlarse de él, diciéndole que el desierto y los polos helados dónde él había estado hacían de esa casa el lugar más tibio y hermoso del planeta. Por supuesto, nunca lo haría con tan finas palabras ni con humildad. Ella tenía un morboso disfrute por intentar hacerlo sentir culpable de alguna forma y se asustaba cuando finalmente lo lograba, era un juego de tire y afloje, cuando pasaba aquella línea, enseguida se arrepentía de sus ataques y afirmaciones, intentando que ese cabeza de aire no se resintiera demasiado con ella y acabaran no viéndose más.
Intentó distraerse, pero sólo empeoró el humor de ella toda esa larga mañana de escuela. Aang era un menor emancipado, que había tenido la suerte y la fortuna para poder marcharse ni bien dio fin a sus estudios secundarios, adelantándose un año para rendir las materias libres. Toph también podría haberlo hecho, pero como no tenía una buena razón para seguir sus pasos, decidió vivir su último año en secundaria de una forma más normal que la del trotamundos cabeza de aire.
Las horas se le hicieron eternas y se esforzó por concentrar su atención en los trabajos y de no terminar asesinando a Teo o a Ming, sus compañeros más cercanos, que inmediatamente sintieron ese aura de ansiedad que rodeaba a la ojiverde. A pesar de todo, solamente había alguien que podía perturbar su acostumbrado malhumor y hacer temblar los cimientos de su ironía y sarcasmo. El único que no tenía suficientemente nada en la cabeza como para soportar los embates de aquella loca mujer. Aang volvía a la ciudad, y probablemente ya era pronta su fecha de partida.
-¿Entonces tienes planes para esta tarde?- escuchó a la voz de Smellarbee, que se acercó, mirándola por encima de la bincha café. Sus ojos apenas sobresalían entre su flequillo.
Enseguida las manos de Toph apretaron tanto el lápiz que este crujió, Teo y Ming se tensaron a sus costados y alejaron lo suficiente sus sillas como para no ser víctimas de la brutal reacción que tendría la ojiverde.
Sus ojos apenas asomaron por sobre los lentes, entre la línea que quedaba libre de su flequillo y centellearon como dos gemas. Smellarbee se congeló en su lugar, y la figura de Longshot, su novio, asomó desde su hombro, tomándola por el hombro en un gesto protector.
-¿Aang verdad?- preguntó con un tono de voz neutral, era raro que él hiciera una intervención con palabras, aunque Toph no tenía tiempo de sorprenderse por esas irrelevancias.
- Sí, lo que sea.- contestó, con tono hastiado y volvió la vista a su hoja, llena de rayones y garabatos, rastros de flechas azules y cabezas rapadas era lo más distinguible.
Sus amigos respiraron entonces, y la figura magra de Smellarbee desapareció en dirección a la punta contraria del aula.
Teo miró el reloj de su celular y suspiró por lo bajo.
-¿A que hora esta vez?- preguntó su mejor amigo, mirándola con un sentimiento desconocido transferido en su mirada avellana que Toph ni siquiera se molestó en reparar.
- A las tres.- murmuró, el lápiz hizo un agujero en la hoja al aplicar demasiada presión con la filosa punta.- En su casa, no dijo más…
Toph recordó lo mucho que Aang odiaba todos esos "aparatos localizadores", las "correas de perros", entre otros sobrenombres tontos que él usaba para referirse a los celulares. Gruñó por lo bajo, esperando que el timbre de salida sonara, para así salir disparada de allí. Quizás iría hasta su casa, se arreglaría un poco y finalmente directo a la casa de Aang.
Finalmente el pitido insoportable llegó hasta ellos y, tomándose la consideración de empujar de la silla de ruedas de Teo, salieron de allí, a un paso relativamente rápido para lo que ella realmente podría estar haciendo, como correr y estrellarse contra la puerta de la casa de Aang por la ansiedad, por ejemplo.
Se separó de ellos en cuanto vio a Katara fuera del edificio y ella la saludó brevemente con la mano. Su amiga ojiazul tenía unas marcadas ojeras y caminaba con desgano.
-¡Ey! ¿¡Te enteraste de la nueva noticia!?- dijo, reprimiendo la sensación de euforia y odio que crecía dentro de ella.
Katara sonrió perezosamente y asintió.-Sí, hablé con Aang esta mañana.
Toph frenó en seco y apretó la mandíbula, Katara suspiró con cansancio.
-Él dijo que tenía muchas ganas de verte, si eso sirve para reparar su error.
Su amiga cabeceó en respuesta y ambas comenzaron a caminar por el pasillo.
-No importa eso ahora.- gruñó, y Katara bufó en respuesta. ¿Era tan mala actriz? -¿Cómo está Sokka?
-Supongo que bien…- contestó Katara, vagamente.
-¿Y cómo estas tú?
Ella la miró entonces, apretando los labios fuertemente.-No dormí bien, es todo. Es gracioso esto, no se lo cuentes a Sokka, pero ayer el que resultó ser mi vecino casi me aplasta con su glamoroso mercedes. Verdaderamente, creo que esta mañana se llevó una sorpresa.- Katara se rió con ganas y Toph la siguió.
-¿Por eso te levantaste temprano, no?- siguió, sabía muy bien que su amiga nunca dejaba nada al azar, y probablemente había sido lo suficientemente precavida como para evitar siquiera el ser una sospechosa en el crimen.
Katara levantó la llave del candado de su casa, en la que había pequeñas fragmentos de pintura roja. Ambas se echaron a reír con ganas. Podía parecer una tontería, pero en la familia de Katara todo lo que tuviera que ver con posibles accidentes de tránsito era justificable.
Se despidieron antes de que Toph subiera a su auto, Katara como siempre se negó a ir con ella, diciendo que era más sano caminar. Podía que Toph fuera un poco impertinente en el volante, pero jamás había tenido inconvenientes en las calles. Muchas veces, nada que un poco de su dinero no pudiera solucionar, de otra forma ya le hubiera dado la razón a Katara con lo de manejar a veinte kilómetros por hora.
Y cuando su amiga se alejó unos metros, la cara sonriente del ojigris apareció en su memoria como si estuviera mirando una foto. Lo odiaba. Odiaba ponerse así de ansiosa por su culpa y a la vez, odiaba los minutos que faltaban para verlo. Se rió de sí misma al mirarse al espejo. Aang siempre le repetía que ella muchas veces decía odiar muchas cosas, y que todas esas veces, eso era mentira. Pero nunca admitiría que en el fondo le gustaba tener ese nudo en el estómago y hasta esa espectativa que se generaba al saber que volvería a ver sus ojos celestes y tocar los extraños tatuajes que él (en uno de sus tantos y locos viajes) se había hecho en brazos y piernas. Cada vez que veía una flecha remotamente azul o celeste, se acordaba de ellos. Y sonreía como una estúpida. ¡Ahg, odiaba al maldito amor!
Y lo peor de todo es que le encantaba la idea de estar enamorada.
Y tenía tanto miedo a que realmente las cosas no funcionaran entre ellos.
Lo admitiría. Algo que sí odiaba era su maldita inseguridad. Y sabía que a Aang tampoco le gustaba eso de ella, a pesar de que él dijera esa cosa tan cursi de amarla con defectos y virtudes.
En su egoísmo, Toph, creía que si realmente la amara dejaría de viajar y se quedaría con ella. Pero eso era un imposible.
Su celular sonó en su bolsillo y lo sacó, leyó el mensaje con algo de sorna.
"Te estoy esperando. No necesariamente tienes que estar aquí a las tres, puede ser antes…"
Se mordió el labio con rabia, intentando reprimir una sonrisa.
Atravesó las calles al límite de la velocidad permitida, mordiéndose las uñas, ya que el labio le había quedado un poco hinchado y le dolía. Era una bomba nerviosa a punto de estallar.
Repasó en su mente todo lo que le diría y lo que haría. También lo que no debía hacer.
Pero era justamente lo que estaba haciendo. Ir, como una grandísima estúpida, corriendo hacia él.
Cuando llegó a su calle, se detuvo unos segundos para tomar aire, con la mirada un poco perdida. Se acomodó el cabello viéndose en el espejo retrovisor y tomó su bolso verde. Bajó en un movimiento fluido, eliminando su torpeza (algo que estaba entre las cosas que sí hacer, solamente por precaución, no fuera a ser que Aang estuviera mirando por la ventana), se dirigió a la puerta caoba y tocó tres veces. No tardó en escuchar su voz al otro lado.
-¡Adelante, Toph! Sé que tienes llaves…- lo escuchó un poco amortiguado por la puerta que los separaba, pero justo cuando estaba por gritarle que ella no tenía por qué tener sus llaves todo el tiempo (mentía, en ese momento tintinaban en alguna parte de su bolso, en su llavero), Aang volvió a hablar:-¡Me olvidaba, la puerta está abierta!
Toph suspiró con fuerza y abrió la puerta, que crujió un poco menos de lo común. Se acordó que la última vez que había estado allí, había aceitado la puerta, harta del molesto chillido. Obviamente, esa vez Aang no estaba allí tampoco.
La casa tenía un suave olor a incienso, las paredes suavemente naranjas y la decoración hogareña. Habitualmente aquello le parecía una casa vacía y sin vida, pero los rastros de Aang, como su mochila y sus chiches desparramados por todo el living le daban esa parte que le faltaba a la casa. El rastro de vida de su dueño, las señales de él.
-¡Estoy aquí, eh! ¿Ya almorzaste?- el olor a comida y especias inundó el olfato de Toph entonces, recordó la afición de Aang por cocinar.
Atravesó el pasillo, demasiado ensimismada en sus recuerdos como para articular una oración coherente.
Y se quedó de pie allí, viéndole la espalda ancha, llevaba una camisola amarilla con detalles naranjas, y se movía enérgicamente delante de la cocina. En su cabeza rapada, podía ver la flecha celeste surcándole la nuca.
Aang se giró para mirarla y al encontrar la sonrisa divina, la mirada dulce de sus ojos grises y la forma natural en la que estaba parado frente a ella, hicieron prácticamente congelar al mundo.
-¡Toph!- dijo él, con emoción y enseguida su sonrisa se desvaneció, quizás tendría que ver con que para ella, el mundo había comenzado a ponerse un poco rojo y a temblar.- ¿Almorzaste? ¿Estás bien?
Ah, no, no había almorzado y tampoco estaba bien. Pero cayó en cuenta de eso cuando sintió a su cuerpo aflojarse, primero sus tobillos y rodillas y luego todo el cuerpo. El mundo se apagó entonces.
Pero aún en su inconciencia de algo estaba segura, esos fuertes brazos que la habían atrapado en el aire eran los de él.
-¿Toph?- murmuró Aang, en cuanto la vio pestañear, suspiró aliviado.- ¿Continúas tomando esos medicamentos para el corazón verdad? Creo que se subió o bajó tu presión, no sabría decirlo.- le ofreció una sonrisa, tratando de restarle tensión al momento.
Sus ojos verdes lo enfocaron entonces y él no pudo evitar mirarlos por largos segundos, encantado. Estaban cerca, prácticamente respirándose en la cara uno al otro. Se rió bajito y ella bufó en respuesta.
-¿Qué es tan gracioso?- preguntó ella, con la voz todavía estrangulada, notando cómo el observaba sus labios con detenimiento.
-¿Tan apasionado era ese beso que te lastimó los labios?- preguntó él a la vez, con un tono inocente, tratando de ocultar lo mejor que podía el destello de celos en su interior.
Toph vio sus ojos brillar y enseguida contestó ofendida:- No seas idiota, sabes muy bien que no tengo nada con nadie…
-¿Nadie más que yo? ¿O también soy un nadie?- le dijo, con una sonrisa burlona en su rostro, acercándose peligrosamente.
-Oh, por supuesto que eres un nadie.- lo retó ella, tratando de sonreír maquiavélicamente. Lo cierto es que estaba demasiado absorta en él como para resultar creíble.
-Me parece bien. Nada de compromisos.- murmuró con la voz apagada, sus ojos volvieron a brillar antes de que él se apoderara de sus labios en un flamante beso de bienvenida.-Pero voy a demostrarte que yo soy mejor que ese apasionado anónimo.- se rió suavemente, su aliento cálido penetró en la boca de Toph que urgió de ganas de volver a besarlo.
Ambos escondieron su pena con besos los próximos minutos. Intentando enterrar el hecho de que ellos habían concertado no comprometerse realmente. Toph lo había dejado muy explícito la tarde en que él se había despedido de ella, si quería su vida de viajero, ella no estaba dispuesta a quedarse en la incertidumbre, a mantener un noviazgo a larga distancia. Y Aang siempre había pensado que Toph no confiaba en él lo suficiente o no lo amaba tanto. No como él a ella, por lo menos. Y con la confusión y la amargura punzándole el pecho, partió esa misma tarde.
Hubo mañanas en las que despertaba en algún lugar recóndito del mundo y se preguntaba si, de haberle dicho ella que lo amaba con locura, o de haberlo admitido por lo menos él mismo, quizás las cosas hubieran cambiado y hoy estaría estudiando con Toph, tal vez manteniendo un noviazgo verdadero y feliz.
Por supuesto, los "hubieras" y el "tal vez" no formaban parte de su vocabulario. Había aprendido a aceptar lo que ocurría y dejar de fantasear con lo que podía ocurrir. El futuro era neblina para Aang.
Cuando se separaron para respirar, Aang volvió a arremeter con más ímpetu y exploró su boca, encantado con el suave sabor de ella. Puso sus manos a los costados de su torso, Toph continuaba tendida en el sillón y ambos trataron de acomodarse para continuar, sin romper nunca el contacto.
Y en algún lugar de Aang, se conformaba con lo que producían en ella. Cuando la hacía temblar en sus brazos y quedarse sin aire, volaba también al escuchar su nombre en sus suspiros, mejor aún cuando tenía la voz le salía distorsionada por la faena.
Eso no quería decir que no tratara de obtener más, por que esperaba que alguna noche ella confesara su amor en un susurro, en vez de quedarse dormida en un costado de la cama. Eso era un objetivo propuesto, no un sueño.
Besó la punta de su nariz antes de pasar a su cuello, y ella echó la cabeza hacia atrás, tirando del cuello de su camisola y suspirando apenas. Repartió besos por su piel, bajando hasta el escote de su remera, y preguntándose en qué momento ella había optado por escotes un poco más pronunciados, sintió algo de envidia por quienes podían ver aquello a diario. Una sonrisa apareció en su rostro por su brillante idea, quizás ella dejaría de usar esa remera por al menos unos cuantos días si él se encargaba de demostrar que no importaba realmente quién podía verla, sino el afortunado que podía tocar con sus labios su piel blanca que olía a almendra. Comenzó mordisqueando suavemente y siguió arriesgándose más.
Toph se encogió debajo de él, tratando de impedir que llegara.
-No hagas eso…- pidió con la voz debilitada, y Aang se rió por lo bajo.-De verdad, ¡No lo hagas!- exigió frunciendo el seño y mirándolo a la cara. Aang llevaba una mueca divertida pero finalmente asintió.
-No estoy haciendo nada que no disfrutes…- se mofó, intentando persuadirla, acaricio su pierna desde la rodilla hasta la cadera y siguió hasta su cintura. Le dio un pequeño beso en los labios antes de levantarse del sillón.-Creo que la comida se está enfriando demasiado…
Toph lo miró con rabia hasta que él se perdió al atravesar el pasillo. Todavía le latía el corazón con fuerza y las palabras de Aang se repetían en su cabeza, sobretodo esas referidas a la falta de compromiso en su extraña relación. Cuando pudo, se puso de pie y caminó hasta el espejo.
El muy maldito lo había logrado: tenía el cuello y parte del pecho salpicado en manchas rojizas, hasta estaban marcados sus dientes. Bufó molesta y se resignó a caminar hasta la cocina, donde Aang la esperaba ya con los platos sobre la mesa y vasos llenos de agua.
-¿Qué cocinaste?
-Te va a encantar, lo aprendí en uno de mis últimos viajes… sabes... en la Nación del Fuego tienen realmente platos muy exóticos en su sabor… cuando fui a un restaurante la dueña me dijo que…
-Qué bien.- murmuró, demasiado enojada por lo que acababa de hacer.
Aang la miró contrariado, pero finalmente desistió y se concentró en su plato.
Por supuesto, ¿Qué más hacía Toph que descargar su tensión sexual con él? Resignado, no pudo recordar la última vez que ellos habían conversado extensamente en otro lugar que no fuera la cama. Él había creído, las primeras veces, que allí Toph se sentía más desinhibida y abierta, que piel con piel ella realmente lo había perdonado y se abría a él. Pero fuera de eso, ella cortaba sus conversaciones rápidamente, Aang se había acostumbrado a regañadientes a su silencio.
Tenía pensado subirlo mucho antes, pero tenía algunas cosas de la secu y me fue imposible, así que lo subí hoy. De todas formas, muchas gracias a las personas que dejaron comentarios :) ( Rashel Shiru, onlyzutara)
Sí, Toph y Aang van a ser complicados por que son unos cabezas dura (o de aire, en caso de Aang). Una lastima el haber recibido tan poco reviews... no sé, no gustó la historia?
