Descontracturado
La claridad se coló por la ventana esa mañana y se le hizo extraño, por lógica era imposible que el sol se colara por su ventana, él se había tomado el trabajo de clausurarla hacía un tiempo.
Y obviamente, era por que estaba tirado en el sillón del living, las ventanas que daban al balcón abiertas de par en par y el aire frío de la mañana lo dejaba con la piel de gallina. Levantó la cabeza y registró la casa, su hermana estaba en la cocina, ya lista para salir y preparándose el desayuno.
-¿Sokka, que vas a hacer hoy?- le preguntó Katara, mirándolo por encima del hombro.
El moreno suspiró sonoramente.-Voy a ir al hospital… hoy tengo turno para los estudios.
Su hermana fue hasta él y le entregó una taza de café con leche, que agradeció con un cabeceo.
-¿En qué momento llegaste aquí?- siguió ella, sentándose en uno de los apoyabrazos del sillón.
Tardó unos segundos más en entender la pregunta y se incorporó, apoyando su espalda en el respaldo.- A la madrugada, vine por algo de comer y al final terminé durmiéndome.
Calle, avenida, auto, choque. El metal quebrándose, vidrios rotos. Sangre. Olor a pavimento ardiendo. El olor a la sangre. Y finalmente, penoso vacío en aquellos ojos celestes.
Tomó un sorbo, mientras sacudía la cabeza en un vano intento de olvidar. Una noche más de pesadillas y recuerdos.
La vio asentir vagamente, y agradeció que estuviera tan entretenida jugando con las llaves en sus manos, de hecho, era un poco perturbador el brillo especial con la que miraba a aquella la que cerraba el candado. Quizás tenía suerte y ella no se había percatado ni de su agenda, ni de la estúpida expresión de shock que seguramente llevaba en el rostro.
-¿En qué piensas?- inquirió luego de unos momentos más y sorbió un poco de su desayuno.
-En que hoy también tienes que ir al psicólogo.- le contestó ella con una sonrisa de suficiencia, en respuesta, bufó y rodó los ojos.- No quiero que discutan otra vez con papá por esto Sokka, si tengo que arrastrarte hasta allí, entonces eso voy a hacer.- continuó la ojiazul frunciendo el seño.
-¡Qué bien que te importe!- levantó un brazo al aire y saltó de su lugar, terminando de un último trago su taza.- ¡Por que a mi me preocupa un carajo el psicólogo! ¡No fui antes, no voy a ir ahora! ¡No me importa si la tipa esa es buena en lo que hace o todas esas estupideces que Hakoda dice! ¡No me importa ni siquiera lo que él diga!- exclamó con ira, y trató de no azotar la taza contra la mesada, ya había roto demasiadas cosas así.
Su hermana no le contestó, simplemente se acercó para dejar su taza, buscó sus cosas y azotó la puerta al salir. Todavía de pie al lado de la mesada, Sokka se quedó mirando la puerta cerrada y suspiró con resignación.
¿Podría alguna vez controlar su puto carácter irascible? ¡Katara solamente trataba de ayudarlo!
-Aunque es una ayuda muy molesta a veces…- musitó para si y entró al baño, se burló de su aspecto demacrado frente al espejo y se desvistió rápidamente, entrando a la ducha de un salto.
Mientras el agua tibia caía sobre su piel y empapaba su cabello suelto, que llegaba hasta sus hombros cuando estaba mojado, intentó buscar un poco de tranquilidad mental. Hoy tenía que ir hasta el hospital a realizarse unos estudios, así finalmente retomaría la idea del estudio, tenía pensado entrar a la escuela de educación física. Y ya llevaba más de un año que no hacía nada, a pesar de que seguramente algo de su estado físico seguía allí, todavía podía ver sus músculos cuando doblaba el brazo y los abdominales no habían sido reducidos por su barriga, por supuesto, para eso necesitaba comer demasiado y hacía un tiempo que tampoco comía muy bien.
Nunca le había ido eso de los excesos. Por lo menos no el alcohol, ni la comida, ni el cigarrillo… y él sabía que quizás eso era lo que lo había mantenido vivo. El alejarse de lo que pudiera hundirlo definitivamente… o más de lo que ya estaba.
Se vistió con una remera azul profundo, pantalones de jeans y ató su pelo en una cola de caballo. Buscó el celular sobre su mesa de luz y los papeles que necesitaba. Era temprano, apenas las ocho y treinta, esperaba que no hubiera tanta gente esperando ser atendida. Por suerte, el día estaba bastante despejado y el frío clima había desistido.
-¡Puta madre!- escuchó un grito fuerte y cargado ira que provenía del edificio de al lado. Se las arregló para mirar por entre las rejas y vio a un furioso hombre darle una patada a la portezuela de un mercedes rojo, al que aún en lo lejos se le notaban marcados rayones en la pintura. No supo si llorar por el hermoso modelo arruinado o reírse del pobre diablo, que aún seguía profiriendo insultos.
El tipo se revolvía el pelo y gruñía, dando golpeas al aire. Sokka rió por lo bajo cuando lo vio encender impulsivamente un cigarrillo y enseguida apagarlo violentamente contra el techo del auto. Cuando lo vio girarse en su dirección se apartó rápidamente, tratando de esconderse. Su enfurecido vecino caminó un poco, inspeccionando la escena y pareció encontrar algo tirado entre los adoquines. Sokka aguzó los ojos y vio un pequeño muñeco, idéntico al de su hermana. Y probablemente lo era, por que el tipo musitó el nombre de ella en voz baja.
-"Katara"- dijo en voz suficientemente alta y Sokka abrió mucho los ojos, mientras que una sonrisa divertida le cruzaba el rostro.
Había veces en que su hermanita menor era su heroína. Pero eso nunca iba a decírselo.
Aunque no había crímenes perfectos.
Se apartó finalmente, y tras caminar un poco, liberó unas carcajadas divertidas.
El olor a hospital penetró sus fosas nasales y trajo a él desagradables recuerdos. Siempre que había entrado a un lugar así, habían sido por malas noticias y esta vez no le extrañaría que los resultados le dieran que tuviera una enfermedad terminal o algo así. O quizás le confirmaran que él ya no tenía cura.
Preguntó a un par de enfermeras y terminó sentado en una de las salas de espera, con otras cinco personas más. Maldijo por lo bajo, esperar su turno sería eterno.
Notó un grupo de revistas apiñadas sobre una mesa y con algo de pereza, se incorporó para buscar alguna que le interesara por lo menos un poco. Y cuando la parva de hojas se le escapó de las manos, desparramando todo sobre el suelo con un chasquido ahogado, quien no pudo aguantar la risa fue la joven mujer que estaba sentada al costado, quien simulaba leer una de las revistas de chimentos.
Sokka levantó la cabeza mosqueado, y la miró con el seño fruncido. Se limitó a gruñir, pero en respuesta volvió a escuchar aquella risita, esta vez más cerca de él.
-¿Te ayudo?- le propuso ella, con una sonrisa radiante que descolocó al ojiazul.
-Estaría bien…- accedió, inclinándose para levantar algunas revistas.- También podrías sugerirme qué es medianamente bueno para leer.
Ella volvió a sonreírle y sus ojos verdes brillaron cuando lo hizo, Sokka se perdió en ellos unos instantes, hasta que ella habló.
-No hay nada realmente bueno. Pero la de chimentos del mes pasado me entretuvo un poco…- contestó, señalando vagamente la revista que había quedado sobre el sillón. Sokka se rió por su comentario.
Apilaron todo sobre la mesa y eligió una al azar. Enseguida, ambos caminaron hasta los asientos de vuelta y Sokka se dejó caer pesadamente, acomodándose junto a ella.
-Soy Suki… ¿Tu nombre?
-Sokka, un gusto.- contestó, ofreciéndole su mano para estrechar la de ella con algo de humor.
-Para mí esto no es más que un trámite…- comenzó ella luego de un suspiro, y Sokka se apresuró a completar:
-¿La carrera de educación física también?
Suki lo miró arqueando sus cejas y una sonrisa divertida, finalmente negó con la cabeza. –No, pero me imagino que es tu caso.
Asintió en respuesta y cuando estaba por preguntar algo más, escuchó la puerta abrirse y el doctor mencionó un apellido, pero no le prestó atención. Aunque por lo visto, Suki sí.
-Es mi turno. También ha sido un gusto, Sokka.- ella se incorporó y desapareció luego tras la puerta del consultorio.
Salió del hospital unos veinte minutos después, a él lo había llamado otro de los médicos y no volvió a cruzar su camino con la simpática chica. Cuando consiguió los papeles que necesitaba, salió caminando a pasos rápidos y contó mentalmente cuántas cuadras le faltaban para llegar hasta su casa. Más de veinte, que de ida no sabía cómo había hecho. Y tenía que cruzar la maldita avenida otra vez.
Paró en un quiosco a comprar algo para tomar, todavía sintiéndose raro después de que le sacaran sangre. En su bolsillo no tenía más que el dinero suficiente para una botella de agua mineral y algunos caramelos masticables. Pagó y salió enseguida, todavía regulando en su cabeza cuál podía ser la posible razón para que aquella chica tuviera que hacerse unos estudios completos, como le habían mandado a él.
Tenía que dejar de creer que medio mundo y un poco más estaban en problemas serios. Ella seguramente lo haría por rutina, o quizás también los necesitaba para presentarlos en algún lugar de trabajo o estudio. Seguramente era eso. Bebió un poco de la gaseosa y se paró en la esquina, esperando pacientemente que el semáforo cambiara a rojo, él no era tan estúpido como para cruzar. Aunque esa calle estuviera completamente vacía en aquel momento.
-Sokka, son las cinco y media, deberías ir saliendo hacia el consultorio.
-Ya tuve suficiente de médicos por hoy, Katara, ya sabes, el día que pueda superar mis fobias hacia hospitales y consultorios completamente, te lo haré saber.
-Deja ya de bromear con eso.
-No voy a comenzar a llorar tampoco, hermanita, es preferible reírse.
-Y es una falta de respeto.
-¡No me digas! ¡También fue una falta de respeto y falta de humanidad lo que esos médicos hicieron! ¡No me fío de gente con bata blanca!
-Los psicólogos no visten así. A menos que termines en un loquero… ¡Y te falta poco para eso!
Se levantó intempestivamente de la mesa, golpeando la madera con un puño. Su hermana lo miró, todavía desde su posición y con el libro de literatura entre sus manos.
-¿Vas a dejar de molestarme si voy a la maldita psicóloga?
Ella asintió gravemente, todavía sosteniéndole la mirada y con un gesto inexpresivo.
No hacía falta que le dijera eso de "chico problemático", pero Sokka quería evitar a toda costa que ella lo dijera. Entonces una sonrisa ladina cruzó su rostro.
-El vecino descubrió su coche todo rayado esta mañana.- dijo, sonriendo de oreja a oreja.
A la ojiazul le brillaron los ojos y enseguida un gesto extrañado cruzó su rostro. -¿Esta mañana, recién?
Sokka casi se rió de su pregunta, aparentemente no había sido esa mañana misma cuando ella lo había hecho.-Oh, sí, y está a punto de dar con la responsable. ¿Así que esto no es reciente?
Katara abrió la boca, horrorizada con la idea.- ¿A qué te refieres con dar con la responsable? Yo descubrí el choche en ese estado ayer, ¿Estás seguro que acaba de verlo hoy?
Se encogió de hombros y rodó los ojos.-No tenía muy buen aspecto y sonaba como el primera ataque de furia, quizás le de uno de esos cada vez que ve su arruinado automóvil. No lo sé con seguridad. Pero en tu lugar, cambiaría mi nombre y tendría más cuidado con mis llaveros.
Su hermana se quedó estática en su lugar, sabía exactamente de lo que le estaba hablando.- ¿Así que ahí se cayó el maldito muñeco voodoo?- murmuró más para ella que para él.
Se rió con ganas entonces, necesitaba una cámara a mano para retratar la cara aterrada de su hermana en esos momentos.
-Oh, sí, simplemente trata de que no sepa quién es "Katara", por que va a salirte caro eso… digo, no por que te haga pagar la maldita pintura, sino por que tiene cara de loco psicópata. ¡Me voy por que sino llegaré tarde! Aunque tal vez podría quedarme charlando con mi nuevo amigo y hablarle de mi buena hermana, ya que los dos están igual de locos, harían buena pareja.- se burló, le guiñó un ojo mientras abría la puerta.
Katara tardó unos segundos en reaccionar, pero alcanzó a amenazarlo antes de que desapareciera tras la puerta.
Aborrecía la experiencia, estar sentado allí, en la sala de espera, esperando, si se podía ser más redundante. No es que su psicóloga, de la cual no sabía todavía el nombre, apenas si su apellido figuraba en la tarjeta junto a una inicial adelante, la S. ¿Cómo podía llamarse? Sue, Silvia, Sabrina, Samanta, Silvina…
-¿Disculpe? La psicóloga lo está esperando, es aquella puerta.- interrumpió sus cavilaciones la voz amable de la secretaria, se apresuró a asentir y se disculpó por su distracción, a paso rápido, avanzó hacia la puerta cerrada y empujó de ella.
Lo primero que vio fue el diván y una silla cercana, lo segundo, lo sorprendió. Detrás del escritorio estaba sentada una flamante mujer de cabellos caoba que le llegaban hasta los hombros, y de detrás de los lentes ligeros que llevaba, asomaban sus dos ojos verdes. Ella le sonrió, al tiempo que arqueaba las cejas con sorpresa y se incorporaba de la silla, dejando los papeles que leía a su costado.
-¿Suki?- casi chilló el moreno, sintiéndose repentinamente nervioso de que fuera ella justamente su nueva psicóloga.
No sabía si reír o llorar. O ambas cosas a la vez. Tal vez lo más sensato era salir corriendo lo más rápido. O no era sensato, era cobarde.
-¡Ey! Adelante, te estaba esperando… Sokka.- ella se acercó hasta él y cerró la puerta, ya que él parecía demasiado estático.
La miró, como si todavía no pudiera creerlo.- Pensé que eras más joven.
Ella volvió a reírse, parecía no estar tomándolo demasiado en serio.- ¿Eso es un cumplido?
Él sacudió la cabeza rápidamente. Y Suki se paró frente a él, con una expresión más seria.
-Terminé mi carrera rápidamente, apenas tengo veinticuatro. Bien, y como ya te he dicho algo sobre mí, podrías contarme algo de ti.- Suki caminó hasta la silla que estaba al lado del diván y lo esperó, ya que Sokka estaba demasiado sorprendido como para reaccionar.
Finalmente se obligó caminar y se arrojó estrepitosamente sobre el asiento que le tocaba. Admitió para si que estaba cómodo, el diván, no él. Ya había empezado a sudar frío.
-¿Hakoda habló de algo contigo?- preguntó, temeroso de que su padre hubiera abierto la boca y dicho mucho más de lo necesario.
Suki se sentó y lo miró a través del cristal con detenimiento. Ella se veía de una forma diferente cuando estaba seria, hacía que él quisiera… Soka decidió que era mejor dejar incompleta aquella frase hasta que tuviera un nombre para aquella sensación.
-No dijo mucho. Pidió un turno y dejó para mí algunos apuntes, le dije que no era necesario, pero él insistió.
Entrecerró los ojos y frunció el seño.- Así que tengo que imaginarme que ya sabes lo de la muerte de mi madre, su ausencia como padre por salir a trabajar, mi crianza con mi abuela y las vacaciones con mi tío. También del accidente de tráfico por el que estuve en cama más de seis meses y que también se llevó a mi novia, Yue, ya sabes, eso me causó unos cuantos meses más de depresión.
Suki cabeceó, anotó algo, frunció un poco los labios y luego habló:-Intentas que suene como si no te importara hablar de esto.
-Tuvo que dejar de importarme.- acotó él. -Hablar de esto no me produce un nudo en la garganta, creo que ya me quedé sin lágrimas.
Ella no parecía realmente sorprendida, así que Sokka siguió hablando.
-Supongo que no es la primera vez que alguien te dice esto.
Suki sonrió y Sokka descubrió, cuando ella se quitó los lentes, que no era exactamente eso lo que la hacía una mujer enigmática.
-También supongo que estudiaste psicología para resolver algo personal.
-Me gustaría que nos centráramos más en ti, por lo menos por hoy.
-Está bien...
El libro de literatura no era exactamente algo interesante. Es más, estaba en la página cincuenta y uno hacía hora y media.
El estúpido de su hermano se las había arreglado para ponerla nerviosa. Y se maldecía a si misma por su descuido, además, ese llavero era un regalo de Aang, y aunque siempre le había parecido una baratija, le tenía un cariño especial. Así que desistió de su lectura y salió al balcón, intentando ver algo del edificio de al lado, y sino, iría hasta la ventana para verlo al idiota, tal vez tuviera suerte y estaría desmayado de nuevo sobre la terraza. Y pensar que se había preocupado por él en un primer momento.
Suspiró, molesta, y decidió salir a comprar algo para comer, ya que había olvidado ir al supermercado. Después tendría que pedirle a su padre el dinero para la comida de todo el mes.
Bajó en el ascensor, para su suerte, el quisco en la esquina seguía abierto, así que caminó a paso lento, cruzando la calle vacía a esas horas. Amaba las noches tranquilas, por que últimamente no abundaban.
-Buenos días, ¿qué se te ofrece, Katara?- la amable mujer que atendía le sonrió, y ella levantó la cabeza rápidamente a punto de contestarle.
Por supuesto, se quedó en el intento, una voz grave y rasposa interrumpió la conversación.
-¿Katara? ¿Tú eres Katara?- una mano pesada tomó su hombro y ella giró, aterrorizada.
Mierda.
Su buen vecino, además de ser un conductor del demonio… tenía la expresión de ser el mismo diablo.
Y estaba bueno. Su buen vecino, ahora con otro sentido. Y la estaba mirando con sus atrayentes ojos miel que prácticamente ardían, pero de una emoción llamada… ¿Ira?
Volviendo a la realidad… estaba en problemas.
Actualizado! Hola nuevamente! gracias a las personas que dejaron review! ya los respondí :)
Hoy tocaba Sokka, y en el siguiente será Azula y un poco más de Katara (que como ven, tiene algunos temas que resolver con Zuzu... je)
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