Las respectivas felicitaciones a Idonquixote, original autora de tamaña maravilla. ¡Todo los créditos irán hacia ella! Gracias por permitir que traduzca este maravilloso fanfic de Kuroshitsuji. ¡Felicitaciones a ella únicamente!
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1. El Lacayo.
Hubo un momento en el que Snake había olvidado la libertad. La sensación de aire libre en sus dedos, el lujo de caminar donde quisiera, el privilegio de ser aceptado. Todas estas cosas de alguna vez, ahora le eran ajenas. Sólo cuando su vida consistía en astillas tras los barrotes de una jaula.
Todo habría cambiado cuando llegó el Arca de Noé. Estas personas lo habían liberado, lo habían aceptado, lo amaban ... eran familia, esta gente, a la que consideraba sus hermanos y hermanas.
Antes de ello no tenía más que serpientes, reptiles que lo habían tratado mejor que cualquier humano. Y después, estas cosas eran todo lo que le quedaba... una vez más.
Había momentos en que Snake detestaba el apellido Phantomhive, ese que se había llevado a su familia.
Había despreciado a todos en esa Mansión y no deseaba más que bañarlos con veneno y sangre. A Ciel Phantomhive -Smile- le había hecho esa promesa. La que ahora tanto se aferraba el joven. Vería a su familia de nuevo. Porque, al final, Ciel Phantomhive continuaba siendo Smile, y Sebastian Michaelis todavía era Black.
Pero, de alguna manera, Snake había sido aceptado nuevamente. Fueron los Individuos Phantomhive quienes lo reclamaron a él y sus serpientes como uno de los suyos.
Con el tiempo, las serpientes, sus escamas, su ser repulsivo, no significaban nada para ellos ... le recordaban a la familia. Casi.
En el lapso que siguió como lacayo, se aferró a las reservas del personal. Son tan amables, dijo Wordsworth una vez. Hay algo mal con ese grupo, continuaba Emily. Sólo confiaste en un grupo de humanos, y ese grupo ya no está más, le había seguido Wilde. Snake reprimió sus dudas, pero estas aparecieron de nuevo en cuanto él se fue a dormir.
Entre los ronquidos del cocinero y los ocasionales murmullos incoherentes del jardinero dormido, Snake permanecía despierto en su litera, con las serpientes susurrando y deslizándose en sus oídos. Había demasiadas preguntas... que nunca pudo responder.
Una cosa de la que estaba seguro, sin embargo, era la lealtad del Personal hacia el Joven Conde. Había una devoción incuestionable al chico por el hecho de que Snake también se estaba desarrollando a sí mismo. Por supuesto, lo más cercano a Smile era, y siempre sería, Black.
Incluso ahora, no se atrevía a dirigirse a ellos por ninguna otra razón. Temía que, si lo hacía, acabaría olvidando el Arca de Noé.
= Ha pasado bastante tiempo, ¿No es así, Hombre Serpiente?
- Tan amable como eras en aquel entonces. - Dijo una segunda voz.
Snake los reconoció ahora. Lyells y Pullman, los únicos nombres que recordaba.
Alguna vez fueron sus carceleros. Lyells fue la primera voz, un hombre huesudo con cejas espesas. Y Pullman, el apuesto barquero con una cicatriz debajo del ojo derecho.
Por más que lo intentara, Snake jamás se habría borrado del todo esas caras. O sus golpes y los insultos.
Nunca olvidaría la jaula.
Los dos se rieron mientras intentaba recopilar los últimos sucesos.
Estaban en East End, en alguna calle desconocida. Smile y Black se habían aventurado en un recado misterioso y Snake los había seguido con la vana esperanza de encontrar a sus compañeros.
Cuanto más profundo se adentraba en la ciudad, más difícil se tornaba mantener el ritmo.
Recordó finalmente haberlos perdido de vista cuando cayó el sol.
Había estado en el medio de sofocar una discusión entre Wilde y Dan cuando un dolor nauseabundo golpeó en la parte posterior de su cabeza.
Fueron dos veces, en total.
Una tabla de madera cayó a sus pies, sin duda el arma de ataque. Lo último que vio fue una mano enguantada que recogía sus serpientes antes de que su visión se alejara.
Cuando volvió en sí, tenía las manos atadas a la espalda y los pies en la misma deplorable condición.
Tuvo un deja vu bastante irónico.
- Oye ¿No puedes hablar por ti mismo? - Lyells dijo.
- No me tienes, dice Oscar. - Respondió Snake, con su voz casi gruñendo.
- Oh, lo hacemos, por ese montón de estafadores. Eras la atracción principal, el Hombre Serpiente.
Snake escuchó el silbido de furia de Emily cuando Pullman lo golpeó en la cara. Escupió sangre. El otro hombre lo tiró del cuello.
- ¡Nos robaron a nosotros! Llévalo a la jaula. ¿Alguna idea de cuánto dinero perdimos a lo largo de todos estos años? ¿Con chatarra y arañazos para comer?"
- No robamos nada. - Dijo Snake, luego más fuerte, - Porque no nos tienes, dice...
- ¡Para! - Fue Lyells esta vez, con un puño en la mandíbula. - Cuenta con la suerte de que te vimos hasta la medianoche. No te vas a escapar esta vez.
Pullman sonrió a su lado, años de furia reprimida en sus ojos. - No más estafadores para protegerte ahora, ¿eh?
- Se han ido, dice Dan - Snake se sorprendió a sí mismo a pesar del instinto de no hacerlo. - ¡Se han ido! ¡Ahora trabajamos para alguien más!
Lyells estaba sobre él, pateando y gritando. Los golpes eran un martirio. Snake se dobló, y sus serpientes sisearon en señal de protesta.
¿Cómo se atrevían a dañarlo? ¿Cómo se atrevían a tratar a sus reptiles de tal manera? Intentó zafarse.
Prefería morir antes que volver a la jaula. Prefería matar a estos hombres aquí y ahora. Él no perdería su libertad de nuevo. Pero era en vano. Las cuerdas estaban demasiado apretadas y el dolor en su cabeza era demasiado grande.
Cuando finalmente Lyells cedió, Snake sintió que se le escapaba sangre por la nariz. Se conformó con deslumbrar mientras sus captores lo arrastraban por las piernas. Planeaban secuestrarlo. Lo habían secuestrado, de hecho.
Y en ese momento, se preguntó si el personal iría a buscarlo.
¿Smile? Los sirvientes Phantomhive harían cualquier cosa por Smile, pero ¿Harían lo mismo por otro lacayo?
Y de hacerlo, ¿Por Snake, precisamente?
¿Se molestarían por este extraño? ¿Por este sirviente aficionado?
Había desobedecido una Orden del Maestro en primer lugar.
Había sido elección suya escabullirse.
¿Qué pasaría si Black viera esto como una señal de escape? ¿Qué pasaría si él decidiera que Snake merecía encontrarse con cualquier fatal destino? No lo conocía bien del todo.
Sabía dos cosas, sin contar el poder casi sobrehumano que el otro tenía. Uno: Black haría cualquier cosa por Smile y Dos: Black no tendría tolerancia para los contratiempos del personal.
Snake no solo había traicionado a Smile, sino que también había fallado en su deber como Sirviente. Nadie vendría por él.
- Tratar a un Sirviente Phantomhive de esa forma, qué patético.
Snake instantáneamente levantó su cabeza hacia la voz. Conocía esa voz. Conocía su tono. Conocía su habla.
El Mayordomo Phantomhive estaba sentado en la azotea del edificio más cercano, con la luz de luna brillando sobre su sonrisa educada.
Black saltó y aterrizó en ambos pies, aturdiendo a los Captores de Snake. Dio un paso hacia ellos e hizo un gesto a la cuerda.
- Si lo quieren, por favor, desaten a nuestro lacayo.
Ambos hombres lo miraron boquiabiertos antes de recuperar el juicio.
- ¡En el infierno! - Gritó Pullman, recogiendo la tabla que habían usado en Snake.
- Si quieres que vuelva este monstruo, será mejor que pelee por eso. - Gruñó Lyells.
La sonrisa de Black cayó. Él arqueó una ceja con fastidio.
- Espero que el monstruo al que te estás refiriendo no sea ese joven. Es un miembro estimado del equipo y mi Joven Maestro no estará contento de enterarse del abuso que sufrió en sus manos.
¿Estaba Black... defendiéndolo? Snake no dijo nada, mirando sorprendido cuando el Mayordomo dio otro paso adelante.
Escuchó el silbido salvaje de sus compañeras cuando Pullman se abalanzó. Black esquivó fácilmente el ataque, atrapó la tabla de empuje con dos dedos y la arrancó de las manos de Pullman.
Mientras el otro hombre luchaba por recuperar el equilibrio, Black lo golpeó una vez en la oreja y después al abdomen del hombre.
Pullman se desplomó con un jadeo.
- Creo que hay una frase que exige que trates a los demás de la manera en que a ti te gustaría que lo hicieran. Dado que eliges tratar a nuestro lacayo tan brutalmente, supongo que te gustaría lo mismo.
Una sonrisa brilló en la cara de Black cuando pateó a Pullman en el muslo, éste último gritó de dolor por el crujido que siguió.
- ¡Bastardo sangriento! - Gritó Lyells, llegando finalmente al rescate de su asociado.
El mayordomo se volvió enojado hacia el nuevo asaltante. Él esquivó el puño que le voló a la cara. Lyells se volvió en vano.
Desde su lugar, Snake captó un destello de plata en la oscuridad cuando Lyells se movió para atacar una vez más. Black atrapó una mano, pero el otro puño de Lyells cargó hacia delante, con la espada en la mano.
Estaba en su cinturón, Emily dijo, Por supuesto.
- ¡Él tiene un cuchillo! - Snake gritó. - ¡Black, cuidado, dice Wordsworth!
La cuchilla volvió resbaladiza con rojo. Black puso una mano a su lado y para horror de Snake, la palma enguantada se manchó rápidamente con sangre. Pese a ello, el estoico semblante del Mayordomo no reveló nada. Black suspiró.
- ¿Y ahora le das un cuchillo al Mayordomo Phantomhive? No es de extrañar que vivas en el East End.
- Te quedas atrás o apuñalo.
En un instante, Black se elevó sobre Lyells, sus manos en los hombros del Sujeto.
- ¿Me apuñalas de nuevo? Debes estar equivocado.
Levantó a Lyells, e ignorando las protestas del hombre, lo arrojó contra la pared. Una lluvia de ladrillos se deslizó hacia abajo y el cuchillo ensangrentado resonó en el callejón. Black se sacudió las manos antes de volver su atención a Snake.
- ¿Estás bien, Snake?
Snake no respondió la pregunta.
- ¿Cómo me has encontrado, dice Wilde? - Preguntó en cambio.
Black se arrodilló y rompió las ataduras.
En cuestión de segundos, Snake podía mover sus extremidades.
- Bueno, me di cuenta de una presencia familiar que nos seguía en el recado de hoy. Ya ves, el bastón del joven maestro es demasiado alto para él y no queremos que nadie sepa ese secreto preferiblemente. Por supuesto, en cuanto perdió interés con nosotros, supuse que volverías a la Mansión.
Black le ofreció una extraña sonrisa suave.
- Hasta que oí los gritos agresivos de tus mascotas. Y aquí te encuentro con estos brutos. Un Lacayo Phantomhive merece una mejor compañía, si me permites decirlo.
El Mayordomo le ofreció sus manos, y Snake las recibió. Con su ayuda, consiguió ponerse de pie temblorosame.
- Parece que necesitarás asistencia médica. Nada de qué preocuparte. - Dijo Black, antes de volverse hacia las serpientes ancladas.
Caminó hacia ellas y levantó el baúl sujetando las serpientes. Black se inclinó y desató la bobina. Las serpientes se deslizaron sobre él en gratitud antes de regresar a su dueño. Sus palabras de alivio abrumaron a Snake.
El alivio fue rápidamente reemplazado por preocupación, en cuanto vislumbró la espada ensangrentada. Snake agarró el brazo del mayordomo, una descarada invasión de espacio personal que nunca antes había intentado con el hombre.
- ¿Qué hay de ti, Black? ¡Estás herido, dice Emily!
Black solo le dio una pequeña sonrisa.
- Ahora, ahora. ¿Qué clase de mayordomo sería si no pudiera manejar esta pequeña herida?
- ¡Black, no es gracioso, podrías haber muerto! Dice Wordswort.. Podrías haber muerto por mí .
- En este momento, soy completamente incapaz de morir. Debes estar más preocupado por tus propias heridas. Cuanto antes volvamos a casa, mejor.
La Mansión, por un momento, sonó como en casa.
Snake asintió tontamente. Mientras se preparaban para abandonar ese callejón, Pullman gruñó.
- ¿Q-qué diablos... eres tú? - Gimió.
- Simplemente soy un Gran Mayordomo. - Fue la respuesta suave de Black. Entonces, una idea pareció despertar en el hombre. - Viendo que las serpientes son libres, ¿quizás pueden ayudarnos a lidiar con la situación?
Snake no perdió el brillo travieso en los ojos del mayordomo.
- Por supuesto, dice Bronte. - Dijo, con demasiada satisfacción.
Los gritos de Pullman y Lyells resonaron en la noche. Nunca volverían a acosar sus pesadillas.
Solía haber un momento en que Snake no confiaba en Sebastian Michaelis. Admitió que temía al hombre. Le molestaba y no sabía cómo entenderlo. Ahora no había más dudas. Confiaba en el Mayordomo Phantomhive de la misma manera que lo hacía con el Resto del Personal.
Como antiguamente lo habría hecho en el Arca de Noé.
El Personal siempre le sería leal a Smile, y Snake se dio cuenta que esa lealtad también se extendía al Mayordomo.
A Black.
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Próximamente, El Predecesor...
