Buenas! con esto el nuevo capítulo, en el anterior estaba bastante apurada (y cuando me di cuenta, el cap anterior tenia varios errores que en un futuro voy a arreglar). Gracias por los reviews!, dan fuerzas para seguir ;) (y ya los respondí). A xIrethx, muchas gracias! me alegro que te haya gustado (contesto por acá por que no dejó e-mail entonces no hay otra forma xD)
Este capítulo es más largo, espero sus opiniones, nos vemos al final!
Capítulo 5: Piedras de desayuno
-¡Buenos días, hermosa!
¿Pero qué…?
-¡A levantarse!
¿Hermosa? ¿Qué hora es?
-¡Desayuno a la cama!- le susurraron al oído, y sintió que dejaban un suave beso sobre su frente.
Toph abrió los ojos con esfuerzo y levantó la cabeza. Allí estaba Aang, sonriéndole inocentemente.
Pero qué ganas tenía de romperle la cara.
-¿Qué hora es?- preguntó adormilada. Estaba segura que era lunes, por lo tanto tenía clases, pero su alarma no había sonado.
-Las cinco y media.- Aang contestó, encogiéndose de hombros.
Toph frunció el seño, fulminándolo con la mirada.
-Estás completamente loco.- prácticamente gruñó y se volvió a tirar con rabia sobre su almohada, dispuesta a aprovechar los minutos que le quedaban.
-Toph, esto va a enfriarse.- lo sintió murmurar sobre su oído otra vez y se removió, tratando de alejarse de él, escuchó su risa musical y sintió a Aang acurrucarse junto a ella.
-¿No te molesta tomar un desayuno frío?- él volvió a insistir, acariciándole el cabello.
-En estos momentos, eso es lo último que me molesta.- le contestó, intentado ignorar la tentación de su presencia.
Lo sintió alejarse y a pesar de que hubiera preferido que él se quedara allí con ella, no protestó ni movió un músculo para impedirlo.
Lo siguiente que sintió fue un líquido frío que chocó con su cara. Agua. Estaba empapada en agua. Y se levantó de un tirón.
Allí de pie, con un vaso vacío en una mano y una sonrisa pícara cruzándole el rostro, mirándola, expectante de su reacción.
-Vas a pagármelas.- amenazó y saltó rápidamente de entre las sábanas.
Aang se rió, atrapándola entre sus brazos rápidamente e intentando soportar el fuerte empujón que ella le propinó. La sostuvo por la cintura y enterró luego la yema de sus dedos en su piel cuando Toph trató de escaparse, retorciéndose y gruñéndole insultos. Simplemente se dedicaba a reír, en tanto se aseguraba de mantenerla lo más cerca de él posible.
Toph dejó de luchar de un momento para el otro, se había dado cuenta que él era más fuerte físicamente que ella. La vez anterior, hacía varios meses, por lo menos aún tenía algunas posibilidades de ganarle.
-Buenos días.- finalmente exhaló, alzando luego la cabeza para mirarlo, sus ojos grises la recibieron brillando.
Él se acercó y besó con ansias sus labios. Y ella se sintió sedienta de repente.
Pero haciendo un esfuerzo, reprimiendo sus deseos, deshizo el nudo que eran las manos de Aang en su cintura y se alejó hacia la cama otra vez, buscando la bandeja en el camino y sentándose a desayunar. Todo bajo la atenta mirada del ojigris, que se quedó de pie allí, sin moverse.
Le perturbó un poco la forma en que la había mirado. Tenían algo diferente esa mañana, algo había cambiado en él. Y para ser sincera, cuando su corazón golpeó violentamente su pecho de un segundo al otro, se asustó terriblemente. Además, ¿Qué hacía él allí a esas horas? Nunca antes se le había ocurrido a Aang pisar su casa, sobretodo por que le molestaba que fuera un chalet ubicado en un barrio caro. Demasiado opuesto a su "estilo de vida simple".
Apagó la alarma de su reloj y comenzó a probar bocados y beber el café con leche sin más palabras, concentrándose en la bandeja con comida.
-Pensé que sería una buena sorpresa.- lo escuchó decir, con la voz ausente. Aunque no parecía estar precisamente arrepentido.
-Fue una sorpresa.- concedió Toph, levantando la mirada unos segundos sólo para ver la expresión en el rostro de Aang.
Le había dolido el rechazo.
Se acercó y tomó asiento en el borde del colchón, robándole luego tostadas y mermelada. Ambos se dedicaron a comer en silencio los siguientes minutos, hasta que Toph se dirigió al baño, apenas si intercambiaron algunas miradas furtivas en el proceso.
Abrió la ducha y se bañó con paciencia, tenía tiempo de sobra. Lavó sus dientes y peinó su cabello todavía mojado, después, asomó la cabeza fuera del baño, ya que se había olvidado la ropa. Nadie, ni rastros de Aang. Se sintió un poco culpable bajo la perspectiva de haberlo hecho sentir mal.
Negó con la cabeza, intentando alejar esa amarga sensación y salió rápidamente en busca de su ropa, la toalla apenas si cubría hasta la mitad de su muslo. Se vistió con rapidez con una camiseta blanca y jeans oscuros. Tenía que ir lo más discreta posible a clases.
Cuando acababa de abrocharse el botón de sus jeans escuchó que la puerta hacía un leve click y Aang asomó desde detrás de ella. Si él continuaba con esa falta de expresión tan poco común en él, iba a matarla.
Se quedó estática unos segundos, todavía sin terminar de acomodarse la ropa o atar su cabello, que caía sobre sus hombros, rebelde. No iba a tardar en ondularse a medida que se secara y tendría la cabeza hecha un desastre si no se lo secaba y lo arreglaba cuanto antes. Pero se le ocurrió que había algo más urgente que eso y avanzó hacia Aang, que apoyaba su espalda sobre el filo de la puerta.
A último momento vaciló, pues la mirada tan atenta y fija que él le dedicaba solamente conseguía ponerle la piel de gallina, de una forma diferente a la habitual. Finalmente, tiró de su camiseta hacia ella y buscó sus labios con éxito. Se separaron unos cortos segundos después, por lo menos para ella.
-Sabes a mentol.- bromeó él, con una sonrisa burlona en su rostro.
Toph bufó y golpeó su brazo con su puño, lo que provocó una carcajada en respuesta. Giró sobre sus talones, olvidándose del romanticismo y buscó su campera verde militar, fuera estaba nublado y esperaba que no hiciera demasiado frío.
-Te llevo.- propuso, aunque sonaba a imposición, ella le dirigió una mirada interrogante.-Quiero verlos a los chicos, además, le prometí a Katara que pasaría a saludarla.
Oh, por supuesto, ellos dos sí que tenían una amistad verdadera. Disgustada, se preguntó cuál sería su papel. Pero no estaba segura de querer una respuesta. Es decir. ¿Quería que fuera alguna vez la voz de Aang la primera en escuchar todas las mañanas? De lunes a domingos, oler su perfume las veinticuatro horas por cualquier lugar de la casa o ver su ropa tirada por la habitación o colgada del perchero. Le agradaba el calor de su cuerpo a la noche o sus abrazos y besos en saludos y despedidas, le gustaban sus comidas y hasta envidiaba su libertad. Quizás, estaba demasiado acostumbrada a aquella independencia que prodigaba Aang.
Así que simplemente se tragó la bronca, asintió y revisó el reloj sobre la mesa de luz. Apenas las siete y cuarto.
-Aún es temprano.- le dijo con tono neutro y volvió a entrar al baño. Arregló su cabello y buscó sus lentes. Cuando salió ya eran ocho menos veinticinco. Lo encontró acostado sobre su cama, con los brazos abiertos y los ojos cerrados.
-Aang.- lo llamó suavemente, intentando disimular la nostalgia y hasta angustia que le producía el pensar cosas a las que debería restarle importancia. Cuando él no respondió, lo golpeó con una de los almohadones, Aang se cubrió a tiempo y saltó hacia ella. El cuadro se le hizo familiar.
Se escudó con sus brazos, pero no pudo evitar ser llevada hasta su pecho y ambos se quedaron allí, Aang abrazándola y Toph escuchando la forma en que el corazón de él galopaba. Levantó el rostro otra vez y de nuevo esa mirada allí. Cuando notó que él tomaba aire para hablar se adelantó rápidamente, reclamándole con un beso. Lo abrazó fuerte e intentó dejar todos sus sentimientos allí, en sus labios.
Se separaron y otra vez, él sonriendo. ¡De qué forma amaba aquella sonrisa nadie podía imaginarse! Pero tampoco nadie iba a saberlo.
-¿Vamos?- preguntó después de que se separaran y Aang asintió, tomándola de la mano a la vez que se encaminaban fuera.
Nadie los molestó de camino, la sirvienta no apareció y seguramente su padre había salido rato antes. Toph tomó su bolso que estaba desparramado sobre el sofá del recibidor.
-¿Cómo hiciste para entrar a casa?- preguntó Toph, tomando el casco que le ofrecía el ojigris.
-Toqué la puerta ¿Cómo más? Me atendió esa agradable señora y se alegró de saber que quería llevarte el desayuno, dijo que eso te pondría de buen humor.- Aang mantenía una sonrisa gigante en su rostro, subió primero a la motocicleta y después de encenderla, le hizo seña a Toph para que subiera después de él.
Tocó la puerta y esperó con algo de impaciencia que la atendieran. Por suerte el portón estaba abierto y le fue fácil llegar hasta la casa del imbécil.
Cuando Zuko abrió la puerta, lo que vio fue a un adonis con una marca propia –sí, esa pequeña luneta debajo de su ojo izquierdo-. Sus ojos ámbar se contrajeron por la luz de esa mañana y él gruñó graciosamente en una tentativa de saludo. Sin sus anteojos podía admirar aún más el brillo de esos ojos.
Katara sonrió con suficiencia al tiempo que alzaba un papel amarillo con una dirección anotada. Zuko, siempre haciendo gala de su agilidad, se lo arrebató rápidamente y se quitó de la puerta, buscando sus lentes que había dejado por algún lugar de la casa. Sorprendida, la ojiazul asomó la cabeza dentro de la casa, y lo vio entrar y salir de lo que supuso era su habitación varias veces.
-Los perdiste.- sentenció con una sonrisa burlona, Zuko levantó la cabeza para mirarla y se frotó los ojos, claramente adormilado.
-¿Es gracioso?- él gruñó, y ella soltó una carcajada con ganas. Lo vio desaparecer hacia el baño y salir triunfal con los cristales haciendo de ventana hacia su exterior.
Zuko se rascó el abdomen, apenas si llevaba puesta una remera larga y boxers. ¿Se había dado cuenta con qué fachas la había atendido?
Leyó el papel e hizo una mueca.
-Qué eficiente- dijo con sarcasmo, y le dio un zape al papel antes de dejarlo sobre la mesa. La miró extensamente por unos segundos más.- ¿Vas a clases?
Ella simplemente asintió, cruzándose de brazos y apoyándose sobre el marco de la puerta de entrada. Esperaba algo más de él, así que se quedó en silencio el tiempo suficiente para que el imbécil se diera cuenta de que algo estaba faltando.
-¿Qué?- soltó, arqueando una ceja y levantando la barbilla, de modo que los cristales de sus lentes brillaron hasta quedar blancos.
-Gracias.- rápidamente rebatió, instándole veneno a la palabra.
Pero el cerebro del ojidorado no procesó la información correctamente. Así que simplemente contestó un confundido:-¿De nada?
-Eres un idiota.- bufó, llevándose los dedos a las sienes. Zuko se rió en respuesta.
-No estás diciendo nada que no te haya escuchado antes decir, linda.- respondió, divirtiéndose con su expresión irritada.
-Supongo que no soy la primera que te lo dice tampoco.- refutó, solamente para ver cómo él gruñía bajo y le lanzaba una filosa mirada. Una sombra atravesó sus ojos ámbar, pero ella le restó importancia.
-La verdad es que no lo eres. Deberías intentar ser más original.- dijo encogiéndose de hombros, pero con tanta malicia como ella. Antes de que Katara pudiese contestar, se adelantó:-¿No llegarás tarde? Me ofrecería a llevarte, pero alguien rayó mi auto el otro día y está asqueroso.
Al contrario de producir el efecto deseado, es decir, provocar una sensación muy cercana a la culpa, Katara explotó en una carcajada triunfal.
-Oh, algún día admitirás que eso fue una obra de arte. Me voy, no puedo seguir perdiendo el tiempo.- se despidió, dejando al ojidorado con una expresión irritada en el rostro.
Juraría que escuchó la campanilla del ring sonar.
¡Ella había ganado este round!
Mediodía, después de haber realizado los últimos estudios pertinentes, Sokka levantó el teléfono y marcó el número del consultorio, la amable secretaria lo atendió después de tres tonos exactos. No le costó mucho convencerla para que le pasara el número que le interesaba, después de todo era un paciente y argumentar una posible crisis psicológica ablandó a la tensionada mujer al otro lado de la línea.
Esta vez tomó su celular, registró el número y se apresuró a apretar el botoncito verde. Algunos toques después, escuchó la voz suave de Suki.
-¿Sí? ¿Quién es?
-¡Ey! ¡Suki! ¡Sokka habla!- dijo, con una súbita emoción en la voz.
Hubo un silencio del otro lado de la línea, que provocó una mueca divertida en el rostro del moreno. Seguro le había dado una buena sorpresa.
-Sokka, sí, ¿Qué ocurre? ¿Alguna emergencia?- finalmente siguió, parecía no tener mucho interés en la conversación pero él estaba seguro que lograría revertir aquello.
-Sí, es importante, perdí el papelito que decía la próxima reunión y no quise molestar a tu secretaria por que estaba seguro que ella me daría una reprimenda o algo por el estilo, además, no sé si podré ir a la próxima consulta por mis horarios. Sabes, ha surgido algo y creo que también estarás ocupada esa tarde.
-Lo único que tenía esa tarde era tu consulta, un viernes a las cuatro de la tarde. Los viernes nunca hago consultas y eres un caso especial Sokka, aunque aún así no se me ocurre dónde trasladar la sesión, tengo una agenda complicada, pero definitivamente los viernes los tengo completamente libres- Suki parecía no estar entendiendo la indirecta.
-¡Qué bien! Por que yo tampoco tengo nada que hacer ese día… salvo por supuesto que quieras ir a tomar algo conmigo. No hay excusas, acabas de decir que es tu día libre.
La escuchó reír del otro lado de la línea y una sonrisa apareció en su rostro.
-¿Estás cancelando la sesión pero me estás invitando a salir? Es más, te atreves a invitar a salir a tu psicóloga. Y yo que pensé que en los libros estaban todas esas enfermedades de la cabeza, pero tú eres un caso nuevo.- ella se burló, pausó para reírse y continuó:-No es correcto Sokka.
-¡Oh, por favor! ¿Qué tiene realmente de malo? No necesitas hacer preguntas tontas para saber algo de mi vida, al contrario, yo soy el que no sabe nada de la tuya.- insistió, él no era de darse por vencido tan fácil con esas cosas y últimamente estaba gozando de un buen humor que le daba a su autoestima el impulso necesario para hacer semejante hazaña.
-No insistas y tampoco intentes acosarme, por que pondré eso en los apuntes de tu seguimiento.
Sokka se rió con ganas cuando escuchó el humor en su voz.
-Puedo ser uno de tus más dulces acosadores.- advirtió él y se dio tiempo para reír.-En fin, mala suerte, nos veremos el viernes a las cuatro. Hay cosas de las que tengo que contarte, como un reciente rechazo, esto no va a hacer bien a mi autoestima.- fingió lamentarse, la escuchó reír al otro lado de la línea y le dejó un beso antes de cortar.
Encontró a su amiga apoyada sobre el barandal del pasillo en el primer piso cuya vista daba al patio. Acababa de dejar a Toph en su aula y hasta se había tomado algun tiempo para saludar a sus ex compañeros y recorrer la escuela, saludó a profesores y charló con ellos, esperando a que tocará para el primer recreo. Un cierto aire de nostalgia lo invadió, pero no estaba seguro de cambiar sus viajes y aventuras por días rutinarios de escuela. Faltaba más para convencerlo.
Además, se notaba que a Toph él no le hacía falta por lo menos allí. Odiaba la mirada que algunos le habían dedicado a la ojiverde cuando ella se negó a caminar de la mano y dio carta blanca a babosos para que no se intimidaran a mirarla por ir con él. No era una persona violenta, pero no negaba el sentirse terriblemente posesivo con ella.
Katara le sonrió al verlo y fue hasta él para darle un cálido abrazo.
-¡Aang! ¡Tanto tiempo! ¡Si hasta tienes barba!- exclamó con humor y ambos rieron.
-¿Y qué? Ahora sólo falta que me digas que tienes un novio nuevo o que volviste con Jet, y entonces podré creer esa súbita felicidad tuya.- terció, haciendo una mueca en el proceso.
Katara frunció mucho el seño, poniendo sus brazos en jarra sobre sus caderas y lo miró.-Nada de eso por ahora, y sabes perfectamente que Jet puede irse al carajo…
El ojigris profirió una carcajada, siempre lograba hacerla rabiar de una u otra forma.-Entonces es un novio nuevo.
Su amiga se apresuró a negar y golpeó su hombro con fingida molestia.
-¿Cómo va todo con Toph? Aang, quiero saber ya que es lo que tienes que decirme al respecto ¿Todo va bien?- presionó, sin rodeos, como ella era, mirándolo más seriamente.
Aang suspiró, apretando sus puños, intentando calmar la incertidumbre.
-Bueno, no todo tan bien como quisiera. ¿Sabes? De a ratos me da ganas de despedirme de ella e irme por algunos meses.- confesó, mientras un brillo de cinismo pasó por sus ojos.-Solamente para que me extrañe un poco y por lo menos por unas horas vea que realmente me quiere allí.- argumentó, escupiendo las últimas palabras.
Katara apretó los labios, mirándolo profundamente.
-Aang, para ella no es fácil tampoco. No está acostumbrada a tenerte cerca por mucho tiempo. No debería decírtelo, pero ella realmente no cree que te importe mucho.
Sintió que algo se le oprimía en el pecho, debía ser su corazón seguramente. Aunque sonara estúpidamente cursi.
-Pero eso no es cierto…- articuló costosamente, angustiado.
-Es lo que ella ve.- Katara sentenció, le palmeó el hombro suavemente, tratando de reconfortarlo.-Podrías intentar que vea lo contrario.
Aang sonrió de costado y asintió.-Voy a conseguirlo.- dijo, intentando darse confianza a si mismo con sus palabras.
Katara regresó a su casa a eso de la una y media de la tarde, agotada, sus pies se arrastraban penosamente por la vereda y agradeció al cielo el haber llegado a su hogar, dulce o amargo, hogar al fin y al cabo.
-¡Katara!- escuchó la voz áspera de su padre detrás de ella y volteó tomándose todo el tiempo del mundo. Sonrió al hombre moreno, de ojos azules y cabello enmarañado que bajaba de la patrulla policial.
-¿Cómo estás, hija?- Hakoda le preguntó, su tono de voz paciente y calmado, Katara siempre se preguntaba qué hacía un hombre como él siendo policía.
-Bien, papá. Solamente un día de escuela denso.- casi murmuró la respuesta, demasiado distraída por el individuo de mirada suspicaz y que destellaba de malicia a unos metros de ellos.
Su padre le sonrió, poniendo una mano sobre su cabeza. Mierda, no era una chica muy alta que digamos y Hakoda siempre había sido alto y fornido, aún con todos esos años encima.
-¿El tuyo?- preguntó a su vez.
-Tan bien como se pudo.- simplemente acotó, encogiéndose de hombros.
Es decir, entre robos, accidentes y asaltos. ¿Quién podría pasar un buen día así? Katara suspiró quedadamente, en tanto rogaba internamente que el imbécil no se acercara.
-¡Buenos días, Katara! Te alegrará saber lo bien que quedará mi auto con un brillante rojo carmesí.- Zuko acotó, sonriéndole con aparente inocencia.
Hakoda giró enseguida al joven de pie a unos cuantos metros de ellos, que aún sostenía las llaves del portón en su mano derecha, la otra escondida en su bolsillo. Su padre la miró de vuelta, con un claro gesto de confusión.
-Oh, es un amigo, el otro día hubo un accidente desagradable con su auto.
-¿Sí? ¿A dónde?- era un hombre grande, no un gran estúpido. ¡Era policía! ¡Seguramente se enteraría si algo así pasaba!
-Aquí mismo, alguien se metió a ultrajar mi automóvil, sabe señor, la delincuencia en esta ciudad es algo que no me esperaba…- el pelinegro comentó, con las facciones serias de repente. El maldito fingía muy bien el interés sobre el tema.-Aunque sé que la policía trabaja realmente muy bien y lo mejor que puede, a veces, los delincuentes están donde uno menos lo espera.
Hakoda asintió con expresión grave, no enterado del sudor frío que comenzaba a correr por la nuca de su querida hija. La niña de sus ojos… si él supiera.
-Así es, es una ciudad grande, y a veces algunas cosas se nos escapan. ¿Fue grave, chico?
-No realmente señor, nada más que una broma infantil. Cosas de niños inmaduros, usted sabrá.- Zuko se atrevió a reírse de la expresión contenida de la morena, que apretaba la mandíbula fuertemente.
No se atrevería. O ella misma ultrajaría mucho más que su puto auto.
Y en dos segundos se sintió enrojecer por sus pensamientos, no había tenido en cuenta la posible segunda intención en la elección de sus palabras.
-Lo sé muy bien.- Hakoda aseguró, con una de sus manos en su cadera y la otra en el hombro de su pequeño retoño.-Katara, te dejo con tu amigo, estoy muy cansado. ¡Hasta luego!- saludó y pasó por al lado de la petrificada chica.
Ni bien escuchó el click de la puerta y los pasos alejándose de su padre, rápidamente avanzó hacia Zuko, impulsivamente, jaló de su chaqueta. Sus ojos ardían de ira.
-¡Eres estúpido!- chilló, conteniendo sus ganas de romperle los lentes de un solo golpe.
Zuko se rió en su cara, tomó con firmeza su mano y en un movimiento preciso y rápido, la quitó de su ropa, sosteniéndola triunfal a centímetros del rostro de la chica.-Nada de violencia, Katara, yo no diría que soy el estúpido aquí.
Ella entendía el juego, iba a chantajearla, a ponerla en situaciones límites, así obtendría lo que querría. No se podía arriesgar a que su padre lo supiera.
-Simpático tu papá, veo que es un hombre trabajador. Muy digno.- Zuko siguió con su juego cínico y le sonrió sugerentemente.- ¿Qué pasaría si se entera la clase de delincuente que es su hija?
-Solamente dime lo que quieres y cierra la boca.- escupió, iracunda de tener que dejarse mancillar el orgullo.
El ojidorado sonrió, esta vez con un gesto más suave, casi era conciliador.-Nos vemos esta tarde, Katara, quiero ir a dar un paseo por ahí. ¡Casi me pierdo esta mañana!
Zuko la soltó y abrió la puerta, desapareciendo tras ella y dejándola otra vez, plantada allí.
Katara escuchó la campanilla del round sonar nuevamente en su cabeza.
¡Knock-out!
Aang había decidido quedarse en la casa de Toph a ver unas películas esa noche y ambos habían pedido comida a casa, pizzas y gaseosa, aunque el ojigris estaba conforme con agua fría. Y ahora hacían zapping por la mar de canales, siendo ninguno muy interesante. Toph dormía recostada en su pecho, ambos en la cama de ella y sobre una cantidad cómoda y agradable de almohadones.
Necesitaba ir al baño a lavar sus dientes, entre otras cosas, y ponerse cómodo para dormir, así que con suavidad retiró a la pelinegra de su pecho y fue con sigilo hacia el baño. Tenía suerte que el padre de ella no llegara hasta muy tarde y ni siquiera pasara por la habitación de su… novia. Ambos disfrutaban de una tranquilidad que Aang no creía posible en esa casa.
Terminaba de asearse cuando la escuchó, Toph había proferido un grito ahogado y Aang se precipitó hacia la puerta rápidamente. La encontró con el rostro surcado por gruesas lágrimas y con la respiración dificultosa, la oscuridad en la habitación se cortaba por la luz proveniente del baño, así que el llanto de sus mejillas y sus ojos verdes brillando acuosos se notaban mucho más. Toph tenía su mano en el pecho y lo dio una mirada perdida.
Una profunda desesperación nació en Aang que se acercó con rapidez, tomándola entre sus brazos, deseando con todas sus fuerzas protegerla.
-¿Qué pasó?- preguntó con la voz ronca, sintiéndola temblar entre sus brazos.
Toph negó enseguida, y alzó el rostro para besarlo. Él respondió con urgencia, intentando transmitirle toda su dulzura y de calmarla.
-Nada.- ella exhaló, a lo que Aang le dio una mirada de reproche. Toph sonrió levemente.-Pensé que te habías ido.
Sus palabras no lograban aminorar la angustia que sentía en esos momentos y la estrecho más fuerte, besando sus mejillas mojadas.- ¿Por eso llorabas?- le dijo, jocoso.
Toph profirió una amarga carcajada y puso sus brazos de barrera para tratar de apartarlo, cosa que Aang no permitió, tomando sus manos dulcemente y entrelazándola con las suyas.
-No digas idioteces. Fue una pesadilla…- masculló, mirándolo con el seño fruncido.
-No me parece una idiotez.- se apresuró a corregirla, sonriéndole.-También me sentiría mal si tú…
-No te preocupes, yo ya estoy acostumbrada.- Toph lo cortó, dejando de mirarlo y soltando sus manos, se dejó caer sobre el colchón y cerró los ojos.
Aang se quedó petrificado en su lugar, hasta que reaccionó cuando ella palmeó a su costado, invitándolo. Fue hasta Toph y la abrazó de nuevo, acurrucándose hacia su cuerpo.
-No voy a irme.- le susurró suavemente, cerrando sus ojos y apoyando su mentón sobre el hombro suave de ella.
-No te creo.- respondió en otro murmuro burlón, Aang levantó su cabeza para mirarla con más claridad y pudo vislumbrar una sonrisa cínica en su rostro.
-Tengo tiempo para que me creas.- se apresuró a advertirle, y le besó la frente.-Pero por ahora, estaría bien si dejaras de pelearme. Buenas noches.
Lo último que escuchó fue una leve risa de su parte, antes de que ella le diera la espalda, sosteniendo su mano entre la de ella, y él replegándola contra su pecho.
Bueeeno, en el próximo nos centraremos más en Zuko y Sokka, sí, Katara y Jet estuvieron juntos, lo que no es una pequeña coincidencia entre el grupo de Azula y el de Zuzu... sobretodo ahora que se está formando una bonita amistad entre Katara y él (muajaja, amo como se pelean...)
Hasta acá llegamos por hoy! nos vemos en la próxima, suerte!
