Escrito en 2006.
No lo había publicado porque se me hacía que había mucha miel, pero qué más da, es mejor compartirlo a que el fic se quede inconcluso… y para mi tristeza, no tengo tiempo de reescribirlo.
*La canción usada en este capítulo no me pertenece, tomé la letra para ambientar el fic, no tengo pensado darle a este escrito un fin lucrativo ni nada por el estilo*
Nota extra: como "advertencia" tengo que avisar que en este capítulo habrá mucha miel! Así que esténse preparados para la dosis de azúcar.
3 "Agridulce"
Seiyuro se acercó a Hidemi. Aún con la distancia pudo oler la fina esencia de la chica… fresca, dulce, tierna. Sus cabellos castaños bailando con el viento otoñal, su espalda delineada por la ropa, su enagua hondeando y resaltando las piernas largas y apiñonadas, como si el sol les hubiera dado una caricia. Se acercó pero no dijo nada, sólo sintió una fuerte presión en el pecho que le oprimía la voz, que le encadenaba a suspiros y a luchas internas. De repente era difícil hablarle, sentirla, sonreírle… mirarla.
Mirar su rostro de cejas gruesas y ojos de café; su labios susurrantes… su sonrisa… todo lejano y cercano al mismo tiempo, como oxímoron sin lógica.
El pulso destellante, de diluvio de sensaciones, le impidió a Seiyuro seguir caminando hacia ella. Se detuvo para apreciar una vez más el amor. El amor que crece en el pecho sin avisarle a nadie.
Su error había sido no haberse dado cuenta, ¡había sido un ciego!
Era una noche sin luna, sin estrellas, sin nubes. Era una noche en la que lo único que dominaba era el viento, que corría con sus ráfagas iracundas levantando hojas ocres y tiesas por el frío.
Podía haberse quedado ahí, viendo, con sus cabellos dorados despeinados y la sensación de frialdad. En el fondo de su ser la imaginación tejía collares de de esperanza, porque la esperanza es lo último que muere cuando hay intensidad. Y él sentía intensidad por todos sus poros, las vibraciones de vértigos cobraban vida una y otra vez, mortificando a su cuerpo, haciéndolo temblar.
Eso era el amor. Sufrir queriendo, pestañear y soñar al mismo tiempo.
Dio un paso al frente, respirando con tranquilidad. Si su destino era sufrir amor estaba contento de sentirlo al menos, de expresarlo y ser honesto, de comunicarlo mientras la noche se purificaba cuando el viento tocaba a esa chica.
Yo te quiero regalar palabras
Ser tu red para cuando caigas
Cogerte de la mano al andar.
No podía asegurar si ella ya lo había visto, pero sus palpitaciones eran tan fuertes que podían haberse escuchado por todo el sitio.
Estaba ahí, atrás de la frágil figura femenina, tras Hidemi. Sin pensarlo más Seiyuro la atrapó en un abrazo inesperado. Con sus varoniles manos acarició su cintura y la apresó con sus dedos largos, blancos. Encorvó ligeramente su figura hasta que su cabeza chocó con la de ella, él recargó su frente en su nuca; entonces Seiyuro sintió que la mujer que tenía con él se estremecía, gemía débilmente, entre sorprendida y satisfecha.
-Hidemi… - dijo Sei, con torpeza. Por primera vez se sentía verdaderamente tonto, porque no podía articular palabra alguna sin dudar o sentir nervios.
El amor también son los nervios.
-Perdóname.
Hidemi no se movió, sólo tembló al sentir que el aliento de Seiyuro chocaba en su cuello
-Perdóname, Hide, perdóname porque no me di cuenta…
La chica hubiera querido deshacer el abrazo y correr, también hubiera querido darse la vuelta, para verlo, para vislumbrar su rostro apuesto y brillante como los papalotes en el cielo. No se movió, lo único que pudo hacer, aparte de acelerar su ritmo cardiaco, fue musitar débilmente.
-¿No te diste cuenta?
Seiyuro movió sus manos, para acariciarle la cintura a Hide, apoyó su frente ahora en el hombro de Hide.
-No, no me había dado cuenta Hide – susurró; mientras Hidemi Yagami se derretía en un instante con él y sólo para él.
-¿De qué?
Sei ahora buscó con su mano la de Hidemi, para apresar la mano femenina y pequeña de dedos fríos.
-Ya lo sabes… - dijo, lentamente -. No pude ver el cariño que siento por ti, no pude descifrarlo. No me di cuenta a tiempo de que te… de que… te gustaba.
Y decirte cosas al oído
Ser tu manta cuando tengas frío
Y ser tu hombro para llorar.
Seiyuro no pudo continuar, se le entumió la voz y restregó su rostro en la espalda de Hide, que se fue humedeciendo por las lágrimas de él. Hide suspiró confundida, sintiendo el cálido abrazo, su mano entre la de él, su espalda como almohada, cobijando a un muchacho que decía las palabras más dulces del mundo.
-Sei…
-Perdóname Hide – suplicó Seiyuro, avergonzado. Sintiendo la esencia de Hidemi por última vez, oliendo su ropa, acariciándola junto con el viento.
Los minutos tocaron segundos eternos para ambos en esa posición. Sei y Hide se fueron calmando, estabilizándose.
La joven poco a poco se fue deshaciendo del abrazo, dio un paso al frente, no volteó a verlo.
-La noche está muy fría, Sei – le dijo -, ¿has venido a buscarme?
Seiyuro levantó el rostro sonrosado de ojos hinchados y azules.
-Sí, he venido a buscarte.
-¿Para pedirme perdón? – preguntó Hide, a Seiyuro le parecía que su niña hablaba de manera helada, a cada momento se le amargaba en vértigos su interior -. Seiyuro, yo no tengo nada que perdonarte, no me has hecho nada a mí.
-También vine a… decírtelo… a ser honesto – mencionó Sei, desviando su mirada hacia la derecha.
Amar dolía, amar era todo.
-Sé que te he lastimado, y sé que te duele tanto como a mí… lo sé porque por primera vez siento. Siento ganas de sufrir por algo y de arriesgarme – Sei bajó la mirada, sus brazos cayeron libremente al lado de sus costados; el joven se mordió los labios, no alzó la vista hacia la espalda de la chica -. Perdóname por lo de aquella noche.
Seiyuro oyó que Hidemi suspiraba ruidosamente.
-¿Es que te arrepientes?
-Sí. – musitó Sei, aunque la verdad era que no se arrepentía, por eso negó nostálgico y agregó: -, fue maravilloso porque me di cuenta de lo que es… este sentimiento, pero me arrepiento porque desde ese día, tú y yo ni siquiera podemos mirarnos a la cara… y lo comprendo.
-Te arrepientes – murmuró Hide, tensando el cuerpo -, te arrepientes de haberme abrazado y de haber pretendido besarme.
-¡No, claro que no me arrepiento, Hide! – aclaró Sei, rápidamente -¡No me arrepentiría nunca de haberte sentido!... comprendo a lo que no puedo aspirar, por eso quiero que me perdones por mi actitud.
A Hidemi le sudaban las manos y sus ojos se extraviaban cada vez más al oír esas palabras, tersas, tentadoras, pero inseguras. Volteó de manera inesperada, Seiyuro levantó la vista para encontrarse con ella, con su aroma de frente.
-No, Hide, no llores. – pidió Sei, al ver que infladas lágrimas rodaban por las mejillas de la chica.
-Seiyuro, aunque mis sentimientos no van a cambiar, yo no soy como aquellas chicas que fueron tus novias. – explicó Hidemi -. Mi hermano tiene razón, ¡no puedes pretender jugar conmigo!
-Jamás lo haría – aseguró Sei, dando un paso al frente. De manera otra vez torpe sujetó las manos de Hidemi entre las suyas y en ningún momento bajó la mirada. – Conozco mis límites, sé que tú no eres como ellas, tú eres mi dama Hidemi, la niña más preciosa del mundo, a la que más quiero y a la que nunca lastimaría… por eso quiero pedirte perdón, yo no quiero pretender ser algo más, pero si no me perdonas, creo que nunca más podré estar tranquilo.
Hidemi observó el rostro de Seiyuro, quien lucía serio, triste, destrozado y pálido, como cuando de pequeño había sido atacado por aquella digimon vampira. Su interior dio un salto de terror al imaginar que Seiyuro sufría por ella.
-Yo no tengo nada que perdonarte, Sei – reafirmó Hide, mientras el sonrojo se apoderaba de su ser.
-Estás enojada… Todos están preocupados por ti, porque por mi culpa te comportas así. No estás comiendo bien y siempre terminas triste en este lugar tan desolado…
Hidemi sonrió con timidez, se dejó llevar por el cálido abrigo de las manos de Sei que abrazaban las suyas.
-Si tú estuvieras como siempre, si me mostraras una sonrisa e hicieras bromas, yo estaría menos triste, Sei – sinceró Hidemi.
Seiyuro quiso obedecer el impulso de abrazarla y sentirla, sentirla suya al menos unos instantes. Quedó estático, mientras la chica hablaba con melodiosa voz. Sei se sintió adentro de un ensueño que lo dominaba, hubiera querido que durara para siempre, pero de nuevo el sonido del viento reclamó al verlos juntos y sintieron frío.
-Sonreiré lo que gustes con tal de que estés bien – dijo Sei, soltándole las manos -. Haré lo que sea, Hide, porque gracias a ti he recuperado algo que había perdido.
-Sei…
-Siempre estuve muy ilusionado con el amor y las chicas, aunque las cosas nunca me salieron bien… desde que perdí a mi primer amor y sufrí la decepción de… de mi primer beso, las cosas no volvieron a ser las mismas – explicó Sei, sentándose sobre la hierba -, no quiero justificarme, Hidemi, mi comportamiento no tiene mucha razón de ser… pero ahora puedo sentirlo, ¿tú también sientes? - Hidemi se sentó en el pasto, junto a Sei. Éste le tomó la mano para acomodarla en su pecho, pero Hide no lo obedeció y acomodó su palma en el rostro de Seiyuro.
-Seiyuro, es la primera vez que te veo así – susurró Hide -. No es justo que te pongas así por mi culpa.
-Me pongo así porque es la primera vez que me enamoro – respondió Sei, sonrojándose -. Intento hablar, pero se me van las palabras, intento sentir y me trabo… es normal, lo supongo.
-Es normal – le respondió Hide, poniéndose nuevamente de pie.
-Hidemi, tú no eres como las demás, ¿me oyes? – exclamó Sei, siguiéndola -. Que no se te olvide, siempre te respetaré y cuidaré de ti, sea lo que decidas yo estaré para ti.
Por ti mi vida empeño
Por un momento
De verte sonreír
Por ti mi alma vendo
A cambio del tiempo
Que necesites para ser feliz
Hidemi se detuvo. No podía más. Su corazón leía sinceridad en los ojos azules de Sei.
-Seiyuro… qué palabras tan lindas dices – dijo Hide, tartamudeando, recordando lo frío y aprovechado que era Sei con sus exnovias.
Seiyuro, a pesar de la cobardía de la que era presa su ser, sintió un ardor de amargura en él. Si dejaba ir a Hidemi, se iría su felicidad… al menos debía intentarlo. Corrió hacia ella hasta rebasarla y quedar enfrente de la chica. No sonrió, sólo la atrajo hacia él, la abrazó con intensidad, con fuerza. Él iba a sentir cada cabello de la chica, iba a olerla y para siempre quedaría su aroma aprisionado en él. Acarició la espalda, sintió que su barbilla aprisionaba los rebeldes cabellos cafés mientras sus respiraciones se hacían una sola. Hidemi no lo había retirado de ella.
-Quiero ser honesto, Hide – dijo Sei, sin soltarla -. T…tee quiero-o
Lo dijo con imperfección, pero a la vez no pudo sonar más firme.
-¡Te quiero!- reiteró el chico -y deseo que me perdones por decirte que mi único verdadero anhelo es tenerte conmigo, para siempre… Hide… te necesito, la amargura se diluye con tu ternura como si hubiera un sabor agridulce en mi interior.
-Sei, yo te creo… - susurró Hidemi -. Te creo porque tus caricias, tu voz, tus sentimientos, todos ellos son tan sinceros… pero tengo miedo.
-Lo comprendo, yo… - Sei quiso deshacerse del abrazo, pero Hidemi no lo dejó apartarse.
-Tengo miedo, eso es natural, ¡pero no voy a dejarte ir!, - Hide apretó con más fuerza -, quizá soy tan débil como las otras chicas que han sido tus novias, aunque lo único que tengo claro es que quiero estar contigo.
Se separaron un poco para verse los rostros irritados. El amor dolía pero también daba vértigos.
Dejo todo por un beso tuyo
Quiero ser tu espada y tu escudo
Decirte que te quiero una vez más
-¡Te quiero! – exclamó por tercera vez Sei, con una felicidad que no le cabía en el rostro enamorado. Por primera vez en dos semanas su figura entera cobró vida real, levantó el cuerpo de Hide y le dio una vuelta en el aire sin despegar el abrazo.
Retiró su mano de la escasa cintura, subió sus dedos hasta la quijada para ver los labios femeninos, unos labios finos y en espera, como los suyos.
Hide se enterneció, por inercia cerró los ojos lentamente, esperando sentir en su boca el sabor del cariño. Sei se inclinó ligeramente, al mismo tiempo un escalofrío eterno le recorrió las piernas y se las inmovilizó.
Sus ceños dejaron de tensarse, la respiración continua de ambos se volvió un tranquilizador… los labios se tocaron un momento, saboreándose.
Seiyuro besó de manera superflua la comisura, la recorrió un momento, para sentir la humedad anhelante, la piel tersa, la respiración. Hide gimió débilmente y entreabrió los labios, Sei entonces entró en ellos con suavidad. Era como si la esencia de Hidemi le estuviera entrando en cada poro y le borrara lo amargo por un sabor agridulce. El joven no soltó con su mano la cintura de la chica, sólo la acarició, con la derecha seguía sosteniendo el rostro.
Quiero ser tus alas y tu cielo
Quiero ser el mar y tu velero
El suelo y tus pies para caminar
Sus ojos se cerraron como los de ella. Seiyuro terminó el beso lentamente, se despidió de la chica con el mismo ademán tierno en las comisuras. Aún con los ojos cerrados siguieron abrazados, el viento ya no fue fuerte. El sonido se desvaneció. La noche seguía vacía, pero sus corazones nunca más.
Por ti mi vida empeño
Por un momento
De verte sonreír
Por ti mi alma vendo
A cambio del tiempo
Que necesites para ser feliz
Fin definitivo
Así termina el fic, que es alterno al nuevo proyecto que publiqué, llamado Apócrifo. Espero que el romanticismo de este fic haya sido soportable, qué puedo decir, me gusta Seiyuro Takaishi tanto como a Hidemi =D
Saludos, CieloCriss.
Publicado en 2010.
