El sol brillaba por lo alto, dejando que su luz se filtrara por la hilera interminable de árboles que dejaban a su paso un mar de sombras a sus pies. Nada se movía, no se escuchaban las aves cantar o el pisar de la fauna que allí debiera existir. Un único sonido audible rompía el silencio sin culpa ni anhelo, en medio de los árboles yacía un camino, un sendero de tierra llano, sin vegetación alguna; sobre el terreno pasaba un vehículo a una velocidad moderada, saltando y agitándose debido al terreno de tierra algo irregular.

Dentro de la camioneta se notaba el murmullo inquieto de cuatro personas y una quinta voz que venía desde la radio del vehículo, delante se encontraba un hombre de tez y cabello oscuro en el puesto del copiloto, una mujer de piel clara con el pelaje de un suave color verde mar. En los puestos traseros una mujer clara con una gran cabellera del color de la nieve, de baja estatura, y un hombre de anteojos con un vello facial pronunciado oscuro y alta estatura, a diferencia del resto, en el portaequipajes yacía un pokémon llamado Absol, de pelaje blanco con la apariencia de una pantera, solo su cola y cara estaban descubierto de este pelaje, teniendo la piel gris oscura, de su cabeza sobresalía un único cuerno en forma de hoz.

Todos los integrantes del grupo llevaban puestos un chaleco azul con el logotipo de EIP. Los demás callaban para escuchar las noticias antes de comentar alguna cosa.

— … En últimas noticias debemos informar que Pueblo Caelestis ha sido reducido a cenizas, no se encontraron supervivientes, solo ha quedado un rastro de múltiples pokémon. Seguimos busca…—el copiloto apagó la radio mientras resoplaba consternado.

— No lo puedo creer, es el tercer pueblo en estos últimos meses, por qué la policía no hace nada?— Una mirada furibunda es lanzada de reojo a la conductora.— ¿Por qué no han hecho nada la policía aún? Oficial Jenny.

— Por algo estoy viniendo con ustedes, Profesor Laymon— su voz se pronunciaba más al nombrarlo— estamos haciendo todo lo posible para investigarlo.

— Ella tiene razón, Laymon—. La compañera que iba detrás de la oficial hablaba, era la profesora Oriana, su voz sonaba madura para su apariencia.

El profesor no pudo hacer más que callar tras un chasquido de lengua, enfadado por la situación y la incompetencia policíaca. La oficial en cambio volvió a encender la radio para escuchar si habían más noticias relacionadas. Un halo de luz iluminó todo el vehículo cuando al fin salieron del bosque, a la vez que los pasajeros esforzaban la vista por el cambio de brillo tan repentino.

No pasó mucho tiempo tras salir de la espesura cuando se detuvieron y empezaron a bajar, teniendo cuidado de donde pisaban. Inspeccionaban con la vista cualquier detalle a su alcance, buscando pistas o indicios fuera de lugar. Solo se podían ver ruinas, apenas algunas paredes de edificios que se rehusaban a caer del todo, pero que la naturaleza ya había reclamado para sí.

— ¿No íbamos a Pueblo Sosiego? ¿Por qué nos detuvimos en las ruinas?

— Este es Pueblo Sosiego— Anunció sombríamente el más alto.

— No estés bromeando Rheios…

Pero al voltear a sus demás compañeros, las miradas sombrías solo iban en aumento, como si no pudieran aceptar la realidad aunque estuviera ahí. El silencio se hizo y solo volvieron a la camioneta para recoger unas maletas y el equipo. Revisaron el pueblo pero no había señal de vida, ni los pokémons rondaban cerca. El lugar más que un pueblo fantasma parecía un pueblo maldito. Tras un par de horas buscando muestras, comparando y recolectando información, el grupo parecía desanimado. Sus esfuerzos eran claramente en vano, y decidieron que era mejor montar un campamento para poder descansar.

Mientras ponían una mesa plegable y acomodaban las sillas, el ambiente se puso tenso, tanto que un escalofrío recorrió la espalda de todos. Absol se levantó de su siesta y empezó a gruñir a las lejanías, a un claro donde provenía el aire frío. El cielo se tornó oscuro como la noche para sorpresa de todos. En un movimiento de instinto de supervivencia, todos se apresuraron a ponerse cerca de la oficial Jenny, ella sin embargo veía en todas direcciones a la vez que sacaba una linterna de mano y su pistola del cinturón.

De la bruma se acercó una figura, un ser bípedo, de apariencia gruesa pero alargada con dos alas en la espalda y una especie de lentes que protegían alrededor de sus ojos. — ¿Un Flygon?—. Preguntó Laymon a la vez que se alejaba de la bestia que se acercaba con curiosidad. Jenny llevó su mano al cinturón de donde sacó un objeto esférico, al presionar un botón en el mismo se agrandó hasta ocupar perfectamente la palma de la mano. Era una pokeball, lanzandola cerca de ella para hacer aparecer a un Growlithe de su interior, el pokémon peludo similar a un perro lanudo de color naranja con rayas gruñia a su supuesto enemigo. La presencia del nuevo pokémon puso en alarma al dragón quien simplemente sonrió. La clara burla afectó a Growlithe quien saltó dispuesto a morder a su incitador.

— ¡Growlithe, Jenny, no lo ataquen!— el grito de Rheios resonó por todo el lugar, solo para verse superado por el fuerte rugido del dragón.

En un movimiento rápido, Flygon estiró una de las alas y como si se tratase de un tabla, golpeó a Growlithe quien soltó un chillido ahogado, el ataque no terminaba ahí, con el impulso del golpe mandó a volar al can quien se estrelló con la pared más cercana en dirección contraria, la oficial gritó por su Pokémon solo para darse cuenta del líquido rojizo que marcaba la pared donde se había estrellado. En una reacción de enojo y miedo a partes iguales, se volteó nuevamente y apuntó al dragón con el arma, comenzando a disparar a la vez que múltiples estruendos se escuchaban.

Flygon apenas reaccionaba cuando las balas impactaron en su verdosa piel, pero ninguna lo atravesaba mas el ataque no cesaba. Estiró las alas mientras se inclinaba hacia adelante, como si estuviera agarrando impulso, en un simple instante desapareció. La oficial buscaba alarmada a la bestia al mismo tiempo que cambiaba el cartucho del arma. Cada integrante empezó a caminar hacia atrás, todos pensaban lo mismo "Tenemos que huir ahora" pero algo los detenía. El miedo por la sed de sangre que saturaba el aire.

Una sombra descendió del cielo y se estrelló en el suelo con fuerza, Flygon había aterrizado sobre Laymon con sus dos poderosas patas traseras, un sonido hueco y quebradizo se escuchó por encima del aterrizaje. Laymon no se movía bajo el peso del dragón, quien sin perder tiempo veía a Jenny mientras abría las fauces, de ella una luz violeta amarillenta se asomaba. Para la oficial el mundo se iba deteniendo mientras giraba, gritando en pánico al ver su propia muerte empezó a disparar. Quedó envuelta en un mar de fuego líquido hasta que cayó al suelo.

Oriana solo podía gritar de pavor ante la escena, Rheios apretaba los dientes sin poder creer lo que pasaba, pero su Absol no se movía tampoco, aunque se le veía calmado ante la situación. Ya solo quedaban ellos tres, la tensión aumentaba mientras unos brillantes ojos los observaban fijamente… Eran los siguientes.