―A ver si me ha quedado claro… La cosa es la siguiente: es domingo, así que usted estuvo toda la mañana en su despacho respondiendo a la correspondencia de la escuela cuando el Señor Klein, Bernard, de quince años, hermano del Señor Klein, Wolfgang, de diecisiete, que se encontraba en el campo de Quidditch jugando con los Señores Kissinger y Vassislevitx de dieciséis y los Señores Hansson y Krum de diecisiete, le llamó debido a un altercado ―expliqué y levanté la vista para comprobar que me seguía.
El anciano asintió con la cabeza, proseguí.
―Usted se dirigió al campo y encontró al Señor Hansson cubierto de heridas y sangre, apuntando con la varita al Señor Grindelwald de dieciseis años, que había sido desarmado, mientras los Señores Metzger y Böhm de diecisiete años, junto a sus amigos los Señores Van der Koy, Holzer y Laine de dieciséis, estaban aun apuntando al Señor Hansson. ¿Me equivoco? ―pregunté levantando los ojos de las notas que había tomado mientras el Profesor Berger hacía su declaración.
Estábamos en un aula que el mismo director nos había cedido especialmente para que los aurores pudiéramos usar en nuestra investigación que por lo que parecía iba a ser larga. Después de hacer un par de arreglos a la sala empezamos con los interrogatorios.
―No ―respondió el anciano―.Todo eso es correcto.
―¿Alguien puede confirmar que usted estaba en su despacho trabajando?
―Por supuesto, el Profesor Orlowski, Sub-director de la escuela, se entrevistó conmigo esa mañana y me llevó el correo, aunque no se quedó en el despacho podría probar que lo estuve respondiendo.
―Bien ―aseguré.
Picaron a la puerta y accedí a que entraran. Eran dos aurores, dos mujeres. Sonreí.
―¿Sub-Inspectora? ―preguntó una de ellas―, ya hemos encontrado al Señor Hansson, está fuera esperando que se le tome declaración.
―Esplendido ―anuncié con un gesto de asentimiento―. Ann, alguien debería entrevistar al Profesor Orlowski y citar a los alumnos que se encontraban en el campo de Quidditch antes de la muerte del Señor Krum ―le pedí a una de ellas entregándole la lista de nombres que el Profesor Berger me había dado. Era rubia y tenía los ojos hundidos. Luego me volví hacia el director―. Profesor, ¿podría prestarle su varita a la detective Baüer? Es para comprobar el "Prior incantato" ―le pedí señalando a la segunda de las aurores. Tenía el pelo castaño y era bastante gruesa.
―No creerá que yo maté a ese muchacho ―advirtió seriamente, levantando las cejas con sorpresa.
―En absoluto, Profesor Berger, no es más que una mera formalidad ―le aseguré sonriendo falsamente mientras él obedecía―. Bueno, sigamos... ¿Dónde estaba el Señor Krum cuando usted llegó al campo?
―Ya había vuelto al castillo…
―¿No es un poco raro que el Director en persona tenga que ir a detener un altercado? ―Interrumpió uno de mis aurores apoyándose sobre la mesa. Era un hombre rubio y alto de unos treinta y cinco años, tenía la cara angulosa y un gran bigote. Hasta entonces se había mantenido con los brazos cruzados y en silencio, detrás de mí.
―Bueno… En otro caso cualquiera si lo hubiera sido, pero con el Señor Grindelwald es diferente ―respondió el anciano nervioso. Le miramos esperando que continuara, él tragó saliva―. Como ya le he dicho, creo que si hay algún culpable de lo que ha sucedido tiene que ser él.
―Pero usted no sabía eso cuando se ha dirigido al campo de Quidditch, ¿verdad? ―pregunté suspicaz.
―No, no, claro. Pero… Verá, el Señor Grindelwald es un alumno peculiar, no es la primera vez que tenemos problemas con él ―admitió―. No lo parece, ya lo verá cuando lo conozca. De hecho, se comporta como un muchacho tranquilo y encantador la mayor parte del tiempo. Sólo tiene… inquietudes incorrectas.
―¿A qué se refiere? ―pregunté intrigada. Él me miró en silencio unos instantes y luego suspiró.
―Bien… El Señor Grindelwald es un mago increíblemente talentoso. Incluso podríamos llegar a llamarle "Genio". Pero en vez de canalizar su poder en obtener las mejores calificaciones o premios que concede la escuela, sólo se interesa por lo que realmente le llama la atención. Sus "Experimentos" ―explicó.
―¿Qué clase de experimentos? ―pregunté de nuevo con un poco de recelo. Parecía como si el muchacho, de algún modo, impresionara al Profesor Berger.
―Experimentos mágicos, por supuesto. Por ejemplo… inventando pociones. Pero no simplemente echando al caldero cualquier cosa, si no analizando las características de los ingredientes y cómo actúan sus poderes en conjunción con otros para así conseguir un fin previamente establecido. O con encantamientos, le interesa mucho el poder real de los encantamientos, por ejemplo… con el Imperius, la primavera pasada presentó una tesis impresionante. Estuvo experimentando hasta donde era capaz de obedecer un encantado cuando se le obligaba a hacer algo imposible o contradictorio. Experimentos de ese tipo.
―¿Con alumnos? ¿y ustedes lo consienten? ―pregunté bastante horrorizada.
―Por supuesto que no. No con alumnos. Él suele usar conejos, ciervos o… mamíferos más grandes que caza en los amplios terrenos de la escuela… ―hizo una pequeña pausa. Yo fruncí el ceño. No podía ser que se estuviera refiriendo a muggles, ¿verdad?― O incluso criaturas mágicas. También las estudia para entender cómo actúa la magia que poseen bajo los efectos de ciertos encantamientos… Aunque alguna vez preso de la emoción lo ha hecho con algún alumno, pero siempre se le ha reprendido. Por eso me presenté personalmente siendo que el altercado venia de su mano. Pero claro, no podemos impedirle experimentar, los avances en el conocimiento que está obteniendo son impresionantes. Toda la comunidad mágica se beneficiará de ello. Tal como él dice, es por el bien mayor.
―Sí, por supuesto… Mejor pasemos de puntillas sobre el hecho de que así de paso Drumstang pueda colgarse medallas por descubrimientos mágicos, aumentando el prestigio de la escuela y consiguiendo fondos y subvenciones suficientes para poder hacer lo que les venga en gana. Eso es una… pequeña consecuencia sin importancia― reñí al anciano en tono sarcástico. Por si no había suficiente con su asquerosa política sobre la sangre, encima corrupción en las aulas. Él me miró con severidad, chasqueé la lengua y alguien golpeó la puerta de nuevo. Di permiso para que entrara.
Era la aurora Baüer, que volvía con la varita del Profesor Berger.
―Realizado, apuntado y archivado, el último hechizo fue un "Expecto Patronum" ―aseguró ella, devolviéndole la varita.
―Bien, gracias detective… ―dije apuntándolo en mis notas, mientras asentía con la cabeza para que pudiera irse. Me volví hacia el anciano―. ¿Un patronus?
―Lo usé para llamarles, para que ustedes vinieran ―se defendió.
―Cierto… Bueno, prosigamos, ¿qué sucedió cuando los muchachos fueron llevados a su despacho?
―Ambos me contaron sus versiones de lo sucedido en el campo, al parecer el Señor Grindelwald había agredido al Señor Hansson y al Señor Krum en defensa propia pero con más ímpetu del apropiado. Yo le amonesté amenazándole con ser expulsado, aunque él no parecía sentir ni un ápice de culpabilidad o miedo. Luego oímos un grito que parecía provenir de las mazmorras.
―¿Un grito en las mazmorras? ¿cómo pudieron oír un grito proveniente de tres plantas por debajo?
―Por el encantamiento "Sonorus" ―explicó como si fuera obvio, yo parpadeé sin entender―. Las mazmorras de Drumstang tienen un encantamiento para que desde los despachos de los profesores se pueda oír gritos o jolgorio en los dormitorios de los alumnos y así podamos bajar a poner paz si hay peleas o fiestas no autorizadas. Aunque solo funciona con una gran cantidad de decibelios, no se puede oír una conversación normal.
―De acuerdo. ¿Qué pasó después que oyeron el grito?
―El Señor Hansson salió corriendo del despacho... De algún modo parecía como si el Señor Grindelwald estuviera confesando el asesinato del Señor Krum.
―¿Confesando? ―pregunté extrañada. Una confesión por las buenas no era habitual.
―Dijo algo que podía interpretarse... Dijo que estaba corrigiendo el error. Al principio pensé que se refería a que la conversación le había hecho entender lo malo de su acción, pero visto ahora creo que el error era no haberlo matado en el campo...
―Mmm… ¿Y qué fue lo que hizo usted?
―Salí detrás del Señor Hansson para avisar a comisaría y que ustedes vinieran. Luego estuvimos tratando de abrir la habitación del Señor Krum hasta que llegaron.
―¿Y qué pasó con el Señor Grindelwald?
―Le dejé encerrado en mi despacho. Debería seguir ahí… ―respondió orgulloso de sí mismo por, supuse, haber pensado en encerrarlo. Yo levanté las cejas con sorpresa.
―¿Me está diciendo que ha dejado usted encerrado en su despacho… el despacho del director, que supongo debe contener infinidad de artilugios mágicos incunables y raros, a un muchacho con tendencia a experimentar, en posesión de su varita y que además es un presunto asesino? ―pregunté con frustración paraqué se diera cuenta de la estupidez real de esa idea.
Él abrió su boca y me miró un poco asustado.
―Bueno, deben haber pasado más de dos horas y la escuela no ha estallado, quizás no es tan malo ―intenté tranquilizarle―. Pero entrar ahí con la seguridad de que no va haber trampa alguna va a ser difícil… ¿Hay alguna posibilidad de que escapara?
―No… las ventanas no se abren y hechicé la puerta para convertirla en parte del muro ―explicó bajando la vista entre avergonzado y preocupado.
―¿Y con algún artilugio? Un giratiempo… Un traslador… Un armario transportador…
―No, no… el giratiempo estaba en la escena del crimen, los trasladores no funcionan en el interior del castillo y no tengo ningún armario transportador ―aseguró.
―Bien entonces tenemos que nuestro principal sospechoso tiene una coartada perfecta… ―expuse y me giré hacia el hombre rubio del bigote, cayendo en la cuenta―. Vassily, asegúrate de que el armario de la habitación de la víctima no tiene restos de magia ni es algún tipo de armario transportador, por favor ―le pedí, él asintió.
―Y voy a comprobar también que nadie esté haciendo poción multijugos, por si acaso ―anunció y salió de la habitación.
El anciano me miró y yo levanté una ceja.
―El asesino podría haber entrado usando el giratiempo y salido por el armario, así se podría destruir su coartada ―le expliqué―. O podría haberse hecho pasar por Grindelwald para confesar y que... Le carguen a él el muerto. Literalmente.
―Veamos Señor... Henric Hansson ―le nombré haciendo pasar al interior del aula a un muchacho de diecisiete años, moreno y bastante más grande que yo―. ¿Qué puede contarme sobre el accidente que sucedió antes de la muerte del Señor Krum? El accidente con Gellert Grindelwald ―pregunté mientras él se sentaba.
―Que no fue un accidente, de eso estoy seguro ―sentenció en el tono más serio y sombrío que nunca había visto en un chico de su edad, yo levanté las cejas.
―Esa es una acusación bastante fuerte, Señor Hansson ―le dije en tono reprobatorio.
―Verá, Sub-Inspectora… Usted no conoce aún a Grindelwald pero no se deje engañar cuando lo haga. Es una pequeña rata tramposa muy astuta. Se aprovecha de su aspecto angelical y frágil ―dijo escupiendo las palabras―. Con sus rizos rubios y sus grandes ojos, para conseguir un aire inocente y desprotegido… ―Explicó con sorna como imitando a alguien.
Yo lo miré con desconfianza, él siguió hablando.
―Pero si usted se fija bien se dará cuenta de que es una maldita máscara para esconder lo salvaje que puede llegar a ser. Verá que su interior es tan jodidamente negro como sus ojos. Es un hijo de puta manipulador como nunca ha conocido usted a ninguno y un peligroso sádico sin escrúpulos completamente desequilibrado. Aunque por desgracia hay un montón de gente en este estúpido castillo que no parece darse cuenta.
―Está bien, Señor Hansson. Lo tendré en cuenta, no tema. Pero ahora volvamos a la pregunta, ¿qué sucedió durante el accidente?
―Dimitri, yo y unos cuantos más estábamos en el campo de Quidditch jugando a Creaothceann cuando…
―¿Creaothceann? ―le corté―. ¿No es ese juego de coger piedras con un caldero en la cabeza? Creía que estaba prohibido jugar a eso… ¿Podría decirme quienes estaban en el campo exactamente?
―Sí, bueno. Pero entre colegas la cosa es diferente… Veamos, estábamos Dimitri, por supuesto, Wolf y Bern Klein, Hans Kissinger, Stan Vassislevitx y yo.
―Wolf y Bern… Supongo que se refiere a Wolfgang y Bernard Klein ―puntualicé, él asintió―. Bien ―comenté comprobando los nombres con los que me había dado el director, coincidían―. Siga por favor, ¿qué pasó luego?
―Bueno, el caso es que estábamos jugando. Entonces Grindelwald llegó al campo con su acolito e hizo que las piedras empezaran a perseguir a Dimitri como si fueran bludgers locas, mientras sus amigos se reían.
―Disculpe… ¿Podría decirme quienes iban con el Señor Grindelwald? ―le corté.
―Estaban… el chico ese que siempre le sigue Mikael Metzger y por supuesto Greta Böhm… Karin Holzer, Nina Laine y Vlad Van der Koy ―anunció repasando con los dedos.
―De acuerdo, sigamos ―pedí repasando los nombres de nuevo, no había incongruencias con la declaración del Profesor Berger―. El Señor Grindelwald convirtió las piedras en bludgers locas que persiguieron al Señor Krum. ¿Y qué pasó?
―Dimitri voló cuán lejos pudo pero las piedras lo atraparon sobre el acantilado y empezaron a golpearlo hasta tirarlo de la escoba. Al verlo, yo volé detrás de él y lo atrapé en el aire en el último momento. Habría muerto por la caída y las piedras si no le hubiera agarrado… pero no acaba ahí, claro. Al llevarlo en mi escoba las piedras empezaron a perseguirme a mí. Así que hice lo único que se me ocurrió: volé hacia donde estaban Grindelwald y los demás a toda velocidad. Todos empezaron a huir o a protegerse excepto Grindelwald, qué hizo estallar todas las piedras convirtiéndolas en arena de un solo hechizo al tiempo que dejaban de perseguirnos.
―¿Y no habrían podido hacer eso desde el principio? ―le corté sorprendida.
―¿A qué se refiere? ―preguntó sin entender.
―Cuando las piedras empezaron a perseguir al Señor Krum. Usted podría haberlas hecho estallar como hizo el Señor Grindelwald ―sentencié.
―No... ―respondió bajando la cabeza, yo levanté una ceja.
―¿Por qué no?
―Por lo mismo que no lo hicieron los demás en lugar de protegerse, es una de esas cosas que solo un desequilibrado como Grindelwald sabe hacer... ―Explicó con rabia.
―Bueno… Por cierto, necesito su varita para un control rutinario. "Prior incantato" ―le pedí cambiando de tema, él me la entregó y se la di a Baüer, la aurora que había probado la varita de Berger y que se había quedado allí durante el interrogatorio―. ¿Qué pasó luego? ―pregunté de nuevo.
―Aprovechando la confusión logré desarmar a Grindelwald y todo su acolito me apuntó con furia mientras él sonreía con esa cara de psicópata que pone ―dijo haciendo una mueca, sonriendo mostrando sus dientes mientras fruncía el ceño.
―Ajá.
―Le dije a Bern que fuera a llamar al Profesor Berger y acompañara a Dimitri a la enfermería... Pero Dimitri se negó en rotundo, dijo que prefería ir a su habitación a dormir, qué tampoco estaba tan mal y qué no quería que le castigaran ―explicó, yo fruncí el ceño.
―¿Era eso normal en el Señor Krum? ―pregunté con recelo, pensando en los experimentos con el hechizo Imperius que el Profesor Berger me había dicho que Grindelwald llevaba a cabo. Aunque teniendo en cuenta que no había rastros de magia en el cuerpo quizás era una pregunta estúpida.
―De hecho... Sí. Es decir, no. Pero teniendo en cuenta las circunstancias un poco sí― respondió encogiéndose de hombros.
―¿Qué circunstancias?
―Bueno, Dimitri… Tenía mucho miedo de que lo expulsaran y definitivamente estábamos jugando a un juego prohibido―dijo encogiéndose de hombros.
―¿Tenía miedo de que lo expulsaran por jugar a un juego? por muy prohibido que estuviera...
―No, no, no solo por eso. Verá, Dimitri estaba en "sobre aviso"… Salía con una chica, Catharine Ekblom, es una muggle dos años mayor que él, trabaja en la lechería del pueblo muggle cercano al colegio, a veces íbamos con las escobas a asustarlos o hacer bromas, en esas que se conocieron. Nos plantó cara un Halloween en que planeábamos agriar toda la leche de la lechería. Y bueno, usted sabe cómo va eso... ―Explicó con una sonrisa de complicidad, yo puse los ojos en blanco… adolescentes. Él siguió contándome.
―Se querían con locura, ella sabía que era un mago y todo, y por supuesto no le importaba. El problema era que hacia menos de dos semanas que se había enterado que la había dejado embarazada ―explicó. Yo alcé las cejas con sorpresa―. Así que como es lógico, estaba terriblemente asustado y creía que lo expulsarían de la escuela si alguien se enteraba… En Drumstang no están muy bien vistas las relaciones con los muggles.
―Sí, lo sé ―dije con acritud para evitar una larga y detallada explicación sobre usos y costumbres del colegio.
―Bueno, pues Dimitri estaba asustado. Además de por el hecho de ser padre en sí, se agobiaba con que tenía que terminar la escuela y conseguir un trabajo lo antes posible, planeaba como iba a resolver su vida y la de ahora su nueva familia teniendo en cuenta que sus padres no aceptaban a su novia― añadió.
―Ya veo… ¿Pero qué tiene que ver eso con el Creaothceann? ¿y por qué jugaba si tenía miedo de que le pillaran haciendo cosas que no debía? ―pregunté suspicaz.
―Bueno…Yo le coaccioné para que jugara, últimamente estaba muy abatido y pensé que le animaría. Pero esa no es la cuestión, el problema es que de algún modo, no me pregunte como, el maldito Grindelwald sabía lo que había pasado con Catharine. Vino diciéndolo durante el ataque con las piedras, supongo que Dimitri tenía miedo de que lo usara como escusa por agredirle y se lo dijera al Profesor Berger.
―De acuerdo, veamos… entonces llegó al campo el Profesor Berger, ¿y qué pasó?
―Impuso el orden. Hizo a los chicos recoger y volver al castillo, y a Grindelwald y a mí nos hizo ir a su despacho. Obligándome a devolverle la varita al demonio.
―Ajá.
―Yo le conté lo que había pasado y Grindelwald... Fue bastante raro, corroboró mi historia sin la resistencia o mentiras habituales, estaba muy seguro de sí mismo.
―Ya veo ―dije frunciendo el ceño. Todo aquello era realmente raro.
―Pero el Profesor Berger chochea ―sentenció dando un golpe sobre la mesa como si estuviera enfadado―. Le tiene en un alto concepto por todas esas macabras investigaciones que hace para él, así que solo le amenazó que si ese comportamiento se repetía le expulsaría. ¡Casi mata a Dimitri y solo le amenazó! ―exclamó levantando las manos. Me aparte por la sorpresa y él siguió hablando.
―Pero no se crea… ¡Ni aun así logró que el puto psicópata reaccionara! Entonces se hizo el inocente y cuando Berger le acusó de casi haber asesinado a Dimitri, el tío va ¡y dice que estaba arreglando eso! ¡como diciendo que ya lo estaba matando definitivamente! ¡y justo entonces se oyó un grito! ¿Coincidencia? Yo creo que no.
―¿Un grito del Señor Krum?
―¡Pues claro! ―respondió excitado, frunciendo el ceño.
―¿Cómo está tan seguro? ―pregunté ladeando la cabeza con sospecha.
―Reconocí su voz. Dimitri era mi amigo, además, ¿quién iba a gritar si no? ―respondió frustrado, como si fuera obvio.
―Pero el Señor Grindelwald se encontraba en el despacho con ustedes en ese momento, ¿cómo pudo asesinar al Señor Krum mientras estaba ahí?
―Pues… ¡No lo sé! Ya se lo he dicho, Grindelwald es un psicópata cruel y retorcido… No tengo ni idea de que pudo hacer… A lo mejor usó un giratiempo o algo así.
―A propósito del giratiempo. ¿Usted sabe si el Señor Krum tenía planeado usar uno para algo? ―pregunté pensando en el que habíamos encontrado en la mano de la víctima.
―Pues… No, de hecho no. No me había comentado nada ―respondió pensativo.
―Bueno, ¿qué hizo usted cuando oyó el grito?
―Salí corriendo hacia su habitación, claro. La puerta estaba cerrada, así que estuve golpeando y llamándole, pero no respondió nadie. Sólo se oía un crepitar y el murmullo de la gente en el pasillo. No tardaron en empezar a llegar profesores que habían oído el grito en sus despachos y alumnos curiosos. Empezamos a gritar contraseñas para probar de abrir la puerta pero Dimitri la cambió cuando se enteró que iba a ser padre y no se la dijo a nadie. Tenía las cartas de Catharine guardadas en la habitación. Le daba miedo que alguien se las robara y las usara como prueba para chantajearlo o para que le expulsaran. Un rato después llegó el Profesor Berger y los aurores y nos echaron a todos los alumnos de allí.
Alguien llamó a la puerta, le hice pasar. Eran Vassily y la detective Baüer.
―Sub-Inspectora ―me nombró el hombre―. Tal como me ha pedido he comprobado el armario de la habitación de la víctima, se trata de un armario común. Tiene un hechizo para agrandar su interior y que quepan más cosas pero no tiene ningún poder transportador. He hablado con el Profesor Müller de pociones y me ha asegurado que nadie le ha robado nada, pero que en el armario de los alumnos hay casi cualquier ingrediente que pudieran necesitar para hacer la poción multijugos o cualquier otra cosa, así que mi recomendación personal es buscar al Señor Grindelwald y tenerlo bajo vigilancia sin que pueda tomar nada que no le suministremos nosotros el tiempo suficiente para que una poción multijugos deje de hacer efecto.
―Gracias, Vassily. Sí, probablemente será lo que hagamos ―dije tomando de su mano el informe que había realizado sobre su investigación―. ¿Detective Baüer?
―Aquí está la varita del Señor Hansson y el informe del "Prior Incantato", el último hechizo fue un "Cistem Aperio" ―aseguró ella devolviéndole la varita al chico y entregándome los papeles.
―Supongo que estaba tratando de abrir la puerta de la habitación del Señor Krum a la fuerza―aventuré mirando al chico.
―Exactamente. Pero no funcionó, ya lo sabía pero tenía que probarlo, tampoco lo hizo el "Alohomora".
―Mmm… ya veo. Bueno, aparte de eso ¿había algo que se le diera especialmente bien al Señor Krum? ¿algo que hubiera podido usar para intentar defenderse o marcar al asesino y que nos ayudara a identificarlo?
―Bueno... No era malo en duelo, pero su fuerte eran los encantamientos de fuego y las transfiguraciones. A veces bromeaba con que se haría animago para poder entrar a espiar al vestuario de las chicas transformado en un pájaro. Nosotros siempre le decíamos que ellas nunca confiarían en dejar entrar a su vestuario a un avestruz ―explicó sonriendo tristemente―. A lo mejor pudo transfigurar o quemar alguna parte del cuerpo de su agresor. También se le daban bien las pociones, pero no creo que le diera tiempo a usar una, claro.
Disclamer: Gellert Grindelwald, Krum, Quidditch, aurores, Drumstang, Prior incantato, Expecto Patronum, Alohomora, Cistem Aperio, Sonorus, Imperius, multijugos, giratiempo, traslador, Creaothceann... Etc, etc, etc... J. K. Rowling
Vaya, un capitulo largo, complejo y lleno de ¡PISTAS! Podéis darle las gracias a mi lectora no registrada "Alba" que dejó toda una lista de preguntas difíciles. Que yo sepa solo me faltó una por responder en el texto. Dicha se refiera a Hermione, (No podía responder por que en esa época Hermione ni siquiera había nacido) Solo quería recordar que cuando ella tuvo el giratiempo nunca hizo un viaje hasta tan al pasado y aún no conocía al valiente nieto de Dimitri Krum: Vicktor. Así que el hecho de tenerlo no cambia nada.
A parte de eso... Ya lo sabéis, cuantas más preguntas, más detalles y más largos serán los capítulos (aunque no sé si eso es un punto a favor)
¿Habrá alguien suficientemente observador para verlas y suficientemente inteligente para encajarlas? Sigo esperando la mente que venza al genio... Para eso está el botón verde.
