Estaba estudiando las notas del interrogatorio con veritaserum que le había realizado al maldito muchacho aquel y levanté la cabeza para mirarlo en su celda de puerta transparente.
Estaba sentado a horcajadas sobre la cama y tenía unos cuantos pergaminos que le habíamos dado en las manos. Trabajaba en ellos de cara a mí, escribiendo o dibujando algo y de tanto en tanto levantaba la cabeza para mirarme.
Cuando me vio, sonrió con suficiencia. Mostrando esos colmillos sobredimensionados que, como decía el otro muchacho, Hansson, delataban su verdadera naturaleza de salvaje sin escrúpulos. Yo fruncí el ceño y volví a mi trabajo. Estaba segura de que seguía burlándose de mí.
Menudo sospechoso, probablemente era la persona con más seguridad en sí misma que había conocido nunca. Un maldito psicópata megalómano.
Estaba segura que era el asesino y no había dudas sobre eso, mi instinto era infalible. Estaba deseando acabar con aquello y encerrarlo más que en ningún otro caso en el que hubiera participado, no solo por la manera en que me decía como hacer mi trabajo, llamándome Turandot y burlándose de mí si no por bajarle los humos que tenía. Ojalá encontrara la prueba delatora ya, solo necesitaba una, ese jodido crío no podía haber pensado en todo. Una, solo una maldita prueba. ¿Pero dónde...?
Veamos, la víctima fue atacada en el campo a las once de la mañana y el grito se oyó a las doce menos cuarto.
La habitación permaneció sellada hasta las doce y treinta y cinco, momento en que llegamos los aurores y Grindelwald estuvo encerrado en el despacho de Berger hasta las dos.
En la escena del crimen no había nadie además de la víctima cuando llegamos, hubiéramos notado si alguien se escondía con una capa de invisibilidad. Con la cantidad de gente que éramos no podría haber escapado y habríamos desvelado cualquier resto de hechizo desilusionador o reductor, así como si alguien se hubiera convertido en animago. Se deducía de ello que el autor del crimen había escapado en los tres cuartos de hora entre el grito (Que suponemos el momento de la muerte) y el momento en que llegamos los aurores. Cualquier teoría propuesta por Grindelwald era un callejón sin salida. Por algún motivo, eso no me sorprendía lo más mínimo.
La varita de Krum me intrigaba, el "Prior" había descubierto un hechizo de fuego. Era cierto que el Señor Hansson había dicho que su amigo era bueno con ellos, pero siendo Drumstang una escuela con tanta aceptación con las artes oscuras, me sorprendía que no hubiera usado un "Avada" para defenderse. Además, no habíamos podido descubrir quemaduras en el cuerpo de Grindelwald.
Una investigación más exhaustiva de la escena del crimen había revelado el arma del crimen: uno de los cuchillos de latón de la cubertería propia del castillo que usan alumnos y profesores a diario. Fue encontrado medio quemado cerca de la chimenea. Pero aunque no hubiera sido pasto de las llamas, tendría huellas de prácticamente todas las personas que vivían en el castillo. Supuse que el hechizo de fuego de la víctima había impactado en el cuchillo, o eso o el asesino habían intentado deshacerse de él lanzándolo al fuego, pero había fallado y por eso no había caído en mitad de las llamas. La cuestión era ¿Por qué el asesino no lo había recogido y vuelto a lanzar al interior de la chimenea? Me quedé pensando… Probablemente oyó los gritos de Hansson en la puerta y se asustó, así que decidió marcharse cuanto antes por si él muchacho lanzaba la puerta abajo y lo encontraba ahí.
Me acaricié la barbilla… ¿Pero cómo? ¿cómo había salido dejando el giratiempo en el interior de la habitación y sin volverse más pequeño? ¿Y como lo había hecho estando en el despacho de Berger a la vez? ¿Podía haber usado una Poción?
En la habitación de Grindelwald se habían encontrado diferentes botellines con pociones que estaban siendo investigadas, pero ninguna podía reducir a alguien para que saliera tal como él había aventurado que haría un animago ni nada parecido.
Nada de eso tenía sentido, ni siquiera el móvil del crimen. Se suponía que Krum había sido asesinado por juntarse con una chica muggle, pero el asesino no la había matado a ella… de hecho, había mandando un auror a buscarla y comprobar si se encontraba bien, su patronus había informado de que sí hacia un rato, así que no tenía sentido. A no ser que el móvil real no fuera defender la pureza de sangre. Tal como habían hablado de Grindelwald, podía ser que solo le hubiera asesinado por experimentar.
―¿Sub-Inspectora? ―me llamo una voz sacándome de mis giré, era un hombre rubio y escuálido, de ojos grandes y sonrisa nerviosa.
―¡Ah! Detective ―respondí sonriendo, más datos podían darme pistas clave―. ¿Han terminado ya de tomar declaración a los alumnos?
―Sí, pero hay algunos problemas... ―respondió nervioso, mirando a todas partes.
―¿Problemas? ¿qué clase de problemas? ―pregunté frunciendo el ceño. Problemas era precisamente lo único que ya teníamos de sobras.
―Verá: Hay al menos veinte personas más que han declarado su aversión hacia la víctima. De estas, siete aseguran que el Señor Grindelwald estaba con ellos durante el crimen, aunque eso implicaría que estuvo en cinco sitios distintos a la vez... Y lo peor, tres personas han confesado ser los asesinos y haber actuado solos ―explicó dándome los informes. Parpadeé sorprendida y los leí un poco por encima.
Al cabo de un rato me llevé las manos a la cara con desesperación. La investigación se estaba convirtiendo en un infierno. Me acababan de ascender a Sub-inspectora y quería hacer un buen trabajo, pero en todos mis años de experiencia como detective nunca había participado en algo tan demencial.
Con solo una ligera lectura por encima del informe ya había encontrado infinidad de incoherencias, era como si todo el maldito castillo estuviera mintiendo para no parecer sospechosos. La mitad de las declaraciones no coincidían o se contradecían entre ellas, por ejemplo, al parecer, de todos los alumnos que había dicho el Señor Hansson que había frente a la puerta de la víctima, solo había tres que habían confirmado estar allí y por el contrario se había formado una misteriosa fiesta en la Biblioteca, en la parte más alejada de la escena del crimen, según las declaraciones, decenas de personas se encontraban allí durante esos tres cuartos de hora.
Me giré hacia el auror.
―Quiero hablar personalmente con el Señor Klein, el menor, y con todos los que se han declarado culpables ―sentencié. Él hombre hizo un ligero asentimiento de cabeza y salió del despacho.
Bernard Klein se sorbió los mocos. Estaba sentado frente a mí en el mismo sitio que había ocupado Grindelwald hacía una hora. Cogí un pergamino en blanco que tenía sobre la mesa para tomar notas de las declaraciones, lo transfiguré en un pañuelo y se lo tendí.
Él me agradeció con un gesto de cabeza, en silencio y se limpió la cara. Era pequeño, tenía el pelo castaño y la cara alargada. Estaba llorando, parecía mucho más sensible que Hansson, que había reaccionado al interrogatorio con ira y excitación.
―Veamos Señor Klein, Bernard. Sé que es duro, pero tiene que explicarme lo que pasó exactamente. Usted acompañó a la víctima al castillo después del incidente del campo de Quidditch y fue el último en verlo con vida. ¿Puede contarme que pasó durante el trayecto?
―Nada... Dimitri dijo que quería ir a dormir y se reprochó el haber accedido a jugar, dijo que era una irresponsabilidad. Pero a mí no me parece que fuera una mala idea y agradezco que pasara su último día con nosotros ―explicó volviéndose a sonar los mocos.
― ¿Hasta dónde lo acompañó usted?
―Hasta la puerta de su habitación. Quería avisar al Profesor Berger para volver al campo con mi hermano y los demás cuanto antes, pero estaba preocupado por él ―explicó y furtivamente se giró hacia la puerta de la celda de Grindelwald, yo también me giré a mirar.
Él levantó la cabeza al notar que le observábamos, sonrió con suficiencia y nos hizo un gesto de saludo llevándose la mano a la frente con dos dedos estirados y luego moviéndola hacia nosotros.
―No puede oírnos, ¿verdad? ―preguntó Klein volviendo a mirarme.
―No ―aseguré con firmeza para tranquilizarle. Él volvió a mirarlo.
―Es que me da escalofríos ―confesó aun mirándolo―. No me gusta, me pone nervioso ―aseguró girándose hacia mí de nuevo―. Wolf se ríe de mí diciendo que como me puede dar miedo alguien tan escuálido y débil, pero no puedo evitarlo.
―No me sorprende, de hecho, pero bueno. Según el Señor Hansson, el Señor Krum había cambiado la contraseña de su cuarto por una nueva hacia relativamente poco. ¿Usted le oyó decirla?
―No. Dimitri era muy celoso con esas cosas y yo respetaba su intimidad, me quedé apartado mientras la decía. Aunque ojalá la hubiera escuchado, así podríamos haber abierto la puerta mucho más rápido ―se lamentó volviendo a sollozar.
―Bueno. ¿Sabe si el Señor Grindelwald se había acercado al Señor Krum para hacerle cualquier cosa que pudiera desvelarle la nueva contraseña? ¿Legimancia quizás? ¿Un "Imperio"? ― probé. Era cierto que él mismo me había dicho que no conocía la contraseña en el interrogatorio con veritaserum, pero estaba segura de que había conseguido mentir con oclumancia o algo así. Si conseguía sacar la evidente declaración de Klein sobre cómo de hecho sí era él único del castillo que conocía la contraseña nueva, habría descubierto su desliz y tendría definitivamente una prueba acusadora en su contra.
―No. Últimamente estaba bastante tranquilo, hasta esta mañana casi había olvidado que existía ―explicó Klein volviendo a limpiarse los mocos―. La última vez que se acercó a él fue… hará unas tres semanas. Estábamos estudiando y Grindelwald se nos acercó todo petulante, diciendo que deberíamos agradecerle por haber conseguido con sus experimentos los nuevos libros sobre encantamientos que ahora poseía la biblioteca. Y luego dijo algo como que no íbamos a entenderlos porque eran demasiado complicados, que no éramos lo bastante listos. Henric se puso como loco, diciendo que no íbamos a leer esos sucios libros conseguidos gracias a la corrupción y no sé qué más. Le tiene una rabia especial. Aunque Grindelwald se lo merece, a menudo hace comentarios de ese tipo y por eso la mayor parte de los alumnos lo aborrecen ―explicó. Entonces era cierto, realmente no conocía la nueva contraseña… No tenía sentido. ¿Cómo había logrado entrar en la habitación entonces? Maravilloso, otro misterio para resolver.
―¿Está usted seguro de que…―empecé a preguntar un poco desesperada, cuando la puerta se abrió de golpe. Interrumpiéndome.
― ¡Gellert es inocente! ―gritó una voz femenina, en la puerta. Era una chica de pelo negro rizado, lo llevaba recogido detrás de unas grandes orejas.
― ¿Quién es usted? ―pregunté enfadada mirando a la puerta, intentando deducir porque ningún auror la había detenido.
―Mi nombre es Nina Laine y he venido para interceptar en favor de Gellert Grindelwald ―aseguró cruzándose de brazos, altiva―. Le aseguro que es un ángel, es un chico adorable y que no mataría a una mosca. Además tiene coartada, estaba conmigo durante el asesinato.
―Mmm... Ya veo ―dije apretando los labios y frunciendo el ceño. Me giré hacia el muchacho sentado en frente mío―. Señor Klein, ¿por qué no se va usted fuera un rato, sale a tomar el aire, descansa, se despeja y luego vuelve para que sigamos con esto? ―le pedí. Él se limpió los ojos con su pañuelo sucio y se levantó para marcharse, dejándonos solas.
―Está bien Señorita Laine, por favor tome asiento ―le pedí intentando sonar amable. Ella obedeció mirando hacia la celda, al tiempo que saludaba a Grindelwald con un gesto exagerado de la mano y una sonrisa. Yo lo miré también. Él levantó las cejas con sorpresa, pero sin sonreír, apoyando la espalda en la pared; entonces me miró a mí y empezó a carcajearse. Yo fruncí el ceño y me volví hacia la chica.
―Gellert es un buen chico ―sentenció ella firmemente―. Y no lo digo porque yo sea su amiga más cercana y leal y la persona en quien más confía ―puntualizó con confianza, yo alcé una ceja suspicaz―. No sé porque le creen sospechoso, pero es una sucia mentira y todo Drumstang habla de ello. No lo pienso permitir ―me amenazó.
― ¿Dice que estaba con usted durante los hechos? ―pregunté ignorando su amenaza. Si realmente estaba con ella podía significar que si había usado un giratiempo y estaba en dos sitios a la vez... Tres sitios a la vez, de hecho.
―Sí. Estábamos estudiando juntos en la biblioteca, justo al otro lado del castillo ―aseguró con fiereza, pero apartando la vista unos instantes. Oh, sí, claro, la famosa fiesta en la biblioteca, ¿Dónde iban a estar si no?
Disclamer: Gellert grindelwald, Krum, Drumstang, Prior, imperio, legimacia, oclumancia, animagos, Quidditch, Drumstang... J. K. Rowling.
Disculpad la demora, he tenido problemas con este capítulo al igual que con otro fic que estoy escribiendo. Podeis agradecer a mi beta, Ismaco, que haya sido subido ahora y no más tarde por ejemplo... leyendo sus fics ADMM y dejandole un review, mi favorito es Huitzilihuitl.
A parte de eso... bueno, esto cada vez se acerca más al final y Gellert sigue burlandose de todo el mundo, si quereis detenerlo: perguntas, teorias, peticiones... el botón verde.
