Esta historia no me pertenece... es una obra original de TrisChiba quien muy amablemente me permitió y autorizo compartirlas con ustedes usando los personajes de CANDY CANDY...
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passcusa:Hola Gracias pero labios del pecado no es mia es al igual que esta una adaptacion y subo los capitulos conforme lo hace la autora... creo que debi esperar hasta que ella la terminara... pero no puede es demasiado buena para esperar...
Galaxylam84: hellou... sip es bella la historia y toy segura que te gustara aun mas
Sakura93 :Hi! aunque sea solo una florcita es un detallaso!
cotapese: Acaso no es un romanticaso...AHHHHHHHHHHH!
Akire: Holis! si pobre pequeño perdio a sus papitos... no se en tu país pero aqui en Costa Rica linchamos a los que se brincan la fila... jajajajaja... se pasiente y espera turno...
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PRETTY BOY
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El carro del rubio se alejaba del cementerio no se había dado cuenta y ya eran más de las 3 de la tarde y pensó que lo mejor sería buscar un lugar para comer, así que se dirigió a su restaurante favorito al llegar pidió una mesa para uno y se sentó lo más alejado posible del resto de las personas. Ahora que lo recordaba siempre era así se mantenía lo más alejado que podía de la gente, cuando estaba en la preparatoria lo hacía porque sabía que se iría a un país lejano a para estudiar medicina y en Londres por que se sentía un extraño en el lugar ni importaba donde estuviera siempre se sentía como si no perteneciera ahí, en Londres logre hacer un par de buenos amigos George y Archie eso fue porque ellos se empeñaron en acercarse a él, porque si no él no hubiera hecho el menor intento, pero la verdad valió la pena dejarlos acercarse, eran muy buenas personas algo locos de vez en cuando pero muy buenos amigos y en cuanto a chicas siempre se mantenía alejado de ellas sus amigos intentaron presentarle a algunas incluso lo obligaron a salir alguna veces pero nunca hubo algo serio con ninguna de ellas.
A sus 28 años estaba solo, sus amigo le llamaban de vez en cuando desde Londres e incluso fueron a Chicago un par de veces, la mayor parte del tiempo se concentraba en su trabajo ya hasta parecía que vivía en el hospital, la Dr. Kelly quien fuera su jefa cuando el llego al Hospital de Chicago siempre lo regañaba por ese hecho y le se la pasaba diciendo que era un joven apuesto e inteligente que saliera más a menudo del hospital y buscara una linda chica para salir que cualquiera de las enfermeras o doctoras estaría encantada si las invitara a salir pero él se empeñaba en encerrarse.
-Dígame señor que desea ordenar.- pregunto la mesera. En cuanto el hombre volteo a ver a la mesera esta no pudo evitar sonrojarse ya que él era muy apuesto, sabía que a veces podía producir ese efecto en las chicas pero en ocasiones le resultaba molesto. Tal vez la doctora Kelly tenía razón en cuanto a que chicas podrían sobrarle pero el solo estaba interesado en una e iba a hacer todo lo que fuera posible para estar con ella.
Albert ordeno un buen corte de carne, ensalada y una copa de vino. Mientras llegaba su orden el rubio se quedó pensando en si las rosas habrían llegado a su destino y si serian del agrado de la chica, no estaba muy seguro de si ella entendería la nota pero por lo menos si atraparía su atención.
El hombre disfruto su comida y pidió postre no siempre lo hacía pero por algún motivo se le había antojado el helado de chocolate así que decidió cumplir su gusto aunque incluso a él le pareció extraño ya que no era muy adepto de las cosas dulces.
Al terminar su comida se dirigió al supermercado ya que tenía que hacer las compras de la semana.
Mientras tanto Candy salía de su casa para ir a hacer las compras necesarias, las muletas le resultaban incomodas pero podría tomar un carrito especial del súper y así no tendría necesidad de andar caminando. Tomo un taxi y se fue directo al supermercado.
En el camino la chica se quedó pensando en las rosas, quien sería PB y por qué se disculpaba por haberla dejado tantos años sola, 10 para ser exactos porque ese era el número de rosas en el ramo. Pensó en todos y cada uno de los chicos que conocía pero ninguno encajaba con esas señas.
- Ay! Esto es muy extraño, no será algún loco o algo por el estilo.-
-Disculpe, me hablo señorita.- pregunto el chofer del taxi.
-No disculpe, es que venía pensado en voz alta.
-Llegamos señorita gusta que le ayude a bajar.
-No estoy bien gracias. ¿Cuánto le debo?
Candy pago y bajo del taxi, camino hacia donde estaban los carritos y tomo uno de los de motor, siempre había querido usar uno de eso ya sabía que resultaba un poco infantil pero ahora debía usarlo ya que no podía andar caminando por el súper con el pie como lo tenía.
Al llegar a la sección de cereales la rubia no alcanzaba su cereal preferido, aunque se levantó del carrito y se estiro lo más que pudo su estatura no le permitió alcanzarlo.
-Permítame ayudarla.- se escuchó una voz grave. Cuando la rubia volteo para ver de dónde provenía esa voz se encontró con unos bellos ojos azules.
-Dr. Andry.- respondió la chica y se hizo a un lado para dejar pasar al rubio.
El hombre bajo el cereal, a él le resulto mucho más sencilla la tarea ya que era considerablemente alto.
- Candy tu deberías de reposar no andar sola por el supermercado.- y le entrego la caja de cereal.
-Lo sé, pero si no hacia las compras me podía morir de hambre.- dijo la rubia y se rio, el Dr. sonrió ante el comentario de la chica.
-¿Cómo sigue tu pie?
-Ya mucho mejor el dolor ha disminuido y ya no está hinchado, pero ya vera mañana lo buena paciente que soy y se dará cuenta de que he seguido todas sus instrucciones.
-Estas segura que todas.- pregunto el doctor y se le quedo viendo fijamente.
-Bueno todas excepto por hoy.- y en la mejillas de la chica apareció un leve sonrojo.
-Qué te parece si te acompaño a hacer tus compras para que no tengas tantos inconvenientes.
-Si está bien, muchas gracias.- respondió la rubia, no estaba muy segura del por qué se había ofrecido a acompañarla tal vez tenía algo mejor que hacer.
-Pero debes estar muy ocupado yo puedo sola de verdad si tienes algo que hacer por mí no te preocupes.
-No la verdad es que no y como el buen doctor que soy voy a ayudar a mi paciente para que no se lastime más ese pie.
-Muchas gracias, doctor es usted tan considerado.- dijo la rubia en un tono sarcástico, pero la verdad es que estaba muerta de los nervios.
Ambos prosiguieron a hacer sus compras de vez en cuando platicaban de algo o se burlaban de alguna que otra cosa o persona. La verdad es que ambos disfrutaban de la compañía del otro. Así que esa tarde transcurrió de lo más animada hasta que las compras terminaron.
-Permíteme llevarte a tu casa porque no creo que puedas tú sola con tantas bolsas.- se ofreció muy amablemente Albert.
-No te preocupes es que ya te he dado muchas molestia, además no son tantas.
-Primero casi te traes el súper entero así que no puedo dejarte ir sola y segundo no me molesta para nada.
-Bueno creo que tienes razón acepto tu oferta.
Así que ambos se dirigieron al auto del rubio. Candy le iba pasando las bolsas mientras él las acomodaba y luego se subieron al auto claro que la rubia ayudada por el doctor. Ella le explico cómo llegar a su casa y se dirigieron hacia el lugar.
En el camino no hablaron mucho Candy se encontraba sumamente nerviosa aún seguía sin poder creer que tenía a su lado a su "pretty boy" y lo más increíble que la estaba llevando a su casa, nunca en la vida pensó que eso pudiera suceder, trataba de decir algo pero las palabras simplemente no salían de su boca.
Albert estaba algo nervioso pero apenas y se podía notar, se detuvo en un alto y volteo a ver a Candy se veía hermosa, tenía el cabello recogido en una coleta, usaba jeans y una playera blanca pero se veía de lo más linda la continuo observando hasta que ella volteo a verlo y lo único que pudo hacer fue sonreír.
La rubia volteo a ver al conductor sin saber bien por qué pero se encontró con su mirada azul profundo lo cual hizo que se pusiera más nerviosa aun y el colmo fue cuando le sonrió sintió que los colores se le subieron a la cara así que desvió la mirada.
-Y dime Candy a que te dedicas.- pregunto el rubio para aliviar la tensión del momento.
-Soy publicista.
-¿Te gusta tu trabajo?
-Claro es genial, tengo la mejor ropa gratis, fiestas, viajes, tiene un sin fin de ventajas pero a decir verdad a veces me resulta cansado.
-Mmm… ya veo, ahora comprendo por qué siempre te ves tan linda.- El comentario hizo sonrojar nuevamente a la chica.
-Ah sí seguro- dijo la chica con cierto sarcasmo- no ya en enserio por qué dices eso.
-Pues porque te encanta tu trabajo y eso te hace feliz, por eso te ves bien. Aunque puede ser cansado te gusta y se nota.
-Pues gracias, tú debes ser súper feliz con tu trabajo porque hasta cuando estas en emergencias te ves de lo más encantador.- Ay por Dios como pude decir eso.
-Jajaja pues no lo creo pero si tú lo dices muchas gracias, y si soy muy feliz con mi trabajo, me encanta es mi pasión.
-Ya llegamos es el edificio azul.- entraron al estacionamiento del edificio y la rubia le indico en qué lugar estacionarse
Bajaron las bolsas del carro y se dirigieron al elevador, el rubio en todo momento se ocupó de Candy, de hecho no dejo que cargara ninguna bolsa. Al llegar al departamento dejo las bolsas en la cocina y bajo por lo que faltaba mientras tanto la rubia se quedó en la cocina preparando un poco de limonada.
-Creo que ya es todo, te lo dije te trajiste todo el supermercado.
-Ay no seas exagerado no fue para tanto. Gustas algo de tomar o de comer.
-No gracias no quiero darte ninguna molestia.
-No digas eso la que da molestias aquí soy yo, además con este calor debes de tener sed o no?
-La verdad es que si, te acepto el agua. Y no es ninguna molestia.
-Prepare limonada doctor, te gusta.
-Si eso está mejor que el agua simple.
El chico se acercó a la barra de la cocina y tomo el vaso que le ofrecía la rubia.
-Y dígame doctor usted es siempre tan amable con sus pacientes que incluso les ayuda con las bolsas del súper.- la rubia de por si era sarcástica pero cuando estaba nerviosa lo era aún más.
-Pues la verdad no, pero tú me caes bien. Además no podía permitir que te lastimaras más tu hermoso pie.
-Gracias que considerado.
El rubio observo el ramo de rosas al otro extremo de la barra.
-Que bonitas rosas, te las mando tu novio?
-Ah las rosas, seguro me las mando mi novio claro si tuviera uno.- La rubia rió ante su propio comentario al igual que el rubio.
-Pero a poco no están lindísimas. No sé quién me las mando pero le atino me encantan las rosas.
-Si están lindas.- "Que bueno que le gustaron" pensó el rubio.
Candy pego un brinco cuando el teléfono sonó y los dos rieron por este hecho
-Permíteme un momento.- pidió la rubia y el chico solo asintió.
-Hola, Annie ¿cómo estás?- La rubia quería colgar pero su amiga ni siquiera le daba oportunidad.
El rubio se dio cuenta de esto y pensó que lo mejor sería retirarse además la vería mañana ya que tenía consulta. Le hizo señas a la rubia para captar su atención y despedirse.
-Gracias por todo.-dijo la chica.
-Cuando gustes, nos vemos mañana que descanses.
-Gracias igualmente, hasta mañana.- se quedaron viendo por unos segundos y ambos sonrieron.
-Hasta mañana.- respondió el rubio y se dirigió a la puerta, la rubia lo siguió con la mirada hasta que desapareció detrás de la puerta.
La rubia continuo hablando con su amiga después de que el rubio se marchó, Annie no paraba de hablar y la razón era que estaba de lo más triste porque había terminado plantada en una cita así que le toco a Candy ser el hombro donde llorara. La charla termino alrededor de las 2 a.m. ya que Annie estaba desconsolada y no paraba de llorar.
A la mañana siguiente Candy se tomó una buena taza de café bien cargado ya que ese día tenía una junta a muy temprana hora con los directivos de la marca de ropa para presentar los avances de la campaña ya que dentro de 1 semana se lanzarían los anuncios publicitarios. Se dio un buen baño y se arregló lo mejor que pudo, se puso unos jeans, los mismos de la campaña su encanto era el de realzar el trasero y aunque a Candy no le hacían falta ya que tenía una figura envidiable resaltaban aun mas sus encantos, una playera sin mangas azul y unos tenis del mismo color. Ya que el calor era insoportable los últimos días se amarro el cabello en una coleta y su maquillaje era muy ligero.
La junta transcurrió de lo más tranquila, los directivos habían quedado encantados con las fotos para los anuncios e incluso uno de ellos había sugerido que Candy fuera la imagen de los jeans ya que se le quedaban sumamente bien, ante el comentario la rubia se sonrojo y muy amablemente se negó a la propuesta.
Jimmy y Candy estaban muy emocionados por los resultados de la junta, toda había salido a pedir de boca ya solo faltaba el comercial y la fiesta. El comercial ya estaba casi terminado y los preparativos de la fiesta ya estaban bastante avanzados ya que se iba a llevar a cabo el viernes por la noche.
Jimmy invito a Candy y a KuKi a desayunar para celebrar, así que el trío partió hacia el restaurante. Candy volvió a tomar café con su desayuno la verdad era que se estaba muriendo de sueño pero tenía que dar todo de sí porque esa campaña era muy importante ahora ya se podía relajar, hasta que recordó que por la tarde tenía que ir al doctor.
-Te encuentras bien Candy.- pregunto Jimmy .
-Si solo que recordé que tengo que ir al doctor.
-No te preocupes vas a ver que tu pie está mucho mejor.- la animo KuKi.
-Por qué mejor no te vas a tu casa a descansar y luego vas al doctor, no es necesario que regreses al trabajo yo me haré cargo de lo que falta.- Le dijo Jimmy a la rubia.
-Ay gracias eres un amor por eso te quiero, acepto.- dijo la rubia bastante animada.
Mientras tanto el rubio se dirigía hacia el hospital y se detuvo frente a la florería.
-Buenos días.- saludo Albert.
-Buenos días joven, es un gusto verlo por aquí de nuevo.- dijo la anciana que lo había atendido anteriormente.
-Gracias. Me voy a llevar esta rosa.- El rubio había tomado una rosa blanca de invernadero.
-Es muy bonita joven, a su novia le va a encantar pero porque solo una.- le cuestiona la anciana.
-Mmm no sé, la vi y me gusto.
-Pues tiene muy buen gusto.
-Podría llevarla a esta dirección, junto con esto por favor.- el rubio le dio a la anciana el papel con la dirección, lo que debía tener escrito la tarjeta y una caja de chocolates.
-Claro que si enseguida mando al chico para que lo lleve.
-Lo más probable es que no haya nadie así que por favor dígale al chico que lo deje frente a la puerta.
-Está bien joven.- Albert pago por los servicios y se retiró rumbo al hospital.
Candy se fue directo a su casa después del desayuno, estaba que se caía de sueño, bajo del elevador y comenzó a buscar en su bolsa las llaves, de repente se dio cuenta de que había algo en la puerta.
-Veamos que es.- la rubia se agacho con algo de dificultad debido a su pie y recogió lo que había frente a la puerta, tomo la caja de chocolates junto con la rosa y abrió la puerta.
Entro a su apartamento y se fue directo a su cuarto, dejo las muletas de lado y se tumbó en su cama, se dio cuenta que en la caja de chocolates venia pegada una nota así que la quito y la leyó.
"Eres el motivo por el cual despierto cada día. Atte. PB "
-Ay qué lindo! -Dijo la rubia acompañado de un suspiro.- Pero qué tal si es un loco, acosador, psicópata y yo tan tranquila, Dios por favor no permitas que sea un loco ni que nada malo me suceda, por favor.
Se paró de la cama y fue por un vaso para poner la rosa en agua y la coloco a lado de su cama. Abrió la caja de chocolates y probo uno.
-Mmm que rico gracias PB están deliciosos y la flor esta hermosa. Por favor no seas un loco, mejor sé un chico guapo y encantador, que cosas dices Candy.-se reprochó la rubia, se volvió a acostar en su cama y se quedó profundamente dormida.
Se encontraba en el parque estaba sentada recargada en el pecho de un hombre, unos fuertes brazos la rodeaban y sentía como respiraba sobre su cuello, ella se acurruco aún más, el hombre la abrazaba fuerte y la pegaba más hacia él.
-Te vas a quedar por siempre.- pregunto la rubia.
-Si.- fue todo lo que ella escucho por respuesta pero era un "si" firme, seguro no había dudado siquiera para contestar. El hombre deposito un tierno beso en su cuello y ella solo pudo sonreír ante tal acto.
Siguieron abrazados así unos minutos más hasta que ella decidió salir del abrazo, se levantó y comenzó a correr por el parque el chico la persiguió hasta que después de mucho correr la atrapo nuevamente entre sus brazos.
-Te tengo eres mía.- la cargo y le dio un beso corto en los labios.
Caminaron por el parque tomados de la mano ella veía gente pasar, a los niños jugando y podía distinguir a todos con claridad excepto a él a pesar de que lo tenía a su lado no lograba distinguir su cara, era alto, delgado, cabello negro pero no podía distinguir más, no sentía miedo o inseguridad por no poder distinguirlo sino todo lo contrario se sentía inmensamente feliz.
En su camino se encontraron con una anciana que vendía rosas y se acercó a ellos para ofrecerles una.
-Joven, una rosa para su linda novia.- dijo la anciana.
Ella sintió como el la miraba aunque no podía ver su cara y justo en ese momento pudo verlo sonreír, era una sonrisa cálida, amable, llena de cariño, amor y ella pudo sentir como todos esos sentimientos eran solo para ella.
-Quiero esta por favor.- dijo el joven, tomo la rosa y le pago a la anciana.
-Son una linda pareja, ustedes están destinados el uno para el otro y en cada una de sus vidas se encontraran a pesar de todo siempre se volverán a encontrar para estar juntos.- dicho esto la anciana siguió su camino.
Él le entrego la rosa a la chica y beso su frente.
-Gracias es muy linda.- ella se paró de puntitas para alcanzar los labios de él, el hombre se agacho y tomo a la chica entre sus brazos para besarla, ese beso estaba cargado de sentimientos, amistad, amor, pasión todo lo que él sentía por ella lo quería transmitir en ese beso.
Se separaron con dificultad ya que ninguno de los dos quería abandonar los labios del otro pero al lograrlo continuaron caminando, llegaron al lago el sol se estaba ocultando y reflejaba un bello color naranja sobre el lago. Ella se acercó al barandal y sintió como él la abrazaba por la cintura así que puso sus manos sobre las de él y se recargo en su pecho, escuchaba claramente el latir de su corazón, se sentía tan bien así, estando entre sus brazos, sabía que ese era el único lugar donde estaba segura, protegida, era el lugar que ella había escogido para pasar el resto de su vida, ahí entre sus brazos era el único lugar donde quería estar.
- Eres el motivo por el cual despierto cada día.- le susurro el hombre muy bajito al oído. Ella se volteo para verlo pero aún seguía sin poder distinguir su cara, él solo puso sus labios sobre los de la rubia y se fundieron en un largo y apasionado beso.
-Tic tic tic…. el celular de la rubia comenzó a sonar sacándola de su sueño. Despertó y vio su celular, se dio cuenta que sonaba por que tenía el recordatorio de su cita con el doctor, afortunadamente lo había puesto media hora antes así que aún tenía tiempo para arreglarse un poco y llegar a tiempo.
