Esta historia no me pertenece... es una obra original de TrisChiba quien muy amablemente me permitió y autorizo compartirlas con ustedes usando los personajes de CANDY CANDY...

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.Sakura93 :mejora

Akire: y los pasientes seran premiados jiojijioji

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PRETTY BOY

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La rubia toco con sus labios con los dedos, aún tenía la cálida sensación de aquel beso.

-Ojala fuera real.- dijo en un tono de tristeza.

-Candy no es momento de ponerse triste mejor date prisa y ponte linda para tu cita con el doctor.- se dijo así misma para levantarse el ánimo.

La rubia se arregló un poco, comió otro chocolate de la caja, lavo sus dientes y salió rumbo al hospital para ver a su querido doctor y de paso saber cómo seguía su pie.

Candy entro al consultorio siendo recibida con una gran sonrisa por parte del rubio.

-Buenas tardes Candy.

-Buenas tardes Dr. Andry .- el Dr. rió por la contestación de la rubia.

-Por favor siéntate ahí y revisemos tu pie.- le indico la mesa de exploración para que se sentara.

Albert se acercó hacia ella y lentamente le quito la férula con mucho cuidado y ternura acaricio su tobillo. La rubia ante tal acto simplemente se sonrojo.

-Trata de moverlo por favor.- le indico el Dr. a la rubia.

- Me duele.- dijo la rubia poniendo cara de puchero.

- Es normal que te duela, tu pie ha mejorado mucho tal vez te podamos quitar la férula antes de lo planeado.

-Eso sería genial y que le parece quitármela para este viernes.

-Candy es muy pronto apenas llevarías 2 semanas con la férula, tenía pensado que la tuvieras 3.

-Si lo sé pero es que tengo un evento muy importante ese día y no me gustaría tener que usarla. Me la puedo quitar por ese día.- y la rubia puso su mejor cara de puchero.

-Mmm… lo voy a pensar. ¿Has seguido las terapias tal cual te indique?

-Claro Dr. soy la mejor paciente que pueda tener.

-Lo voy a pensar pero con una condición.- dijo el rubio con una sonrisa pícara.

-¿Cuál? - dijo la rubia no muy convencida.

- Que me acompañes a comer.- Dijo el Dr. no muy seguro de cuál sería la respuesta de la chica.

-Ahh! Eso claro que sí. Además me muero de hambre.- "Que bien me ha invitado a comer, esto es más de lo que esperaba, tal vez debería de invitarlo a la fiesta creo que tengo buenas probabilidades de que acepte"

-Entonces señorita permítame ponerle la férula y nos vamos a comer.

-Pero ¿que no tienes más pacientes que atender? - pregunto la rubia algo sorprendida.

-No, tú eres mi último paciente del día. Además te estaba esperando para comer.- La respuesta dejo sorprendida a la chica, la estaba esperando eso era una buena señal o no.

Le puso la férula a la chica y la ayudo a bajar, salieron del consultorio y caminaron hacia el estacionamiento del hospital, Candy debido a las muletas no podía caminar muy rápido así que Albert decidió ayudarla.

-Déjame ayudarte.- dijo el rubio y le quito las muletas a la chica.- Tu sostenlas y yo te llevo.- acto seguido tomo a la rubia en sus brazos.

-No, como crees. Baja me puedo caminar de verdad.

-Es mejor así, deja que yo te lleve ¿sí? – el rubio clavo sus ojos azul profundo en los de la rubia.

-Si está bien.- "Por Dios quien se puede resistir a esta mirada, como decirle que no"

Llegaron al auto del rubio, este abrió la puerta aun con la chica en sus brazos y le dejo suavemente en el asiento.

-Gracias.- murmuro Candy que aún seguía visiblemente roja.

Albert subió y encendió el auto.

-¿Te gusta la pasta? conozco un lugar donde preparan una pasta deliciosa.- pregunto el rubio.

-Sí, pues veamos si es tan buena como dices.

-Ya verás que sí.

Albert había planeado esta comida durante toda la noche, conocía el lugar perfecto, estaba a las afueras de chicago tenía una vista increíble del mar. No estaba muy seguro de si Candy lo acompañaría, pero planeo todo con mucho cuidado tenía todo el resto del día reservado especialmente para la rubia.

Al llegar al lugar el rubio ayudo a la chica a bajar del auto y entraron al lugar, la mejor mesa estaba reservada para el Dr. Andry y su acompañante así que ambos tomaron asiento.

-¡Qué maravilla, esta vista es hermosa! - dijo la rubia.

-Si es muy bella. ¿Estas lista para probar la mejor pasta del mundo?

-Lista, tengo mucha hambre.

Acompañaron su pasta con vino y ambos se dedicaron a disfrutar de sus respectivos platillos, de vez en cuando se miraban y platicaban sobre cosas triviales como el clima o lo bonito que era el restaurante.

-Tenía razón Dr. Andry la pasta estuvo deliciosa.

-Claro que tenía razón, pero sabes que es lo que me gusta más de este lugar.

-¿Qué? pregunto Candy.

-El postre, te recomiendo el helado de chocolate esta delicioso. ¿Quieres probarlo?

La rubia puso cara de niña chiquita de esas que ponen los niños cuando les va a dar algo que realmente les gusta, Albert solo sonrió por ver la cara que puso la rubia, tenía unas ganas inmensas de besarla pero se contuvo.

-Sí, sí quiero.- respondió la rubia emocionada.- sabes el helado de chocolate es mi favorito.

-Pues pidamos el postre.- Albert le ordeno a la camarera los helados.

-Entonces Dr. Andry puedo prescindir de la férula por un día.

-Mmm… no lo sé.

-Anda di que sí, por favor, si? dijo Candy poniendo la mejor cara de puchero que tenía, nadie se podía resistir a ella incluso su padre había caído ante esa táctica varias veces.

-Ay Candy que voy a hacer contigo. Pero debes prometer que vas a cuidar tu pie además por qué tanta insistencia en quitártela.

-Es que tengo un evento del trabajo y no puedo ir así.

-Bueno está bien.- la cara de la rubia se ilumino con una gran sonrisa.

-Gracias muchas gracias.

-Pero debes usar una venda para que tengas un mejor soporte en tu tobillo.

-Este bien.- dijo la rubia ya resignada.

-Aquí tiene sus helados.- dijo la camarera.

-Gracias.- dijeron ambos y la camarera se retiró.

-Y dime Albert que vas a hacer el viernes por la noche.- le pregunto la rubia.

-Pues nada, no tengo guardia y este fin de semana me toca descansar.

-Dime te gustaría acompañar a una linda rubia a una fiesta.

-Claro, ¿quién es la linda rubia? – dijo en tono sarcástico Albert.

-Como que quien, obvio que yo.- respondió Candy algo sentida por la contestación del rubio.

-Ah es que tú dijiste una linda rubia y yo creo que tú no eres linda.

-Ah no? – Candy se empezaba a molestar.

-No, tú eres hermosa.- Albert no sabía cómo reaccionaría ante el comentario solo esperaba no haberla hecho enfadar tanto.

-Gracias.- respondió la rubia la cual estaba sumamente sonrojada.

-Claro será un placer acompañarte. Dime cuando y a qué hora paso por ti.

-Es el viernes por la noche y si eres tan amable de pasar a mi casa a las 10.- la rubia no lo podía creer había aceptado de inmediato.

Candy disfrutaba su helado como niña pequeña y el rubio simplemente la observaba, estaba encantado con ella y no podía dejar de mirarla. Ambos terminaron su helado y salieron del lugar.

-Te gustaría caminar un poco antes de irnos.- pregunto el rubio.

-Si.- respondió la rubia y sonrió.

Caminaron rumbo a la playa, el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y reflejaba colores hermosos sobre el mar. Al llegar a la arena a Candy se le dificultaba seguir avanzando pues las muletas se hundían, Albert al percatarse de esto tomo a la rubia en sus brazos y dejo los muletas en la arena.

-Así llegaremos más rápido.- dijo el rubio y la rubia puso sus brazos alrededor del cuello de Albert.

Antes de llegar a la orilla Albert se detuvo y bajo a la rubia.

-¿Quieres sentarte?

-Claro.- El rubio ayudo a la chica a sentarse y enseguida se sentó a su lado.

Podían sentir la brisa en sus rostros, el sol se ocultaba poco a poco dando paso a la noche.

-Y cómo es que una bella chica como tú vive sola.

-Es una larga historia.- y un suspiro se escapó de la chica.- pero te la resumo, hasta hace poco logre escapar de mis padres, no te creas es broma solo que hasta hace poco logre convencerlos de que soy una persona responsable y capaz de vivir sola. Tal vez porque soy mujer y siempre me han protegido a veces creo que demasiado no estaban de acuerdo con mi decisión pero al final no les quedo más que aceptarlo, creo que también influyo que a mi papá lo trasladaron de ciudad por trabajo y mi trabajo estaba aquí en Chicago, así que me busque un lindo apartamento y emprendí la aventura de vivir sola.

-Bueno pero tus padres te deben de querer demasiado por eso te cuidan tanto, no deberías tomarlo a mal.

-No no lo hago es solo que a veces siento que me cuidaban de más. Y tus padres como son.

-Mis padres eran geniales y también solían cuidarme mucho.

-¿Eran? – pregunto la rubia no muy segura si debía o no.

-Si eran, murieron en un accidente de automóvil cuando yo tenía 7 años.

-Lo siento.- dijo la rubia y tomo la mano del rubio la cual se encontraba sobre la arena.

Albert sintió la calidez de la mano de la rubia y entrelazo sus dedos con los de ella.

-No te preocupes yo sé que donde quiera que estén aun cuidan de mi.- permanecieron en silencio unos minutos hasta que el rubio lo rompió.- ¿Cuál es el motivo de la fiesta?

-Va a ser el lanzamiento de unos jeans milagrosos.

-¿Como que milagrosos?

-Es que su función es realzar en trasero y hacer que las chicas luzcan una mejor figura.

-Ahh y para eso se necesita una fiesta.- pregunto sin entender del todo el mundo de la moda.

-Pues claro sin publicidad esto no funciona.

-Y debo de vestir de gala o como cualquier otro día.

-Casual pero tan guapo como siempre eh!

-Jajaja crees que soy guapo.- pregunto en tono seductor el rubio.

-Pues tan poco es para que te emociones pero sí creo que eres guapo.- respondió la rubia algo nerviosa por el tono que había usado el rubio.

-Vamos es hora de ir a casa.- dijo el rubio y ayudo a la chica a levantarse y enseguida la tomo en sus brazos para llevarla a casa.

-Espera mis muletas.- el chico se agacho un poco para levantarlas y se las dio a la rubia para que las llevara.

En el trayecto a casa de la rubia no hablaron, iban tomados de la mano Candy contemplaba el paisaje y Albert se concentró en manejar.

Al llegar a la casa de la rubia Albert la acompaño hasta la puerta de su departamento. Candy abrió la puerta y no estaba muy segura de sí invitaba a pasar a Albert o no.

-Buenas noches.- dijo el rubio.

-Buenas noches.-

El rubio se acercó a Candy y deposito un suave beso en sus labios. La chica cerró los ojos y sintió la calidez de los labios del chico. Albert se separó un poco, recargo su frente en la de la rubia y la vio a los ojos, no estaba seguro de si había hecho lo correcto pero al ver los ojos de la rubia sabía que ella deseaba ese beso tanto como él.