Esta historia no me pertenece... es una obra original de TrisChiba quien muy amablemente me permitió y autorizo compartirlas con ustedes usando los personajes de CANDY CANDY...
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passcusa: sip es que la autora ya la termino y por eso la actualizo por dia jejeje... aunque se acabara pronto
Sakura93 : que mente... que pensaria de ti el rubio... al saber lo que crees de él!
Akirem: jajajajaja... dejame pensarlo echemolo a volado te parece? y recuerda que es Albert un amorcito asi que me lleve al triangilo de las bermudas si quiere
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PRETTY BOY
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El auto se encontraba ya en la carretera, llevaban ya alrededor de dos horas de camino Candy se encontraba ya en brazos de Morfeo y Albert se encontraba concentrado en el camino, sabía que no tardarían en llegar el amanecer se aproximaba y quería llegar justo a tiempo para observarlo.
A lo lejos el rubio diviso una cabaña la cual se encontraba a las orillas del mar, ese lugar era su refugio siempre solía ir solo pero sin darse cuenta decidió llevar a Candy era algo que deseaba compartir con ella.
Estaciono el auto, se quedó unos momentos contemplando a la rubia se veía tan hermosa dormida, el verla si le provocaba cuidarla y protegerla estaba seguro que a su lado iba a ser muy feliz y que haría todo lo posible porque ella se sintiera de la misma manera, no quería despertarla así que decidió cargarla y llevarla dentro de la cabaña, abrió la puerta de la cabaña y acomodo el sillón para recostarla ahí, bajo a la rubia del auto con suma delicadeza y la recostó en el sillón.
La cabaña era de lo más acogedora así que estaba seguro de que disfrutarían su estancia en el lugar, fue a revisar en la cocina pero se encontró con que no había ningún tipo de alimento solo café así que preparo un poco ya que el clima era fresco, sirvió dos tazas y se dirigió a la sala en busca de la rubia.
El rubio despertó a la chica dándole un suave beso en los labios. Candy despertó debido a la calidez que sintió en sus labios y cuando abrió sus ojos se encontró con los azul profundo del rubio.
-Hemos llegado dormilona.- dijo Albert.
-Mmm… buenos días.- dijo algo dormida la rubia.- y ha donde es que hemos llegado.- pregunto.
-A mi escondite, ven hay algo que quiero que veas.- dijo el rubio, la ayudo a levantarse y le dio la taza de café.
Salieron por la enorme puerta de cristal la cual brindaba una vista maravillosa, dejaba ver el mar en todo su esplendor y aun mejor comenzaba a amanecer. Se sentaron en las escaleras para observar el amanecer, Candy tembló un poco debido a que hacia algo de frío, el rubio lo noto y la abrazo para brindarle un poco de calor, la rubia se refugió en su pecho y contemplaron el amanecer sin decir ni una sola palabra.
Después del bello amanecer Candy bostezo, se encontraba cansada ya que la semana había sido muy agitada y Albert lo noto.
-Ven vamos a dormir un poco, después iremos por comida y algo de ropa al pueblo.- la tomo de la mano y la ayudo a levantarse.
Albert la condujo a la habitación, la cual tenía una cama enorme cubierta con sabanas de seda negra, todo en la habitación estaba perfectamente ordenado y limpio.
-Tú dormirás aquí y yo en el sillón.- dijo el rubio.
-Pero la cama es lo suficientemente amplia para los dos.- dijo la rubia con un tono inocente.
-No te incomodaría dormir conmigo.
-Claro que no Dr. Andry, siempre y cuando no sea de lo que da patadas al dormir no hay problema.- dijo la chica y sonrió.
-Esta bien deja busco algo de ropa para dormir.- dijo el ojiazul y comenzó a buscar en los cajones.
-Toma creo que esto te servirá.- y le dio una playera negra de algodón.- y este para mi.- era un pantalón de pijama negro.
-A que adivino, que te gusta el negro o me equivoco.- dijo la rubia en tono sarcástico.
-No, no te equivocas.- el rubio sonrió ante el comentario.
-Bueno Dr. Andry de la vuelta para que me pueda cambiar.
-Ahh si claro, mejor voy por un poco más de café y te dejo cambiar.- dijo el rubio algo sonrojado.
Albert fue a la cocina por un poco de café para ambos, Candy se quitó el vestido y se entretuvo viendo la habitación y no se dio cuenta cuando el rubio entro nuevamente a la habitación, este dejo las tazas en una mesita y cuando volteo se encontró con la rubia en ropa interior saliendo del baño, era una visión exquisita ver el contraste del negro de la lencería de la rubia y su blanca piel, pero decido que lo mejor era dar la vuelta y hablar para que la chica notara su presencia.
-Te traje más café.- ante esto la rubia dio un respingo.
-Espera aun no voltees.- dijo la rubia y se puso lo más rápido que pudo la playera, lo cual le quedaba a la mitad del muslo.- Ya puedes dar la vuelta.
El rubio volteo pero le causo ternura ver a la rubia con su playera la cual le quedaba grande pero aun así la hacía ver hermosa y por demás provocativa.
-Yo me voy a cambiar en el baño, en la mesa está tu café.- dijo el rubio y se dirigió al baño.
La rubia fue por su tasa de café le dio un trago y fue a deshacer la cama y se metió en ella, vio salir al rubio del baño tenía el torso descubierto ya que solo usaba el pantalón de pijama, tenía unos abdominales envidiables, sus brazos eran fuertes y marcados ahora entendía por qué la cargaba con tanta facilidad.
-Estas bien así o quieres otra cobija.- pregunto el rubio.
-Así estoy bien, gracias. A dormir Dr. Andry!
-A dormir señorita White.
Albert se acomodó al otro lado de la cama y ambos se dispusieron a dormir, pero no les resulto del todo fácil ya que saber que el otro se encontraba cerca les complicaba la tarea.
Sin darse cuenta ambos se fueron acercando al centro de la cama y cuando Candy volteo para ver a Albert este se encontraba de frente a ella, ambos comenzaron a reírse de nervios.
-Tú tampoco puedes dormir.- pregunto el rubio.
-No, y la verdad me siento muy cansada.
-Mmm… que podremos hacer para dormir.- y el rubio se quedó pensando.
-No sé, pero se aceptan sugerencias.- dio la rubia.
-Pues cuando era niño y no podía dormir mi mamá me abrazaba y me quedaba dormido.
-Crees que si me abrazas me duerma.- pregunto la rubia en tono inocente.
-Pues si quieres podemos intentarlo.- dijo el rubio.
-Sí, no me parece mala idea.- Albert se acercó a la rubia y esta se acomodó en su pecho, él la abrazo, respiro el aroma de su pelo y le dio un tierno beso en la frente, ambos cerraron sus ojos y el sueño poco a poco los fue venciendo a ellos y a los nervios que sentían de estar así de juntos.
Durmieron hasta el mediodía, Albert fue el primero en despertar y se quedó contemplando a Candy la cual seguía recostada en su pecho, ella lentamente abrió los ojos y se encontró con lo de él, le dio una sonrisa.
-Buenos días.- dijo la rubia en tono adormilado.
-Buenos días dormilona. Que te parece si vamos al pueblo a hacer las compras.
-Si, además necesito algo de ropa y otros zapatos.
-Creo que tengo algo que te puede servir por el momento.- dicho esto el rubio se levantó de la cama y fue a buscar en la otra habitación.- Lo encontré yo creo que si te queda.- y entro nuevamente a la habitación donde aún estaba Candy y le entrego un vestido blanco.
La rubia tomo el vestido, era hermoso blanco de tirantes con bordados.- Deja me lo pruebo.- se fue directo al baño para probárselo, el vestido le quedaba perfecto se ajustaba a su torso resaltando su pecho y le quedaba holgado de la cadera hacia abajo, se sorprendió de lo bien que le quedaba el vestido y no entendía como Albert tenía un vestido así. Salió del baño para mostrarle al Dr. Andry lo bien que le quedaba el vestido.
-¿Cómo es que usted Dr. Andry tiene un vestido así de lindo? ¿Que alguna de sus novias lo olvido? – dijo la rubia en tono sarcástico.
-No, nunca he traído a ninguna persona a este lugar de hecho tu eres la primera. Ten espero sean de tu número. – le dio unas sandalias blancas que combinaban a la perfección con el vestido. – Ese vestido era de mi madre y esta nuestra casa de playa solíamos venir mucho cuando era niño.- dijo en tono melancólico.
La rubia se sorprendió ante su respuesta y al ver su cara no supo que hacer así que solo se acercó a él, lo abrazo y le dio un suave beso en los labios.
-Gracias, pero no crees que a tu mamá le moleste que use su vestido.
-No estoy seguro que a ella le hubiera encantado que lo tuvieras.- dijo el rubio y sonrió.- Además se te ve muy bien, te bañas tu primero o yo?
-Yo porque me tardo mucho.- la rubia se fue directo al baño, trato de no tardarse tanto como acostumbraba porque la verdad se moría de hambre, salió del baño envuelta en una toalla.
-Dr. Andry su turno.- dijo la rubia.
Albert se encontraba sentado en la cama leyendo un libro, al escuchar a Candy volteo a verla y vaya sorpresa que se llevó, vio simplemente con la toalla enredada en su cuerpo, la gotas de agua reposaban sobre sus hombros resbalando lentamente y su cabello completamente mojado, recordó a la niña que conoció en la preparatoria, su sonrisa no había cambiado en nada pero ahora no era más una niña, era una hermosa mujer en toda la extensión de la palabra.
-Si ya voy.- y se fue directo a darse un baño de agua fría.
Candy se puso el vestido junto con las sandalias que le había dado el rubio, todo le quedaba perfecto y a ella le encantaba ese vestido. Se dejó el cabello suelto y su maquillaje era muy ligero. Albert salió vestido del baño con el cabello aun alborotado lo cual le causo ternura a la rubia, se acercó a él, le acomodo el cabello con las manos y lo beso, él instintivamente puso sus manos alrededor de la cintura de la rubia y profundizo el beso, continuaron así unos momentos hasta que se tuvieron que separar por falta de aire.
-Nos vamos Dr. Andry por que no se usted pero yo me muero de hambre.
-No solo tu bonita, yo también.- la rubia sonrió ante su respuesta le encantaba cuando le decía bonita, él tomo su mano y salieron de la casa.
Llegaron al pueblo en 15 minutos y lo primero que hicieron fue buscar un lugar para comer. Encontraron un pequeño restaurante que se veía muy agradable y comieron ahí y de postre Candy se comió una deliciosa rebanada de pastel de chocolate. Después de la comida caminaron por el pueblo compraron comida suficiente para su estancia en el lugar y ropa para Candy y por supuesto que no podía faltar el traje de baño ya que ella por nada del mundo se perdería el mar.
En cuanto llegaron la rubia fue a ponerse el traje de baño y con su mejor cara de puchero convenció al rubio de que fueran al mar.
- Albert serías tan amable de ponerme bloqueador.- pidió la rubia.
-Claro.- y el rubio comenzó a recorrer con sus manos la espalda de la rubia, su piel se sentía suave y se preguntó cómo seria sentir esa piel tan suave en contra de la suya.- Listo, ya termine.
-Deja te pongo yo a ti, no queremos que el Dr. Andry termine con la piel quemada o si.- dijo la rubia en tono sarcástico y comenzó a untarle bloqueador en esa bien formada espalda.
-Vamos.- dijo la rubia y tomo de la mano al rubio y lo llevo en dirección al mar.
El mar se encontraba de lo más tranquilo, permitiendo que ambos disfrutaran de esa tranquilidad. Candy se quedó parada unos segundo contemplando la belleza del lugar cuando sintió que algo rozo su pierna, volteo y no vio al rubio por ningún lugar, lo llamo pero él no aparecía por ningún lugar de repente sintió como algo la levanto y comenzó a gritar.
Albert la tenía sujetada firmemente por la cintura la había levantado un poco y ella cómenos a gritar.
-Te tengo.- dijo el rubio y la rubia se sujetó a él.
-Eres un tonto me asustaste.- dijo la rubia a la vez que ponía sus brazos alrededor del cuello del rubio.
-Lo siento no era mi intención.- se disculpó el rubio y se acercó a la rubia para besarla. El beso aumento su intensidad y el rubio recorrió con su lengua los labios de la rubia y ella por su parte lo dejo entrar así que sus lenguas comenzaron un baile que ninguno de los dos quería que terminara, el mar los mecía lentamente mientras ellos continuaban con ese beso.
Se separaron después de un largo tiempo y se miraron a los ojos sin decir nada, la rubia se abrazó más a él y el rubio la tomo en sus brazos y la saco del mar.
-Vamos a preparar la cena, ¿sí? – pregunto el rubio. La rubia asintió y se recargo en su pecho.
Ambos se metieron a al baño para quitarse la sal del cuerpo, el agua caía suavemente sobre sus cuerpos, Albert recorrió lentamente el cuerpo de la rubia con sus manos y ella simplemente cerro los ojos al sentir las fuertes manos del rubio recorrer su cuerpo, una vez que sus manos terminaron el recorrido prosiguieron sus labios, comenzó dándole un suave beso en la boca y bajo al cuello dio pequeños besos por todo el cuello bajando hasta el espacio que se forma entre los senos y dio un dulce beso en el lugar, la rubia dejo escapar un suspiro a la vez que abrió los ojos tomo el rostro del rubio entre sus manos y lo beso, a él le hubiera encantado besar un poco más de esa parte del cuerpo de la rubia pero el top de su traje de baño no se lo permitió.
Continuaron besándose mientras la pequeñas manos de la rubia recorrían la espalda del rubio y subían hasta su cabeza para alborotarle el cabello, Candy rió ante su acción y el rubio se perdió en su risa, le gustaba verla contenta y le encantaba el brillo que desprendía sus ojos cuando reía, salieron del baño y se cambiaron para preparar la cena.
Después de cenar se sentaron a ver una película, la rubia se acomodó en el pecho del rubio y casi al final de la película se quedó dormida, Albert termino de verla, apago la tv y llevo a la rubia en su brazos hasta la habitación la dejo suavemente en la cama, se quitó la playera y se acostó, se quedó observando el techo pensando en lo acontecido cuando sintió como la rubia se acomodaba nuevamente en su pecho y se abrazaba a él, el por su parte la tomo en sus brazos y le dio un tierno beso en los labios.
-Buenas noches Pequeña.- dijo muy bajito el rubio.
