Los Personajes pertenecen a Meyer (Damos GRACIAS POR ello) La historia es una adaptación a Crepúsculo

La Novela le pertenece a Lee, Miranda, y tiene el mismo titulo.


-Lo primero es lo primero -continuó Edward impaciente-, la ropa que vas a llevar.

-¿La ropa? -repitió desconcertada.

-¿Tienes algo aparte de la blusa blanca y la falda negra que llevas todos los viernes? Bella recordó toda la ropa de diseño que estaba colgada en el armario de su casa en Killara. Eran prendas de estilo clásico, que no pasaban de moda, y no dudaba de que seguirían allí. No tendría ningún problema en recuperarlas si iba durante el día, cuando su padre estuviera en la oficina.

-En realidad tengo un ropero bien surtido -replicó con dureza, resentida por la crítica y el escepticismo de la pregunta.

-Sí, ¿pero qué tipo de ropa? Entenderás que cualquier mujer que vaya conmigo tiene que ir bien vestida. Nada barato ni demasiado llamativo.

-Yo no soy barata ni llamativa.

-Desde luego barata no eres -musitó de manera cortante-. Hasta ahora tampoco has sido nada llamativa, aparte de tu botón travieso-añadió con cinismo-. Pero no me gustaría llevarme alguna sorpresa desagradable una vez que estemos en el hotel. Lo que me hace preguntarte si has tenido algo en el pasado o lo tienes ahora que te impida aceptar el trabajo, ¿lo hay?

Bella tragó saliva, sí que existía una buena razón, pero en la conferencia no habría nadie que supiera nada sobre su juicio ni su sentencia. No había aparecido nada en los periódicos, su padre no la había ayudado con un buen abogado pero sí había usado su influencia para que no saliera nada a la luz.

-¿Como qué? -preguntó temerosa.

-Sólo Dios sabe. No habrás aparecido en las páginas centrales de las revistas para hombres, ¿no? Sé perfectamente que Alice te contrató sin revisar tus antecedentes demasiado en profundidad. Y yo no he nacido ayer, Bella. Sé que cuando una chica tiene dificultades económicas y tiene un buen cuerpo como el tuyo, podría meterse en algunas cosas poco respetables.

Cualquier sentimiento de culpa en Bella desapareció ante la indignación. « ¡Poco respetables!» ¿Qué demonios pensaba que iba a hacer al irse con él? Dios mío, ¿quién se creía que era, mirándola por encima del hombro cuando era él quien estaba pagando para que lo acompañara? Y en cuanto a su cuerpo... estaba harta de la suposición de que sus curvas significasen falta de moral.

-Nunca he hecho nada de lo que me avergüence, doctor Cullen -dijo con dignidad-. Créame, se sentirá orgulloso de llevarme como... novia. No tendrá ninguna queja.

-Eso está por ver, ¿de acuerdo? A propósito, ¿sabes jugar al tenis?

-Sí, pero...

-No tienes que ser una profesional -interrumpió el doctor-, simplemente saber jugar. Y me imagino que seria demasiado preguntarte si sabes jugar al golf, ¿qué me dices?

Su tono dominante hizo a Bella hervir de furia. Ella sólo iba a decir que no tenía raqueta. «Si alguna vez le ganara al tenis o al golf...», se dijo a sí misma. «Gracias, papá, por todas esas vacaciones con interminables cursillos, por lo menos hiciste algo». -La verdad es que juego al golf, de vez en cuando... -explicó Bella, sin querer dar al enemigo demasiadas pistas.

-Me sorprendes, señorita Swan. Hubiera jurado que tu talento estaba en cualquier otro sitio menos en un campo de deportes.

-Desearía que se decidiera sobre cómo va a llamarme -dijo ignorando el comentario del doctor-, a veces me llama Bella, y al momento vuelve a llamarme señorita Swan.

-Tienes razón, pero tampoco me siento a gusto llamándote Bella. ¿Hacemos un acuerdo y te llamo Isabella?

-Lo que quiera, es el jefe. Es sólo para saber cómo comportarme y lo que esperar. Y hablando de esperar, me imagino que yo tampoco me llevaré una sorpresa cuando estemos en el hotel, ¿no?

Un silencio pesado se apoderó de la línea unos segundos. Bella supo entonces que Edward tenía algo escondido en aquella conferencia, y eso la hizo inquietarse.

-¿Qué quieres decir? -preguntó el doctor. «Quiero decir que a dónde quieres ir a parar, canalla», le hubiera gustado decir. « ¿Qué es lo que te hace pagar tres mil dólares por llevarme allí como novia tuya?»

-Quiero decir que no es el primer hombre con el que he salido que sea un lobo con disfraz de caballero -dijo Bella con firmeza-. No quiero tener que pelear cada noche.

-Qué maravillosamente sincera puedes ser, Isabella, y es algo que admiro. Eres una chica extraña con una personalidad enigmática y seductora. Además nunca has usado las artimañas que suelen utilizar las mujeres que en la misma posición que tú suelen usar. Pero no... No tienes que preocuparte por tener que pelear. La violación nunca me ha atraído, y seducirte no es parte de mi plan.

-¿Qué plan? -tuvo que decir Bella, sin creerse del todo los cumplidos. Por alguna razón él la despreciaba y nunca había intentado esconderlo. Quizá despreciara a todas las mujeres que tuvieran una talla grande de sujetador.

-Eso, mi querida Isabella, no es asunto tuyo.

«Y eso mi, querido doctor no es una respuesta», hubiera querido decir. Pero no lo dijo. No era muy sabio insistir, no si lo que quería eran aquellos tres mil dólares.

-Es justo, doctor. Puede guardar su secreto.

-Edward.

-¿Qué?

-Llámame Edward.

-Ah... claro, me imagino que tendré que hacerlo. Espero recordarlo.

-Practica desde ahora mismo. Di: «si, Edward», o «no, Edward». «Tres bolsas llenas, Edward.»

-No sea ridículo.

-Dilo -insistió en voz alta.

Bella se estremeció ante la fuerza de la voz varonil.

-Sí, Edward -comenzó despacio-. No, Edward -dijo con más firmeza-. Tres bolsas llenas, Edward -terminó con desafio.

-¿Lo ves? No has tenido ningún problema, sólo que quizá tendrías que poner un poco más de calor cuando digas mi nombre, pero tienes tiempo hasta el viernes. Si lo pronuncias de la manera en que lo haces ahora, se creerán que quieres matarme, no besarme.

«Se equivocarían», pensó de mala gana. Ella querría hacer las dos cosas, matarlo y besarlo.

-Veré qué puedo hacer -exclamó Bella, sorprendida por su tono frío. Desde luego era mejor actriz de lo que suponía. Quizá podría superar aquella farsa sin quemarse los dedos, y si empezaba a sentirse atraída por el atractivo cirujano, simplemente tenía que recordar a Jacob.

-Dime la agenda para el viernes -siguió en tono profesional-.

-¿Qué quieres que haga?

-Se supone que llegaremos a Bungarla entre las tres y las cinco. El viernes por la mañana tengo que operar, y tengo un paciente que viene de lejos para que la examine ese día. Le he dicho que venga a verme a la una.

-¿Quieres que vaya a la consulta como siempre?

-No, no es necesario. Ve a la consulta a la una y media, para entonces habré terminado. Me han dicho que el viaje a Bungarla no lleva más de dos horas. .

-¿Qué crees que puedo llevar de ropa para el viaje?

-Algo informal pero elegante. Llévate una chaqueta, porque puede ser una tarde de otoño fría. No te olvides de llevarte ropa para jugar al tenis y al golf, y también un traje de baño; según el programa que enviaron hay piscina climatizada.

-Sí, jefe.

-No seas descarada. Sería mucho más que descarada si llevara el bikini que Jacob la había regalado cinco años atrás. Bella usaba ahora una talla más, especialmente en el pecho. Debía de haber sido toda aquella comida que servían en la prisión; o las rosquillas y los chocolates gratis que se había estado tomando los fines de semana en el café, para así no tener que gastarse mucho en comida. Tendría que, literalmente, morirse de hambre hasta el viernes si quería que su ropa antigua le sirviera. Por lo menos había empezado bien, ¡ese día no había comido nada!

-¿Isabella?

-¿Si?

-Nada, ¿no quieres preguntarme tú nada?

-¿Tienes mi dirección para mandarme el dinero mañana?

-Me alegra que sepas cuáles son tus prioridades -dijo con voz irritada-. Si, tengo tus señas. Te enviaré el dinero en metálico hacia las tres como muy tarde. ¿Está bien?

-Si.

-Yo espero quedarme satisfecho con el pago.

-Tú obtendrás a cambio lo que has pagado. Nada más.

-Me alegra oír eso, Isabella. Porque éso es exactamente lo que estoy pagando. Nada más. Sin complicaciones ni consecuencias. Te veré el viernes. ¡No llegues tarde! -a continuación se cortó la línea. Bella se quedó mirando el teléfono, tenía el corazón alterado por el enfado. O por lo menos esperaba que fuera por enfado.


Holo

Chicas siento la tardanza, pero las cosas no van bien espero que puedan perdonar y tenerme un poco de paciencia... tengo fe en que vengan tiempos mejores ^^

Se que es cortitoo pero intentare subir el proximo antes de que acabe la semana

Espero sus comentarios y opiniones!

BesOs cuiidense!*