Los Personajes pertenecen a Meyer (Damos GRACIAS POR ello) La historia es una adaptación a Crepúsculo
La Novela le pertenece a Lee, Miranda, y tiene el mismo titulo.
El viernes parecía estar muy lejos. Llegó, fresco y soleado, era un bonito día de otoño. La semana, que generalmente se le hacía larguísima cuando pasaba los días buscando trabajo, había fluido simplemente. Cualquier minuto libre lo había empleado con la ropa, subiendo o bajando dobladillos, y cambiando costuras cuando era posible.
-Dime otra vez el nombre del lugar donde vas a ir, cariño -decía la señorita Blanchford mientras observaba a Bella guardar las prendas lavadas y planchadas.
-Bungarla -replicó, sonriendo mientras la mujer maniobraba la silla con un simple movimiento de una palanca. En dos días se había hecho una experta y raramente se tropezaba con alguien. Al verla tan feliz su sacrificio del fin de semana parecía tener sentido-.
-Es un hotel privado a la salida de Bowral.
-¿Y qué tienes que hacer allí exactamente?
-Trabajaré de secretaria. El doctor Cullen quiere que tome notas de los conferenciantes que hablarán explicó Bella, que nunca diría la verdad a la pobre mujer. Se disgustaría terriblemente, luego haría que Bella devolviera el dinero a Edward y no fuera. Pero era un poco difícil: la silla había sido ya pagada.
-¿Y necesitas todos esos vestidos tan elegantes para ello?
Bella intentó no parecer culpable, se rió y esperó no sonar demasiado falsa.
-No, claro que no, pero habrá algún acto por las noches. No querrás que esté fea en medio de todos esos famosos doctores y sus esposas, ¿no?
-Tú nunca parecerías fea, Bella -los ojos grises de la mujer la miraron fijamente
- Pero ese jefe tuyo... no es del tipo de hombres que espera más de su secretaria, ¿no, hijita?
-¡Dios mío, no!, el doctor Cullen no es de esos.
-Creo que me has dicho que era muy guapo, y muy joven.
-Sí, así es.
-En ese caso seguro que es así, créeme, querida. He vivido bastante como para saber que todos los hombres guapos son iguales. A no ser que sea homosexual, claro. No es homosexual, ¿verdad?
-No -exclamó Bella-, estoy segura de que no. Pero no hay necesidad de que te preocupes, yo no le gusto. No de esa manera.
-¿Por qué dices eso? ¿Por qué no le ibas a gustar? Tú eres una chica muy atractiva y vas a estar impresionante con ese vestido que estoy viendo.
Bella miró hacia el vestido color café de encaje que estaba doblado cuidadosamente.
-No voy a llevar ése, me está un poco ajustado.
La verdad era que todos los vestidos que había recogido de su casa el pasado lunes le estaban un poco ceñidos. Había podido resolver el problema sacando costuras, pero había sido imposible en el caso del vestido de encaje, las costuras en él estaban al límite. Lo iba a llevar pensando que sería capaz de ponérselo la última noche, si nadaba varios largos cada día en la piscina que Edward había mencionado. El color le sentaba bien y era un vestido que siempre le había gustado. Tenía que admitir que con él siempre se había sentido sexy. La única vez que se lo había puesto con Jacob, aquél no fue capaz de esperar a que se lo quitara al final de la noche.
Se preguntó qué diría Edward si la viera con ese vestido en particular, con el pelo arreglado, maquillada y su collar de perlas y diamantes alrededor del cuello. Seducirla no estaba en sus planes originales, pero quizá se le ocurriría... si se lo ponía.
-Bella... Bella alzó la vista de la maleta, notando que su pulso se había acelerado de manera inquietante. ¡Qué pensamientos se le venían a la mente con ese hombre demoníaco!
-¿Sí? -dijo un poco temblorosa
-¿No estarás enamorada del doctor Cullen, verdad? -preguntó la señorita Blanchford preocupada.
-¡No, Dios santo! -«puede que un poco atraída», pensó, «pero no enamorada». ¡Sólo con pensarlo temblaba!
-¡Teléfono para ti, Bella! -dijo una voz desde la entrada-. Apresúrate, dice que tiene mucha prisa.
Bella no tenía idea de quién podría ser, nadie la llamaba nunca allí. Incluso pensaba que no había dado el número de teléfono nunca. Los únicos amigos que tenía desde que habla salido de prisión eran la señorita Blanchford y los otros inquilinos. Iba rápidamente hacia la mesa donde reposaba el único teléfono del edificio cuando se acordó que le había dado a Alice el número, lo cual significaba que Edward también lo sabría.
Se le hizo un nudo en el estómago al tomar el auricular, y su «bola» fue seca.
-Aquí Edward, Isabella. Estoy entre dos operaciones. Así que no puedo perder tiempo.
-¿Qué pasa? ¿Algo va mal? -se sentía hundida ante el pensamiento de que todo se suspendiera. Bella se sintió confusa ante sus sentimientos, ya que no era el dinero lo que la preocupaba, sino no tener la oportunidad de lucir aquel vestido delante de Edward.
-No pasa nada, sólo que estaba preocupado de cómo ibas a cruzar la ciudad con tu equipaje. Sé que normalmente tomas el tren y caminas las dos manzanas hasta Martin Place.
-¿Cómo demonios sabes tú eso?
-No tienes ni idea de la cantidad de información que Alice me da sobre su maravillosa señorita Swan. Me imagino que el dinero te llegaría el lunes sin problemas, ¿no?
-¿Qué? Sí, gracias.
-Entonces empléalo en tomar un taxi.
-¡No puedo!
-¿Qué quieres decir con que no puedes? -preguntó impaciente-. ¿No me digas que lo has gastado todo? ¿Los tres mil dólares?
-Me temo que sí -reconoció. De alguna manera era divertido la de cosas falsas que podía imaginarse sobre ella
- Ya no sólo era una cazafortunas, sino también una perversa derrochadora.
El doctor dijo algo entre dientes que convirtió la diversión en fastidio. No había entendido exactamente lo que había dicho, pero no había sonado precisamente a cumplido.
-No llegaré tarde -dijo con brusquedad-. No llevo demasiado equipaje. Sólo una maleta.
-¡Te dije que quería verte bien vestida!
-Iré muy bien vestida. Muy bien.
-Gracias a mis tres mil dólares, me atrevería a decir. No debería quejarme, en este mundo obtienes lo que pagas. Yo quería una mujer guapa y atractiva de mi brazo este fin de semana y nunca son baratas. Pero también pago por no tener dificultades, hazme un favor y toma un taxi de todas maneras. ¿Puedes pagarlo con tu dinero si te prometo que te lo daré cuando llegues aquí?
-Sí.
-Entonces hazlo. Te veré como muy tarde a la una y media. Colgó el teléfono y dejó a Bella inquieta y con el ceño fruncido. Las ideas sobre vestidos ceñidos de color café y seducción se evaporaron, y fueron sustituidas por una curiosidad renovada sobre lo que iba a pasar en realidad aquel fin de semana. ¿Qué era lo que quería hacer Edward que no le importaba el precio? El suspiro resignado de Bella reflejaba la realidad de la situación. Edward no iba a contárselo, aunque ella le preguntara directamente. Precisamente había pagado por no tener ataduras. ¿Y no es eso también lo que tú quieres?, se preguntó a sí misma.
No ataduras. Era mejor ignorar la atracción sexual que sentía por él, y no alimentarla llevando vestidos seductores. El vestido de color café, decidió Bella sensatamente, se quedaría allí. Pero cuando volvió a la habitación, la señorita Blanchford había terminado de hacer la maleta, y el vestido de encaje estaba debajo de varias prendas. Bella no iba a sacar el vestido desde las profundidades de la maleta ante los ojos intuitivos de la anciana mujer, así que se prometió no ponerse la prenda maldita. Pero no confiaba mucho en si misma. «Actúa de acuerdo a lo que te han pagado, Bella», decía la voz de la conciencia mientras cerraba la maleta.
Nada más, nada menos. Si eso hacia y se preocupaba sólo de sus propios asuntos, el único peligro que podía correr sería que dijera o hiciera algo que le hiciera perder el trabajo que le quedaba, y eso sería desastroso para su actual situación económica, con cincuenta y cinco dólares únicos en su cuenta bancaria, más treinta dólares, más o menos, en su monedero. «Tendrás que asegurarte de que no dices ni haces nada estúpido», dijo de nuevo su conciencia. «Tienes que mantenerte fría y tranquila. No utilices demasiado el sarcasmo, aunque te provoquen. Y, por el amor de Dios, no corras detrás de él, aunque se ponga delante de ti con su magnífico cuerpo desnudo». Bella sintió una sensación de vértigo en el estómago al pensar en él desnudo. Por supuesto, no sabía cómo podía estar Edward sin nada encima. Quizá fuera pálido y blando. Quizá sus hombros anchos, sus caderas estrechas, su estómago liso fueran mera ilusión creada por los trajes hechos a medida que siempre llevaba. «Y quizá también los cerdos volaran», añadió Bella con desgana. Edward trabajaba demasiado para estar fofo. Y en cuanto a estar pálido... el hombre tenía un color natural. No, seguramente desnudo estaría imponente. De eso estaba segura. Imponente, seductor y viril.
-¿No has olvidado nada? -preguntó la señorita Blanchford mientras Bella bajaba la maleta de cuero de la cama.
-¿Sí? ¿El qué?
-Esto -dijo la mujer, y se sacó del regazo el perfumador más bonito que Bella había visto jamás. Estaba hecho de cristal rosado, con la borla de satén rosa y plata.
-¿Oh, señorita Blanchford?-exclamó Bella, con lágrimas en los ojos. -Tiene Chanel Nº 5. Un amigo me lo dio hace dos años, pero la esencia no quedaba bien en un vejestorio como yo. Creo que en ti, querida, hará que los hombres vuelvan la cabeza.
Bella se emocionó y asustó a la vez, porque sabía que sólo había un hombre que ella quería que volviera la cabeza aquel fin de semana. ¡Y si lo hacía, ella no iba a poder resistirse a él!
Hola!
Como estann! ^^
bueno se que este capitulo no es muy interesante pero hay que ponerlo!
Y bueno tenia que decir HOY ES Mi CUMPLE! y como estoy muy contenta pues intentare subir el próximo capitulo esta noche o mañana ^^
1besO cuidense
Muchas graciias por sus Review!
