¡Hola! ¡Volví! Ayer llegue y hoy ya les subo este capítulo para agradecerles todos los reviews que me dejaron. La verdad es que son lo mejor, porque cada vez me dejan más. Les quiero dedicar este capítulo a…

AC Akasuna y Lilith Uzumaki

tati uchiha

Shinigaby14

sokwha18

y a sofys

Me encanta tener seguidores tan geniales como ustedes y además de venir recargada de mis vacaciones, ustedes son los que me dan todos los ánimos de seguir, nunca me voy a cansar de decirles ¡Gracias!

Bueno ahora les dejo la historia después de tres semanas de ausencia… n.n

Capítulo 6: Despedida

Al día siguiente todos se encontraban en la parte inferior del negocio de Urahara, en el lugar donde se había llevado a cabo el primer entrenamiento de Ichigo con el propósito de rescatar a Rukia, más ahora se encontraban allí por un propósito totalmente distinto.

- ¿Ya está todo listo Shinta kun, Ururu chan?- preguntó el del sombrero raro a sus dos fieles ayudantes.

- Así es señor- respondió tímidamente la pequeña niña de coletas. Esta respuesta había desconcertado a todos menos al tendero, ya que no se encontraban preparados para lo que seguía, la partida del capitán Hitsugaya junto con Karín a La Sociedad de Almas.

- Muy bien, Karín chan, creo que es hora de despedirse, ¿no lo crees así?- preguntó nuevamente el dueño de la tienda con una mirada tierna tomando a la morena menor por el hombro.

- Si, gracias- respondió la chica con la mirada gacha y reteniendo las lágrimas que querían hacer acto de presencia, más ella se había propuesto ser fuerte por el bien de su hermano y de Rukia ya que no quería preocuparlos. Con pequeños pasos se fue acercando a Ichigo. Rukia observaba al pelinaranja con cara de tristeza, este estaba apollado en una de las grandes rocas que se encontraban en ese gran campo de entrenamiento, miraba el suelo como si fuese lo más interesante del mundo, más estaba totalmente ensimismado que no se había dado cuenta que su hermana se encontraba justo delante de él, pero la voz de ella logró sacarlo de sus pensamientos.

- ¿Sabes Ichi-nii? ¿Recuerdas aquella vez que me llevaste por primera vez a una cancha de football? esa vez tú tenías nueve y yo apenas tenía cinco años. Yo quería jugar pero unos niños no me dejaban por ser una niña- una pequeña sonrisa se había formado en los labios de Karín, pero todavía no se animaba a mirarlo a la cara, más Ichigo totalmente confundido había levantado su mirada para observar los gestos de su pequeña hermana y lo que pudo ver era que temblaba tratando de contener sus lágrimas- tú los enfrentaste diciéndoles " parecen más niñas ustedes que mi hermana, miren como tiemblan, o la dejan jugar o no viven para contarlo, ¿me oyeron?", así fue como aprendí a jugar a lo que más amo en mi vida que es el football- una pequeña lágrima bordeaba su mejilla e Ichigo la pudo ver más solo se limitaba a observarla con una mirada dulce y paternal- ¿sabes? tu siempre pensaste que tu deber era ser un héroe para Yuzu y para mi, pero no es así Ichi-nii, tu debes hacer lo que puedes y no sentirte mal cuando no logras protegernos de todo el mal que nos asecha, tu haces lo que puedes y no debes recriminarte cuando no logras hacerlo bien, ahora no te sientas mal por no poder protegerme tu mismo, yo te quiero por como eres Ichi-nii- más lagrimas empezaron a brotar de sus ojos haciendo que se le quebrara la voz, la chica se recriminaba a si misma nuevamente por no ser fuerte, pero no había podido aguantar más ese nudo en su garganta. Ichigo por su parte la abrazó con fuerza apoyando una rodilla en el suelo así quedando a su altura y con tiernas y suaves palabras le susurro al oído.

- Muchas gracias Karín, y aunque no te guste que me sobreesfuerse lo seguiré haciendo porque no puedo permitir que te pase algo, ¿me oíste? y yo también te quiero mucho, tonta, ya no llores, ¿si?- trataba de calmarla el chico y con una cabeceada de afirmación Karín fue serenándose. Rukia miraba todo con una emoción enorme al ver como se abrazaban y se querían entre hermanos, siempre había deseado que Byakuya fuera así con ella más el orgullo Kuchiki no se lo permitía.

- Bueno Kurosaki san, es hora de irnos- exclamó con semblante frío el capitán del décimo escuadrón, pero en realidad por dentro sentía pena por tener que separar a dos hermanos que se quieren tanto- Kurosaki Ichigo, encárgate de avisarles a tus familiares de que tu hermana se fue de vacaciones con alguna amiga, más no te atrevas a decirles la verdad, ¿entendido?- demandó desafiante.

- Ya se, no me lo tienes que recordar Toushiro- se burló el pelinaranja por todas las veces que el pequeño capitán le había respondido lo mismo. Luego Karín se despidió de Rukia y de Ishida, Chad e Inoue que también se encontraban allí.

- Muy bien Karín, usaran esta puerta ya que tu pasarás con cuerpo y todo al otro lado, no pasarás como shinigami, por eso es que tendrás que usar esta puerta especial que fue la que utilizaron Ishida y los demás la primera vez que fueron al Rukongai, pero a ti no hace falta explicarte nada ya que irás con el capitán y él te guiará, con él estarás más que a salvo, ¿entendido?- explicó Urahara a la morena menor.

- Si señor- respondió un poco sonrojada la chica porque le había dado a entender que Toushiro la protegería con su vida si fuera necesario.

- Muy bien, ahora mismo se abrirá la puerta- así la gran puerta se fue abriendo desprendiéndose de su interior una blanca luz, al estar completamente abierta los dos chicos se miraron mutuamente y tomándose de las manos penetraron velozmente la enorme puerta.

En otra parte unos hombres estaban reunidos y justo en ese momento…

- Aizen sama, todo esta ocurriendo como usted lo predijo- habló uno de los que se encontraban allí.

- Ya veo, entonces la hermana de Kurosaki se encuentra en la sociedad de almas… veo que todo esta saliendo a la perfección, mira que creer que en La sociedad de Almas se encontraría bien, jaja… ¡que ingenuos!- se burló el antiguo capitán de los trece escuadrones

- Si la verdad es que lo son, ¿entonces sigo con la otra parte del plan señor?- habló nuevamente el de la misma voz.

- Así es, mantenme informado de todo lo que ocurra- finalizó con una miranda triunfante y con una sonrisa de superioridad.

- ¡Hi! Aizen sama- contestó haciendo una reverencia.

Ya en La Sociedad de Almas, Toushiro y Karín, se encontraban en la puerta del despacho del capitán del primer escuadrón.

- Pasen el capitán Yamamoto los esta esperando- los hizo pasar el sub capitán.

- Gracias- contestó el peliblanco entrando primero ya que la morena no se animaba a entrar, más el chico con una mirada le dio la fortaleza a la chica para que pudiese avanzar al interior del despacho.

- Muy bien Hitsugaya Taichou, veo que ha podido guiarla hasta aquí. Buenos días señorita Kurosaki, debo suponer que ya está enterada de todo, ¿no es así?- exclamó el mayor con un semblante serio y esa mirada sabia que hacía sentirse pequeño a cualquiera que lo viese.

- S… si… si señor- contestó rápidamente y con los nervios a flor de piel, acto que no ignoró el pequeño shinigami a su lado.

- Yamamoto taichou, creo que lo mejor es que la señorita Kurosaki Karín se retire, ya que debe encontrase cansada por la movilización de un mundo a otro- habló ceremoniosamente el peliblanco dándole la oportunidad a la morena para que se retirara y no se pusiera cada vez peor, ya que él comprendía a la perfección los sentimientos de encontrarse frente del capitán Yamamoto por primera vez.

- Tiene razón Hitsugaya taichou, Kurosaki Karín tiene mi permiso de retirarse a descansar, teniente Sasakibe lleve a la señorita a su cuarto, por favor- mandó cortésmente el primer capitán.

- Hi taichou- respondió obediente el teniente. Cuando ya se hubieron ido el primer capitán volvió a dirigirse a Toushiro.

- Muy bien Hitsugaya taichou ahora estamos solos para que me cuente lo ocurrido en el mundo humano- exclamó solemnemente el anciano mirando al pequeño capitán con un aire de misterio.

- Si señor, así lo haré- afirmó sintiéndose, por un segundo, intimidado ante la sabia mirada del anciano, pero recuperando la confianza al estar pensando, sin darse cuenta, en esa morena que, desde que había vuelto a ver, inundaba su mente en todo momento.

- Y muy bien ¿que tiene que decirme, Hitsugaya taichou?- demandó el capitán Yamamoto, al parecer algo impaciente.