Aquí está el siguiente capiii! Espero que les gusten. ¡Gracias por los reviews!

2- Ojos tristes:

El joven arrastró sus palabras como si le costara hablar y decir aquel nombre. Ella notó el disgusto de sus compañeros atrás suyo, pero se mantuvo serena y dio un paso adelante en nombre del grupo y de la empresa familiar. En silencio ojeó todo el despacho, en busca de algún punto ciego para atacar o algo sospechoso. El anfitrión observó cada pequeño movimiento de la joven hasta que se quedo tranquila y tomo asiento en una de las sillas color morado del despacho. Los demás compañeros se quedaron de pie, muy cerca de la puerta y las manos en el mango de las pistolas. Por mucha seguridad que hubiera en esa casa, no podían estar seguros, y mucho menos si aquel muchacho de ojos fríos no paraba de observar con inquietud a su jefa. Shikamaru frunció el ceño y casi saco el arma cuando el joven anfitrión se sentó más cerca del rostro de su compañera. Trago saliva molesto y miró a otro lado. Por otro lado los demás seguían en su postura inicial.

Hinata se mantenía serena mientras sacaba unos cuantos libros del bolso que traía. Cada libro era más grande que el otro y de un tono más oscuro. Al final saco diferentes fotos y pequeñas balas colocadas en bolsas trasparentes de plástico. El joven observó con detenimiento los libros una y otra vez, miraba las fotos, tocaba las balas y después de un rato se recostó del sillón dando por finalizada la observación. La puerta se abrió y dos personas entraron al despacho. Una era una mujer alta, delgada, castaña y con cuatro coletas sujetando su pelo. Los ojos eran verdes pero un poco más oscuros que el anfitrión. El otro era un muchacho, con aspecto cansado, tenía la cara pintada y en la espalda llevaba lo que parecía una marioneta.

- ¿Qué …?- comenzó a protestar la chica pero se dio cuenta de los invitados de la sala. Se llevó la mano a la cabeza, a la cara y por último miro al chico sentado en el sillón.- ¿Son ellos?- él asintió.- Soy Temari.- saludó con una amplia sonrisa a los huéspedes..- son mis hermanos pequeños...-señaló a los dos chicos que parecían molestos.- Disculpen por su carácter tan poco jovial...

La joven parecía realmente apenada, tanto que el grupo no pudo rechazar que les invitara a un té. Al igual que antes recorrieron muy juntos cada pasillo del enorme lugar, hasta llegar a un salón tan grande como media pista de basquet. El mobiliario era escaso, pero todo encajaba en cada parte con suma delicadeza. Parecía que todo estaba hecho a propósito para ese lugar. Hinata reparó que en una pared había un enorme retrato de una hermosa mujer de cabellos largos de color rojo intenso. Embobada no se percato que la joven se le quedó contemplando con una sonrisa triste.

- Era mi madre...-le explicó mientras se ponía a su lado.- Murió al dar a luz a mi hermano...- al ver el rostro confuso de Hinata agrego.- Gaara, es mi hermano pequeño. Kankuro el del medio...- se formó un silencio incómodo.- el de las marionetas...-agregó.

- ¡Ah!- exclamo entendiendo.- Entonces el de pelo rojo es Gaara...-musito para si misma un poco alto.

- ¿A que es guapo?

Antes de que ella pudiera reprochar algo, Temari se había reunido con los demás chicos. La misma chica que les abrió las puertas les entregó a cada uno una taza de té, con una gran bandeja llena de distintas pastas. El grupo degusto aquella merienda en silencio, hasta que poco a poco la dueña de la casa fue sacando conversación. Lo primero del tiempo, de los aldeanos y por último del viaje. El ambiente se tornó un poco incómodo cuando Temari comenzó a prestar mucho interés a Shikamaru, que se mantenía al margen de la conversación. Ino por su parte se percató de aquello y se mostró muy fría a cualquier pregunta amigable que le hacía la chica. Así un largo rato hasta que comenzó a llover de forma agresiva. La brisa traía consigo enormes trozos de arena, los árboles del jardín se balanceaban uno al lado del otro el viento gruñía a fuera.

Nadie reprochó cuando Kankuro- que había entrado en la conversación un rato después- les ofreció pasar la noche en su casa. Los chicos se marcharon con Kankuro y las dos otras con Temari. El trayecto fue en silencio hasta que llegaron a un enorme pasillo; el suelo estaba cubierto por una alfombra de color vino tinto, en las paredes habían unas lámparas en forma de candelario y colgado de forma desordenada algunos pequeños cuadros de paisajes y retratos. Al final del pasillo habían tres puertas.

- Ino tu puedes dormir aquí..-informó a la rubia que aún seguía con el ceño fruncido.- Mi habitación es ésta..-señaló la puerta delante de la de Ino.- Y la tuya Hinata es ésta...- abrió la del centro.- Hay un pequeño balcón, pero te recomiendo que no lo abras...

Siguiendo las instrucciones las dos se metieron en sus habitaciones. Hinata cerró la puerta antes de encender la luz, por lo cual cuando todo se volvió oscuro no le importó. Camino a ciegas hasta llegar al balcón, corrió las cortinas y contempló el paisaje enegrecido por la tormenta. En la hoja habían pocos diluvios dignos de mencionar y recordar, pero cuando ocurrían dejaban más huella en ella que ninguna persona. El cielo estaba totalmente oscuro cuando un relámpago rompió en él iluminando toda la estancia. Tan sólo fue una milésima de segundo que le dio la sensación de que el joven de cabellos rojos estaba en la habitación en una esquina... observándola. Cuando todo se volvió a oscuras y buscó la luz, en lugar dónde le había parecido ver al chico no había nadie. Tan sólo una silla de terciopelo rojo. Se llevó la mano al pecho más asustada por la impresión de la imagen, que por el hecho del que chico la estuviera observando.

Se tiró en la cama y cerró los ojos agotada, recordando aquel extraño día, en poco tiempo se quedo totalmente dormida. Estaba preparada para soñar con aquella luvia de sangre, más bien lo estaba esperando. Necesitaba recordarlo para saber si sentiría miedo, y si no lo hacía... no estaba segura de como pasaría el siguiente mes en aquella mansión o incluso en aquel lugar.

No se sentía como si estuviera de misión. Era como si le hubieran dado un billete a la ciudad de la calma. Los aldeanos eran personas tranquilas, sinceras y sumamente amables. Siempre sonreían y se mostraban predispuestos a ayudar siempre que fuera necesario. No podía comprender como la Arena se había ganado aquella mala reputación. Después de haber pasado un día entero recorriendo los suburbios junto a Kiba no había encontrado nada peligroso, incluso la gente comentaba que las armas se mantenían guardadas en una cámara en cada casa. Puesto que la negociación había quedado finalizada mucho antes de lo esperado Hinata le dio unos días libres, para que cada uno se tomara un respiro y dejara el miedo guardado en el hotel. Incluso ella dejo toda sus armas en la maleta. Aunque no las tuviera encima se sentía protegida, y odiaba aquella sensación. Durante varias noches estuvo soñando con la lluvia de sangre, con aquellos ojos fríos y el rostro impasible del joven muchacho. Desde el primer día no le había vuelto a ver. En parte se alegraba, pero por otra tenía la inquietud de encontrárselo nuevamente en aquel bosque y que todo se volviera a repetir. Su parte más morbosa lo pedía, así se daba cuenta que aquel joven era peligroso, que por mucha paz que mantuviera no era alguien de fiar. Y en parte se lo quería creer.

Distraída se dejo llevar por el susurro de los árboles y la brisa agradable del atardecer. Entro al bosque que días antes había observado desde lejos. Le daba la sensación que todo los lugares eran iguales, pero en ese había algo especial. Los animales no estaban en las ramas, no se oía el piar de los pájaros y no había ninguna señal de vida por aquellos lares. El ruido de un río llamó su atención. Siguió el susurró hasta llegar a lo que parecía una pequeña colina, con un diminuto río creado por las tormentas anteriores. Posiblemente si no hubiera hecho ruido al tropezar con una roca el joven no se hubiera levantado y apuntado con una arma. Pero lo había hecho.

- Hola...- saludó aunque esa no eran las palabras indicadas. El joven bajo el arma y se le quedó contemplado. Los ojos verdes de él tenían un extraño brillo de tristeza.- ¿Te interrumpí?- quiso saber mientras se movía con lentitud. Intentando no volver a asustar al chico. Él no contesto.

Sin permiso y aún teniendo la mirada puesta en ella camino con pasos lentos hasta colocarse a pocos metros al lado de él; aunque había una generosa distancia entre ellos. Se sentó y miró el hermoso paisaje. El sol se ocultaba con lentitud en el horizonte, dando un extraño color a la ciudad. Mirado desde la altura parecía que todo fuera tan diminuto. Como si con un pie pudieras aplastar todo. Tan sólo por un minuto Hinata se sintió un poco más importante de lo que en verdad era. Se tumbo en la hierba y miró al cielo que comenzaba a tener diminutos punto de luz. A su lado el joven seguía levantado, quieto y con la mirada puesta en cada pequeño movimiento que hacía. Intentaba no prestar atención a aquel detalle, pero los continuos ojos verdes de él puestos en ella hacía que su corazón latiera más deprisa y de golpe recordó aquellas palabras de Temari " A que es guapo" la cabeza le jugo una mala pasada y sus ojos pasearon hasta posarse en el rostro de él. Por mucho que le doliera admitirlo Sabaku no Gaara era un joven muy atractivo. Paso un largo rato hasta que él se sentó al lado y contempló la ciudad totalmente llena de luz artificial...

- Mate aquel hombre...- habló y su voz sonó ronca.- y tú lo viste...- no parecía muy predispuesto a seguir hablando, pero el silencio de parte de ella era una clara muestra de que prosiguiera, aunque ella no era muy consciente de ello. Sencillamente se había quedado helada al escuchar la voz de él. Es horriblemente sensual...gimió para sus adentros.- … y sigues aquí..

Giró la cabeza y ambos se encontraron con la mirada. Cualquiera de los dos hubiera podido retirar la cara, para quitarle tensión a la asunto. Pero ninguno cedió. Fue un largo segundo, los dos contemplándose en silencio, una guerra intima...

- ¿Por qué?- preguntó Gaara con un claro disgusto en la mirada.

Él bajo la vista, se levantó, sacudió sus vaqueros negros y comenzó a caminar dejando un tanto anonada a Hinata. No se levanto hasta quedarse totalmente solas en aquella oscuras colinas. Cuando él se marcho el bosque se fue llenando poco a poco de vida animal, los grillos comenzaron a criar, el susurro de las moscas volar e incluso entre los árboles llego a ver una pequeña ardilla trepar de rama en rama. Que el mundo volviera a moverse cuando Gaara desapareciera le causó un agudo dolor en el estómago... y por primera vez sintió miedo en aquella aldea.


¿y bien? ¿les gustó?