Hola! Aquí estoy con el nuevo capi. ¡Si un viernes! No se cómo, pero lo he logrado. Muchas gracias a todos por sus reviews! Espero que el capitulo les guste. Sin más. Ciao

5- Noches en vela:

En el instante que él subió al árbol el tiempo se detuvo para ella, tan sólo era consciente que él estaba nuevamente a pocas distancias de sus labios. Casi podía sentir la respiración de él sobre su cuello, si le veía a los ojos fríos incluso alcanzaba a ver los más pequeños detalles de su mirada verdosa. El reloj paró de dar las horas en el minuto que ambos volvieron a besarse. No hizo falta palabras, ni gestos. Fue como si sus cuerpos fueran imanes siendo atraídos por el el magnetismo del otro. A diferencia de aquel beso en el balcón éste fue salvaje, como si a través de tan sólo un roce pudiera robarle el alma entera. En cierto modo cualquier gesto que hiciera Gaara parecía brusco y peligroso, pero a ojos de Hinata; tan sólo era una señal para que la gente supiera que él estaba ahí.

A pesar de sus intentos para mantenerse aferrado al otro el mundo parecía estar tramando barreras naturales para alejarlos o interrumpirles el momento. Una fuerte lluvia trajo consigo una tormenta de arena, haciendo que los árboles fueran atacados con pequeñas piedras y ellos al estar ahí siendo heridos. No tardaron mucho en abandonar aquel lugar hasta correr al abrigo de la mansión Sabaku. Como era de esperar las criadas los recibieron a lo dos; algo les llamó la atención a dichas muchachas, ya que observaron a Gaara con los ojos dilatados de sorpresa. Hinata fue medio consciente del brazo de él aferrado a su cintura. Al principio no le disgusto, pero poco a poco las mejillas se le fueron llenando de un vivo color carmesí. Antes de que ella pudiera decir nada él ya había retirado el brazo y abandonado el recibidor. Tras de si dejo una línea de gotas de agua con un ligero color rojo. Hinata trago saliva al recordar la muerte de aquellas personas. No sintió pena por ellos, aunque una parte de su cerebro rezaba por sus almas. Acompañada por las criadas fue hasta su habitación, dónde amablemente habían sacado unas prendas de ropa que ella jamás había poseído. Un hermoso vestido de color azul cielo, con cuello de barca y corto hasta las rodillas descansaba encima de la cama. Al lado unos limpios zapatos azules y una caja con un sencillo collar haciendo conjunto con lo demás. La criada mayor; baja, con muchas arrugas en el rostro y una amble sonrisa le informó que era un regalo de Temari, por todo el esfuerzo que estaba haciendo y una ofrenda de disculpa por los papeles rotos anteriormente. Hinata suspiró y aceptó la ofrenda de paz, despidió a las criadas y se metió en la ducha para quitar los trozos de arena y calentar su cuerpo de la lluvia.

La cena trascurrió de forma silenciosa y algo incómoda, ya que la presencia del benjamin en la mesa cohibida a los demás compañeros del grupo de Hinata. Por su parte la anfitriona como siempre intento entablar conversación con Shikamaru y como era de esperar Ino salió a reprochar. Una vez más la idea de mudarse a su hotel brotó en el ambiente. Al terminar y sentarse todos en el sofá de la sala hicieron la típica reunión para poner en común las ideas y averiguaciones.

- ¡Quiero ir al hotel!- exigió Ino llena de rabia, con las mejillas encendidas del disgusto y los brazos puesto en jarra en su cintura. Todas sus palabras iban directas a Hinata, que se mantenía distraída mirando el techo.- ¡Hinata!- grito exasperada la rubia.

- ...¿Eh?- la miró y entendió al vuelo todo lo que su mirada trasmitía.- Si, supongo que va siendo hora de volver al hotel...-murmuró no muy segura.

- ¿¡ Por qué!- exigió saber la anfitriona con el ceño fruncido de disgusto.- ¿A caso no te gusta mi compañía?

- ¡Oh, no claro que no! Per...

- Sería más conveniente...-interrumpió la frase Gaara que había aparecido en la sala. Vestia con unos baqueros desgastados y una franela de color verde muy fina. Hinata tuvo que hacer un esfuerzo para bajar la cabeza.- que se marcharan... puesto que...

Y aunque hubiera interrumpido la conversación, el grupo tarde o temprano se hubiese enterado de lo ocurrido en los suburbios. Las malas noticias y desgracias siempre corrían tan rápido como las enfermedades. Fue en cuestión de segundos que los tres chicos del grupo saltaran furiosos para reprochar la falta de cuidado y el peligro de ella. Los regaños duraron veinte minutos hasta que se calmaron y volvieron a sus lugares más tranquilos. Miraron al Sabaku más joven esperando que prosiguiera con su charla e información. Hinata por su parte bajo la cabeza avergonzada en parte recordando lo del asalto y por otra parte aquel salvaje beso. Por un minuto le pareció ver una sonrisa en los labios del peli rojo.

- Creo que sois conscientes que hay un grupo de gente que no esta contento con mi mandato.- el grupo asintió.- Y los comunistas quieren matarme... Hinata ha sido presente de eso.- todos pusieron la vista en ella.- por su seguridad hasta que termine vuestro trabaje preferiría que os hospedarais en el hotel.

No dijo más y abandonó la sala. A partir de ese momento el resto de la noche todo el personal de la mansión estuvo en movimiento para preparar el equipaje de los inquilinos y así no tuvieran tantas dificultades por la mañana. Cuando la reunión nocturna acabó todos se retiraron a sus habitaciones en un severo silencio. Hinata estaba apunto de entrar en su habitación cuando la mano grande y cálida de Naruto la sujetó de la muñeca. Ella gritó asustada y al ver al joven respiró. Le reprochó aquel gesto pero luego le invitó a pasar para escuchar cualquier cosa que el joven quisiera decir. Mientras él daba vueltas por la habitación ella se dedicaba a poner en orden algunos papeles de una mesa y pensar en cómo seguir la misión sin ir más adentro de los suburbios. Tenía el presentimiento que mientras los comunistas quisieran atacar a Gaara el negocio con la familia Sabaku no terminaría bien. Además ellos tenían armamento de la familia Hyuga, eso quería decir que había un infiltrado o que los Sabaku estaban haciendo un mal uso de sus productos. Demasiado preocupada por los problemas con la misión no se percato del nerviosismo del rubio ni tampoco de sus mejillas ardiendo al rojo vivo. Fue tarde cuando tuvo al rubio abrazándole por la espalda y sintiendo su respiración en el cuello...

- Hinata, por favor... ten cuidado...- habló con un hilo de voz.- no hagas que me preocupe por ti...

En cualquier parte de mundo y en cualquier idioma aquellas palabras y aquel abrazo era un signo claro de sentimientos amorosos. Por lo tanto el corazón de ella se disparó de forma dolorosa sobre su pecho, intentó mantener la calma mientras le cogía las manos al rubio y se las apartaba de su cintura. Ante aquello el joven la miró a los ojos con una pequeña luz en los ojos, pero antes de que ella hablara el rubio había salido corriendo de la habitación siendo consciente de lo que había hecho. Por su parte Hinata se quedo muy sorprendida...

Al volver al hotel todo el personal le recibió con un gran alivio, tenían la sensación de que el director les había estado esperando teniendo la esperanza de que sus huéspedes no habían sido asesinados. Hinata expresó su agradecimiento y dio una leve explicación; el director sonrió y les volvió a guiar a su habitación. A partir de ese día todo ocurrió como debía ocurrir desde el primer momento. Los grupos se dividían en tres: Shikamaru, Choiji y Shino. Kiba, Shikamaru y Ino. Por último Hinata y Naruto. Aquella división lo había hecho Shikamaru, que se había puesto como líder de la segunda parte de la misión, puesto que la vida de la jefa había estado atentada.

Los días transcurrían de forma simple y sin nada de destacar. Los Sabaku habían avanzado con la demanda de las armas y el movimiento comunista no se había revolucionado y hecho notar. En poco tiempo Hinata descubrió que el hombre que había asesinado Gaara el primer día que le vio era uno de los tantos líderes de los revolucionarios. Suspiró un tanto desolada cuando paseo por los suburbios del norte. El grupo aun no había explorado esa zona, deseando encontrar algo que les diera referencia sobre los atentados y conocer más el lugar dónde debían vivir un tiempo más. Durante el trayecto entre ellos dos no hubo más palabras que las necesarias. Naruto estaba mucho más nervioso, por lo tanto tropezaba o se llevaba cosas por delante. Hinata le ayudaba a ponerse de pie o prevenir de posibles obstáculos pero el rubio siempre remugaba y seguía con su marcha. La situación fue tan incómoda que los dos terminaron separandoce en una parte desconocida. Hinata llegó a un lugar muy abandonado, todas las paredes estaban pintadas y por el suelo había partes de juguetes rotos, olor a pólvora y cartuchos de pistolas por el suelo. En una esquina vio una muñeca con una flor pegada en el pecho.

- ¿Qué pasó aquí?- murmuró horrorizada.

- La aldea no se ha ganado el nombre sólo por rumores...-susurró una voz muy conocida para ella.

- ¿Piensas seguirme a todas partes?. Preguntó un tanto cohibida por la presencia del peli rojo.

- Eres interesante...- susurró colocándose al lado de ella y sujetando la muñeca con sus manos.- No eres normal a los demás.

- ¿Por qué no me das miedo?- agrego.

- Especialmente por eso...

Incluso sabiendo que los comunistas podían atacar a Gaara como él mismo había dicho se sentía protegida. Era consciente que en alguna parte de su cuerpo tenía escondido una arma capaz de hacer volar en pedazos a una persona, por lo tanto se sentía muy protegida. El mundo se podía estar destruyendo, pero ella se sentía segura al lado de un criminal.

Su inspección del territorio fue en silencio, hasta llegar al lugar de encuentro con los demás. Gaara se había marchado metros antes de unirse con los demás, por lo tanto Hinata fue sola con sus compañeros. Como había ordenado Shikamaru descansaron en un bar y hicieron una lluvia de ideas. Por los momentos nada nuevo se había descubierto.

Cuando cayo la noche Hinata se marchó al pequeño balcón de la habitación, sabía que a esas horas el viento era frío y peligroso. Pero no le importó, había desarrollado una extraña reacción a exponerse al peligro.

- Es por culpa de Gaara...- contestó en voz alta a la voz de su consciencia que le reprochaba la temeridad.

- Entonces me sentiré honrado por ello.

Esa fue la primera de muchas visitas nocturnas al hotel...


¿Y bien, les ha gustado?