Holaa, aquí estoy con el siguiente capituloo. Gracias a todos por su aporte con la opinión. Se tendrá en cuentaa, muchas graciaas. Aqui les dejo con el capiii
ciaooo
13- Neutro:
Durante el viaje hacía su mansión no hablo con nadie, tan sólo entró a la limosina negra que le esperaba, apoyó la cabeza contra el cristal y observó las calles de Konohas llenas de gente feliz y alegre. En al aire se respiraba paz, tranquilidad y amor. En los ojos de los aldeanos no había miedo, en ningún momento se esperaba que alguien comenzara a pegar tiros o cualquier ataque contra la vida de alguien. En ese lugar la paz siempre reinaba. En parte era por su familia, los grandes Hyugas. Por primera vez en años odio su apellido, no se sintió orgullosa de ello, y no por el hecho de crear armas... más bien por el hecho de saber que pronto su imagen estaría colgada en varios anuncios diciendo que ella heredaría el poder de su padre junto a su futuro marido. Levantó la vista del cristal para contemplar a su primo; alto, delgado con el cabello corto y marrón, los típicos ojos de la familia y aquel extraño tatuaje que se había hecho en la frente. Normalmente lo tenía tapado con una cinta de color marrón, pero ese día lo lucía muy orgulloso. Sin prestar atención volvió a mirar a la calle y notó como la mano cálida y grande de él se posaba sobre la suya. Suspiró y ignoró aquel tierno gesto de su primo...
Al llegar a su hogar no se sintió a gusto, no sonrió ni saludo. Sujeto sus maletas y huyó a su habitación, donde un hermoso y lujoso kimono de boda le esperaba abierto tan sólo para ella. Tiró la maleta al suelo y salió al balcón, se arrodilló en una esquina y escondió la cabeza entre sus rodillas. No quería casarse, no quería heredar la empresa de su familia y no deseaba ser una persona famosa por hacer armas. Recordó los ojos verdes de su amado y deseó que el tiempo pasara volando, que las cosas en la Arena se arreglaran y fuera por ella... de verdad lo deseaba.
La noticia de su compromiso no tardó en expandirse por todos los lugares que solía frecuentar, incluso sus amigos la felicitaban. Excepto los que conocían su idilio con el presidente de la Arena. Dicho grupo la esperaba en un parque abandonado. Los cinco estaban sentados en un banco roto de un color verdoso musgo. Al verla a parecer entre los árboles casi muertos se levantaron y corrieron a ella. Ninguno le felicito, tan sólo sonrieron con pena y desearon que todo se arreglara pronto. Aunque sabían que era un deseo vano... un compromiso así no había forma alguna de anularlo. Sin hablar mucho del tema reprendieron la marcha hacía la empresa principal de los Hyugas, tenían que dar los informes exactos, puesto que al llegar de su viaje la gente estaba demasiado alegre de volver a verlos y la misión quedaba en un segundo plano. El jefe lo comprendía.
Los informes eran exactos, el diario preciso y el dinero suficiente. Los seis recibieron un pequeño diploma como muestra de valentía y un tres meses de descanso. Después de hablar y concretar detalles sin importancia cada uno se marchó por su cuenta, menos Naruto y Hinata que paseaban uno al lado del otro en silencio. El único que no había hablado en todo el rato había sido él, algo muy raro. Ella quería preguntar, pero tenía una vana idea de qué era la cosa que le molestaba o preocupaba, y por lo tanto se negaba a escuchar la respuesta de los labios de él...
- ¿No hay forma de cancelarlo?- preguntó sin energía el rubio.
- No que yo conozca.
- ¿Pero lo has buscado?- habló alzando la voz.
- ¿Por qué te interesa tanto?- quiso saber ella manteniendo un tono de voz neutral.
- ¿Enserio quieres saberlo?
Dicho esto el rubio la abandonó en la puerta de la mansión de ella. Hinata se quedó parada observando como el joven se marchaba con la cabeza gacha y las manos metidas en los bolsillos. La última vez que lo había visto así fue cuando su amigo de la infancia Sasuke decidió viajar junto a Sakura a Alaska. Y de eso hacía tres años. Quieta observando tuvo un pequeño recuerdo de la sensación de un beso distinto a los de Gaara y con tristeza comprendió de quién podía haber sido y que no había soñado eso...
A pesar de que podía comprender algo el disgusto de Naruto no hizo nada por remediarlo, las cartas del destino estaban echadas y a menos que su primo le ocurriera un accidente esa boda iba a ocurrir y tan pronto que no tendría tiempo de hacer un plan B y lo peor de todo es que aún sentía la esperanza de que Gaara vendría a buscarla... en el fondo de su corazón sabía que eso no podría ocurrir... un país en un mes no se resolvería. Jamás.
El tiempo transcurría con normalidad, sin ningún cambio más importante que aquel que uno quisiera ver. Su tiempo de descanso había terminado y las misiones se habían puesto en marcha nuevamente. Con ello el grupo se había vuelto a reunir y haciendo lo que mejor se les daba. Robar, buscar información y crear pequeños charcos de sangre. La primera misión que tuvieron les costó dos semanas, la segunda casi un mes y la tercera cuatro meses. Cási el mismo tiempo que habían estado en la Arena. En parte Hinata se había resignado a esperar a Gaara, la boda estaba al caer y no había recibido noticias de él y por la televisión tan sólo daban información innecesaria que no resolvía sus dudas...
Faltaban tres días justos para la boda, cuando alguien irrumpe en el balcón de Hinata. Lo primero que se le viene a la cabeza era Gaara, pero al ver que era el rubio todo su mundo se derrumbó en un sólo instante...
- Esto se llama...-pero el rubio le silenció con un dulce y fuerte beso.
Quiso gritar, pegarle un golpe o lanzarlo por el balcón, pero sus brazos no le reaccionaban y la intensidad del beso la dejaba sin fuerzas. Hacía tanto tiempo que nadie la tocaba de esa forma... extrañaba el contacto humano con sentimiento. Podía vivir sin hacer el amor, pero sin un beso o un abrazo eso... era imposible.
- He descubierto la forma de que no te cases con Neji...-dijo al separar sus labios de los de ella.
- ¿Y por eso... me has besado?- comento jadeando.
- Esa es parte del plan...
El rubio sonrió y todo su rostro se iluminó. Durante un breve lapso de tiempo tuvo una leve esperanza que las palabras del rubio fueran verdad y aún tuviera oportunidad de cancelar aquella maldita boda. Sin dar tiempo a que el rubio siguiera hablando le sujetó de la mano y lo llevó dentro de la habitación. Cerro todas las ventanas, corrió las cortinas y cerró las puertas. Antes de cerrar la que daba al pasillo se aseguró que no hubiera nadie. Cundo pasó la llave miró al rubio...
- Cuéntamelo...
- ¿Estás dispuesta a ponerle los cuernos a Gaara?- preguntó muy serio.
- ¿Más de los que ya tiene?- bromeó.
- Entonces escucha con atención...
continuará...
