¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO! Espero que en éstas fechas todos sus deseos se cumplan y que pasen momento de felicidad y amor. Y beban mucho... pero con cuidado jajajaj.

Aquí estoy con el capitulo navideño y pre-final. Seguramente le quede un capitulo más. Así que espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo. ¡GRACIAS! por seguirme hasta aquí y or los reviews (Tendré que cambiar mi monologo... no veo otra opción u-u). En fin, espero que disfruten y pacen unas felices fiestas.

CIAOOOL~~

15- Arena:

El dicho aquel que dice "Después de la tormenta siempre viene la calma" se puede leer en dos sentidos. En el positivo; después de todo lo malo siempre vendrá algo bueno. El negativo: Después de la calma SIEMPRE viene la tormenta. Que todo va bien durante un rato, pero después vendrá algo aún peor.

Aquel dicho se le pasaba por la cabeza a Hinata una y otra vez, a cada hora a cada segundo y no había ningún minuto que la desgracia le aterrara. Sabía que aquello podía cumplirse, uno nunca sabía cuando lo malo iba a caer, tan sólo se debía estar preparado para cuando llegara. Y ella lo estaba poniendo en práctica. A decir verdad su vida era maravillosa. Claro, siempre poniendo los parentecis ahí donde fueran necesarios. Con su familia todo seguía igual que siempre. Su padre le sonreía siempre que hiciera lo que él deseara, su hermana pequeña la idolatraba y el fantasma omnipresente de su madre tan sólo le gritaba que fuera feliz. Aunque ella sabía que su felicidad estaba a días de distancia de ahí. Por otra parte la familia Uzumaki cuidaba de ella como si fuera su propia hija. La idea de unir las dos familias había creado tanta felicidad para la aldea que decir que ese matrimonio iba a ir mal era una palabra tabú. En parte la gente lo pensaba puesto que sus paseos matutinos siempre se acortaban hasta la tienda de Ino, dónde el rubio se quedaba para visitar a su verdadera novia. Ella había aceptado absolutamente todo respecto al tema del falso matrimonio y hacía todo lo posible para no sentir celos cada vez que Naruto besaba a Hinata en público o hacían alguna muestra de amor falso. Por lo tanto los tres se estaban esforzando al máximo...

- ¿Cuánto va a durar esto?- preguntó Ino una tarde cuando solo estaban ellas dos en la tienda.-¿Un año?¿Dos?- Hinata bajo la cabeza y ordenó un ramo de Camelias.- ¡Hinata!

- No lo sé Ino...-contestó sin energías.- Tan sólo tengo que esperar...

- ¡Ahora no eres sólo tú!

Y sin decir nada más abandonó la tienda dejando sola a Hinata y con algunos clientes que rondaban por las mesas y flores. Sin rechistar atendió a todas las personas tomando el puesto de Ino. Sonriendo y ordenando los pedidos. Así estuvo hasta la hora del cierre de la tienda. Aquella noche la luna estaba grande y llena en lo alto del cielo. El frío invernal cubría todo y los árboles apenas tenías hojas para protegerse del frío. Dio la vuelta sobre sus talones para contemplar el astro madre, sonrió y recordó los días de Luna en la Arena. Aquello siempre indicaba una noche acompañada con Gaara. Sintió durante un minuto los labios de él sobre los suyos, sus caricias y incluso su cerebro pudo reproducir la voz de él con máxima claridad. Hacer eso le costó un buen apretón en el corazón y estaba segura que unos sueños llenos de pesadilla. Se llenó de aire los pulmones y volvió a girar para cerrar la verja. Alzó los brazos y la comenzó a cerrar cuando un susurró le comenzó a sonar por el aire. Intentó girarse pero estaba congelada, a su alrededor se había formado una pequeña capa de Arena, tan fina que no se podría ver y tan sólo sentir...

- Gaara...-gimió y se dio la vuelta de golpe, intentando encontrar los ojos verdes de él, su cabello rojo, su piel pálida o su voz. - ¿¡Dónde estás!- gritó, pero nadie le contestó.

Bajó la cabeza para mirar el suelo que habían pequeños granos de arena, se agachó y cogió un trozo y se lo puso en la palma de la mano. Intentó que las lágrimas no le salieran de los ojos, pero aquello había sido demasiado. Tener alucinaciones de su amor era ya pasarse de la ralla. Aguantó las lágrimas con mucha fuerza, pero nuevamente una brisa fría trajo consigo más granos de arena que se enrrollaban en su cuerpo. Como si fuera un abrazo o como si la quisieran proteger. Era un fenómeno extraño, pero lo suficiente bonito para que se sintiera un poco más cerca de su amado.

- Gaara...-volvió a gemir y dejó que amargas lágrimas le corrieran por toda la cara y mejillas.

En posición fetal estuvo tanto rato que cuando se levantó las articulaciones le crujieron. Cuando levantó la vista delante de ella se encontraba la rubia, con los ojos rojos y el rimel corrido. No tenía un aspecto muy atractivo, más bien bastante patético. Pero Hinata se guardó sus comentarios para ella. No necesitaba que la novia de su cómplice estuvieran en contra de ella.

- Perdón...-susurró la rubia mientras bajaba la cabeza apenada.- Me sobrepasé...- explicó con un hilo de voz.- Tú... eres la que lo está pasando peor... tú...y Naruto.

- No me pidas disculpas Ino.- sonrió y se acercó a ella apartándole las lágrimas de los ojos y limpiando un poco el maquillaje.- Te comprendo... es duro también para ti.

Sin decir nada más Hinata se despidió de la rubia y siguió su camino hasta su palacio.

Al llegar y ver todas las luces encendidas, comprendió que su padre la estaría esperando despierto para hablarse sobre algún tema que a ella no le interesaría demasiado o por ende le debía interesar en nombre de la farsa. Apretó los puños a cada lado de su cuerpo y entró al jardín, donde las múltiples cámaras de seguridad le apuntaron y siguieron hasta llegar a la puerta. Una de las criadas le abrió la puerta y le miró con tristeza. Esa era una señal para ella. Le pidió a la muchacha que le informara a su padre que no se encontraba muy bien y que se iría a su habitación a descansar. La criada aceptó la orden y dejó que Hinata se marchara por las escaleras. Al llegar a su habitación dejó tirado el bolso y se acercó hasta las puertas del balcón. Las abrió y se sentó en una de las sillas blancas. La luna aún estaba grande, brillante y hermosa. Sonrió apenada mientras pequeñas lágrimas volvían a correr de sus ojos. Cerró los ojos y se imaginó estar junto a Gaara. Cuando toda su visión se tornó negra ocurrió algo realmente mágico... nunca llegó a saber si era por la necesidad física de un abrazo o que fue de verdad... Sintió como si unos largos y gruesos brazos le rodearan la cintura, como si unos labios le besaran en el cuello y como una voz que le susurraba al oído "Esperame". Dejó los ojos cerrados disfrutando de la extraña fantasía un largo rato hasta que las puertas de su habitación se abrieron de forma ensordecedora y su magia se rompió. Al abrir los ojos una fina capa de arena la estaba envolviendo y cuando el intruso entró al balcón la hilera se desvaneció en pequeños fragmentos...

- ¿¡Por qué no has ido a hablar conmigo!- bramo Hiashi enojado y con una fusta en la mano. Hinata tuvo un desagradable recuerdo con ese objeto.

Su primera reacción fue aplastarse contra la pared. Se dio cuenta tarde que estaba sentada en una silla ya que cuando se aplastó contra la pared tan sólo sintió un frío aire y luego como la silla daba un vuelco y caía al suelo encima suya. Cuando sus nalgas dieron contra la fría superficie escuchó un "crac" y entendió que algo en sus extremidades se había roto. Tirada en el suelo, con el corazón temblándole y con los ojos dilatados en pánico miró a su padre deseando que alguien le salvara... tenía la extraña sensación que de ahí no iba a salir bien parada...

Cuando abrió los ojos estaba en una extraña habitación, sin ninguna duda no era la suya. Todo estaba pintado de blanco y en las paredes habían extraños cuadros de forma amorfa, en el aire se respiraba un perfume extraño y en su oreja pitaba algo realmente molesto. Movió la cadera y sintió como si algo le quemara, se quitó las sabanas y vio como tenía parte del abdomen, brazos y muslos pequeña vendas blancas con una mancha verde. El instinto básico le decía que se lo tocara, pero comprendió que si lo hacía el dolor sería mucho peor y más doloroso, por lo que opto por no tocarlo. Aún con dolor en el cuerpo se volvió a acostar y miró con ojo crítico el recinto donde la tenían encerrada. No fue antes de que entrara una mujer vestida de blanco que se enteró en dónde estaba. La enfermera o auxiliar se acercó a ella y le acarició la cabeza con pena...

- Pobre niña...-susurró sin parar de sobarle la cabeza.

- Perdone... ¿Qué ha pasado?- quiso saber aún desorientada.

El rostro de la mujer no cambió mucho, suspiró y comenzó a hacer su labor sin decir mucho más. Hinata intentó recordar lo ocurrido horas antes de quedarse inconsciente: Estaba en el balcón, observando la Luna cuando algo parecido a una alucinación le comenzó a sobar y a susurrar. Luego su padre entró en el balcón con una fusta, se cayó al suelo rompiéndose algo y después todo se volvió negro. Antes de que sus recuerdos se volvieran oscuros recordó como si uno de los granos de arena que se le había quedado impregnado en la ropa se levantara intentando interponiendoce en el golpe... luego todo se volvió negro.

Durante todo el día estuvo sola, encerrada en esa habitación, sintiendo que algo iba mal o que algo iba muy bien. Miró su cuerpo lleno de heridas y supo que su padre si que le había logrado pegar, pero no lo suficiente para dejarle muy mal para ir al hospital, pero ahí estaba ella. Cansada de intentar entender lo ocurrido cerró los ojos intentando dormir. Había logrado entrar en la inconsciencia cuando la puerta de su habitación se abrió y dos enfermeras entraron. No se molestó en abrir los ojos y siguió durmiendo o intentar hacerlo. Las intrusas suspiraron y comenzaron a revolotear por su lado haciendo algo que a ella no le importó.

- Pobre muchacha...-susurró una de ella.

- ¿Qué le podemos decir?- quiso saber la otra. Aquella conversación le interesó puesto que era sobre las lagunas que tenía. Mantuvo los ojos cerrados pero agudizó el oído.

- No se, pero sin ninguna duda si ese joven no le hubiera traído no sabría que habría pasado con ella.

- Hablando de ese joven...- murmuro la otra.- Era bastante atractivo y su rostro me sonaba de algo... pero ¿de qué era?

Ambas enfermeras siguieron hablando sobre el muchacho desconocido como si fuera una estrella de cine. En ningún momento dieron una descripción física para que Hinata pudiera reconocerlo, pero a cada palabra que iba diciendo su corazón se iba acelerando poco a poco...

- ¡Ya me acuerdo- exclamó una de ella.

- ¿De qué?

- De el nombre del chico..

- ¿A sí cuál era?

- Gaara

Y las lágrimas comenzaron a desbordarle de los ojos cerrados de Hinata, una tras otra...


¡muaja! Es un poco más largo... MUAJAJAJAJAJA! Vaya horas de que me saliera largo. En fin.. ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO. BYEE