Disclaimer: Ichigo y compañía son propiedad de Tite Kubo.
Nota: Byakuya es sexy y puede despedazarme con Senbonzakura que seré feliz —tenía que escribirlo.
Pastillita Dos
"Charlas"
Aprovechando que la visita a la casa de su hermano se había extendido por dos días más, Rukia decidió asistir a la reunión de la asociación de mujeres shinigamis —al fin y al cabo esta se desarrollaba en un escondrijo de la mansión Kuchiki—. Ya llevaban cuarenta minutos debatiendo sobre un tema cuando Rangiku propuso un descanso y acercándose a la morena comenzó a charlar con ella.
—¿Cómo vas con Kurosaki? —preguntó la rubia teniente de la décima división.
—Como todo matrimonio —respondió Rukia—. Justo antes de salir de Karakura tuvimos una discusión porque él no quería venir.
—¿Por qué? —inquirió extrañada Matsumoto.
—Al parecer le tiene manía a Nii-sama —aseguró la menuda shinigami.
—Conociendo al capitán Kuchiki, ¿no será al revés?... —preguntó Matsumoto y continuó—… ¿Y cómo lo convenciste?
—Con un poco de persuasión femenina. Me sirvió de mucho la charla que tuvimos en la reunión anterior.
—Sabía que serviría —exclamó emocionada la teniente—. ¿No les dije que serviría? —les preguntó a las demás participantes de la reunión.
Estas, que se encontraban haciendo otras cosas, voltearon la mirada hacia Rukia y Rangiku ante las palabras de la última.
—¿El qué? —interrogó Ise Nanao.
Kiyone, Nemu y Yachiru aguardaron atentas la respuesta.
—La charla de persuasión femenina.
—Yo lo intente con el capitán Kyôraku y no evitó que se largara a beber sake y olvidara el trabajo —respondió un tanto ceñuda Nanao.
—¿Qué usaste para persuadirlo? —Matsumoto no entendía como Nanao había fallado teniendo tantas chances.
—Le dije que incineraría su capa floreada. Eso sólo logró que se pusiera más pesado y dijera que podía quedarme con ella, que él tenía veinte capas más —explicó Ise con un poco de escalofríos al recordar lo demás—. Y amenazó con darme un muñeco a su medida para acompañar la capa.
Las demás la miraron poco sorprendidas. Ya estaban acostumbrándose a las excentricidades del capitán de la octava división. También elevaron una pequeña oración por el desgraciado capitán, seguro que Nanao lo zurró por su osadía.
Matsumoto pasó olímpicamente de la respuesta de Nanao y aprovechando que tenía la atención de todas las presentes procedió a hacerle una pregunta a Rukia.
—Y dinos, Rukia… —habló Matsumoto—: ¿Kurosaki es tan grande como parece?
Ante la pregunta indiscreta de la teniente, Rukia se atragantó con el té que estaba bebiendo, Kiyone se puso de los mil colores y Nanao, olvidándose de lo que estaba diciendo, las miró con las mejillas coloreadas mientras se acomodaba los lentes con el índice.
Nemu siguió imperturbable como siempre, y la presidenta del club, Yachiru, continuó comiendo sus golosinas sin entender nada.
La Kuchiki, después de dejar la taza sobre la mesa y usar una servilleta para limpiar los estragos, se puso a pensar de manera frenética una respuesta a la interrogante de la rubia. Sabía lo insistente que ésta podía ser, así que no le quedaba más que responder de alguna manera.
—¿Grande? —Rukia decidió hacerse la desentendida para ganar tiempo.
—Ya sabes —respondió Rangiku con una sonrisita—. Kurosaki tiene a la vista todo grande: sus manos, su cuerpo, sus pies y…
—Su zanpakutô —aportó Yachiru mientras desenvolvía una paleta.
—Exacto. Así que Rukia —prosiguió Matsumoto dispuesta a obtener una respuesta—: ¿Kurosaki tiene todo lo que no esta a la vista así de grande como su Zangetsu?
—Bueno…verás…él… —a Rukia no le salían las palabras.
—Vamos, Rukia, aquí estamos sólo mujeres —la animó Rangiku—, puedes hablar en confianza.
—Pero aun así yo…—y al ver las caras de interesadas de todas aguardando la respuesta, se rindió. Sabía que no saldría de ahí hasta soltarlo todo, así que habló.
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Ichigo andaba buscando a su esposa por toda la mansión, le habían dicho que Rukia se había ido a cierta reunión y estaba tratando de hallarla recorriéndolo todo. Ya venía siendo tiempo de que se fueran y no veía la hora de poder regresar a su pacífica vida en el departamento de ambos.
Bueno, pacífico no era un término que podía atribuirse a la vida de ambos. Pero el punto era que el departamento les pertenecía y ahí podían hacer lo que quisieran. Nada de insomnios, nada de no poder moverse porque su cuñadito podría entrar a la habitación de ambos con Senbonzakura lista y afilada.
¡Uy! Ese último pensamiento le causaba escalofríos, no entendía cómo Rukia no se daba cuenta de las miraditas que le lanzaba Byakuya. Aunque ya no eran tantas como antes, y sobre todo había dejado de llevar la mano a la empuñadura de su zanpakutô cada vez que le hablaba.
Y hablando del demonio, ahí venía por delante. Joder, no había forma de huir.
—Kurosaki —saludó fríamente el noble.
—Byakuya —respondió Ichigo. Le tenía cierto temorcito, pero no se amilanaría.
—Capitán Kuchiki para ti, mocoso —espetó Byakuya—. ¿Qué haces aquí?
—Estaba buscando a Rukia y… —Ichigo se detuvo al ver a la morena acercarse hacia ellos en compañía de otras shinigamis.
El Kuchiki, viendo con quienes venía Rukia, soltó una maldición para sus adentros, ya se imaginaba qué habían estado haciendo. Y como no quería escuchar sus ridículas excusas de por qué habían invadido otra vez su mansión, procedió a usar su shunpo para desaparecer. Ya se encargaría más tarde de destruir el nuevo escondrijo de esas comadrejas.
Rukia aún estaba un poco avergonzada por todo lo que tuvo que contar. Creía que se podía salvar utilizando el pretexto de Yachiru y sus oídos no aptos para esa conversación, pero Nemu tenía que intervenir sacando una bolsa de dulces y lanzándola lejos para que la presidenta del club corriera como perro de caza detrás de ella. Esto selló su destino y tuvo que responder todas las preguntas de Rangiku.
Por suerte, ya estaba a unos pasos de llegar con Ichigo, para irse rápidamente de ahí.
—Chicas —las saludó Ichigo una vez estuvieron cerca. No entendía por qué Byakuya se había ido, pero vaya que lo agradecía.
—Kurosaki —le respondieron Kiyone, Nanao, Nemu y Rangiku. Yachiru aún no aparecía.
Estaban charlando de trivialidades y ya a punto de despedirse cuando el pelinaranja miró fijamente a Nemu. Ésta venia mirando casi desde el inicio de su conversación cierta parte de su anatomía y ya se sentía acosado.
Nemu, al percatarse de la mirada de Ichigo, alzó su vista y procedió a explicarse.
—Estoy pensando si es verdad lo que Rukia dijo sobre el Zangetsu de Kurosaki —aclaró con su cara de póquer.
Kurosaki puso cara de no entender nada, ¿qué tenía que ver su zanpakutô? Las demás shinigamis comenzaron a soltar risitas tontas y Rukia comenzó a jalar del brazo a su esposo para que se fueran inmediatamente.
Cuando ya estaban a una buena distancia, pudieron escuchar a Matsumoto gritar:
—¡Que disfrutes del mini Zangetsu, Rukia! —para después estallar en risas con las demás shinigamis.
Más tarde —en su departamento—, Rukia le explicaría a Ichigo lo del mini Zangetsu. Ocasionando que el shinigami sustituto se sintiera en un principio abochornado por la sinvergüencería de su mujercita, para acto seguido sentir su ego elevarse hasta la estratosfera... ¡Hombres!
Lo bueno fue que mini Zangetsu no la dejó dormir en toda la madrugada.
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FIN
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Nota mía:
Una reunión de chicas es muy peligrosa para algunos, una mente pervertida, como la de Matsumoto, es peor :3
Nos leemos.
