Disclaimer: Ichigo y compañía son propiedad de Tite Kubo.

Nota: Urahara Kisuke tiene una mirada sexy... ¿Pero si no le veo los ojos? te preguntarás... Bueno, eso lo hace sexy :)


Pastillita Cinco

"Pastel"


Se observaban midiéndose con la mirada; sentados frente a frente, aguardando a que el otro hiciera el primer movimiento para atacar. No había forma de que alguno se rindiera en esta contienda, estaban dispuestos a hacer lo que fuera con tal de ganar y quedarse con la última porción del tesoro que estaba sobre la mesa.

Nunca habían estado más concentrados en algo; sin pestañar incluso, para no perder detalle del otro. Si tenía que correr sangre… correría, pero antes, intentarían usar todas sus armas de persuasión para alzarse con la victoria y si tenían que comportarse como dos perros rabiosos… lo harían.

Ichigo hizo el primer movimiento, acerco sutilmente su mano al preciado tesoro sobre la mesa y cuando estaba a dos centímetros de alcanzarlo, Rukia bloqueó su movimiento con su propia mano.

Si el idiota creía que podía obtenerlo, estaba muy equivocado.

Ambos se clavaron la mirada nuevamente y con un gruñido de insatisfacción empezaron a recoger los brazos a sus costados. No habían pasado ni dos segundos cuando Rukia, en un ataque sorpresa, intentó hacerse con el tesoro. Ichigo logró con las justas impedirle ganar, elevando un lado de la pequeña mesa para procurar que el objeto codiciado de deslizara a un lado.

Si la enana creía que podía quedárselo, estaba muy equivocada.

Durante un minuto sólo se escuchó el tic tac del reloj cercano a ellos y el ambiente se fue espesando por la tensión generada por ambos. Ninguno dispuesto a que el otro se comiera el último pedazo de pastel que quedaba sobre la mesa.

La shinigami, viendo que no podría ganar por la fuerza, decidió usar otras armas. Se reclino en su asiento con un suspiro quedo ante la atenta mirada de Ichigo.

¿Qué se traería entre manos?, se preguntó inmediatamente el shinigami sustituto, porque no creía ni por un segundo que la enana se rindiera tan rápido.

Su pregunta fue respondida cuando Rukia, haciéndose la inocentona, se movió imperceptiblemente hacia un lado logrando que la bata que vestía se deslizara unos centímetros por el hombro derecho.

¿Así que la muy maldita creía que podía ganar con una táctica tan sucia? chilló coléricamente la voz interna de Kurosaki; bueno, normalmente siempre se salía con la suya, pero esta vez se juró solemnemente que no. No se dejaría.

Rukia lo miró y se percató de la determinación en la cara de Ichigo, ¿Así que no quería caer en su treta? Oh, bueno, seguiría por ese caminito para ver cuánto duraba su esposo.

La morena empezó a abanicarse con la mano izquierda el rostro.

—¿Pero qué calor hace, no? —preguntó sin dejar de abanicarse.

—No tengo calor —respondió secamente el shinigami,

—¿No?... Yo sí tengo —y continuó—, por eso, ni bien llegué del trabajo me fui directa a darme un baño, incluso no me quise poner más ropa.

—No tengo calor —volvió a repetir evasivamente Kurosaki.

—Algo anda mal en ti —respondió Rukia y decidió ser más audaz, llevo su mano al escote de la bata y lo abrió unos centímetros para empezar a abanicarse la zona descubierta.

—No tengo ca-calor —Kurosaki valientemente intentó sonar normal a pesar de trabarse en la última palabra.

Fatal error el tartamudeo final, la Kuchiki se regodeó en su victoria cercana y decidió seguir. De manera descarada cruzó los brazos bajo los pechos y logró que estos se alzaran y el escote se abriera más. Vamos, que toda mujer, por más que tuviera los pechos pequeños, sabía cómo lucirlos.

Ichigo era hombre, y como todo hombre, su cuerpo reaccionó como se esperaba. Sus pobres hormones empezaron a calentarse y su cerebro mando un orden directa a sus ojitos de no perderse el espectáculo frente a él. Es decir, mirada directa a los pechos de su esposa.

Pasados unos segundos interminables, pudo apartar la vista y subirla a los ojos burlones de Rukia.

—Eres una sinvergüenza —le soltó ceñudo, mientras internamente se repetía no bajes la mirada, no bajes la mirada

—¿Yo? ¿Por qué? —preguntó la morena, alzándose de hombros y logrando exponer más carne.

—¡Tramposa pervertida! —gritó Kurosaki y prosiguió— Puedes quedarte con el cochino pastel de chocolate, ya no lo quiero.

Y se levantó dispuesto a no hablarle en lo quedaba de día, castigándola con el látigo de su indiferencia, aunque antes debía ir a darse un baño.

Ichigo no dio ni tres pasos cuando Rukia se arrepintió y decidió ser buena.

—Ya, Ichigo, pero en verdad quería el último pedazo de pastel —una idea tomo forma en su cerebro y soltó—. Además tengo un disfraz.

—¿Un disfraz? —preguntó desconcertado el shinigami sustituto.

—Ishida vino hoy a la tienda y me encargo algunos disfraces. Como entre ellos estaba el de una maestra, decidí traerlo a casa; ya sabes, por la última película que vimos.

Una sonrisa pervertida —digna de un hijo de Isshin Kurosaki— se extendió por el rostro de Ichigo y con los ojos brillantes le dijo a su esposa:

—Perdonada, pero trae el pastel de chocolate también.

Así, el par de esposos pervertidos decidieron jugar a la maestra mala y el alumno castigado, practicando lo aprendido en la última película que vieron en el cine. Total, al día siguiente era domingo y tenían el día libre.

¿Y el pastel? ¡Vaya que sirvió!

ΘΘΘΘΘΘΘΘΘΘΘΘ

FIN

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Nota mía:

Chiquitito por falta de tiempo y no hay nada que hacerle, sigo encaminada por el caminito de la perversión…

Nos leemos.