I. Tengo un destino
(Catorce años después...)
- Louise! – gritaba una mujer, que llevaba un cubo lleno de agua en cada mano.
De detrás de una casa del pueblo apareció un niño de unos seis años. Tenía la cara, las manos y los pies sucios de tierra. Llevaba el pelo negro despeinado, y en sus ojos marrones oscuros se podía ver una chispa de vitalidad.
- Estoy aquí, madre!
- Donde están tus hermanos Jeremy y Jeanne¿
- Jeremy está ayudando a padre con el huerto, y Jeanne me parece que se ha acercado a la iglesia...
- A la iglesia! Pero si fue hace dos días! – exclamó la mujer, cuyo nombre era Isabelle.
Como respuesta, Louise se encogió de hombros.
- Es lo que me dijo... así que sacará las ovejas un poco más tarde.
Isabelle suspiró
- Anda, hijo, ven y ayúdame a hacer pan.
(En la iglesia del pueblo...)
- Padre, siento haber venido con estas prisas, pero necesito librarme de mis pecados... – susurró Jeanne con la vista fija en el suelo.
Estaba arrodillada en el confesionario. Se deshizo del moño que llevaba, haciendo que su largo cabello marrón con reflejos dorados cayera suavemente por su espalda... Dentro de la oscuridad del confesionario, a parte de su pelo, destacaban sus rosadas mejillas. Lentamente, levantó sus hermosos ojos azules hacia la parte donde se encontraba el sacerdote. Oyó que este suspiraba.
- Vamos a ver Jeanne... que pecado de tal envergadura has cometido para que no puedas esperar unos días más al perdón de Dios? Has matado a alguien? Has deseado a un hombre casado? a una mujer, quizá?
Jeanne abrió los ojos como platos
- No, no señor! Nunca se me ocurriría cometer tal cosa!
- Entonces...¿
- Ayer fui al mercado a comprar y, en medio de toda la gente, había dos niños pequeños de la edad de mi hermano pequeño Louise, que miraban sin pestañear una manzana que estaba enuna parada de fruta. Me pareció recordar que son huérfanos que vivían en el orfanato que cerró hace poco, y ahora estaban por la calle. Yo no tenía dinero, así que robé las dos manzanas para dárselas a los niños...
- Robar es una cosa que está mal hecha, pero en ese caso tú lo hacías para ayudar a unos pobres niños...
- Sí, padre, pero no por eso robar deja de ser pecado – loe cortó ella – Es por eso que esta noche no he podido dormir...
- Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amén.
- Amén – susurró Jeanne – Gracias padre!
Se levantó precipitadamente, sintiendo como desaparecía un peso de su corazón. Se disponía a salir, cuando el sacerdote la paró...
- Jeanne... tu devoción hacia Dios es grande... te has planteado dedicarle toda la vida? Ser una servidora de Dios?
- No lo se padre... lo meditaré – sonrió y se fue corriendo.
"Como tarde un poco más, padre y madre me van a matar..." – pensaba Jeanne, mientras corría con todas sus fuerzas. Debía sacar las ovejas, o las pobres pasarían hambre. De repente, sintió como alguien la cogía del brazo, haciéndola así parar.
- Buenos días, Jeanne... – susurró una voz conocida
- Buenos días, Rémy – Jeanne forzó una sonrisa.
No le gustaba nada aquel chico de largo cabello dorado rozando al blanco y ojos oscuros, haciendo una rara combinación, que hasta a ella le resultaba atractiva. Lo peor era su carácter: la forma tan arrogante y superior como decía o pedía las cosas, su chulería al andar y esos aires de importante que se daba. Aunque importante si lo era... su padre era mercader y tenía mucho dinero. Pero eso no le daba permiso para ir paseándose como si fuera el dueño del pueblo. Pero debía hacer un esfuerzo: madre le había dicho que debía ser una chica fina y educada...
- Te he visto salir de la iglesia... Vienes de allí? Pero si hoy no toca ir... – dijo Rémy, acercándosele un poco.
- Tenía un asunto pendiente con el padre, me tenía que confesar. Además, nunca viene mal ir a la Iglesia... – replicó ella, fríamente, alejándosela distancia que él se habíaacercadoDespués intentó que su voz sonara amable – Y ahora, si me disculpas, tengo que sacar a las ovejas.
Hizo un intento de soltarse del brazo del chico, pero Rémy aun no había terminado...
- Vaya, tenemos aquí a una gran pecadora... y que has hecho esta vez, Jeanne? Pensamientos impuros? – le susurró a la oreja en tono seductor - Conmigo quizá?
Ella sintió como la rabia la envolvía de pies a cabeza. Con ese chico no se podía ser una dama. Cogió la muñeca de la mano de Rémy que le sujetaba, y la apretó con fuerza, hasta que le soltó el brazo. Después lo miró fijamente a los ojos, le sacó la lengua y le dijo:
- Déjame en paz y ve a tirarle los tejos a otra!
Vio como Rémy sonreía y, sin decir nada, se iba. Jeanne sonrió triunfalmente, pensando que así la dejaría un tiempo tranquila, pero esa sonrisa se borró de su cara justo cuando se giró y se encontró con la mirada iracunda de su madre:
- Jeanne d'Arc! Cuantas veces tengo que decirte que una dama no tiene esos modales!
- Pero, madre... él...– susurró ella
- Nada de peros! Si algún día quieres casarte, deberías cuidar tu forma de hablar y todo... Y Rémy no es un mal candidato, es rico y te aseguraría una vida fácil...
- Madre! – la cortó – Antes monja que con ese... ese... ése! – le gritó Jeanne, harta de siempre la misma conversación.
- Lo se, lo se – dijo Isabelle rápidamente, para apaciguar a si hija – Yo solo lo insinuaba. Ya has visitado al padre? – ella asintió con la cabeza – Ahora debes sacar a las ovejas. Apresúrate, debes estar en casa a la hora de cenar.
Jeanne volvió a asentir y se fue corriendo. Por suerte, Rémy no la volvió a molestar y pudo llegar hasta casa y sacar las ovejas con tranquilidad. Siempre las llevaba a un prado lleno de hierba muy verde y fresca. Aunque estuviera un poco lejos, sabía que ellas lo tenían en cuenta y se lo agradecían... a su manera, claro, pero Jeanne sabía seguro que lo notaban. Además, nunca le había aparecido ningún lobo por allí, lo que era todo una suerte. Y como era un lugar bastante aislado podía hablar con Dios. Sentía que era a él directamente a quien le podía confiar todo: sus penas, sus alegrías, sus dudas, sus más profundos secretos... sin esperar que contestara. Le bastaba sabiendo con toda certeza que Dios la estaba escuchando. Como siempre, después de pasar un rato junto las ovejas, se fue unos metros de ellas para estar sola y tener paz y tranquilidad. Se arrodilló en el suelo, juntó las manos, entrelazando sus dedos y cerró los ojos.
- Querido Dios... no guardo ningún tipo de rencor en mi corazón, e intento ser buena con todos... pero eso no implica dejarme hacer esto por parte de Rémy! Creo que he obrado bien, porque ser justa no siempre es ser buena. Aunque perdona por si he hecho algo de lo que puedas arrepentirte... – Jeanne bajó un poco la cabeza – porque lo que no querría por nada de este mundo, ni del cielo, ni del infierno es que tú te enfadaras conmigo... – negó con la cabeza entusiasmada mente.
Luego se quedó un momento quieta. Entonces levantó la vista al cielo, a la vez que abría los ojos
- Yo... había pensado seriamente lo de hacerme monja. Se que me será algo difícil al principio, soy una chica bastante activa, pero prometo que maduraré y me haré la monja más devota de todo el convento! Sin ofender a las otras claro. En cada cosa que hago inten...
- Intentas no apartarte de mi camino, lo sé, y es, esto es un gran orgullo para mí – dijo de repente una voz profunda
Jeanne se asustó mucho, ya que pensaba que estaba completamente sola. Dio un pequeño salto y miró a derecha e izquierda, a ver quien era la persona que la había estado espiando. Pero no había nadie. Con la voz algo temblorosa por fin consiguió preguntar:
- Quién hay ahí¿ Quién es la cruel persona que, escondida, se atreve a escuchar una conversación tan privada como esta¿
- El que habla no es otro que el que ha escuchado siempre, a quien has hablado cada día y cada noche desde que eras pequeña
Ella intentó adivinar de donde venía la voz, para descubrir en que sitio se escondía el bromista. Pero esa voz tan grave y suave, tan tranquilizante, no venía de ningún sitio y de todos a la vez. Era una sensación muy extraña... no podía ser...
- Dios? – preguntó, con los ojos fijos en el cielo, abiertos de par en par.
De repente, una suave luz iluminó la parte donde estaba Jeanne y un suave viento empezó a soplar. A ella le daba la sensación de que la estaba acariciando... sería como la mano de Dios¿
- Tu devoción me admira, pequeña. Nunca me lo imaginé, aún sabiendo quien eres – Jeanne no comprendía demasiado esas palabras... - Tu alma es muy pura... la más pura que hay en este mundo. Tú eres la elegida para sellar los demonios que hay en la tierra y llevar Francia a la victoria, Jeanne d'Arc!
Notas de la autora: Hola a todos, y perdón por haber tardado tanto en subir este capítulo... uf, esque entre los exámenes y todo me había despistado un poco... U. Este capítulo... creo que está bien, pero que le falta algo... mmmm... no se... y lo intento dejar así un poquitín colgado... Pero me gusta porque se ve un poco a Jeanne, una chica muy devota y con carácter, dispuesta a dar lo que fuera por Dios... sí, así es como me la imagino, con total confianza en él. Ahora el segundo capítulo está en proceso...
¡Ah,y por supuesto me encantaría recibir reviews con vuestras opiniones y todo... así a verque puedo mejorar y eso!
Y una última cosa... lo siento por los ingleses y esto, que he puesto aquí que el Demonio iba con ellos... No es nada personalU, pero como Jeanne D'Arc era francesa... UUUUU. Muchísimas gracias por leeros este fic!
Para Aroa Nehring: Muchísimas gracias por dejar un review! Wooo! Es el primero! Que ilusión! jeje Espero que hayas disfrutado con la continuación... Y sí, sí, sí! Noin por un tubo! (de KKJ mi preferido es Chiaki... pero a falta de él, Noin!) Bueno, aunque no aparecerá hasta el cuarto capítulo o así... más o menos... muchos besos!
KamikazeMaron
"Si los deseos se cumplieran... si los milagros ocurrieran con tanta facilidad... entonces no habría obstáculos que superar. ¿No es eso lo que queriáis que entendiéramos?"
