II. El enviado divino


- Yo¿ Pero... por qué yo¿ Nunca he luchado con armas... no comprendo...

En este momento, Jeanne estaba completamente segura de que con quien estaba hablando era Dios, y que no era ninguna imaginación producto de su mente. No sabía bien porque, pero esa tranquilidad y seguridad que su voz le transmitía y el suave viento que había empezado a soplar... no podía ser solo una casualidad.

- Tranquila, ten fe en mí. Pero es demasiado largo de explicar, y no tenemos todo el tiempo del mundo. El Cielo y el Infierno estamos en medio de una guerra muy importante, aunque vosotros los humanos no os deis cuenta... te enviaré a alguien para que te enseñe tu misión. No temas, nunca vas a estar sola... siempre estaré contigo, pequeña – ese suave viento había empezado a jugar con su cabello.
- Confío en ti, Señor, y tanto mi cuerpo como mi alma están a tu servicio... desde este momento, me entrego completamente a ti! – afirmó Jeanne, con seguridad, cerrando los ojos y cogiéndose el medallón con la cruz que llevaba en el pecho

El rayo de luz se cerró y el viento sopló bastante fuerte por un momento, para luego desaparecer. Solo fue entonces cuando Jeanne abrió los ojos lentamente, y se preguntó si al fin y al cabo, no había sido todo un sueño. Eso no lo sabría hasta que no viera el enviado que le tenía que instruir...
"Seguramente será un ángel muy alto, musculoso y con muchos poderes. Cada día me entrenará muy duro... lo que no se es como lo haré para que no le vean mis padres..." – pensaba ella, algo preocupada, mientras volvía hacia donde estaban las ovejas. Se sentó al pie de un árbol y, mientras acariciaba una pequeña ovejita que había nacido apenas hacía dos semanas, seguía dándole vueltas a lo que le acababa de pasar, esperando con impaciencia aquel enviado, imaginando como sería y todas las cosas maravillosas que podría hacer, y que quizá ella aprendería a hacer, aunque no pretendía compararse con un ángel... A parte de esto, muchas dudas y temores asaltaban su cabeza y corazón.
Pasaron las horas. El momento de volver a casa había llegado, pero el ángel aún no estaba allí. Jeanne suspiró. Ahora mismo le hubiera gustado reírse de ella misma por haber tenido un sueño tan irreal: ella una enviada de Dios? No... ella nunca sería nada más que una simple chica de una humilde familia francesa que vivía en un pequeño pueblo francés. En el mejor de los casos, o se haría monja, o se casaría con Rémy... Pero había algo que no sabía explicar que era que le repetía una y otra vez que debía tener fe, que ese enviado podría haber tenido algún problema, que el Señor la estaba poniendo a prueba... Volvió a suspirar, mientras se levantaba del lugar donde había restado sentada. Era hora de volver a casa.
Cuando llegó ya estaba oscureciendo. La comida estaba en la mesa, y toda su familia también. Se disculpó por llegar tan tarde y se sentó de prisa, mientras escuchaba refunfuñar a su madre que esos no eran modales para una chica. Louise bendijo la mesa, y todos empezaron a comer. Jeanne no tenía demasiadas ganas de hablar, lo que sus padres y su hermano mediano notaron, ya que normalmente se pasaba toda la cena discutiendo con su hermano Jeremy o con su madre, empeñada en buscarle un futuro mejor.

- Y entonces, me encontré con Rémy, el amigo de Jeanne – el único que no parecía darse cuenta de la situación fue Louise, que hablaba tan despreocupadamente como siempre – Y me regaló un poco de pan. "Eres un buen chico" – me dijo – "Dale recuerdos a tu familia y a tu hermana de mi parte". Su hermana mayor también me daba algo de comer, a veces, lástima que se fuera del pueblo...
- Lo ves? – dijo Isabelle, mirando como su hija se comía el pan desganada – No se de que te quejas tanto, Rémy es un buen chico, lo que pasa es que le tienes está manía y...

Jeanne le lanzó una mirada fulminante, por lo que su padre se apresuró a poner paz, pese que pensaba igual que su mujer

- Venga, en lugar de pelearos deberíais comer, y dar gracias a dios por todos estos alimentos, como bien lo ha hecho Louise antes
- Pero...

Se quejaron madre e hija a la vez. Ambas eran igual de testarudas y querían quedarse con la última palabra. Jacques d'Arc solo tubo que levantar la mano para que, automáticamente, las dos callaran y siguieran comiendo, ahora en un completo silencio

- Así lo deberíamos hacer cada día, como en los monasterios... – susurró él, llevándose un trozo de pan a la boca.

Inmediatamente después de cenar y recoger la mesa, Jeanne se fue a fuera. Sabía que con una casa tan pequeña no encontraría ningún lugar "suyo", para ella sola, algo que anhelaba muchas veces. Se sentó encima de una piedra, cerca de su pequeño hogar, y contempló las demás casas del pueblo. Todas tenían alguna luz encendida. No pudo evitar fijarse en la de Rémy, mientras encogía los pies y apoyaba su cabeza en sus rodillas. Era la más rica de todo el pueblo, sin contar el castillo, claro. Ladeó un poco la cabeza. Si iba con él, tendría una vida fácil. Además, era un chico atractivo, y se había mostrado interesado en ella... ¿Cuál era el problema, entonces? El problema era que no hacía más que pensar en tonterías! En ese momento le dieron ganas de gritar, gritar porque no sabía que hacer, gritar para deshacer el nudo que se le estaba formando en el cuello, gritar para hacer fuera todas las dudas que había en su cabeza y ver de una vez, cual era el camino adecuado. Pero no lo hizo, sabía que no debía hacerlo. Una mano se posó en su hombro, sacándola de sus pensamientos. Una mano grande y cálida, que sabía bien a quien pertenecía

- Jeanne... – susurró la voz baja de su padre
- Quiero estar sola – dijo ella, mirando fijamente en el horizonte

Jaques d'Arc, pero, no se dio por vencido y se sentó al lado de su hija. Él también podía ser muy testarudo

- Mira, hija, voy a serte sincero. Ya tienes una cierta edad. Cuando tu madre era como tú, ya estaba prometida conmigo... Así que como no hagas algo rápido va a ser demasiado tarde. Rémy...

Su hija iba a protestar al oír ese nombre, y lo que sabía que vendría a continuación, pero él la miró con autoridad, haciendo que automáticamente cerrara la boca.

- Rémy tiene dinero y con él podrías vivir sin problemas. Además, por el pueblo se rumorea que quizá a su padre le den un cargo en la corte... Te imaginas, Jeanne, vivir en la corte?

Ella se lo imaginaba. Volvió a fijar su vista en el pueblo, mientras recordaba un episodio vivido años atrás, cuando era pequeña. Del bosque salieron dos damas acompañadas por toda una escolta de caballeros. Las damas eran preciosas, como dos soles radiantes brillando en la oscuridad del pueblo. Una tenía el pelo rubio como los ángeles, recogido en una trenza, y era de piel muy blanca. Lucía un elegante vestido naranja con ornamentos preciosos. La otra era morena, con el pelo muy liso. Su vestido era más sencillo, pero era igual de bonito. Jeanne no pudo evitar sonreír levemente al recordar la ilusión inocente y pura que sintió al verlas y al imaginarse vestida con esos ricos ropajes.

- Pero esa no es la vida que se me ha asignado – susurró, con una voz débil
- Eso solo lo dirá el Señor

Su padre le acarició suavemente el pelo y la dejó para que reflexionara. Ella cerró unos minutos los ojos, pensando que sería lo mejor, que si todos los decían, sería porque tendrían razón...

- No, esa no es la vida que debes llevar – susurró suavemente la misma voz que había hablado con ella esa tarde, mientras el viento volvía a soplar.
No lo había imaginado, Dios le había hablado. Jeanne nunca se había sentido tan reconfortada, y dejó que esa suave brisa la envolviera, mientras habría los ojos. Entonces se fijó en un punto luminoso, una especie de luciérnaga que se dirigía hacia ella. Sonrió dulcemente y pensó que debía ser fuerte para hacer lo que ella quisiera sin importar lo que dijeran los demás. La luciérnaga cada vez se acercaba más, y a Jeanne le pareció que era de un tamaño demasiado grande para tratarse de un bichito que hacía luz. Pero cuando éste estuvo más cerca se percató de que no era una luciérnaga, si no una persona pequeña, que no medía más de un palmo, dotada con unas alas y rodeada de una cálida luz. Miró a esa cosa tan rara con los ojos como platos, sin poder mover ningún músculo de lo impresionada que estaba. A medida que eso se aproximaba, Jeanne podía ver cada vez más detalles que le sorprendían: su largo pelo negro, la fuerza de sus ojos marrones, los detalles de la túnica blanca que vestía... Aquél ser diminuto se paró delante de ella y la miró sonriendo.

- Hola Jeanne! Soy el ángel el prácticas Riru y se me ha asignado para ayudarte!

Ella abrió la boca repetidas veces, sin que ningún sonido saliera de ella. El ángel la miraba con una sonrisa paciente. Finalmente solo consiguió articular una palabra:

- ¿Cómo?


Comentarios de la autora: Holaaaaaaaaaaaaaaaa! Cuanto tiempo... perdonad por no haberlo colgado antes, pero esque hasta verano no me he podido dedicar a escribir, o ni por esas, porque estoy todo el día arriba y abajo. De hecho, solo me faltaban dos líneas para terminar el capítulo, y lo he hecho hoy mismo. Por cierto, seh, me gusta dejar los finales colgados xD. Ah, y perdonad, soy muy mala poniendo títulos... así que no se si el nombre del capítulo será muy acertado... pero como Jeanne se pasa medio capítulo esperando al enviado... lo importante es que al final aparece xD
Bueno, también me gustaría agradecer la paciencia que habéis tenido para esperar nosecuanto tiempo para leer el capítulo... gracias (cara llorando de alegría)
Espero que os haya gustado el capítulo. A mí no se... creo hay algo que me falla y no se que es. Vosotros que pensáis?
Por cierto, aquí aparece bastante esa relación Jeanne- Rémy... Una amiga se leyó el fic y dijo que le gustaría que Jeanne acabara con él, pero entonces... Noin que? Personalmente me gusta más la pareja Noin-Jeanne, pero la otra no me desagrada... Así que...

Encuesta: Con que pareja os quedáis? a) Jeanne-Noin b) Jeanne-Rémy

Ahora, a los que han dejado Reviews...

Para Irma Lair: Primero de todo, muchas gracias por dejar un Review! Muchas gracias por todo! Y he pensado en la posiblidad de que Noin esté celoso y todo... y me gusta xD. Pobre Noin... No, pero por otro lado, si Rémy está por ahí cuando Jeanne conoce a Noin y todo, también me servirá para otra cosa... (secreto de la autora - MUAJAJAJAJA) xD

Para Aroa Nehring: Muchísimas gracias wapa! te voy a hacer una escultura a la mejor seguidora del fic! xD jeje En serio, este último comentario que me dejaste me sirvió para quitarme la pereza y escribir las dos líneas que me faltaban. Muchísimas gracias por esperar que esta tortuga perezosa publique el capítulo xD.

Bueno, gracias por aguantar todo lo que he escrito de comentarios de la autora (que casi va a ser más largo que el capítulo xD - eso sí, me he quedado tranquila xD). Y gracias por leeros este fic

KamikazeMaron

"Alguien que dice amar tan fácilmente a otra persona... ¿Acaso no podría odiar con la misma facilidad?