III. La primera misión (2a parte)
Esa noche todos tardaron bastante en dormirse. Jeanne esperaba paciente, mientras recordaba todo lo que le había dicho su amigo Riru...
"El Demonio sabe quien eres y sabe que estás aquí, mas no ha obrado demasiado astutamente... a partir de ahora deberemos ir con más cuidado. Pero centrémonos en el caso. Esta vez la víctima ha sido al sacerdote del pueblo – Jeanne abrió los ojos como platos. ¿Cómo podía ser que el Demonio poseyera una persona tan dedicada a Dios como lo era él? El ángel advirtió su mirada – ya sabes que el Demonio posee la gente mediante objetos, y todas las personas tienen algún objeto querido... o guardan algún pecado en su interior... si no, no serían seres humanos. El objeto es un gran crucifijo que se encuentra en el altar. Cuando todos estén durmiendo tú y yo saldremos a encontrarnos con él en la iglesia"
Todo estaba claro, y no parecía excesivamente complicado, pero ella estaba terriblemente nerviosa. Ahora sentía más que nunca que no sabía nada. Todas esas supersticiones que le habían dicho sobre que Satanás temía a las cruces, no podía pisar tierra sagrada o tocar agua bendita se escurrían como el agua entre dos manos y se perdían.
Al fin, Jeanne oyó la respiración pausada y regular de todos los miembros de su familia, lo que le hizo suponer que ya estaban dormidos. Lentamente se levantó, intentando hacer el menor ruido posible. Era el inconveniente de no tener una casa grande: dormir los cinco en la misma habitación. Aguantó la respiración mientras sus pies desnudos saltaban cuidadosamente las piernas de sus hermanos. Hop-hop-hop-hop. Todas saltadas. No pudo evitar sonreír levemente, en señal de alivio, ya que ahora le quedaba lo más fácil. Pero entonces, al dar un paso al frente, tropezó con los pantalones de Louis y estuvo a punto de caer al suelo. Por suerte, logró mantener el equilibrio sin hacer el menor ruido. Notó como un sudor frío le caía por la frente e intentó salir de casa lo más rápido que pudo. Una vez fuera, se encontró con Riru, quien ya la esperaba des de hacía rato
- ¡Pero mira que
has tardado, eh? – bromeó, pero la chica no estaba por
bromas
- Venga, vamos ya...
- Primero...- Sí, sé
lo que tengo que decir... – Jeanne aclaró la voz para decir
las palabras que le había enseñado Riru, aún no
sabía bien para que. Cerró los ojos – Señor,
dame fuerzas...
Juntó las dos manos y entrelazó sus dedos. En ese mismo momento, sintió ese suave y mágico viento que ya había asociado a la presencia del Señor, y que le hacía sentirse reconfortada. Luego, sintió unas cosquillas en el estómago y la sensación de elevarse unos centímetros del suelo, como si estuviera volando. Solo duró un par de segundos, así que no estuvo muy segura si lo que había sentido era real o una simple sensación debido al momento que estaba viviendo. Cuando abrió los ojos encontró que su aspecto había cambiado: unas cintas decoraban y recogían su largo cabello, su camisa y su falda raídas se habían convertido en una camiseta arrapada a su cuerpo debajo de una de más ancha y larga muy cómoda y unas mallas, todo de un color blanco puro e impecable. En sus pies, antes descalzos, lucía dos botas del color del acero. Debían serlo, porque estaban frías como el metal. Mentira, eran de metal. Jeanne entendió porque el ángel la había hecho entrenarse con piedras en los pies. De su cuello colgaba un pequeño crucifijo dorado con las puntas y el centro de un color más oscuro. Sonrió y, al levantar la mirada, se encontró con Riru mirándola orgulloso:
- Éste va a ser tu uniforme siempre que salgas a cazar algún demonio – dijo, sonriendo
Jeanne no podía decir nada. Se sentía contenta, halagada y feliz, pero a la vez sentía que no tenía derecho a llevar ese traje y tenía miedo a decepcionar al Señor. Por otro lado, supo que el ángel había comprendido el brillo en su mirada y que las palabras sobraban. Cerró los ojos y en su rostro se esbozó una leva sonrisa
- Gracias, Señor... – susurró
Todavía estuvo unos instantes más sumida en la oscuridad, pensando, concentrándose, consciente que lo necesitaría cuando llegara el momento. Su compañero respetó ese momento, aunque estaba impaciente para que empezara la acción. En el momento en que la chica abrió los ojos, le sorprendió la seguridad que ella emanaba.
- Estoy preparaba, vamos.
Se dieron un abrazo y ella empezó a correr detrás del ángel, que la guiaba hacia la iglesia del pueblo. Para sorpresa de Jeanne, Riru se paró delante de la puerta principal de la iglesia. Ella se había imaginado que entrarían por la rectoría o por algún lateral. Con la mirada, interrogó a su compañero.
La iglesia no tiene ventanas laterales por donde se pueda entrar... son demasiado pequeñas para ti – le susurró él – he ido a investigar antes. Además, es más probable que el sacerdote esté en la rectoría y que se espere menos tu entrada por la puerta principal...
- Quieres decir... que me está esperando?
El ángel se limitó a encogerse de hombros
- No lo sé. El Demonio puede llegar a sorprendernos, igual que Dios
Jeanne tragó saliva, asintiendo con la cabeza y trató de tranquilizarse, como lo había hecho antes. Fue hacia la puerta de la iglesia, iluminada por la luz de la luna. Estaba cerrada, pero no con llave. Jeanne sabía que siempre estaba abierta, ya que era la casa del Señor y ésta nunca se cerraba a nadie. Aunque abrió lentamente la puerta, ésta era vieja e hizo mucho ruido. La chica se abstuvo de maldecir, aunque fuera por dentro. Entró dentro y se quedó quieta, estudiando cualquier posible movimiento. Miró a las naves laterales. Nada se movía, nada hacía ruido. Lenta y cuidadosamente, empezó a caminar hacia el altar. Pese que la única luz que recibía era la de la luna colándose por los pequeños agujeros de la pared que Jeanne dudaba que tuvieran la categoría de ventana, pudo distinguir la gran cruz brillante que había sobre la mesa..
Estaba ya a cuatro pasos de ella. Parecía que el padre François no estaba allí y que el Demonio no sabía donde se encontraba ella. Cogió el crucifijo que llevaba en el cuello y justo iba a decir las palabras que le había enseñado Riru cuando, de reojo, vio que algo se movía a su derecha. Hizo un rápido giro brusco hacia donde había visto el movimiento y se preparó para recibir el ataque.
- ¡Jeanne, cuidado!
Pese al aviso del ángel, la chica no pudo esquivar el placaje del sacerdote, hecho por detrás, a traición. Jeanne cayó encima del suelo frío y se dio un golpe en la cabeza con la pieza de madera que servía para poner las rodillas al arrodillarse, lo que hizo que se desorientara un poco. Cuando volvió a tener noción de donde estaba, se encontró con la cara del sacerdote bastante demacrada, como la de una persona que está enferma: la tez muy pálida, unas ojeras de un color violeta intenso debajo de los ojos y los pómulos hacia dentro, como si pasara hambre. Pero lo que más le asustó fueron los ojos con los que la miraba, inyectados en sangre y llenos de odio y cólera contenida. Ella lo miró horrorizada. Parecía increíble que una persona buena como lo era el padre François podía acabar convertido en aquello... La mano del sacerdote que iba directamente a su cara para arañarla le hizo reaccionar. Se movió un poco más abajo, justo para esquivar el golpe, aunque no se libró de un pequeño arañazo en la mejilla. Se disponía a dar una patada al padre cuando se vio incapaz de hacerlo. No podía pegar a una persona buena por el solo hecho que estuviera poseída. Intentó recordar y mentalizarse de lo que le había dicho Riru, que las personas poseídas no eran ellas mismas y que luego no recordaban nada de lo que les había pasado. Debía pensar que no pegaba al inocente cura, sino a un malvado demonio. Toda esta charla interior, aunque efectiva, había sido algo lenta y se encontró con el padre François encima suyo de nuevo, lanzando otra de sus garras hacia ella. Jeanne intentó parar ese ataque con el brazo. Unos instantes después, se encontró agarrando con mucha fuerza el brazo del sacerdote y éste intentando desesperadamente librarse de la mano prisionera de la chica. Jeanne aprovechó ese momento para darle un fuerte mordisco en la mano del padre François. Él aulló de dolor y corrió a sujetarse la mano. Jeanne aprovechó ese momento para rodar por la nave central, en dirección hacia la puerta. Cuando un par de metros la separaron del sacerdote, se puso de pie. Y se preparó para el contraataque. Porque ahora lo tenía todo claro. El cura no tardó el volver a lanzarse sobre ella, pero la chica lo esquivó con un grácil salto y con un pie lo empujó para que cayera al suelo. Así pasó, él cayó y salió rodando de la Iglesia. Jeanne se apresuró a atravesar la puerta con una viga de madera para que quedara cerrada.
- Rápido, Jeanne, el demonio no tardará demasiado en entrar! – la apresuró Riru, el que había estado mirando todo el rato, conteniéndose las ganas que tenía de ayudar a su amiga
Cuando hubo asegurado que la madera estuviera bien puesta, Jeanne corrió hacia el altar cerrando los ojos. Los golpes y alaridos que el demonio daba a la puerta helaban la sangre. La chica consiguió llegar hasta la cruz en el mismo instante en que el demonio conseguía entrar en el edificio sagrado. Debía darse prisa
- En nombre del Señor... – dijo ella, en voz alta y clara, cogiendo el rosario que llevaba en el cuello.
Éste empezó a brillar con una luz blanca que cada vez se expandía más y acabó cegando al demonio
- ... sello aquí el demonio nacido en la oscuridad! – gritó Jeanne, cerrando los ojos – JAQUE MATE!
La luz llegó a toda su plenitud y luego se desvaneció. La chica volvió a abrir los ojos. La Iglesia no había cambiado. Miró en dirección hacia la puerta. Ahora, el padre François estaba tirado en medio del pasillo, como si durmiera apaciblemente. Jeanne sonrió y volvió a mirar hacia el crucifijo. Sólo entonces advirtió que éste también había cambiado. Antes era bello, pero ahora aún lo era más. El dorado brillaba más que nunca y las puntas con piedras brillantes eran más grandes que antes. En el centro, ahora destacaba una gran piedra de un color rojizo precioso. Jeanne no se pudo contener y fue a acariciarlo. También entonces se dio cuenta de que en su mano había una pieza muy curiosa. Era como un palo blanco con una bolita encima y debajo una base para que pudiera aguantarse solo en una superficie. Jeanne se llevó una mano en la cabeza. Esto ya era demasiado para ella. De repente, sintió como alguien le abrazaba. Era Riru! Casi se olvidaba de él! Se sintió muy culpable por haber descuidado a su amigo y le devolvió el abrazo con ternura
- Estoy muy orgulloso de ti, Jeanne... – le susurró el ángel
La chica sonrió contenta
- Pero aún tienes
muchas cosas que explicarme... verdad?
- Algunas – comentó
él encogiéndose de hombros – y aún nos queda
mucho entrenamiento por hacer. El demonio ya sabe quien eres, pero
no sabe tu potencial
Los ojos de Riru brillaron. Jeanne sonrió levemente, algo cansada. Quizá entonces sería un buen momento para hacerle preguntas al ángel
- Riru... – la chica
levantó la extraña pieza y se la enseñó
- Ah, esto es para mí...
Con el botón rojo que tenía el ángel en la frente, absorbió la extraña pieza, haciendo que desapareciera de la vista de la chica
- Ya, pero¿Qué
era?
- Mañana te lo
contaré. Ahora debemos irnos a casa antes de que el cura se
despierte. Y también debes dormir
El padre François
abrió los ojos y sintió como si miles de demonios
clavaran sus tridentes en su cabeza. Estaba tumbado sobre una
superficie fría y dura. Se incorporó a poco a poco para
ver donde estaba. Se había quedado dormido en medio del
pasillo de la iglesia. Eso era muy raro. Y lo más extraño
de todo era que no lograba recordar como había llegado hasta
ahí. Una corriente de aire hizo que se estremeciera. Además,
había dejado la puerta abierta. Cuando fue a cerrarla, le
pareció ver un par de sombras que se movían fuera.
Sacudió un poco la cabeza y, al volver a abrirlos, ya no había
nada. Negó con la cabeza, mientras cerraba la puerta, pensando
que quizá debería reducir sus visitas a la taberna,
aunque ya eran escasas. Mientras se dirigía al altar para
contemplar la nueva adquisición de la Iglesia, un crucifijo
que venía directamente de Roma, intentó rehacer todo
sus pasos para saber como había llegado a esa situación.
Lo que recordaba era que la cruz había llegado el día
anterior al anochecer y que era de las más bonitas que había
visto en su vida. A partir de aquí, todo era confuso: una voz
grabe hablándole, ese maldito dolor de cabeza, un sentimiento
de egoísmo llenándole el cuerpo...
El dolor de cabeza
volvió y el padre decidió que ya había tenido
bastante por ese día. Aunque cuando se acercó al
crucifijo, se dio cuenta de que el Señor todavía tenía
reservada una pequeña sorpresita para él
- Virgen Santísima! – no pudo evitar susurrar
Y es que el crucifijo ya no era el mismo. Ahora era más bello y luminoso. El padre François levantó la cabeza hacia el cielo y dio gracias al Señor, porque estaba completamente seguro que eso había sido obra suya.
Notas de la autora: Hola a todos!
Puufff... que vergüenza... no se cuanto tiempo sin escribir nada... u.u'' si las dos que seguíais este fic todavía os lo miráis, muchísimas gracias!!!!!n.n
En serio... es que ni entre semana ni los fines de semana escribo demasiado en historias... y claro, entre semana santa y un punte aproveché para acabar este capítulo... pero es que tardo mucho u.u' y lo sé, lo sé xD
Seguramente actualizaré en verano, que ya tengo algo escrito del siguiente capítulo... y es que me molesta, porque parece que tu escribes mucho y en realidad es mucho menos de lo que tu crees xD no se si me entenderéis
También espero que os guste mucho el final del capítulo! La lucha no sabía bien como hacerla, así que espero que os guste y que lo entendáis todo bien...
También espero que estéis bien!n.n
Y una vez más, gracias por leer el fic n.n
Siempre me gusta recibir críticas constructivas de vuestra parte, ya lo sabéis n.n
besos!
Y los coments personales...
Para Aroa Nehring: Tranquila, no pasa nada si tardas mucho en poner un review... más tardo yo en subir cosas nuevas u.u' Y tranquila, que en principio no tengo intención de abandonarlo, solo que por cosas de poco tiempo... escribo poquísimo u.u Y encima si voy empezando cosas nuevas... en fin, siempre es un placer verte por aquí n.n! xD
Para Irma Lair:Esta segunda parte va por tiiiii! que me decías que estabas impacienteee! jeje. Si, a mi también me va a dar mucha pena matar a Jeanne, pero de momento no quiero cambiar la historia. Además, si ella no muere, Maron no podría ser Maron... aaaaah xD Muchísimas gracias por tu review, en serio n.n. Ahhh... y ya falta menos para Noin ;-) Pacienciaaaaa.
Por cierto, a mi tb megustaba mucho por el k3, pero el manga es mucho mejor xDDD se tiene k reconocer
KamikazeMaron
