Hola, aquí la autora. He vuelto, y me rehúso a elaborar más al respecto ahora mismo.
Pero tengo unas cuantas cosas que añadir primero, empezando por:
1.- "Hey Arnold" y sus personajes no me pertenecen de ninguna manera (lo pongo por si acaso, aunque este sea un sitio de FanFics).
2.- Desde que hice este fic 9 años atrás, salieron la película "The Jungle movie", y salió a la luz el conocimiento de un spin-off de la serie llamado "The Patakis" que no pudo ser, a pesar de que las ideas estuvieron ahí y fueron planteadas a Nickelodeon y etc. Cosa que, en su momento, básicamente me jodió toda la idea que tenía (porque llevaba escribiendo esto desde antes de la película), así que nunca lo seguí, pero he decidido retomarlo ahora, con el conocimiento general que tengo sobre ello, para hacer una historia más interesante (desde lo que yo considero como "escritora").
3.- Antes requería que pusieras dos géneros principales a tus obras (no sé si ahora es diferente), anteriormente "La razón por la que sonrío" era un ROMCOM, es decir, una comedia romántica. Eso ha cambiado, ahora es un drama; que me gusta más y me parece algo más adecuado para la historia de estos dos. Por eso este fic es ahora una reedición, y cambié algunas de las cosas que ya tenía escritas, para que el trabajo que puse en su momento no se viera afectado.
4.- En mi fic pasan ambas cosas, tanto los eventos en "The Jungle movie" y "The Patakis", este prólogo va a ser una explicación mía sobre lo que creo que pasaría entre el período de tiempo en el que acaba la película, y empieza el spin-off, y cómo llegaron hasta este punto. Por ende, Arnold recupera a sus padres; y todos los personajes crecen, y con ello (al igual que pasa con Arnold en el spin-off, en las propias palabras de Craig Bartlett) sus circunstancias también. Así que, no veremos a todos en mi fic, por razones que no voy a explicar pero que pueden ser resumidas en "la vida pasa".
5.- La imagen que utilizo para este fic la tomé prestada de spikermonster en Twitter con su permiso, no estoy a favor de robar a artistas (siendo yo una de ellos).
6.- Haré updates de esto, cuando me de la gana la verdad; podrían pasar dos días, o dos meses, dependiendo de que haya tenido inspiración suficiente como para escribir bastante (no quiero escribir capítulos muy cortos).
Y eso sería todo, con lo que la historia empieza…
PRÓLOGO:
Todos los días, Arnold esperaba en una esquina de la calle, a que Helga viniera hasta él, para tomados de la mano, caminar a las clases de la escuela pública 118 de Hillwood City. Por el camino se encontraban a Phoebe y Gerald, siempre tan contentos de compartir los cuatro.
En la escuela todos saben lo que pasó en San Lorenzo, cómo los padres de Arnold resultaron vivos y cómo salvaron a la gente de los Ojos Verdes. Lo de acabar como una "pareja" era algo más bien privado entre los niños; aunque… a lo largo de los días, Gerald no supiera guardar bien el secreto. Sin embargo, la noticia no tardó en correr de igual manera, pues se les veía llegar juntos dándose la mano constantemente.
Algunos se alegraban por ellos, otros pensaban que iba siendo hora, debido a la obsesión que Helga siempre demuestra, al ser tan grosera con todo el mundo desde que eran pequeños; muchos creían que Arnold era la única persona indicada para "curarla" de su mal carácter. Uno de esos escenarios donde domas a la "bestia", lo que demostraba, en ocasiones, cómo otros podrían haber visto a Helga. En cualquier caso, la reputación de Helga no cambió, el consenso general era que seguía siendo quien era, Helga G. Pataki, la abusona de todos y la jefa de su salón.
Desde entonces, Arnold generalmente se la pasaba diciéndole a todo el mundo cosas como que Helga "ya no era así", o que "no la conocían bien". Porque cuando estaban juntos, Helga era una persona completamente diferente, pero lo que los demás veían en las clases, y su actitud hacia sus compañeros; era que Arnold estaba equivocado. ¿Y cómo no iba a estarlo? Ahora Helga era su novia, y a veces, ese velo rosa que ponemos en nuestras cabezas de enamorados, nos tapa los ojos.
La verdad era que la niña, por empezar a tener una relación con él, no había cambiado a un ser diferente en su esencia; seguía siendo la misma persona, y seguía cometiendo los mismos errores sociales que antes (como golpear, amenazar, extorsionar… Largo etcétera); porque la situación era la misma, solo que ahora tenía novio. Pero en casa, el refuerzo tan negativo que le daban nunca cesó. Ni si quiera después de que Big Bob cambiara el producto de la compañía, a favor de vender teléfonos celulares, y les fuera mejor que antes. Seguían siendo negligentes con ella, y favoreciendo a Olga, además de la usual crueldad que Helga recibe constantemente, y la superficialidad de sus interacciones.
Así que Helga, al regresar a Hillwood, volvió a su status quo.
A Arnold, esto no le gustó. Y tanto como la defendía en ocasiones, en otras, la reprochaba, y lo hacía frente a todos; cosa que Helga detestaba. Sentía que la ponía en evidencia frente a todo el mundo, que la cohibía y que dejaba abiertas sus vulnerabilidades. La hacía sentir mal, incluso si Arnold no lo hacía con esa intención.
Así que, a menudo, acababan enfrentándose el uno al otro y se hacían daño, incluso si no era intencionado. Se querían después de todo, ¿no?
Mientras fueron creciendo, y pasaron de primaria a secundaria, estos problemas los siguieron a todos lados.
Muchos de los niños con los que compartían clase antes, ahora iban a otras instituciones, pero Arnold, Helga y Gerald fueron a una en común. Phoebe quería aprovechar una educación que le permitiera tener más salidas en el futuro, y también le gustaba estudiar, por lo que no acabó yendo con ellos por lo público. Gerald siempre la apoyó, y, de hecho, adoraba que Phoebe tuviera el coraje de hacer aquello que le gustaba y persiguiera sus metas; así que planeó todo un itinerario para verse con ella siempre que estuvieran libres, y poder tener su tiempo; se los veía muy felices. Además, gracias a que Phoebe se había lanzado en su paso por la vida, Gerald decidió hacer lo mismo y perseguir sus metas bajo su pasión: el deporte, entrando a los clubes de baseball y baloncesto.
Por otro lado, Arnold y Helga cambiaron su manera de relacionarse en público el uno con el otro; porque debido a la situación en la escuela elemental, terminaban peleando mucho, y hasta una vez, se culparon el uno al otro de hacerse daño a propósito.
Al final, durante sus recesos, la vuelta a casa, el almuerzo… Helga se guardaba todo, desde sus opiniones hasta cómo se relacionaba en otros espacios cuando Arnold no estaba, para no defraudarlo y para no sentirse culpable de no ser una mejor persona para él. Ella no podía cambiar tantos años de abuso y de ser violenta, solo porque estaban juntos. Si no podía cambiar eso, lo ocultaría, incluso si eso le hacía doler más y agravaba el problema. También adoptó esta manera evitativa del tema, porque le ocasionaba mucha presión el tener que dejar al descubierto su lado sensible y vulnerable frente a otras personas, porque al estar con Arnold en público, no podía tratarlo como cuando estaban solos. Eso la hacía sentir débil, y como no podía ser ella misma tampoco, optó por ser la sombra de su propio novio. Recibía detalles de vez en cuando de Arnold, como flores y ese tipo de cosas; él decía que le gustaba ser caballeroso con ella, ¿pero ella? Con ese corazón poético y esa alma apasionada, hacía que le entraran ganas de celebrarlo por todo lo alto, de decírselo al mundo entero sin pensárselo un momento. Pero de nuevo, la presión le podía, y su reputación nunca la dejó de lado. Dejó de buscar nuevas amistades, si no conocía a nadie, no le haría daño a nadie; y si no entraba en problemas, Arnold no tendría que preocuparse tanto por ella, y al menos así sentía que era útil en la relación.
Por su parte, Arnold, que por supuesto se dio cuenta del cambio en el comportamiento de su novia; era cada vez más romántico con ella: desde flores hasta felicitarla en San Valentín abiertamente, desde decirle que la quería hasta flirtear con Helga como dos tortolitos; pero nunca era correspondido como él esperaba. Helga se lo agradecía, sí, pero eso era todo, como si sus esfuerzos siempre fueran a parar a ninguna parte; y él nunca quiso desistir. Porque Helga es la chica que salvó a sus padres, que siempre estuvo ahí, incluso cuando él no lo sabía, para cuidarlo; Helga lo salvó del terror que siempre fue para él no tener una familia, por eso sentía que debía esforzarse más por ella.
Con la adolescencia, llegaron los cambios físicos; y mientras otros se los tomaban como cualquier otro adolescente, es algo normal y que a todos les llega; Helga sufría por esto. Le crecían senos, y aunque por el momento no había sido, se le ensancharían las caderas progresivamente. Con ese cambio, viene la atención, y en ocasiones, también las inseguridades; y en su caso, la atención llegó para su novio, y para ella sus consecuencias.
Helga se ponía extremadamente celosa de las interacciones que tenían otras chicas con Arnold, a pesar de que él solo tenía ojos para ella. Pero con el cambio hormonal y las crecientes inseguridades sobre su aspecto físico, no podía evitar sentirse así. Además de pensar que era fea, cosa que nunca había reflexionado sobre sí misma; porque no paraba de compararse con el resto de chicas, sobre todo con las que tenían interés en su novio. ¿No preferiría en algún momento, Arnold, a alguien más bonita? O quizá se cansaría de ella, de cómo se ve, y de como luce su cuerpo; con esa característica uniceja y esa nariz grande y achatada. Sentía que era horrenda, y que Arnold se merecía a alguien a su nivel.
El rubio, que a medida que el tiempo pasaba, entendía cada vez menos a Helga, y se sentía cada vez más distante. Los ratos que pasaban, ahora se encontraban llenos de vergonzosa conversación superficial; cosa que repercutió aún peor en él, porque se dio cuenta de que más allá de algunos temas superficiales, como los deportes o algún que otro gusto; ellos no tenían mucho en común. ¿Qué había hecho mal? Con todo lo que se esforzaba, ¿por qué Helga no quería abrirse con él? En esos momentos, Arnold cayó en la cuenta de que, hasta ahora no se le había ocurrido que quizá, él no estaba a la altura de estar con alguien tan impresionante como su novia. ¿Por qué iba la heroína de San Lorenzo desear estar con él, solo porque sí? Se dio cuenta de que siempre fue muy confiado al respecto, y eso creó en él un profundo terror porque Helga lo dejara. Pero no iba a rendirse, no señor. Porque si tenía que pasar por esas charlas superficiales, y caminatas en completo silencio para que su novia reaccionara, lo haría. Él debía hacerla sentir feliz en todo momento, eso era lo mucho que se preocupaba por ella, él siempre tan idealista.
Pero… cuanto más tiempo pasaba, más lejanos se volvían el uno del otro. Arnold comenzó a juntarse más con Gerald y otros niños, dejando a Helga en un segundo plano; mientras que ella, se quedó tal cual; una sombra de alguien más, solitaria como ninguna otra. Ya nadie sabía su nombre si quiera, la conocían por ser "la novia de Shortman".
De las pocas veces que se veían ahora, Arnold intentaba forzar las cosas a cambiar, y esto ponía a Helga de mal humor, por supuesto. Él quería que ella le admitiera algo, o al menos le dijese qué le ocurría; pero Helga estallaba, lo llamaba cabeza de balón, y le decía que él no podría jamás entender cómo estaba. Arnold, viendo que esa estrategia no llegaba a ninguna parte, empezó a ser más directo con ella; preguntándole por cualquier mínima cosa si iban a romper.
Helga, quien ama a Arnold de la forma más infinita que se puede imaginar, asustada de que en realidad, no pare de preguntar porque tiene miedo de ser él el que tenga que decirle que en verdad, así es como se ha estado sintiendo; decide tomar la misma estrategia, y entonces…
-Está bien Arnoldo, tienes razón. - Espeta Helga. – Esto no funciona, y ya no me "gustas gustas" como antes, te ahorraré el sufrimiento de tener que decírmelo tú.
Arnold, de piedra ante esas palabras, solo puede balbucear – Lo entiendo. – Y deja la escena, dejando un pequeño rastro de lágrimas mientras ambos se alejan.
Helga, sintiéndose cerca de morir por haber hecho lo más contradictorio de toda su maldita existencia, grita y golpea con sus puños fuertemente apretados la acera, una vez que Arnold se ha ido lejos.
Después de eso, al encontrarse, o verse si quiera, evitaban el contacto lo más que podían, evitando ser groseros el uno con el otro; y así sin más, terminaron su relación, sin que nadie más exceptuando sus respectivos mejores amigos, supieran sobre ello.
Los días pasaban y se sentían llenos de tristeza. En uno de esos fatídicos días, en los que crees que las cosas se volverán normales y se estabilizarán por estar mucho tiempo de cierta manera, Arnold no va a clases. Al día siguiente tampoco, ni el siguiente, y así sucesivamente.
Al salir de la escuela, un mensaje de Phoebe:
"Helga, Gerald ya lo ha comprobado, pero Arnold no ha vuelto a clases con ustedes porque se ha mudado. Ha ido a casa de sus abuelos, pero él y sus padres no están. Si quieres hablar de eso, por favor llámame cuando quieras. Ni si quiera Gerald sabía que esto iba a suceder. Lo siento mucho."
Un eco vacío retumba en el corazón de Helga mientras siente que sus piernas le fallan. Esa fue la última vez que vio a Arnold.
Los años pasaron, y sin saber de Arnold, Helga siguió con su vida.
Empezó a ir al psicólogo poco después de su ruptura con Arnold, y ahora que no estaba, le resultaba especialmente doloroso tener que recrearlo todas las semanas con la Doctora Bliss.
Miriam reconoció su adicción a los "cócteles", y empezó a acudir a Alcohólicos Anónimos, además de trabajar ahora en una estación de televisión; Olga regresó a casa después de terminar la universidad, decía que quería ser actriz al estilo de Broadway; y a la señorita perfecta, nunca le negaron ese deseo (ni ningún otro, que se sepa), y menos sabiendo que sacó notas perfectas durante su estancia en la universidad.
Helga pasó los años muy despacio, siempre sintiendo un vacío muy grande cada vez que iba a dormir, y al despertar, desear seguir estando dormida.
Hasta que de la nada, mientras va caminando a la escuela, ahora preparatoria; ve en el reflejo de la ventana de un automóvil, una cabeza redondeada como un balón. Es Arnold.
Es Arnold.
ES EL MALDITO ARNOLD.
Sin decir una palabra, entra a clases evitándolo todo lo posible.
