Sé que me tardé muchisimo para publicar este capítulo y lo lamento de verdad, pero es que tengo muchas cosas que hacer con esto de la escuela y de que es mi último año...

Pero aquí esta y prometo publicar lo más pronto posible... Un beso y espero que les guste!!!


Capítulo 3

"Decisiones"

- ¿Quieres ir? – preguntó el ángel

- ¿A dónde?

- A quirófano por supuesto ¿no te intriga ver tu operación?

- No gracias, prefiero quedarme en la sala de espera con mis padres, además eso de verme toda llena de sangre y del cómo miles de instrumentos me cortan y cosen no debe ser nada placentero

- Bueno – alzó los hombros – tú te la pierdes, en realidad ver una cirugía es muy interesante, pero ya que... – se aplastó en una silla de la sala de espera

Papá aún abrazaba a mamá que no paraba de rezar cuando escuche un gran movimiento en urgencias

- ¿Qué pasa? – pregunté extrañada

- Un choque – respondió sin interés el ángel – Tres heridos de gravedad, un casi muerto y dos más lesionados

- ¿Y lo dices así? – pregunté sorprendida

- ¿Cómo querías que lo dijera?

- Pues no sé, eres un ángel

- Bueno señorita sabelotodo ¿Cómo se supone que deba comportarse un ángel en estos casos?

- Preocupado, ansioso, no lo sé – contesté nerviosa al ver que seguía sin hacer nada

- Eso déjaselos a sus ángeles, yo ya tengo contigo – respondió como fastidiado

- Ah – suspiré sin palabras ante su expresión

- Un hombre blanco, rubio, regordete y en traje blanco salió de la sala de urgencias. Me miró por un segundo, me sonrió y desapareció...

- ¿Es un...?

- Sí, un alma – contestó el ángel ante mi frase inconclusa por mi tartamudeo

- ¿Y... a dónde va?

- Pues... tú lo llamarías: "El juicio ese tan famoso" – citó mis palabras y echo a reír

- ¿Por qué ellos van allá y yo no? Y no me respondas con mi pregunta por favor – le pedí y volvió a reír

- No lo sé, tal vez no estás lista – reconoció

- ¿Tengo asuntos pendientes?

- No lo sé, dímelo tú – respondió nuevamente

Pero antes de que me quejara por su respuesta sentí como si algo me jalara fuertemente llevándome rápidamente a quirófano dónde trataban de revivirme después de que entrara en paro.

- ¿Vas a regresar? – preguntó el ángel

- ¿Debo hacerlo? – pregunté

- No lo sé ¿Debes hacerlo?

- No ayudas ángel – reproché cuando estuve a punto de darme por vencida ante los jalones que sufría...

De pronto el tiempo se congeló poco a poco y pude ver a tres doctores y dos enfermeras detenidos a punto de darme otro electro-shock
Un timbre sonó de pronto y pude ver a mi ángel, frente a mí, alzando el dedo para que lo esperara un segundo mientras contestaba su... ¿celular?
"Que moderno" pensé

- Aja...sí...está bien... – decía el ángel – ... ok... sí, ya no me regañes... ok yo le digo... sí, de tu parte – colgó

- El arcángel Gabriel te manda saludos – me dijo y abrí la boca estupefacta – Dice que el celular no es por ser modernos, es porque las voces que se escuchaban de la nada eran muy escandalosas para lo poco que decían y provocaban demasiadas jaquecas a la larga, así que contrataron los celulares para comunicarse... son más prácticos, ya sabes.

- ¿Las voces? – pregunté confundida

- Sí, esas que se escuchaban como tu conciencia pero las escuchaba todo el mundo, algo parecido a cuando vas al supermercado y anuncian las ofertas y eso... ¿Las recuerdas?

Me reí por su comentario

- Bueno, pues ya me regañaron, dicen que debo darte explicaciones, ordenes del mayor – se paró en firmes y saludó como soldado

- Por lo menos hay alguien de mi lado – bromeé

- Escucha – dijo pensando un rato – Lo que tú hiciste, el arriesgarte por salvar la vida de alguien, entra en el artículo 302 párrafo 53 clausula 0.12 que habla de hechos heroicos... – dijo sin un respiro

- ¿Y eso qué...?

- ¿Me dejas continuar? – se molestó y asentí avergonzada – En este punto mi "Jefe" – hizo reverencia – ha dado orden de dar oportunidades

- ¿Oportunidades? – él asintió

- Resulta que al poner en riesgo tu vida por alguien más tu entras en esta clausula y siendo así te dejamos decidir: ¿Quieres irte al cielo? En la cortina número 1 – volvió el set de grabación de un programa de concursos y su voz de presentador – ¿Quieres regresar a tu cuerpo? En la cortina número 2, o... – regresamos a la realidad – ¿Quieres ser un ángel guardián en lo que se decide tu destino?

- En la cortina número tres – traté de imitar su voz

- Esto es algo serio – dijo algo molesto y yo me sentí totalmente avergonzada. Él se echó a reír a carcajadas después de ver mi rostro – ¡No es cierto! – siguió riendo. Puse los ojos en blanco – Bueno, si es algo serio pero...

- ¿Yo elijo lo que pasa conmigo?

- ¡Sip! – contestó como un pequeño niño – Pero debo decirte que la cortina número dos tiene ciertas desventajas, si regresas a tu cuerpo sentirás todo el dolor que te tendría que tocar hasta tu muerte

- ¿Y si elijo la tres?

- Esa también tiene sus desventajas. Si eres un ángel guardián, que no es nada sencillo, vas a tener que lidiar con los demonios internos de tus protegidos, vas a cuidarlos, evitar que les pasen cosas malas y sentirás sus sentimientos como propios y al triple por lo menos

- ¿Me vas a decir que la cortina numero 1 también tiene inconvenientes?

- No, esa no, irte al cielo es lo mejor que podrías hacer...

- Pero no quiero dejarlos – le dije

- ¿Qué vas a hacer entonces?

- Me quedo – dije después de mucho pensarlo y el tiempo continuo de nuevo. Los doctores hacían una última resucitación y mi corazón volvió a latir

Dejé de sentir como mi cuerpo inerte ante la cirugía me jalaba...

- ¿Cómo vas a quedarte? ¿En tu cuerpo? – Su pregunta me distrajo de los pensamientos que me rodeaban, la idea de verme ahí tan indefensa era espantosa

- ¿Puedo pensarlo?

- Tienes.... – lo meditó – hasta que acabe la cirugía

- ¿Por qué tan poco?

- Niña – me dijo con rostro de incredulidad – no eres mi única protegida, tengo otros dos al borde de la muerte, uno con problemas amorosos, tres niños pequeños que cuidar para que no coman tierra o cosas parecidas, una madre a punto de dar a luz, dos más frustrados porque no encuentran empleo o no tienen dinero – dijo sin respiro y suspiró – ¡Ah! Y un hombre en la cantina a punto de vomitar y desmayarse o matar a todos ahí dentro por causa de que su mujer lo engañaba con su compadre

- ¿10? ¿Tantos? – pregunté asombrada – ¿Y... todos esos tendría yo si fuera ángel?

- ¡No linda! – me dijo poniendo sus ojos en blanco por mi incredulidad – Esos que te dije son los que están mal o tienen problemas, los otros cinco que tengo no me necesitan por el momento – se quedó estático unos segundos y corrigió – Que sean cuatro, el otro está a punto de engañar a su mujer con la secretaria – quedó pensativo y negó con la cabeza reprobando el acto

- ¿15? ¿Yo tendría 15 protegidos?

- No – regresó de sus pensamientos – en realidad te tocarían menos... – hizo cuentas con sus dedos – unos... seis cuando mucho, o eso creo – dudó

- ¿Quiénes? - me pregunté

- Los implicados en tu accidente, menos el chofer, ese es de Jaime... – pensó de nuevo para luego decir – Regreso en un momento ¿sí? El asunto de la secretaria se está complicando – comentó y desapareció diciendo, según pude escuchar – Le diré a Juan que cuide mejor a sus protegidos, no es posible que a esa niña se le ocurra tentar así al pobre hombre...

Los doctores dentro del quirófano hacían todo lo que estaba en sus manos para salvarme la vida. Yo sólo miraba aquella escena pero en realidad no sentía nada, ni miedo, ni enojo, ni tristeza... nada. Pronto me aburrí del sonido de las máquinas que me ayudaban durante la cirugía y salí a la sala de espera, dónde alguien mas había llegado

- ¿Cómo esta? – preguntó aquél al que reconocí de inmediato

- Los doctores llevan dentro como dos horas y nadie sale a avisarnos nada – dijo mi madre entre sollozos

- Yo lo lamento, me acabo de enterar, Alice me lo dijo y me pidió que les dijera que en cuanto pueda vendrá para apoyar a Bella

- Gracias Jacob – dijo mi padre a mi mejor amigo que caminó hacia las puertas de quirófano como queriendo ver algo sin éxito

- Vas a estar bien... tienes que estar bien – decía en susurros como mandándome apoyo...

Escuché un suspiro desde atrás que me hizo voltear, era mi ángel...

- ¡Uff! Vaya que costó un poco – se lamentó – Esa secretaria es bastante difícil de despreciar

Sonreí por su comentario

- La cirugía casi acaba... ¿Has decidido?

- ¿Puedo hacerte unas preguntas? – cuestioné esperanzada

- Pues... sí – dudó un poco

- Si soy un ángel guardián ¿Qué tendría que hacer exactamente?

- Ya te lo había dicho... Cuidar, consolar, ayudar y ser la conciencia de tus protegidos

- ¿De qué los cuidaría?

- De sus demonios, de que no caigan en pecado o de que por lo menos sientan culpa si los cometen

- ¿Podría ver a mis padres durante el tiempo que pase como... guardiana?

- Ellos serían unos de tus protegidos – reveló

- ¿Y quienes más?

- ¿Necesitas saberlo para aceptar el puesto? – cuestionó

- No – respondí firme – Pero ¿Hay reglas? ¿Algo que no debo hacer?

- Por supuesto... aunque son más clausulas que reglas, es cómo un código...

- ¿Y de que trata? - pregunté confundida

- No puedes meterte en las peleas que tengan tus protegidos, me refiero a ser conciencia de alguno para que dejen de pelear o inclinarte por el juicio del otro, tienes que ser justa y dejarlos ver por sí mismos sus errores aunque eso pueda demorar. No puedes darle la razón a ninguno ni siquiera por que sepas que está bien a tu criterio, como ángel no tienes criterio...

- ¿Nada más?

- Eso creo

- Entonces quiere decir que mis protegidos, todos... ¿Se conocen? ¿Es así siempre? ¿Tus protegidos se conocen?

- No, no es así siempre, pero en tu caso así debe ser. Cuando yo comencé a ser un ángel sólo conocía a uno de mis protegidos – Lo dijo tan serio que me sorprendió, fueron más de 30 segundos...

- ¿Recordaré esto cuando regrese a mi cuerpo?

- ¿Cuándo regreses a tu cuerpo? – mi pregunta lo confundió

- Sí, cuando vuelva a la vida – me expliqué

- ¿Y cómo sabes que vas a volver a la vida? – regresó a su tono burlón y risueño

- Voy a morir – aseguré, aunque aterrorizada como estaba pienso que debí preguntarlo – Yo quiero vivir... ¿Voy a vivir verdad?

- Me preguntaste si podías preguntarme, yo nunca dije que te respondería y aún así te concedí ocho respuestas – se burló de lo que debió ser mi expresión, abriendo la boca y con los ojos en blanco – Tu cirugía está a punto de acabar y necesito una respuesta, la mujer del parto tiene contracciones más largas y apresuradas, el tipo de la cantina amenaza al cantinero para que le sirva otra y uno de los niños estoy seguro que se le escapara a la niñera

Todo lo decía con un tono tan tranquilo, como si estuviera hablando de lo que iba a pedir para comer y yo, mientras tanto, no sabía que decidir, ya había decidido quedarme y no había vuelta atrás

- Sí la hay – me dijo el ángel – Aún no acaba la cirugía y tienes posibilidad de ir al cielo

- ¿Leen también las mentes? – me asombré

¡Claro! ¿Qué clase de ángeles crees que somos sino conocemos hasta el más oscuro pensamiento de nuestros protegidos? – me miró con reprobación, rostro acusatorio y ofendido y yo me puse roja como jitomate al pensar en todos esos "pensamientos oscuros" que había tenido cuando vivía – ¡Ah no importa! – se relajó – Después de todo eres humana y tienes hormonas, instintos y todas esas cosas – se divirtió conmigo

Ya menos roja regresé a mis pensamientos, el cielo era una tentadora oferta, viviría en un paraíso por siempre, o por lo menos eso decían las personas de los que iban al cielo...
El ángel suspiró y negó con la cabeza al leer mis pensamientos

- ¿Qué pueden saber esos terrestres? – se molestó un poco y yo sonreí a punto de decidir... esa era mi mejor opción, el cielo...

Pero cuando estaba por dar mi respuesta alguien llegó llorando y cambió mi decisión

- ¿Dónde está Bella? Quiero ver a Bella – rogaba mi pequeño hermano de 15 años en un mar de lágrimas

Mamá lo abrazó fuerte y mi padre tomó a ambos por los hombros

- Quiero verla – seguía pidiendo – ¡Bells! – me gritó – ¡No me dejes! ¡Hermanita te quiero mucho!

Mamá rompió en llanto de nuevo y papá soltó dos lágrimas, sus ojos se veían envueltos en un enorme vacío

- Quiero quedarme... como ángel guardián – dije de inmediato al verlos así, tan desprotegidos. Mi hermano cambió mi decisión como ya había hecho en anteriores ocasiones como cuando yo quería viajar a un lugar alejado de casa por un fin de semana y él me pidió que no fuera, que no lo dejara, que no tendría con quién pelear si me iba.

- ¿Estás segura de que dejas el cielo? – preguntó el ángel confundido – Ellos solo son humanos pecadores que se olvidarán de ti, te enterrarán y tal vez cada dos de noviembre te pongan una ofrenda, cada año con más desinterés y menos gusto por hacerlo. ¿Aún así dejarás el cielo ahora para cuando mueras al fin te vayas al purgatorio sólo por ellos?

- Si – contesté sin titubear

- ¿Me escuchaste? ¿Realmente escuchaste lo que dije? Ellos te olvidarán en unos cuantos meses, sino es que semanas y sólo por eso te irás al purgatorio – reprobaba mi decisión

- Te escuché y también escuché que un ángel consuela y si el poder consolarlos ahora para que se repongan en menos que semanas de mi muerte significa el purgatorio lo acepto con gusto – volví a decir sin titubear