Lamento la muy prolongada tardanza pero prometo recuperar el tiempo perdido publicando en los siguientes días los demás capítulos de Ángel Guardián... Muchas gracias por sus comentarios, me alegra que les agrade la historia...


Capítulo 4

"Mis alas"

- Ya vamos 2-0 – dijo sin que entendiera y suspiró – Pues será como quieres… Ángel Guardián – me dijo con una sonrisita al decir lo último.

Todo cambió de pronto. Pequeñas luces me rodearon rápidamente cambiando la bata blanca que llevaba por un muy precioso atuendo también blanco. Era un vestido largo con un corte precioso y unas zapatillas preciosas de un tacón mediano. Mi peinado se sentía perfecto, alisado y sedoso. Cuando miré a mi espalda dos hermosas alas brotaban tan perfectas como las de mi ángel.

- Qué bonita – me halagó – Voy a pedir uno como esos, el traje ya me está hartando – me reí de su chistoso comentario acerca de mi vestido y su traje.

- Las alas son realmente preciosas ¿No?

- Sí – suspiró – mero protocolo – chasqueó los dedos y mis alas desaparecieron.

- ¡Oye! – me quejé – Se me veían bonitas – hice puchero

- Lo mismo pensé cuando me las dieron y después no sabía cómo deshacerme de ellas, créeme me lo agradecerás.

No tuve tiempo para decirle más porque un muy profundo dolor me quemó el pecho. Sentí como si estuviera enterrada, asfixiándome, bajo toneladas de tierra y piedras. Muchísimos pensamientos invadían mi cabeza pasando de una idea a otra sin dar pausa, todas nostálgicas, tristes, vacías y de culpa.
Sacudí mi cabeza tratando de apartarlo todo.

- Esos son tus protegidos – me dijo después de negar – eso es lo que escucho yo, más o menos… Y hablando de protegidos iré a impedir un suicidio, una masacre y ayudar con un parto – dijo para después esfumarse sin darme tiempo para preguntas.

Miles de sentimientos y pensamientos me aturdían, sobre todo la pena, era inmensa.

Un doctor salió de la sala de cirugías junto con una enfermera que lo ayudaba a quitarse el uniforme quirúrgico manchado de sangre, de mi sangre.

- ¿Doctor Cullen? – preguntó mi madre esperanzada.

- ¿Todo bien verdad? – mi padre, Charlie, se aferraba a esa idea.

- Sí, todo bien – contestó el doctor finalmente y escuché como todos los presentes suspiraban, sentí un alivio regular.

- ¿Ella ya está bien? – preguntó mi hermano.

- Aún no. Paramos la hemorragia pero todavía necesitamos varias resonancias y rayos "X" para saber que tan graves son las fracturas sobre todo de la cabeza – comunicó el doctor – En este momento estará en observación, dentro de unas horas podrán verla nuevamente.

El doctor Cullen entró nuevamente a la sala de cirugías y mis padres se sintieron aliviados por el resultado de la intervención

- Voy a llamar a Alice – avisó Jake al salir por la puerta de urgencias.

- ¿Papá? Bella va a estar bien ¿Verdad? – preguntó mi hermano pero mi padre no respondió, pude escuchar sus pensamientos en mi mente:

"Eso espero, tiene que ser así, por favor Dios mío no permitas que una niña muera, no de esta manera…"

Mi padre nunca fue muy devoto y sin embargo hoy suplicaba por la vida de su hija.

Sentí un repentino instinto de ir afuera y de un modo u otro lo hice sin ni siquiera caminar o mover un solo músculo.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó furioso Jacob.

Mis sentimientos pasaron de la furia, tristeza y preocupación a la enorme culpabilidad. Pude ver hasta entonces que alguien más llegaba al hospital: Edward.

- Vengo a ver a Bella ¿Qué otra cosa? – dijo retador a Jake.

- No tienes nada que hacer aquí.

- Ella es mi novia – Seguían discutiendo frente a frente.

En sus miradas pude ver el disgusto y eso mismo se transmitió a mí pero multiplicado por tres como me había dicho el ángel.

- Pensé que ya no. Según sé discutieron antes del accidente ¿No? – interrogó.

La culpabilidad volvió a apoderarse de mí. Edward se estaba lamentando, lo escuchaba en sus pensamientos.

- Todo fue culpa tuya – le reprochó a Jake.

- ¿Culpa mía? – se disgustó él - ¡Yo no fui quien desconfió de ella! – le gritó.

- Lárgate Jacob – replicó Edward apartándolo para entrar.

Jake sin embargo lo tomó por el brazo para voltearlo.

- No tienes ningún derecho para estar aquí Edward, tu eres quién debe largarse – le murmuró enojado.

- ¿Y tú si tienes derecho? – reclamó mientras jalaba su brazo para zafarse – ¿Acaso tienes más derecho Jacob?

- Sí, lo tengo – respondió sin titubear.

"Eso sólo confirma los rumores – pensó Edward – ellos son mucho más que amigos" – se enfureció.

- No – dije y Josué, que estaba en ese momento al lado mío repitió mis palabras.

- ¡No!

- Bella, Bella – escuché una voz detrás de mí – Te dije que no podías meterte en las peleas de tus protegidos – Era mi ángel con tono de desaprobación.

- Yo sólo…. – estaba por responder pero escuché a Jake nuevamente repitiendo mis palabras.

- Yo sólo – dijo y se detuvo preguntándose el por qué de esas palabras, mi ángel me hizo señas con su dedo para que guardara silencio y Jacob continuó por si solo – …no quiero que te le acerques, ya le hiciste demasiado daño Edward y ella no se lo merece.

Edward pareció desconcertado al principio por la reacción de Jacob pero después volvió a su tono retador y con expresión igual entró al hospital por la puerta de urgencias.

- No puedes hacer eso Bells – repitió mi ángel. Jacob había tomado su celular y marcaba un número que reconocí, era el de Alice.

- Bueno – escuché del otro lado - ¿Jake? ¿Cómo esta ella?

- Acaba de salir de cirugía pero aún faltan muchas radiografías y estudios – explicó Jacob.

- Mi mamá aún no llega y no puedo llevar a mi hermano con nadie por el momento, pero en cuanto pueda voy para allá – aseguró Alice apresurada.

- ¿Alice? – llamó Jake.

- ¿Sí?

- Apresúrate, Edward acaba de llegar y no voy a poder resistir verlo sin…

- Tranquilo, en cuanto pueda voy – interrumpió ella y Jake colgó guardando el celular.

Mi paisaje cambió nuevamente. Otra vez estaba dentro del hospital, Edward no se había acercado a mi familia, se mantenía recargado en la pared con los brazos cruzados esperando que alguien pudiera darla alguna noticia.

"¿Cómo voy a acercarme? Ella y yo nos peleamos hoy en la mañana, si en lugar de eso hubiéramos ido por ese helado que quería no estaríamos aquí" – se culpaba internamente – "La amo ¡Maldita sea! No me importa lo que ella sienta por mí, lo que me haya hecho o si estuvo con Jacob o no, la amo y debí… debí… ¡Oh Bells no me dejes por favor!"

Me amaba, pese a todo me amaba, no le importaban las mentiras y eso me hacía sentir bien, no pude evitar sonreír ligeramente a pesar de que ahora ya no podría estar con él, jamás resolveríamos el problema, jamás le explicaría que realmente lo amaba, que los rumores eran falsos, que sólo podía amarlo a él. Su dolor era mío independientemente de que fuera mi protegido. Igual que él, yo sentía una opresión en el pecho por no poderle comunicar lo que sentía, y encima de todo él se seguía culpando de todo, lo vi llorar por primera vez, jamás lo imaginé, estaba llorando por mi…

- La culpa es lo peor que te puede pasar – me dijo mi ángel que aún me acompañaba. Yo aún no quería hablar, temía que pasara lo de la última vez, mi ángel se percato de ello y prosiguió – No te preocupes, no pasará de nuevo.

- ¿Por qué pasó hace un momento? – traté de no hablar del tema que me atormentaba en ese momento.

- Te conectaste con Jacob, sus criterios fueron los mismos y si Edward hubiera dicho lo que pensó, así hubiera respondido Jake – siguió el tema sin preguntar nada, algo que agradecí.

- No era mi intención – me excusé.

- Lo sé, pero debes tener más cuidado – me sonrió juguetón.

- ¿Qué tal tus asuntos? – me atreví a preguntar.

- Pues… – suspiró exhausto – por suerte el tipo de la cantina en lugar de la masacre terminó vomitando y tirado de borracho, el suicida pudo ver un mundo mejor y la embarazada dio a luz a una niña… hermosa por cierto – sonrió – estaba por darse por vencida – se puso un poco nostálgico pero luego volvió a su tono infantil y gracioso – Te dije que no era fácil – dijo al momento de tirarse en un sillón vacío y simular verdadero cansancio.

- Pero todo gracias a ti ¿Cómo lo haces? Tienes más protegidos y aún así sonríes, bromeas y te haces el loco.

- ¡Oye! – replicó ante mi comentario para después echar a reír estrepitosamente.

- Lo ves – recalqué.

Siguió riendo.

- Años de práctica – aceptó sonriente.

- Llevo como cinco minutos de ángel y ya no puedo más, es muy difícil sentir todo esto. La pena, la tristeza de todos, de mi familia más que de los otros, el enojo de Josué viendo a Julián aquí adentro y la culpabilidad que lo inunda a él – miré a Julián con los dedos en el puente de la nariz aún debatiéndose en cómo poder ir a verme – Siento como si no pudiera más, todo esto ya ni siquiera me deja pensar.

- Así es al principio – se hizo el listo mientras ponía su brazo alrededor de mis hombros.

- ¿Después mejora? – me esperancé.

- En realidad – sonrió y lo pensó un poco para después soltar un – No – echándose a reír nuevamente, rodé los ojos, ya me estaba cansando de esto – Empeora además – me dijo alzando los hombros.

- ¿Y eso se te hace gracioso? – pregunté perpleja.

- Tú lo pediste Bella, ahora son tu responsabilidad – alzó las cejas con continuidad viéndome burlonamente.

- ¿Y qué hago ahora?

- No lo sé, ¿Qué vas a hacer? – volvió con sus repuestas con preguntas.

Suspiré como diciéndome a mí misma: "Ya lo veía venir". Él se rió por mis pensamientos.

- Es que tú tienes la respuesta Bella, sólo necesitas encontrarla dentro de ti – me dio un golpecito en el brazo como dándome ánimo - ¿Qué vas a hacer? – volvió a preguntar.

Pensé un poco y respondí dudosa.

- Edward debe saber que no tiene la culpa de nada, mis papás sentirse aliviados, mi hermano debe apoyarlos, Jake no tiene por qué reprocharle nada a Edward…

El sonido como de una chicharra me interrumpió.

- Incorrecto – dijo el ángel que ahora traía puestos unos lentes de intelectual, de esos con fondo de botella y un peinado de lado completamente aplastado.

Le seguí el juego intentando encontrar respuestas.

- Y la respuesta correcta es… - me quedé callada señalándolo con ambas manos para que me dijera pero él sólo me vio con ojos inexpresivos y levantando la ceja derecha. Me sentí muy tonta.

- No lo sé, dímelo tu – me dijo tranquilo.

Suspiré por mi fallido intento.

- Piénsalo bien – me dijo haciendo señas con un dedo en su cabeza – No puedes "Hacerles ver" – entrecomilló estas palabras – sus errores, tiene que darse cuenta y para ello los demás ayudan.

- Pero… ¿Quién sino yo que soy su ángel?

- Pues los demás…

- No puedo dejar que Jacob este enojado, mis padres preocupados, mi hermano triste o Edward se sienta tan culpable.

- No chica – me dijo – la culpa que sientes no nada más es la de él – señaló a Edward con la cabeza.

- ¿Entonces? – pregunté pero yo sola me respondí – ¿Mi otro protegido?

Un foquito encendido apareció sobre mi cabeza y de pronto todo mi paisaje cambió nuevamente llevándome a una espaciosa habitación. Los sollozos de una mujer acapararon mi atención. Sentada en la cama, abrazando sus piernas y escondiendo la cabeza entre estas se hallaba una mujer a quién pertenecían los lamentos: Nessie.

- ¿Ella? – pregunté a mi ángel quién asintió con la cabeza.

- Sip – volvió a decir como un niño pequeño – Ella.

"Yo debería estar en el hospital" – repetía una y otra vez en su cabeza – "Yo debería…"

El timbre del teléfono interrumpió sus pensamientos, Ness levantó la bocina ansiosamente antes del segundo pitido.

- ¿Edward? – preguntó de inmediato.

- No, soy Jessica – contestaron del otro lado con voz triste.

- Lo siento, es que Edward quedó de hablar en cuanto supiera algo de Bella – se disculpó Ness.

- ¿Entonces aún no sabes nada?

- No, desde que se la llevaron en la ambulancia no sé nada…

- Jake está allá ¿No le has hablado?

- ¿Jake? – se confundió Ness.

- Sí, eso sé – afirmó Jessica, otra de mis compañeras de escuela.

- Pues… no… no le he hablado – Ness dejó de sollozar para adentrarse en sus pensamientos – Igual – dijo para cortar la comunicación – quiero mantener la línea desocupada por si llama Edward ¿No te molesta, o sí?

- No, por supuesto que no… Cuídate – colgaron ambas.

Ness empezó a nublar sus pensamientos. El dolor, la tristeza, la culpa, la ira y la decepción se apropiaron de ella y con fiereza empezó a llorar y a aventar las almohadas con toda su energía.

- ¡Maldita seas! – gritaba en su interior - ¡Hasta estando al borde de la muerte me lo arrebatas!

Su dolor me invadió, sus comentarios no tenían sentido pero sin duda su dolor era verdadero.

- ¿¡Por qué! – Gritó - ¿Por qué la prefieres a ella?

Cayó al suelo de rodillas con su pregunta, aún lloraba amargamente, su corazón parecía colapsar, incluso lo sentía en mi pecho. Una amargura tan grande que incluso me impedía respirar.

Me acerqué intentado consolarla, me arrodille junto a ella y pasé mi mano por su cabello suavemente, ella pareció sentirlo pero su llanto no cesó, realmente estaba herida y su rabia se concentraba en mi, o más bien en el cuerpo que algún día fui y ahora permanecía tendido en alguna cama de observación.

- De entre todos los problemas que existen – me dijo el ángel detrás de mí – los del corazón siguen siendo no sólo los más duros de superar, sino también los más enigmáticos y usuales en el hombre.

- ¿Qué hace un ángel en estos casos? – le pregunté curiosa.

- Nada – contestó suspirando – No podemos hacer nada.

- Pero… algo tendríamos que hacer – insistí.

- El amor, mi querida Bella – sonrió el ángel sentándose en la cama – Es un misterio. Los humanos nunca pueden darse cuenta de cuán grande es el amor que sienten por otra persona y mucho menos pueden saber si la otra persona siente algo real por ellos, es por eso que el amor es enigmático y doloroso.

- Pero el amor no sólo es dolo – le dije.

- ¿A no? – cuestionó.

- No – respondí firme recordando los momentos felices que pasé con Edward – El amor es más alegría que dolor, mas risa que llanto, más miradas que palabras, más…

- Ya, ya… me harás vomitar si sigues poniendo tanta miel – forzó cara de asco y yo lo miré incrédula – ¿Qué? – se defendió.

- Eres un ángel muy raro – confesé – Dices cosas que se salen del protocolo…

- ¿Protocolo? ¿Cuál?

- Pues ese que se tiene de un ángel de la guarda.

- Y supongo que ese protocolo esta junto a la ley que habla acerca de "El juicio ese tan famoso" – se echó a reír a carcajadas.

Hasta ese momento me di cuenta que estaba ya abrazando a Ness, quién se había tranquilizado por completo y empezaba a secar sus últimas lágrimas.

Una nueva llamada atrajo nuestra atención.

- ¿Bueno? – contestó ella al segundo pitido.

- Ella… – se escuchó del otro lado de la línea pero no pude seguir escuchando.