Lo prometido es deuda... recuperaré el tiempo perdido...
Capítulo 7
"Una triste y linda historia"
- Es gracioso – comentó el ángel confundiéndome – Verte – explicó – Estas ahí, en esa cama tan sin vida, fea – hizo gestos de horror y me reí – Y luego te miro… eres realmente un ángel hermoso – suspiró.
- Gracias.
- Me recuerdas a alguien – su voz sonaba nostálgica.
- ¿De verdad? ¿A quién? – me intrigué.
- Ven, quiero que la conozcas – me ofreció su mano y yo la tomé con curiosidad.
- El paisaje volvió a cambiar, esta vez no me era para nada familiar. Estábamos en una gran casa, colorida, acogedora y llena de recuerdos. Al parecer no había nadie.
- ¿Dónde estamos? Mira que no voy a asaltar casas, el hurto es un pecado – bromeé.
- Muy graciosa Bells – me sonrió.
- Aprendí del mejor –le sonreí hasta que me di cuenta de que observaba una de las tantas fotos de la sala.
- Me acerqué a él para saber qué era lo que le llamaba tanto la atención y me sorprendí al ver un rostro conocido en la fotografía.
- ¿Eres tú? – cuestioné aunque era más que obvio.
- ¿Tú crees? – se rió por mi comentario de más.
- ¿Quién es ella? – le pregunté al ver, al lado de él, a una chica muy hermosa.
- Victoria – contestó con un tono que no sonaba a él.
Supo por mi mirada suplicante que yo necesitaba más que un nombre.
- Fue mi esposa – su respuesta no me sorprendió del todo ya que parecían pareja pero ¿Su esposa? – Mira – me llamó cuando vio otra foto de una niña pequeña – Esta es mi hija, claro que ahora es toda una mujer – sonrió orgulloso – Ella es la que dio a luz hoy – recordé su rostro algo nostálgico cuando me lo había dicho por primera vez esa tarde.
- ¿Así que tu hija era la única protegida que conocías? – caí en la cuenta.
- Sip – me sonrió ampliamente.
- ¿Puedo saber qué pasó? – me animé a preguntar.
- ¿Tú sabes que nosotros fuimos personas que hicimos algún bien y que es por eso que se nos concedió la tarea de ser ángeles guardianes?
- Bueno, algo oí.
- Sí, pero esto es verdad, no como tú "juicio ese tan famoso" – seguía burlándose de mi mala información.
- ¿Qué hiciste tú? – cambié el tema.
- Morí asfixiado después de salvar a unos niños de un edificio que estaba en llamas – recordó – Fue un impulso, yo no podía dejar morir a esos pequeños así que cogí un cobertor que encontré cerca, lo empapé, me empapé y subí a buscar a esos tres niños. Cuando los encontré los envolví en el cobertor y los saqué del edificio… pero respiré mucho humo, tanto que los paramédicos no explicaban cómo pude salir del edificio aún caminando. Yo sí lo supe, fue mi entonces ángel quién me ayudó. Y así me dieron a elegir… y elegí ser un guardián. Lo que no me esperaba es que el jefe me diera a mi propia hija como protegida. Vi a mi esposa llorar por noches enteras, a mi pequeña sin entender qué era lo que pasaba ni el por qué de que su mamá estuviera tan ausente. Me sentí impotente por mucho tiempo pero al fin pudieron salir adelante. Mi esposa volvió a sonreír, se volvió a casar pero luchó por nuestra hija todo el tiempo, ella era muy joven y la verdad que se casara fue lo mejor, tuvo otros dos hijos, varones los dos. Mi niña pasó la adolescencia con muchos miedos. El hecho de no tener un padre la lastimaba, ella sabía por qué había muerto pero no entendía que era lo que me había orillado a arriesgarme hasta la muerte por tres niños a los que ni conocía. Me dolió verla así, culpándome por hacerlo, por abandonarla pero lo entendí, me necesitaba a pesar de que solo estuve con ella hasta los cuatro años. Pero pasó, conoció a un buen chico, se casó y hoy en la mañana tuvo a su segundo hijo – sonrió complacido y orgulloso – Ya pasaron 20 años de mi muerte, años en los que he sido tu ángel y el de 25 personas más.
- Que linda historia – le sonreí.
- Sip – volvió a su tono habitual de niño pequeño.
- ¿Cómo lo superaron tu hija y tu esposa?
- ¿Cómo crees? – sus preguntas con respuestas otra vez.
Nos quedamos callados por un momento pero sin previo aviso mi paisaje cambió tan rápido que si no fuera porque ya estaba acostumbrada me hubieran dado nauseas.
- ¿Qué pasó? – pregunté extrañada.
- Te estás muriendo – me dijo tranquilamente, como si fuera cualquier cosa.
Entonces vi todo claramente. Los doctores y enfermeras se amontonaban a mí alrededor. Mi padre, madre y hermano estaban abrazados en un rincón del cuarto mientras que Alice, Jasper, Jacob y Ness trataban de tranquilizar a Edward, quien estaba llorando sin consuelo, pero todo eso yo ya no lo podía sentir, sólo verlo. Me pregunté internamente el por qué y el ángel me respondió.
- El trato es que fueras ángel en lo que tu destino se decidía y… ya se decidió.
Escuché sus palabras por encima de los sollozos y el llanto de mis amigos y familia y aún de las órdenes de los doctores y las enfermeras agilizadas ayudándolos. Otro sonido más se hizo presente también, uno que yo jamás creí escuchar y mucho menos sabiendo que era provocado por mi cuerpo, era el ruidito típico de cuando tu corazón deja de latir, ese beep largo y lastimoso.
- ¿Lo van a superar? – me refería a mi familia.
- ¿Lo van a superar? – respondió interrogándome.
Me quedé callada mientras los veía. Victoria lo había podido hacer pero ¿Cómo?
- Sí – dije cuando lo comprendí – Lo van a superar.
Me sonrió ofreciéndome su mano. Eché un último vistazo hacia mi familia. Lo iban a superar, el "jefe" ayudaría con eso igual que ayudó a Victoria y a su hija. Porque por sobre los ángeles esta él y él lo puede todo ¿No es cierto?
Pasé junto a Edward y acaricié su mejilla, sé que él lo notó, por algo que yo no comprendía, pero pudo sentirme, él también iba a estar bien, nuestros amigos eran los mejores y lo ayudarían, les sonreí casi por instinto, confiaba en ellos.
- ¿Nos vamos? – me preguntó y asentí tomando su mano cuando los doctores decían que no podían hacer más. Sonreí a mis padres mandándoles la fuerza que necesitaban. Los vi yendo hacia mí, abrazándome con fuerza y repitiendo una y otra vez que esto no era real, que despertara. Pero yo no me sentía mal, ellos iban a superarlo. Vi al ángel buscando algo que me ayudara a seguir, pero lo encontré todo en su persona, en su mirada. Jamás le había puesto la atención suficiente tal vez pero… se veía hermoso, radiante, inundaba de confianza a mi corazón y no dudé más.
Caminamos hacia esa luz que había visto cuando desperté después del accidente, esa luz brillante pero reconfortante.
Han leído las otras dos historias... Espero que les gusten, dense una vuelta y me dicen qué les parecen!
Un beso!
