Hoooli. Aparezco para traerles una historia de Kakegurui con los ships conjuntos Kirasaya y Meariri, parejitas que amo.
La voy a dividir en cuatro partes. Los primeros dos capítulos van a tratar sobre Kirari y Sayaka y los otros dos sobre Mary y Ririka, aunque todos los personajes se van cruzar entre sí en algún momento dado que la historia está conectada. Todavía no sé bien si va a tener solo cuatro capítulos o más, depende de cuán largos me salgan. En sí, el fic está pensado como una historia corta. Voy a ir subiendo los capítulos apenas los tenga cocinados.
La historia es +18
Aclaración: estos increíbles personajes no me pertenecen, reverencias a Homura Kawamoto y al hermoso estilo de dibujo de Toru Naomura.
Con todo dicho, espero que disfruten de la lectura. Cualquier cosita me lo dejan saber en los comentarios :)
Desde ya, ¡muchas gracias por leer!
Irremplazable
La Mantis y la Mosca I
—Parece que están todos muy animados... ¿Tú qué opinas, Sayaka?
Sayaka seguía como una sombra a la presidenta del Consejo estudiantil. Ésta última caminaba tranquila por los pasillos de la academia sin borrar la hermética sonrisa de sus labios. En el medio, devolvía los saludos a las mascotas que pasaban a su lado, quienes murmuraban un "Buenos días" con unos ojos pávidos y carentes de vida. Sus dueños, en contraste, la saludaban orgullosos.
—Las elecciones se acercan y la caza de puntos está llegando a su fin. —Sayaka contestó en voz baja. Miraba el suelo con un porte serio—. Esta semana es la última oportunidad que tienen para sumar puntos. Posiblemente haya una matanza.
—Hm... Suena interesante. ¿Qué hay de ti?, ¿no quieres postularte? —Kirari la espió de reojo—. Te aseguro que será mucho más divertido que seguir comprando votos para mí. Quizá hasta terminemos apostando la una contra la otra.
Sayaka frenó los pies. Kirari se detuvo un momento después y giró el rostro hacia ella. Afiló la sonrisa al verla con la frente arrugada.
—¿No te agrada la idea?
Sayaka le sostenía la mirada con los puños cerrados. Batallaba arduamente contra esas pupilas confiadas, pero nada conseguía. Bufó y siguió caminando. Kirari parpadeó cuando pasó al lado de ella, tomando la delantera.
—¿Oh? ¿Estás de malhumor? —le preguntó, siguiéndola. Sayaka adelante, ella atrás. Los roles se habían invertido y le encantaba que así fuera. Su secretaria nunca hubiera tenido el valor de caminar delante de ella antes, pero el juego de la Torre de las puertas se encargó de cambiar esa realidad. Su vínculo se había fortalecido luego de tremenda apuesta, lo suficiente como para que Sayaka se soltara un poquito más.
—Usted nunca sabe cuándo dejar de bromear, presidenta.
—Solo es mi broma usual de la mañana —respondió, buscando pincharla. Pero Sayaka seguía caminando, usando la espalda para ignorarla. Algo molestó en su interior al ver que no solo no desistía sino que caminaba cada vez más rápido. Normalmente la tenía bailando en la palma de su mano, hoy no—. De acuerdo, ¿qué sucede?
Sayaka se detuvo cuando Kirari le tomó el brazo. La miró y halló su sonrisa cotidiana, pero también un dejo de irritación detrás de ella.
—Todo sucede. Su puesto en el Consejo está en peligro y usted lo único que hace es divertirse y cambiar los planes para que sea más peligroso. Le gusta arriesgarse, lo sé, y lo respeto. Incluso he llegado a comprender un poco porqué planeó todo esto desde el principio, pero las cosas se han complicado más éste último tiempo. —Sayaka ojeó a los estudiantes que pasaban por el pasillo. Devolvió la atención a la presidenta y habló más bajo—. Si usted pierde las elecciones, ¿qué voy a hacer yo?
—Seguir a mi lado.
La respuesta, dulce y susurrante, derrumbó toda preocupación en su rostro, dejando en su lugar una expresión apenada. Kirari le sonreía gentil.
—¿O acaso vas a discriminarme por ser una perdedora? Vaya, Sayaka, sabía que eras pura lógica, pero no que eras tan superficial. —Kirari le dio la espalda llevándose una mano a la frente—. Oh, no... ¡Mi leal secretaria va a traicionarme!
—¡N-No es así! —Sayaka agarró su brazo— ¡Usted sabe que yo la seguiría hasta el mismísimo infierno, presidenta! No me importa si pierde su puesto, el apellido o sus millones, ¡yo siempre estaré ahí para apoyarla!
Kirari se destapó la frente para sujetar esa mano que la aferraba con fuerza. Le dio unas palmaditas.
—Entonces, todo arreglado. ¿Continuamos? Ya es la hora del té, y por nada del mundo me perdería el exquisito té negro que prepara Sayaka.
La agarró de la cintura y comenzó a llevársela con ella a la oficina. Sayaka caminaba a su lado con la cabeza gacha. No le importaba la condición social de la presidenta, de verdad que no. El problema pasaba por otro lado, el de siempre: no quería dejar de ser su secretaria. Tenía un mal presentimiento. Si Kirari perdía su puesto, ella también perdería el suyo. ¿Seguir a su lado? Con gusto, ¿pero con qué excusa? Necesitaba una, necesitaba sentirse útil. No quería ser una molesta mosquita volando alrededor de una poderosa Mantis, esperando a ser cazada. ¿Su amiga?, ¿continuaría como su amiga? Aunque era la persona más cercana a ella, no podía llamarla amiga. Ese término ni se acercaba a lo que la presidenta significaba para ella: su razón de ser. Como la secretaria que era, podía serle útil y ayudarla a alcanzar sus metas. Como una amiga, pecaría de incompetente.
—¿Quiénes están a la cabeza?
Kirari cuestionaba lo usual mientras se llevaba una taza de té a los labios. Estaba sentada detrás de su escritorio rodeada de papeles que le eran sumamente aburridos. No tenía ganas de leerlos. Por suerte, su secretaria era quien se hacía cargo de ellos. Y de los preparativos de la elección, y de los Planes de vida, y de la supervisión general del Consejo estudiantil. Y de todo. Si Kirari le pedía que le leyera un cuento, ella lo haría. Pensándolo bien, una vez se lo pidió.
—Saotome Mary está tomando la delantera y… Momobami Ririka la acompaña. —Sayaka hizo una mueca disgustada al ver los puntos de ambas en el informe que sostenía. La presidenta se limitaba a beber con tranquilidad— ¿Por qué su hermana se sigue aliando con esa chica? Entiendo que usted se lo pidió, pero ya estamos en la recta final. Ella debería buscar eliminarla.
—Pero prefiere buscar su independencia, esa es la respuesta. Ririka no aspira a convertirse en presidenta del Consejo sino que aspira a liberarse. Y respecto a Mary, no la quiero fuera aún. Me agrada. Tiene carácter y está ayudando a mi querida hermanita. Quizá... gracias a ella pueda terminar apostando conmigo misma. —Kirari dibujó una sonrisa lúgubre que a Sayaka no le sorprendió. Apostar contra ella misma, eso sería como un sueño cumplido para la presidenta. Una fantasía descomunal. Pero sospechaba que tenía otros motivos ocultos para querer desafiar a su hermana— ¿En qué puesto está Yumeko?
Sayaka alzó una ceja. Tenía que preguntar por ella.
—Puesto número cuatro, pero no sé por cuánto tiempo. La última vez perdió cincuenta millones de yenes en una apuesta. Sin embargo... —Volteó la hoja que estaba leyendo. Chasqueó la lengua—... lo recuperó al instante. Por ahora, no ha vuelto a apostar. Guarda sus votos.
«Porque esa perra quiere apostar contigo, presidenta»
—Hm… Se lo toma con calma, interesante. —Kirari giró la silla hacia el gran ventanal. Se quedó mirando la luz que entraba por él. En el medio sus pupilas se dilataban incapaces de ocultar la emoción—. Me pregunto qué estará pensando, siempre sale con alguna sorpresa.
Sayaka desvió la mirada. Celos. No eran tan intensos como los que sintió antes del juego de la Torre, pero igual molestaban. Se obligó a enfriar la cabeza. La presidenta la había elegido de nuevo y ella había decidido dejar de volverse loca intentando comprenderla. Le gustaba por cómo era, por cómo la veían desde afuera sus ojos lógicos. Y a Kirari le fascinaba no entenderla. Eran opuestos complementarios y ese lugar nadie se lo robaría.
Kirari volvió la vista a ella ante el silencio fúnebre. La encontró mirando el suelo, pensativa.
—¿Te preocupa Yumeko?
—¿Huh? —Sayaka subió los ojos. Kirari descansaba la mejilla en la mano con una sonrisita.
—¿O estás celosa de ella?
—¡N-No! Solo… creo que es una molestia. Ya sabe lo que opino de ella. No me gusta su mirada y la locura que maneja.
—¿Oh? Pero si eso es lo mejor que tiene. Después de mí, es la segunda más loca aquí. —Kirari se rió de su propio chiste. Sayaka la observaba quieta en el lugar, las manos juntas delante del cuerpo— ¿Debería hacerla mi nueva secretaria? Creo que nos entenderíamos muy bien.
—¿Está tratando de provocarme? —Sayaka frunció el ceño.
—¿Lo estoy? —Kirari se puso de pie despacio. Rodeó el escritorio en un andar elegante y se paró frente a ella con una mano en la cadera— ¿Y qué si lo estuviera? ¿Te molesta mi atrevimiento, Sayaka? —Deslizó la otra mano por su coleta.
Sayaka juntó los pies con las mejillas entrando en calor. Las palabras de la presidenta, como siempre, venían envueltas en hielo. Sin embargo, sus ojos se mostraban blandos. Solo ella tenía el agrado de recibir una mirada cálida de su parte. Y una voz dulce. Su voz siempre adquiría un tono dulce al hablarle. La derretía.
—Aunque me moleste, no puedo llevarle la contraria.
—Deberías empezar a hacerlo, porque sino no puedo saber lo que sientes —contestó Kirari, poniendo una mano en su hombro. Movió el pulgar en una caricia—. Recuerda que no te entiendo para nada, así que debes ayudarme a entenderte.
Sayaka se desconcertó. ¿Por qué a la presidenta le interesaba saber lo que sentía? Luego de la apuesta contra Yumeko, ella empezó a comportarse así; más atenta a sus preocupaciones, más cariñosa. Todo lo que antes tenían se intensificó. Debía ser una buena noticia, lo fue por un tiempo. Sayaka disfrutaba de su compañía, de las caricias esporádicas que le regalaba cuando estaba distraída, ya sea estudiando o bebiendo té con los ojos perdidos en la ventana. Cuando menos lo esperaba, unos finos dedos se acercaban a su mejilla y la acariciaban. No sabía qué decir cuando ella actuaba así, puesto que no le encontraba lógica a tal actuar, así que se quedaba en silencio disfrutando de aquellos roces. Sí, fueron unos gratos días.
Hasta que las bromas también se intensificaron.
A Sayaka le costaba aguantarlas y mantener al enojo sellado, porque ya no eran unas bromas pasajeras para cortar el aburrimiento. Antes Kirari aparecía de golpe para asustarla; a escondidas le ponía más azúcar a su té, le cambiaba el peinado cuando se quedaba dormida en el sillón de tanto trabajar, cosas del estilo. Una vez hasta le puso unas orejas de conejo solo para sacarle una ridícula foto. Esa era su forma de bromear. De, sin ir más lejos, expresarle cariño. Ahora era distinto. Ella se metía con su vínculo: la base de su vida. Y eso pesaba en el corazón. Kirari lo pinchaba día a día con indirectas hacia Yumeko y, como si no fuera suficiente, hacía alarde de perder las elecciones apropósito solo "para ver qué tal resultaba eso". Por desgracia, Sayaka ya no se sentía fuerte como para disimular el malestar. Desde que sus sentimientos quedaron expuestos en el juego de la torre, perdió sostén. Pensó que la presidenta lo hacía adrede, que la molestaba para sacarle algún tipo de información que, como un círculo interminable, luego utilizaría para hacerle otra broma de mal gusto. Contestarle era igual a darle de comer. Entonces no decía nada, no permitía que hurgara más allá. Sus sentimientos estaban en juego. Y a ella, la verdad, no le gustaba apostar.
—Se le va a enfriar el té. —Se limitó a decir, cabizbaja.
Kirari permanecía observándola con seriedad. Lentamente iba abandonando su hombro. Giró los pies para volver a su lugar.
—¿Y el tuyo? No desayunaste. Trae una taza para ti. Oh, y hazme el favor de darme una hoja también.
—¿Quiere que haga la lista de los invitados que vendrán a la reunión de mañana? —Sayaka agarró su cuaderno de notas y un bolígrafo. Se puso en posición de escucha absoluta.
Kirari se sentó en la silla del escritorio. Levantó los ojos hacia ella. Brillaban, escondían algo. Y le daban mala espina.
—No, quiero que juguemos un juego. Estoy aburrida.
«Cuándo no»
Sayaka contuvo un suspiro. Últimamente la presidenta caía seguido en el aburrimiento. Al menos esa era su excusa para obligarla a jugar con ella cada tanto. En general, los juegos no eran la gran cosa, sin embargo, algo le decía que hoy sería diferente. Una intuición que iba más allá de la lógica.
—¿Un juego?, ¿ahora? En un rato llegarán los miembros del Consejo.
—Tenemos tiempo, es sencillo y matará el aburrimiento. —Kirari levantó la mano para que le diera el papel. Sayaka arrancó una hoja del cuaderno y se la entregó—. Seguro lo jugaste cuando eras pequeña.
—No jugaba mucho de niña...
—¿Es así? Bien, entonces piensa en esto como recuperar el tiempo perdido. —respondió Kirari, doblando la hoja por la mitad.
Sayaka observaba atenta cada movimiento. Ella dejó bien marcada la raya en el medio y desdobló. Luego dobló la otra mitad. Cuatro cuadrados quedaron marcados en la hoja. La dio vuelta y volvió a hacer lo mismo, pero esta vez en diagonal. Unía las puntas entre sí con paciencia. Desdobló y Sayaka vio el resultado: más líneas en el papel. Las contó. En total había ocho líneas marcadas en la hoja. Una línea diagonal dividía cada cuadrado, formando así dos triángulos pequeños dentro de cada uno.
—¿Origami?
—Hm… Podría decirse que forma parte del arte del Origami, pero su construcción fue pensada más que nada para jugar. El juego varía de nombre según el país. Mi preferido es… Comecocos. —Kirari levantó la vista, revelando una sonrisa maliciosa—. Hay varias formas de jugar con esto. En este caso, lo ajustaré para que cumpla con nuestras necesidades. Será un juego básicamente de azar, lo único que tendrás que hacer será elegir.
Sayaka se ponía inquieta mientras Kirari agarraba las cuatro esquinas del papel y las doblaba hacia el centro de éste. Cuando terminó, quedó formado un cuadrado pequeño. Lo dio vuelta y repitió la acción anterior, llevando las puntas hacia adentro. El cuadrado se achicaba cada vez más y su corazón aumentaba las palpitaciones. Comecocos… La sentencia estaba tallada en el nombre. Ese juego iba a romperle la cabeza.
—Ah… Qué nostalgia. Con mi familia solíamos jugar a esto para decidir a los sucesores. Comecocos y los dados eran nuestros juegos favoritos —comentó Kirari, sacándole el bolígrafo de la mano. Dejó el cuadrado de papel en la mesa. En el interior de éste, debido a las muchas dobladuras, figuraban cuatro triángulos que nacían de cada esquina. Cada uno estaba dividido por una línea, quedando así ocho triángulos pequeños en total. Apuntó el bolígrafo a uno, pero se detuvo antes de escribir—. Tú escribirás los números. Del uno al ocho, anótalos en cada triángulo.
—¿Números? —inquirió Sayaka, tomando el bolígrafo que le devolvió. Se puso a anotar los números en el papel. Kirari la contemplaba, apacible.
—Tu caligrafía es tan hermosa… No puedo apartar los ojos de ella cada vez que la veo.
Sayaka terminó de anotar los números y la miró con un tenue sonrojo.
—Um, presidenta, aún no me ha explicado las reglas del juego.
—Porque recién lo estamos construyendo, ahora viene el paso siguiente. —Kirari agarró el papel y lo dio vuelta, dejando a los números contra la mesa. En el lado visible del papel había cuatro cuadrados que, por cómo lo armó, podían levantarse desde el centro como una solapa. Kirari metió el dedo debajo de uno y se lo mostró— ¿Ves? Es como un bolsillo. Lo siguiente será decidir las categorías. Son simples: Consejo estudiantil, Planes de vida, Consecuencias y Sin consecuencias. —Comenzó a escribir las categorías en cada cuadrado.
El cerebro de Sayaka se puso en negro, sus ojos también. La lógica se activó.
«¿Por qué me dejó escribir los números si ella está escribiendo lo siguiente? ¿En qué modifica al juego? Trampa, huele a trampa. Pero no puedo analizarlo bien sin entender primero todas las reglas»
Kirari terminó de escribir las categorías y levantó el papel. Le mostró lo que acababa de escribir y luego lo dio vuelta, revelando los números que escribió Sayaka en los triángulos.
—Como ves, debajo de los números se puede levantar el papel. —Kirari levantó la solapa del número uno y dos en una demostración. Ambos números formaban parte de la misma solapa, pero eran divididos por una línea en el medio, distanciando así al número uno del dos. Lo mismo con los demás—. Hay un pequeño espacio para escribir. Debajo de cada número pondremos un reto basado en la categoría que le toque. En el caso del número uno… —Dio vuelta el papel. Estiró la sonrisa—. Pertenece a la categoría "Consecuencias". El reto tendrá que ver con eso. Lo mismo con los Planes de vida y también con los demás. Caben dos números por cada categoría, así que cada una escribirá un reto por categoría. Ahora yo escribiré uno en la de "Consecuencias", tú escribirás el otro. Así es más justo, ¿no?
Sayaka estrechó los ojos.
«¿Justo? La presidenta no conoce esa palabra. Este juego definitivamente estará lleno de trampas. Si las identifico antes de que empecemos a jugar, quizás pueda ganar»
—Confío en que sabrás qué escribir para cada reto. Tú tienes conocimiento sobre todas estas categorías, Sayaka. Incluso te he confiado varios Planes de vida y los has estructurado a la perfección. Esto también lo harás bien.
Kirari desplegó todas las solapas, dejando los números contra la mesa para que no los vieran. Si los veían, sabrían quién escribió el reto en cada número. La única ventaja que tenían era saber qué número pertenecía a cada categoría, aunque eso no servía de mucho si desconocían lo que iba a escribir la otra.
—¿Ves? Haremos así. —Kirari anotó un reto en una solapa. Tapaba lo que escribía con la mano. Sin embargo, al terminar cerró la solapa y el número quedó a la vista; era el uno. Sayaka se extrañó. Se suponía que no debía verlo. Ahora sabía que el número uno, perteneciente a "Consecuencias", guardaba el reto de Kirari. ¿Por qué se lo mostraba? Ya había entendido la consigna. Ese ejemplo era innecesario y sospechoso. Muy sospechoso.
Ambas se dispusieron a anotar los respectivos retos. Cuando una escribía, la otra no miraba. Cerraban la solapa rápido sin ver el número y volvían a repetir la acción. Kirari no tardó en decidir los retos, pero a Sayaka le estaba tomando su tiempo, en especial con la categoría "Consecuencias". Nunca pondría una consecuencia que atentara con la vida de Kirari o incluso con su orgullo. Pondría una leve, un juego de niños. Y estaba segura de que Kirari lo sabía. Ella tenía esa imagen de su persona. Pero, ¿y si la engañaba? Y si decidía poner una verdadera consecuencia. Adoraría ver una expresión de sorpresa en el rostro de su presidenta al leerla. Pero, seguramente, ésta también ya habría pensado en eso. En la posibilidad de que cayera en la tentativa. ¿Y si ese era su plan? Revelar otra cara de su persona, aquella que trataba de ocultar para evitar ser expuesta. Si el plan resultaba ser cierto y Sayaka ponía una verdadera consecuencia, caería en su trampa incluso aunque la presidenta debiera cumplir con lo escrito. De alguna u otra manera, perdía.
—Se nos pasa la hora, Sayaka —mencionó Kirari en broma, dándole un sorbo al té—. Solo es un juego, no lo pienses tanto.
—Con usted nada es solo un juego, presidenta.
La nombrada rió.
—Últimamente estás muy contestadora. Me gusta.
Sayaka finalmente se decidió. Anotó lo reflexionado y cerró la última solapa mirando para otro lado.
—Bien, estamos en el paso final: terminar de armarlo. —Kirari apoyó el cuadrado en la mesa, dejándolo del lado de los números, y lo dobló por la mitad, escondiéndolos. Luego lo agarró de las dos puntas superiores. Hizo un leve forcejeo hacia adentro y una boquita se abrió en el medio. Sayaka pestañeó—. Ahora, los bolsillos. —Del lado exterior del papel habían quedado las cuatro solapas con las categorías escritas. Kirari levantó las solapas una por una. Sayaka pensaba que parecía una flor desplegando los pétalos en plena primavera. Ella metió los dedos en los espacios debajo de las solapas y sonrió como una niña cuando empezó a moverlos de afuera hacia el costado, abriendo y cerrando el papel— ¿Ves? Así funciona. ¿No parece una flor?
—Increíble... Es muy buena en manualidades, presidenta. —le dijo Sayaka, viendo cómo la boquita se abría y cerraba. En los cuatro pétalos externos estaban las categorías. Dentro de la flor, los números. Pero cuando Kirari abría y cerraba el papel, éstos cambiaban de lugar. Nada mágico, pura matemática. Debido a las muchas dobladuras que tenía esa figura, más los movimientos verticales y horizontales que hacía Kirari con los dedos al moverla, los números se alternaban en cada tanda. Pero igual seguían un orden básico. Sayaka los memorizó. Cuando Kirari abría el papel de manera vertical, revelaba los números uno; dos, cinco y seis. Y cuando lo abría de manera horizontal, revelaba los números tres; cuatro, siete y ocho. Ahora los retos se habían divido en dos tandas. Por ejemplo, un reto de la categoría "Consecuencias" se encontraba en la tanda vertical y el otro en la horizontal. Y así con todos. El problema era si la presidenta abría y cerraba el papel rápido como ahora estaba haciendo. Si el juego consistía en elegir un número mientras movía el papel a esa velocidad, las posibilidades de acertar el número elegido descendían. Por accidente, podía detenerla en el que no era—. De acuerdo... ¿Y cómo se juega? —le preguntó ya con la curiosidad a flote, pero también con un temor asechando detrás.
—Esperaba que preguntes. No te preocupes, nada será más peligroso que el haber saltado de esa torre. —Kirari inclinó el rostro con una sonrisa blanda que pegó duro en su corazón—. Jugaremos por turnos. Hagamos una prueba antes de empezar. Lo primero que tienes que hacer es elegir un número del uno al ocho, digamos que elijes el cuatro. Entonces, yo hago... —Kirari abrió y cerró el papel cuatro veces—. Los números que quedaron dentro será lo siguiente que elijas. Recuerda que cada número pertenece a una categoría.
—Y si elijo, por ejemplo, el dos. —Sayaka señaló el número dos dentro del papel—. Usted me mostrará el reto que está escrito debajo del número. En este caso, de la categoría "Planes de vida".
—En efecto. Ahora vienen las reglas. Es solo una: si no deseas cumplir el reto, puedes negarte, pero habrá una prenda.
—Pero no me dirá cuál es la prenda hasta que yo vea el reto, ¿verdad? —contestó Sayaka de antemano.
Kirari soltó una risita.
—Exacto. La prenda permanecerá oculta hasta que decidas si cumplir el reto o no. O si yo decido cumplirlo, quién sabe. No puedo confiarme si es Sayaka quien escribió la mitad de los retos. Quizá me acobarde y prefiera la misteriosa prenda al desafío. Te recomiendo que vayas pensando unas cuántas para mí, las necesitaré.
"Entre la espada y la pared" debería llamarse ese juego, pensó Sayaka. Aquella apuesta no tenía ganadores ni perdedores, simplemente era una prueba de valentía. Y cada trocito de papel era una posibilidad a la exposición absoluta. ¿Pero qué hay de la prenda?, ¿sería tan peligrosa como el reto o era una trampa para que cayera en el miedo? Kirari no especificó aquello, quizás era menos peligrosa. Tampoco aclaró si dentro de la solapa "Consecuencias" habría realmente alguna, o si dentro de la solapa "Sin consecuencias" no habría nada amenazante. Tratándose de ella, pudo haber alternado todo. Sin aclararlo, queda libre de castigo. Sayaka, basándose en su lógica, entendería la solapa "Consecuencias" como la peor opción, por ende, la evitaría. Sin embargo, Kirari conocía su forma de pensar, lo cual reforzaba la idea de que pudo haber alternado apropósito los retos entre las categorías "Consecuencias y Sin consecuencias" para que cayera en una trampa. ¡Pero! quizás solo quería que pensase de esa forma, que se le diera vuelta el cerebro para al final no saber qué camino tomar. Por no decir que el término "Consecuencias" era muy obvio. Por lógica, nadie querría elegir esa categoría. Suena fulminante.
Había otro tema que le preocupaba respecto a esas categorías específicas: ¿una consecuencia es realmente algo negativo? Hay consecuencias de todo tipo; buenas, malas, intermedias. Si haces un buen trabajo, la consecuencia es ascender. Si no lo haces bien, la consecuencia es el despido. La palabra es mal usada a menudo, pero, en realidad, "una consecuencia" no es algo negativo. Todo depende del contexto. Y Kirari seguro pensó en ello y agregó un contexto adecuado al escribirla. También estaba el hecho de que, con suerte, podía salirle la consecuencia que ella misma escribió. Pensó de antemano en eso, así que decidió elegir una neutra que no perjudicara, al menos no mucho, a ninguna de las dos. A Kirari, por el contrario, le encanta el peligro, a tal punto que podría atentar contra su propia vida. Si eligió poner una consecuencia negativa definitivamente sería riesgosa. Pero no está de más recordar que en éste último tiempo ella se estuvo mostrando mucho más atenta a sus necesidades que antes. Sayaka ya no sabía si era capaz de ponerla en peligro con la excusa de "solo estar jugando". Para Kirari era un juego, pero para Sayaka un sentimiento pesado de llevar.
Ah…, era como girar en una espiral interminable. Empezaba a dolerle la cabeza y ni siquiera había empezado a jugar. Por eso no le agradaba apostar con la presidenta. Ella no era competitiva, pero sí se destacaba por sus maquiavélicos juegos mentales. Le gustaba ver cómo la ansiedad y los nervios poseían lentamente al otro llevándolo a la pérdida completa de razón y cómo el pobre individuo trataba de salir de ese pozo sin fondo exprimiendo todo lo que tenía. Solo Jabami Yumeko disfrutaba de sus juegos mentales. Y los gozaba, sí que los gozaba.
—¿Nos ponemos cómodas?
De pronto tenía a Kirari guiándola por la espalda hasta los sillones de la sala. Se encontraban uno frente al otro, una mesita baja los separaba. Sayaka se sentó en uno, Kirari enfrente. Ésta última se cruzó de piernas y levantó el papel.
—Como soy la anfitriona de este juego, yo seré quien haga bailar a la flor primero. ¿Empezamos?
Ruido. Que ella fuera la que empezara el juego le hacía mucho ruido. Debía estar atenta de sus movimientos, la trampa se olía a lo lejos.
—¿Y bien? ¿Qué número elijes?
Sayaka miró la flor en su mano.
«Este paso no parece de mucha importancia, cualquier número que elija es simplemente para llegar a los números dentro del papel. Cuatro números serán revelados cuando ella lo abra, cada uno pertenecerá a una categoría. El problema es que no sé si el reto que me tocará es el que escribí yo o el de ella. Lo único que sé, gracias al ejemplo que dio, es que el número uno guarda el reto "Consecuencias" que ella escribió. No sé si me lo mostró apropósito, pero igual no pienso elegirlo»
—Número cinco.
Kirari bajó la vista al papel. Cinco; el mismo número que eligió para saltar de la torre, recordó. Jamás lo olvidaría. ¿Cómo olvidar la imagen de su bella secretaria dejándose caer al vacío luego de haberle confesado su amor? Porque así lo entendió, como una confesión.
—Cinco será. —Empezó a abrir y cerrar el papel. La flor quedó abierta, revelando en su interior los números tres; cuatro, siete y ocho— ¿Qué número elijes, Sayaka?
Sayaka se inclinó hacia el papel. El número tres formaba parte de la categoría "Consecuencias", el cuatro "Consejo estudiantil", el siete "Sin consecuencias" y el ocho "Planes de vida". Si el número uno era la consecuencia que escribió Kirari, por descarte, el tres sería la consecuencia que escribió ella. Pensó en usar esa carta, pero era muy pronto. La necesitaría después. Afinó los ojos. Buscaba alguna transparencia, al menos una letra que pudiera verse debajo de los números para saber de qué trataban los retos. Nada. Las dos escribieron suave para que no se transparentara. El azar… Ah, el azar. Lo odiaba.
«Vamos por lo seguro. Es obvio, pero al menos me servirá de prueba para analizar todo mejor»
—Siete.
—¿Sin consecuencias, eh? Una categoría hecha a tu medida, Sayaka.
Kirari comenzó a levantar lentamente la solapa del número siete. Sayaka se aclaraba la garganta en el transcurso. Vio su propia letra y se relajó.
—"Nada interesante por aquí". —Leyó Kirari con una sonrisa—. Te toca.
Se inclinó y le pasó el papel, luego le mostró cómo agarrarlo.
—Pones tus dedos aquí y los mueves así. —Le movió los dedos de afuera hacia el costado debajo del papel—. Fácil, ¿no?
Sayaka levantó la mirada, encontrándola cerca. Y amable. Su mirada era amable a pesar de que se sentía a punto de tocar las puertas del infierno.
—Hay algo que no me ha dicho, presidenta. ¿Qué tanto de esto es serio? Si el reto que toca resulta ser uno que modifique nuestras vidas para siempre, ¿habrá que cumplirlo? —Se imaginaba la respuesta. Estaba tratando con la presidenta, después de todo, pero igual necesitaba escuchar una confirmación.
—Por supuesto que sí. Si tú has escrito en "Planes de vida" que yo me case mañana con un desconocido, así será.
—¡¿Huh?! —Sayaka se horrorizó— ¡Jamás le haría hacer eso!
—Lo sé, por eso estoy tranquila. Soy muy joven para casarme, ¿no crees?
Le hizo refunfuñar por dentro. Esa actitud confianzuda de ella a veces le molestaba. Era como si la mirara por encima del hombro.
—Usted está a salvo en esa categoría, pero yo no estoy segura de lo que habrá escrito para mí. Voy a evitar esa opción por ahora.
—Vaya… Qué desconfiada. Jamás te desearía lo peor. —Kirari apoyó un brazo en el respaldo del sillón—. Volvamos a lo que nos compete. Es mi turno. Elijo el número seis.
Sayaka abrió y cerró el papel seis veces. Dentro aparecieron los números uno; dos, cinco y seis.
—Número dos. —dijo antes de que llegara a preguntarle.
«Lo sabía»
Categoría "Planes de vida", esa eligió. Un baldazo de agua directo a su cobardía, por no decir cachetada. "¿Tú no la elijes? Bien, entonces yo la elegiré". Eso escuchó cuando dijo el número. Sayaka sabía que arrasaría con todo desde el principio. Quería problemas, quería saborearlos ya. A la presidenta no le gustaba esperar. Los demás estudiantes tenían una imagen serena y paciente de ella. Pero no, muy equivocados estaban.
Sayaka miró el papel, temerosa. No por su vida, en esta ocasión. El Plan de vida que escribió no afectaría a ninguna, no realmente, pero si salía el que Kirari había escrito... Todas las categorías debían estar pensadas para involucrar a las dos ya sea de buena o mala manera. Ninguna se salvaba.
Comenzó a levantar la solapa. Sus dedos temblaban, casi que sudaban. Kirari la esperaba tranquila. Sayaka reveló el reto y los ojos de Kirari mostraron un leve destello. Su sonrisa desapareció.
—Oh. —Se refregó el mentón con el dedo índice. Su uña celeste iba y venía por él—. Léemela, Sayaka.
Sayaka, para ese momento, volvió a respirar.
—"La presidenta seguirá conservando su puesto en el Consejo estudiantil hasta que se gradúe. Si lo pierde, se verá obligada a recuperarlo utilizando cualquier método. Su secretaria ayudará".
Kirari cerró los ojos. Cruzó las piernas para el lado contrario.
—Y yo que pensaba tomarme unas vacaciones. Eres cruel, Sayaka.
—Nadie más que usted puede manejar el acuario. Los peces morirán si no los supervisa.
—Todos mueren tarde o temprano, nosotras también lo haremos. Por eso hay que vivir con intensidad, ¿no estás de acuerdo? —Kirari estiró la mano para que le entregara el papel—. Cumpliré con lo escrito, aunque debo admitir que es un plan aburrido.
Sayaka esbozó una media sonrisa y se lo entregó.
—Yo no soy la encargada de su diversión, esa es Jabami Yumeko.
—¿Eso crees? Yo creo que tú podrías divertirme de muchas maneras si te lo propones. —Kirari le lanzó una sonrisa coqueta que le hizo desviar la mirada—. Por ahora salieron todas respuestas tuyas, veremos si esta vez sale una mía. Recuerda que no puedes elegir el mismo número de la flor que elegiste antes, dado que ese reto ya fue revelado.
Vuelta al juego. Dos respuestas suyas salieron. Ahora, por una cuestión de azar, las probabilidades de que salieran las de Kirari eran mayores. "Consecuencias" ni la quería tocar. "Sin consecuencias" era una trampa, estaba segura. "Planes de vida y Consejo estudiantil" tampoco le apetecían, pero las prefería ante las demás. Si elegía el mismo número que antes, le tocarían los mismos números dentro de la flor. El de "Sin consecuencias" ya no contaría debido a que lo utilizó. No le sonaba bien que solo le quedaran tres opciones para elegir, pero sí le agradaba la idea de no encontrar allí el reto "Sin consecuencias" que escribió Kirari. Por lógica, entendió que estaría en la otra tanda de números que no pensaba elegir.
—Número cinco.
Kirari abrió y cerró el papel cinco veces. Sayaka se inclinó para analizar los números. Como bien pensó, eran los mismos que le tocaron antes. El número cuatro pertenecía al "Consejo estudiantil". Esa categoría era la que consideraba menos peligrosa, pero no descartaba una futura sorpresa.
—Número cuatro.
Kirari levantó la solapa del número elegido. Una de sus comisuras se arqueó.
—Vaya, vaya… Por fin algo interesante. Léelo tú misma.
Sayaka estaba en blanco. No entendía… ¡No entendía lo que estaba escrito! El reto no estaba escrito en japonés sino en otro idioma. Coreano, si mal no identificó. Había solo dos Kanjis en la frase, pero lo demás estaba redactado con el alfabeto coreano, el cual desconocía. ¿Había escrito todo en coreano? ¿Cómo haría entonces para descifrar lo que decían los otros retos? Si hubiera ido a una escuela pública no estaría entrando en crisis, puesto que suelen enseñar coreano. Pero la academia era un tema aparte. Mejor dicho, un mundo aparte. Por una cuestión de conexiones políticas futuras se enfocaban en el inglés y el alemán, así que desconocía por completo el idioma coreano. Aunque era una experta en los demás.
—¿N-No puede leérmelo usted?
Kirari negó con el dedo índice.
—No es mi obligación hacerlo, antes leí porque quise. Ahora… —Estiró la sonrisa, ensombreciéndose—… no quiero.
Sayaka comenzaba a preocuparse. Si no podía leer lo que estaba escrito tampoco podía decidir si tomar el reto o preferir la misteriosa prenda. El juego ya era peligroso antes, pero ahora, sin entender ni una sola palabra, rozaba lo caótico. No sabía cuál sería la prenda, no entendía el reto escrito. Era como elegir con los ojos vendados. No había una maldita salida y Kirari lo había planeado así desde el principio.
—¡No es justo!, ¡lo escribió en otro idioma apropósito!
—¿Oh? Nunca dije que no podías escribir en otro idioma, solo dije "escribe". Si tú hubieras escrito en francés, yo lo hubiera aceptado con los brazos abiertos aunque apenas sé decir "Ma cherié".
Sayaka apretó las muelas. Pánico. El pánico subía lento y penetrante por su cuerpo, acentuándose en el rostro. Y Kirari lo veía. Estrechaba los ojos con placer ante esa nueva expresión nunca antes vista en su secretaria. Las coleccionaba. De hecho, tenía un álbum de fotos de sus expresiones. Lamentó no tener la cámara encima.
—Vamos, algunas letras tienes que reconocer. Míralas bien. El coreano no es tan diferente de nuestro idioma, después de todo. Compartimos la mayoría de los Kanjis, puedes empezar por ahí. —Le acercó el papel para que lo viera mejor. Sayaka abrió los ojos lo más que pudo como si así pudiera llevar a la concentración a su máximo nivel. Empezaba a sudar.
Un Kanji… Uno reconoció. El Kanji significaba "cambio". Profundizando: transformación, transición. Su corazón saltó del pecho. No le gustaba esa palabra, le daba terror. Buscó con los ojos al otro Kanji. Se parecía al de la luna, pero no estaba segura. Una de las patitas del sinograma no le convencía. ¿Quizás era la forma antigua del Kanji moderno? O quizás simplemente era otro Kanji.
«¡Agh, malditos coreanos!, ¡no entiendo nada! ¡¿Por qué no estudié coreano?! ¡¿Y por qué mierda ella conoce el idioma?!»
—Aún puedes desistir del reto y tomar la prenda. ¿Quieres?
Sayaka apuntó los ojos a la presidenta, tiritando en el lugar de impotencia. Ella se mantenía apacible. La prenda, la bendita prenda. ¿Sería peor que ese reto? Conociendo a la presidenta, los dos seguro eran terribles. En otro momento hubiera aceptado el reto por esa única palabra que reconoció, pero esa palabra era la que más odiaba en el universo. Cambio. ¿Cambio de qué? ¿La echaría del Consejo?, ¿dejaría de ser su secretaria? ¿Todo cambiaría? Estaba segura de que Kirari puso ese Kanji apropósito sabiendo que sería el único que reconocería. Y que la revolvería. Se encontró anhelando la prenda. Quizás tendría que caminar desnuda por los pasillos de la academia o hacer alguna qué otra barbaridad. A esa altura, lo prefería. "Cambio" sonaba permanente. Prenda, pasajero.
—¡Prenda! ¡Elijo la prenda!
Kirari asomó los dientes en una sonrisa. Sayaka tragó saliva.
—Desnúdate.
Sus ojos saltaron. El corazón le siguió, galopeando deprisa al ritmo de una marcha fúnebre. ¿En serio le iba a hacer caminar desnuda por la academia?
—Pre-Presidenta, eso es…
—¿Prefieres el reto? Podría ser compasiva y hacer como que nunca escuché la palabra "prenda", pero no sucederá dos veces.
—¡No, no quiero el reto! —Sayaka sacudió la cabeza— ¡Pero desnudarme es…! ¡Mi dignidad, presidenta!
—¿Dignidad? ¿Ves alguna dignidad en esta academia? Mi trabajo es destruirla. No hay, no existe tal dignidad aquí. —Kirari se puso de pie y rodeó la mesita baja hasta llegar hasta ella. Estampó las manos en el respaldo del sillón, dejándola encerrada—. Desnúdate, Sayaka.
Sayaka bajó la cabeza escuchando a su corazón bombeando fuerte en los oídos. Se mordía el labio al borde de casi desangrarse. Humillación, orgullo, nervios, confusión. Esas palabras estaban talladas en un garrote y la presidenta le golpeaba la cabeza con él.
—Estamos en confianza, ¿no? —insistía ella, poniendo una expresión angelical que no la sosegaba—. Incluso te he visto orinar.
—¡Por accidente! No..., me retracto. No fue un accidente, ¡entró al baño apropósito!
Kirari deslizaba los dedos por el lazo negro de su camisa soltando una risita encantadora.
—Mientras más tardes, más posibilidades hay de que alguien entre y te vea desnuda. Hagamos esto rápido.
Comenzó a desabrocharle los botones del saco rojo sin esperar otro "no" por respuesta. Se lo quitó por los hombros y llevó las manos a su camisa. Botón por botón, la desabrochaba. Sayaka estaba dura en el medio. Sentía cómo sus manos bajaban por el abdomen. Le hacía cosquillas.
—P-Puedo hacerlo sola.
—La ayuda viene con la prenda.
—¿Qué clase de prenda es esta? Dios…, lo único que hace es bromear. Como siempre. —Sayaka desviaba la mirada mientras Kirari le abría la camisa, permitiéndole a sus pechos respirar. Se quedó observando un momento el sujetador rosa que llevaba y subió a su rostro.
—No estoy bromeando.
Sayaka volvió a sus ojos, encontrándolos profundos. Juntó las rodillas, nerviosa. Kirari puso una mano en su cintura desnuda. Comenzó a bajar por el borde hasta llegar a la falda. Sayaka contuvo la respiración cuando escuchó el ruidito del cierre; lo bajaba lentamente. Sería mentir decir que ser desnudada por ella no era una fantasía, pero el contexto le molestaba.
Kirari agarró los bordes de la falda y la arrastró por sus piernas hasta quitársela. Con los ojos trepó por ellas, topándose con las bragas. Estaban bien ceñidas en su intimidad de tanto que Sayaka apretaba las piernas. Hacían conjunto con el sujetador. Eran de color rosa y tenían un moñito negro en el borde superior.
—Qué linda lencería tienes... Ponte de pie.
Sayaka cerró los ojos, avergonzada, y se levantó del sillón. Hacía frío, pero tenía el cuerpo tan acalorado que ni lo sentía. Kirari bajaba por sus hombros en caricias lentas que terminaron en su espalda. Deslizaba las manos por ella, subía y bajaba por su piel concibiéndole escalofríos que trepaban por la columna. Sayaka se preguntaba porqué la estaba tocando así, porqué alargaba esa tortura innecesariamente. Su cuerpo apenas podía soportar ser tocado. Cada caricia le quemaba.
Kirari agarró el botón del sujetador y lo desprendió. Sayaka se tapó los pechos cuando los breteles se derrumbaron por los hombros. Sentía la respiración tibia de la presidenta en el cuello y una ansiedad constante que le hacía querer gritar.
—¿Por qué te cubres? —le preguntó Kirari al oído, tomándole las manos. Las quitó de sus pechos con Sayaka soltando un gritito de fondo. Éstos rebotaron frente a sus ojos marinos. Su sonrisa se iba endureciendo a medida que la detallaba sin ningún reparo. Los pezones rosados de Sayaka poco a poco se levantaban, poniéndose rígidos. Tomó la vista como alucinante y se criticó por haber creído estar preparada para ella—. Tienes un cuerpo hermoso, Sayaka.
La nombrada no podía levantar la cabeza, la vergüenza se la aplastaba. Y más lo hizo cuando las manos de Kirari fueron a su cadera con unas claras intenciones de quitarle las bragas.
—¿Nos sacamos esto? —murmuró cerca de su boca. Sumió los dedos debajo de los bordes y entonces Sayaka no pudo soportar más. Atajó su muñeca.
—¡Eso no!
—¿Por qué no? —insistía Kirari, comenzando a deslizar las tiras hacia abajo. Sayaka reforzó el agarre viéndose la pelvis desnuda.
—Por favor, presidenta. Al menos esto… no.
Kirari analizó sus ojos; frágiles, suplicantes. Sayaka de verdad le estaba rogando. Casi, casi… le hizo sentir mal.
—De acuerdo. Si así van a ser las cosas, entonces pediré algo a cambio de que conserves tus bragas.
Sayaka pestañeó.
—Un deseo. Tendrás que cumplírmelo.
—¿Un deseo...? ¿Cuál?
Kirari levantó los brazos.
—Abrázame.
Sayaka ensanchó los ojos. Kirari no quiso esperar a que reaccionara. Dio un paso adelante, hizo un gancho en su espalda y la arrimó fuerte contra su cuerpo, dejándola suspendida en él.
—Tu piel es muy suave... como la de un bebé —murmuró en su oído, deslizando la punta de los dedos por su espalda. Los sumió apenas debajo de las bragas, haciéndole tiritar—. Y tu cuerpo está muy caliente... y eso que estamos en pleno invierno. Podrías dormir conmigo de ahora en más. Ya sabes, para calentarme. Como albina que soy, sufro mucho del frío.
Su tono perspicaz le contaba a Sayaka que estaba bromeando con ella, sin embargo, otra vocecita nada lógica le decía que no estaba bromeando para nada. Comenzaba a sentirse de goma, con las defensas por el suelo. Estar entre sus brazos, recibir halagos, sentir su exquisito perfume floral impregnándose en la piel... No podía con todo.
—Presidenta… —Subió las manos por su espalda y la abrazó. Kirari respingó con una sonrisa, apretándola contra ella.
Por unos instantes no dijeron nada. Sayaka reforzaba el abrazo para sentirla más, para grabarse su calor en el cuerpo. Kirari no dejaba de estrecharla con suavidad.
—Estás temblando... ¿Tú también tienes frío?
Sayaka asintió en su hombro, sonrojada. Temblaba de lo revolucionada que estaba, no de frío. Kirari llevó una mano a su cabeza. La acarició despacio.
—Lo siento, no pensé en eso cuando te pedí que te desnudaras. Si te resfrías, yo te cuidaré.
Asintió de nuevo sintiendo aquella mano dulce que iba y venía por su nuca. ¿Esa era la prenda?, ¿desnudarse y recibir un abrazo? Esperaba otra cosa; que le pidiera saltar por el balcón, que matara a alguien o se apuntara un brazo. Alguna aberración. No entendía nada, su cerebro explotó. Tampoco estaba en condiciones de analizar la situación. Al parecer, lo único que le quedaba era disfrutar del momento. Nunca más tendría la suerte de ser abrazada estando desnuda. Porque sí, era diferente a ser abrazada con ropa. No tenía comparación un abrazo común a la sensibilidad de su piel ardiendo entre los dedos de la presidenta, quien subía y bajaba la mano por su espalda en una caricia lenta que le daba calor además de hacerle sentir protegida. Era un juego, una prenda, pero desde afuera solo se veía a dos estudiantes abrazadas. Si alguien entrara por la puerta y viera esa escena, jamás pensaría que lo que estaba sucediendo era una consecuencia de su cobardía. La imagen sería titular de primera plana en el periódico de la academia. Los chismes corrían rápido.
Kirari, luego de estar unos instantes más estrechándola, se apartó para inclinarse a su rostro. Juntó sus narices. Sayaka tenía los párpados entornados. Le pesaban.
—Prenda cumplida. Felicidades. Fuiste muy valiente, Sayaka.
Y así, como si nada hubiera ocurrido, ella arrastró los dedos por su mandíbula, la dejó en libertad y volvió al sillón. Sayaka se quedó parada con una mirada abstraída.
—Ya puedes vestirte. Aunque si prefieres seguir desnuda yo no tengo problema.
—¿Ah?... ¡Ah, sí! ¡Me vestiré ahora mismo!
Agarró sus ropas, apresurada. Ese juego no estaba saliendo nada bien, no si su corazón le avisaba que en cualquier momento sufriría un infarto.
Pero Kirari lo disfrutaba. Y también disfrutaba de la vista. Verla tan nerviosa, sentir esa piel suave y su respiración acelerada golpeándole el pecho… Juntó más las piernas cruzadas y apoyó los brazos en el respaldo del sillón. Se dedicó a observar cómo Sayaka se vestía, tal como si de un espectáculo se tratase. No se perdía ningún detalle. Ni cuando se subía la falda por las piernas y menos cuando se ponía el sujetador y se acomodaba bien los pechos dentro de él.
—¿Dónde compras esa lencería?
—¿Eh? —Sayaka giró el rostro hacia ella mientras se abrochaba la camisa con torpeza. Le temblaban los dedos—. Acá cerca... hay un centro comercial.
—¿En serio? Nunca lo vi. Podríamos ir juntas la próxima vez. ¿Tiene restaurante? Te invitaré a cenar.
—¿A cenar? —inquirió, sentándose en el sillón. Trataba de calmar al corazón; costaba. ¿La invitó a una cita o pensó de más?—. Claro, le mostraré el camino. Será un placer ir con usted.
Kirari sonrió con los ojitos y le pasó el papel.
—Tu turno.
Cierto, estaban jugando. Por un momento lo olvidó.
Ahora las reglas habían cambiado. Sayaka estaba segura de que todo lo que la presidenta había escrito estaría en coreano. Era el fin. ¿Ahora cómo haría para escapar ilesa de ese juego? Ya descubrió que las prendas podían llegar a ser en demasía indignantes y reveladoras. Seguía prefiriendo estar desnuda a ver la palabra "cambio" tallada en el papel, pero nada le aseguraba que la próxima prenda fuera similar a la anterior. Ah..., estaba cansada. Quería parar de jugar, rogaba que los miembros del Consejo llegaran ya a la reunión pautada. El solo imaginarse el próximo reto le hacía querer golpearse hasta desmayarse. Kirari no podría obligarla a jugar si quedaba inconsciente. Lo que más le molestaba era haber sido tan ilusa como para pensar que tenía una pequeña chance de ganar. Se perdió. No existía tal chance tratándose de la presidenta.
«¿Por qué pensé que podía llegar a ganar? Desde el principio nunca tuve oportunidad. La presidenta planeó todo para resultar ganadora. Me leyó a la perfección, como siempre»
Agarró el papel. Al mirarlo, se le escapó un suspiro que llamó la atención de Kirari.
—¿Te agota estar conmigo, Sayaka?
La pregunta le llegó con un dejo de nostalgia. Más no fue la voz de Kirari la causante, fue su memoria que, inoportuna, le hizo recordar todas las veces que se quiso arrancar los pelos debido a ella.
«A veces sí, pero...»
—Vivo por usted, presidenta. Usted es todo lo que yo no soy, por eso me gusta estar a su lado. Y por eso mismo seguiré estándolo.
Kirari apoyó la cabeza en uno de sus brazos. Tenía una expresión ingenua, meneaba un pie con cierta impaciencia. Sayaka la asoció con una niña. No era momento de enternecerse pero era inevitable no hacerlo. Ella era la única que tenía el privilegio de observar en primera persona las otras caras de la presidenta: caras dentro de todo normales. Solo con ella se mostraba natural. Quizás ni Ririka conocía aquellos gestos.
—A mí también me gusta estar contigo, por eso te molesto.
«Confirmado, es una niña»
Sayaka sonrió de soslayo. Levantó el papel.
—¿Número? —le preguntó.
—Ocho.
Abrió y cerró el papel ocho veces. Le mostró el interior. Kirari despegó la mejilla del brazo y se inclinó hacia el papel. Por primera vez, tardó un poco en decidir.
—Presiento que esta será la última ronda —murmuró con una sonrisa tenue. A Sayaka se le hundió el pecho cuando en sus ojos vio un brillo melancólico. ¿Qué era ese aire de despedida que la rodeaba?—. Número uno.
Categoría "Consecuencias". Temió. Esa, definitivamente, era la escrita por la presidenta. Sus dedos dudaban sobre la punta de la solapa. Tomó aire y la levantó. Letras coreanas fue lo que vio. Kirari, por su parte, sonrió más.
—Supongo que tendré que leerlo en voz alta para que tú también entiendas. Siéntete en libertad de buscar en un diccionario las palabras en caso de que dudes de la mía.
—¡Jamás dudaría!
—¿Es así? Entonces, procedo a leer. —Kirari apoyó el mentón en la mano y fijó los ojos en el papel—. "Si la presidenta gana las elecciones, Sayaka abandonará su puesto de secretaria en consecuencia".
Silencio.
La sala se llenó del burbujeo del acuario. Los peces iban y venían sin saber qué rumbo tomar, sin saber cómo escapar.
«¿Por qué?»
Sayaka bajó la cabeza, cerrando las manos en las rodillas. Sus ojos ardían, se llenaban de lágrimas.
«¡¿Por qué me hace esto?!»
—¿Y? ¿Aún quieres que gane las elecciones? —le preguntó Kirari— ¿O vas a apostar contra mí para mantener tu puesto?
—De qué sirve... ¿De qué me sirve apostar contra usted? Si yo gano, usted perderá su puesto y no podré ser más su secretaria. Y si usted gana, perderé mi puesto automáticamente. De cualquier forma, yo quedo afuera.
—¿Y qué vas a hacer al respecto?
Sayaka negó con la cabeza, cansada, muy cansada de sus juegos mentales. Se puso de pie. Kirari seguía con los ojos cómo se dirigía hacia el acuario a un paso desganado. Puso una mano en el cristal. Al cerrar los párpados, lágrimas se resbalaron por sus mejillas.
—Me rindo.
—No está permitido rendirse.
—¡¿Y me lo dice ahora?! —exclamó, tensando los hombros— ¡Por qué hace esto! Primero me pide que vuelva a ser su secretaria y ahora me pide que la abandone. ¿Acaso no ve que solo puedo ayudarla si tengo este puesto? ¡Si lo pierdo no le serviré en nada!
Kirari llamó al silencio un instante. Se levantó del sillón y comenzó a caminar hacia ella.
—¿Eso crees de tu persona? Es lamentable, Sayaka.
Sayaka plegaba los dedos contra el cristal del acuario, chocaba los dientes. Se lo había hecho una vez en la apuesta de la Torre; lo entendió. Incluso esa experiencia ayudó para conocerla mejor. ¿Pero dos? ¿Dos veces iba a romperle el corazón amenazándolo con abandonarlo? ¿Por qué?, ¿con qué sentido?
—No entiendo... ¡No la entiendo para nada!
—Ni yo a ti. Y ese es nuestro encanto: no entendernos. ¿No te lo había dicho ya? Tú eres la otra punta del hilo rojo, Sayaka. —Kirari se paró detrás de ella. Sayaka sentía su respiración en la nuca—. Pero... hoy te voy a pedir que hagas un esfuerzo en entenderme.
—¡Lo único que entiendo es que no me quiere cerca!
—En efecto, no te quiero cerca. Te quiero mucho más cerca —le murmuró al oído, cerrando los dedos en su cadera— ¿De verdad tu cabecita lógica no puede comprender lo que significa eso?
Sayaka negó, limpiándose las lágrimas con las manos. Para Kirari, sus gimoteos eran lo más dulce que había oído en su vida. Inocencia, ternura desprendía esa voz que daba ganas de protegerla. Lejos de querer calmar ese llanto, se encontró deseándolo más. Pasó un brazo por encima de su abdomen y, tentada, la impulsó hacia atrás para besar esa tierna mejilla que halló salada. Sayaka se paralizó al sentir una lengua deslizándose por ella, probando sus lágrimas. Los labios de la presidenta eran fríos, la lengua cálida, y ahora sí que no entendía dónde estaba parada.
Kirari despegó la punta de la lengua de su cachete y sonrió contra él.
—Piensa un poquito, Sayaka. Pero por una vez en tu vida, no con esto. —Le dio unos golpecitos en la sien y luego arrastró los dedos por su pecho hasta llegar al corazón—. Sino con esto. Si yo pude aprender a escucharlo, tú también puedes.
Sayaka se miró el pecho y volteó el rostro hacia ella, sonrojada. Kirari la miraba suave. Era la misma mirada que le regaló en el campo de flores al pedirle que volviera con ella.
—Presidenta, ¿pero qué-
Tocaron la puerta. Sayaka se sobresaltó. Kirari asomó los ojos por encima del hombro con aburrimiento.
—Cierto, los miembros del Consejo. Qué momento para que aparezcan.
Sayaka pasó los ojos a la puerta asimilando la información de a poco.
«Los miembros, reunión, aperitivos, té, mi deber»
Información descargada.
—¡Ah!, ¡no preparé los aperitivos!
Se dio vuelta para ir corriendo a la cocina, pero entonces Kirari estampó una mano a su costado, haciendo saltar a los peces del acuario.
—Quédate hasta después de la reunión, aún no hemos terminado el juego. Es una orden.
Sayaka mostró disconformidad, sin embargo, no dijo nada. Los ojos de la presidenta le sellaron el habla. No los apartaba de los suyos aunque seguían tocando la puerta. No iba a abrir hasta recibir una respuesta positiva de su parte.
—Sí, presidenta.
Kirari volvió a sonreír. Le pellizcó el cachete antes de dirigir los pasos a la puerta.
—Los voy a entretener mientras tú vas a la cocina.
—¡Sí, iré ahora mismo! ¡Muchas gracias!
Sayaka salió por la otra puerta que conectaba con el pasillo y se fue corriendo a la cocina. Se tapaba la boca en el medio, arrugaba la camisa en su pecho. ¿La presidenta le había dado un beso en la mejilla? Sí, lo había hecho. Pero también la había despedido. Un despido futuro, pero despido al fin.
No entendía nada.
"Abandonar el puesto de secretaria" retumbaba en su mente, afligiéndola, y "te quiero mucho más cerca" rebotaba en su corazón, confundiéndola. La única forma de permanecer cerca de ella era siendo su secretaria, solo así podía compartir su tiempo y serle útil. Entonces, ¿por qué quería sacarle el puesto más cercano a su existencia? Tenía la nariz roja, pero se contenía de llorar mientras colocaba unas galletitas en el plato de cada taza de té. La reunión del Consejo estudiantil seguro ya había empezado. Primera vez que llegaría tarde. No quería ir. Hoy no sería sencillo mantenerse inexpresiva detrás la presidenta. ¿Quizás si le decía que se sentía mal la dejaría retirarse a su casa?
Su propio pensamiento le molestó.
«¿Qué me pasa? Aún soy la secretaria de la presidenta, ¡no tengo permitido actuar como una estúpida! ¡Tengo que despertar!»
Cerró un puño. Sus ojos tenaces lo examinaban detenidamente. Frunció el ceño y en un parpadeo ya lo estaba llevando a su rostro con fuerza. Apretó las muelas cuando los nudillos tronaron en la frente.
«¡Ve, Igarashi Sayaka! ¡Haz tu jodido trabajo!»
Se refregó la frente roja proponiéndose ser una secretaria ejemplar. La de siempre. La mejor. Kirari no le quitaría el puesto con tanta facilidad.
Iba a defenderlo aunque le costase la vida.
Continuará...
Si llegaron hasta acá, ¡mil gracias por leer!
Nos leémos en el próximo capítulo :)
