Hey mis queridas lectoras! como está? Espero que estén bien, bueno... he me aquí apunto de actualizar, sé que me he tomado mucho tiempo, pero tengo que estudiar para una prueba, que tengo luego de volver de vacaciones, odio a mi profe de matemáticas ¬¬, pero igual enseña bien. Gracias por sus rr! me hacen sentir especial! por leerme, mis fics son algo malitos, pero me esfuerzo. Ok, voy a dejar de aburrirlas y les dejo el cap 5 de Otaku lover!


Regreso, charla y sueño:

Me dieron de alta una semana después de que despertara, tuvieron que hacerme unos cuantos exámenes para saber que está bien, que no había quedado con secuelas y que mi cuerpo respondía perfectamente. Tomaron una muestra de sangre, donde casi me desmayo, maldito olor de la sangre. Sé que la gente norma no puede oler la sangre, pero yo sí, ese olor a oxido y sal era que me mareaba, como lo odia. Mi padre dijo que estaba bien si quería quedarme en casa, pero no podía quedarme, ya había perdido muchas clases y no quería seguir faltando.

Mi camioneta estaba en perfecto estado, no tenía ni un rasguño, ni siquiera una abolladura. Pero tuve que sufrir las consecuencias del accidente, como si fuera poco, el día que volví, Mike Newton, un chico que estaba en mi clase Biología, me deseo que me recuperara pronto y me dio un beso en la mejilla. Yo no quería que me besara en la mejilla, ni siquiera que me hablara, no tenía intenciones de sur su amiga o algo por el estilo.

Camine a mi clase Historia, esperando que nadie me hablara. Me saque los audífonos, y me despedí de mis amados gemelos Naoya y Kazuya Sakamoto* mientras cantaban Rinne-Rondo. Como amo es canción, es tan linda y tenía un violín, la canción ya la saque, tenía unas notas algo complicadas, pero lo hice. Siempre me ha gusta sacar canciones a través de mi violín, tengan o no este instrumento.

La hora de almuerzo llego muy rápido, la hora paso muy rápido, al menos para mí. Tome puesto en la fila para poder comprar mi almuerzo, termine por tomar una manzana, y me aleje. Edward Cullen estaba viéndome, de nuevo, no le tome mucha atención, porque me sumergí en la lectura de un manga, apenas me di cuenta que el receso ya había terminado, tuve que correr para llegar a la clase de Biología. Cullen ya estaba sentado ahí. Y se veía condenadamente bello, con su camisa negra pegada a su cuerpo y sus jeans, seguramente tenía que despegárselos de la piel cuando se iba a dormir, pero eso no me importaba. Me senté a su lado, sin decir nada y saque mi cuaderno y libro. El señor Banner llego con un poco de retraso, y mando a callar a la clase.

-Hoy haremos reconocimiento de diapositivas, están encima de sus mesa, comiencen, esto vale el veinte por ciento de su calificación final- y dicho eso, todos los alumnos comenzaron el trabajo.

-¿Las damas primero, compañera?- dijo una aterciopelada voz a mi lado.

Fruncí el seño.

-Si quieres comienzo yo...- y antes de que continuara ya estaba trabajando.

Ya había hecho esta práctica, aumente el microscopio a 40X y examiné la diapositiva por unos instantes.

-Profase- declare, escribiendo en mi hoja.

-¿Te molesta si miro?- me pregunto mientras ponía la segunda diapositiva.

Su mano toco la mí por un minuto, su piel era helada, pero me agrado, lo raro fue que me produjo un choque eléctrico que recorrió todo mi cuerpo. Y, al parecer, a él también lo recorrió una corriente similar a la mía. Retiro su mano con brusquedad y demasiado pronto para mi gusto.

-Lo siento- murmuro.

Miro rápidamente por el microscopio.

-Profase- concordó.

Sustituyo con una velocidad asombrosa la primera diapositiva por la segunda y la miro. El chico era rápido.

-Anafase- dijo luego de unos segundos.

No era que no confiera en su determinación, pero él hizo lo mismo, así que mire por el microscopio y tenía razón, era Anafase. Yo solo tome la diapositiva número tres y mire por el instrumento. Era Interface, no espere a que me pidiera el microscopio y cambie la tarjeta. Acabamos antes que todos los grupos. Mire a Mike, quien comparaba las diapositivas tres y cuatro con su compañera. El señor Banner pasó por nuestro lado y miro la hoja de respuesta, la mayoría las había escrito Edward, yo solo rellene el primer casillero.

-Edward, ¿no crees que Isabella tiene que trabajar?

-De hecho, ella identifico cuatro de las cinco diapositivas- respondió con una sonrisa.

-¿Ya habías hecho esta práctica?- pregunto, ahora dirigiéndose a mí.

-Con la raíz de una cebolla, no, pero si con la blástula de pescado. Estaba en un curso avanzado en Phoenix- respondí.

-Es bueno que sean compañeros entonces- y dicho eso, se fue, con nuestra hoja en la mano.

Estaba dibujando en la tapa de mi cuaderno, cuando sentí que alguien me hablaba.

-Soy Edward Culle, lamento no haberme presentado antes- dijo con una sonrisa, algo forzada.

No le respondí y seguí dibujando.

-¿Eres Bella Swan?- un momento, ¿me llamo Bella?

-¿Cómo sabes mi nombre?- le pregunte/respondí.

-Todo el mundo sabe tu nombre- respondió, aún con su estúpida y perfecta sonrisa en el rostro.

-Sí, pero me llamaste Bella, todos los profesores me llaman Isabella. Creo que Char... digo mi padre me dice así en frente de todas las personas.

-Es una lástima lo de la nieve ¿no crees?- ¿me estaba preguntado sobre la nevazón de hoy?

Hoy había nevado, eso era estupendo, yo amaba la nieve, porque era fría, blanca y me encantaba. En Phoenix nunca nevaba, me gustaba venir a Forks solo por la lluvia y la nieve, era divertido salir a mojarme, aunque la gente que pasaba por afuera de la casa me miraba raro. Las personas normales odiaban las cosas frías, pero yo las amaba.

-No creo que la nieve sea una lástima, me gusta.

-Eso es raro en una chica, la mayoría se esconde de la nieve y la lluvia para no arruinar su alisado- me dijo.

-Soy una persona rara por si no te habías dado cuenta- contraataque.

-Si me di cuenta que eras extraña- dijo tan bajo, que creí que no quería que escuchara.

No volvimos a hablar luego de eso. Yo volví a mi cuaderno, a terminar mi dibujo, que se parecía un poco a mi compañero de banco. Termine de dibujarle los ojos, cuando me di cuenta que los ojos de Edward eran dorados. La primera vez que lo vi, que fue hace como un mes, tenía los ojos color negro, tan negros como el mismo carbón. Seguramente se había puesto lentes de contactos, pero el color era tan irreal, parecía caramelo líquido.

-Dorado...- susurre en un hilo de voz, pero él me escucho.

-¿Qué es dorado?- me pregunto curiosos.

-Tus ojos son dorados, ¿ocupas lentillas?

-No- respondió secamente.

Y antes de que pudiera hacerle otra pregunta, sonó la campana. Literalmente, salvado por la campana, pero esto no se quedaría así, yo descubriría el secreto de Edward Cullen, porque ese chico tenía mi mundo de cabeza... No, no quise decir eso, el no tiene mi mundo de cabeza, es decir... ash esto es muy frustrante. Camine por los pasillos, todos los chicas iban a sus clases correspondientes, excepto yo, que me dirigía al estacionamiento, visto que no tenía que dar la clase de gimnasia. Cuando me encamine a mi camioneta, Cullen, estaba en su flamante Volvo, mirándome atreves del parabrisas, sus ojos me miraban con odio. Yo solo me subía mi auto y me puse en marcha a la casa. Aún cuando encendí el motor, Edward no dejo de mirarme.

Al llegar a casa, lo primero que hic, fue subir a mi habitación, tenía que actualizar mis historias en la red, las chicas debían estar muy preocupadas. Y cuando inicie sesión en mi página, había muchos mensajes, preguntando si estaba bien. Suspire pesadamente y comencé a escribir. Me tomo unas cuantas horas actualizar todas las historias, con capítulos bastantes contundentes. Charlie aun no había llegado, lo cual me extraño mucho, porque ya eran las ocho, normalmente legaba a las siete, siete y media a más tardar. Me puse a cocinar, para poder tener la cena lista cuando mi padre llegara.

De repente sentí una opresión en el pecho, que me hizo soltar la cuchara que ocupaba para revolver los fideos. Sabía que algo estaba mal, porque el dolor en el pecho era muy insistente, esto solo me pasaba cuando algo malo sucedía, algo malo le había sucedido a Charlie. Cerré los ojos un momento, tratando de calmarme, pero el dolor no se iba. Subí a mi habitación y me tire en la cama, tratando de que el dolor se alejara de mi, pero nada. No recuerdo como me quede dormida, pero cuando lo hice, mi mente me mostro un sueño.

Estaba en el hospital, a mi padre le había disparado, la bala había quedado incrustada en su corazón y no había manera de sacarla. Mi padre estaba muy mal, las enfermeras entraban y salían nerviosas de su habitación, el doctor Cullen lo estaba atendiendo. No podía entrar a verlo, pero me sorprendí cuando el doctor me dijo que mi padre quería hablar conmigo. Pase rápidamente a su habitación, su cuerpo estaba lleno de sangre, pero esta vez el olor de la sangre no me mareo, porque sabía que tenía que estar con Charlie en esos momentos.

Tomo una de mis manos entre las suyas, su piel se estaba enfriando, le quedaba apoco tiempo de vida, e iba a desperdiciar su tiempo hablándome.

-Bella, tienes que se fuerte. Prométeme que no harás nada estúpido- dijo con la voz cansada.

-Te lo prometo, papá, pero no me dejes, no te vayas- le suplique, no podía dejar que el muriera.

-Mi tiempo aquí se acabo, quiero que conserves algo contigo- se enderezo un poco y alcanzo a sacarse una cadena del cuello, tenía una imagen.- Este es San Miguel, el patrono de los policías, tú madre me lo regalo, porque sabía que mi sueño era ser un policía. Quiero que lo conserves- y cuando dijo eso, el holter dejo der marcar el latido de su corazón.

Mi mundo se vino abajo en ese momento, la persona que más quería se había muerto, no podía moverme, no podía hacer nada. No me entere cuando me sacaron de la habitación, porque aún estaba en estado de shock. Mi padre acaba de morir, y yo no podía asimilarlo. Unos fríos brazos me rodearos y yo solo me gire para poder enterrar mi cara en el pecho de... Mire hacia arriba y la persona que me estaba abrazando era, ni más ni menos, que Edward Culle, yo solo volví a enterrar mi cara en su pecho, llorando desconsoladamente, mientras él me acariciaba la espalda y susurraba gentilmente cosas para tranquilizarme.

Unos golpes en la puerta me despertaron, sentía mi cara húmeda, subí mis manos para comprobar que había llorando. Me limpie las lágrimas rápidamente y baje la escalera, sin caerme, lo cual me extraño. En la puerta estaban dos policías, parecían bastante tristes. Cuando levantaron la vista, sus ojos estaban rojos, traían consigo una pequeña bolsita roja. Yo no comprendía que estaba pasando, hasta que uno de los hombres hablo.

-Isabella, lamento decirte que... que tú... padre murió...

Me quede estática por un momento, el sueño que había tenido, si había ocurrido, salvo por el abrazo y la consolación de Edward, pero todo lo demás era real, porque en la pequeña bolsita roja estaba era cadena que mi padre me dio en el sueño, era San Miguel, el patrono de los policías. Mi padre había muerto y yo tendría que regresar a mi antigua casa. El otro policía me saco de mi estado de shock, entregándome una hoja de papel. La abrí, y ahí estaba la tosca letra de Charlie.

Querida Isabella:

Hija, te preguntaras porque te escribí esto. Sé que odias estar en los lugares soleados, no sabes lo contento que me puse cuando me entere que ibas a venir a vivir conmigo, todos en la comisaria notaron mi cambio de humor.

Cariño, mi trabajo es peligroso, sé que tiene sus momentos difíciles, como cuando te dispararon en la pierna, nunca me he perdonado por eso, porque fue mi culpa, aunque lo niegues yo tuve toda la culpa de que eso pasara. Te escribí esta carta, para que cuando me pasara, tú tuvieras claro la manera en que te amo. Nunca te lo dije en voz alta, porque tú me conoces, no soy bueno con demostrar mis sentimientos.

Tú eres mi vida, mi pequeño rayo de sol, eras la persona que capturo mi corazón con la primera sonrisa que me regalaste. Te amo tanto, y sé que esto debe ser difícil para ti, pero no hagas nada estúpido, piensa en mí, porque siempre te estaré vigilando. Tú eres mi pequeño angelito.

Con cariño, tu padre.

Sentía como las lágrimas surcaban mi cara, mi padre nunca había sido bueno demostrando sus sentimientos, pero ahora me daba cuenta de todo lo que yo representaba para él. Lo oficiales de policía me dejaron sola. Yo me quede en la entrada de la casa, deslizándome lentamente por la pared, abrazando mis piernas con mis brazos, ocultando mi cara entre mis rodillas y llorando como nunca antes lo había hecho.


Que mala soy, acabo de dejar a Bella sin padre! casi me pongo a llorar con este capítulo. Me costó bastante escribir la carta de Charlie, ya saben él tiene problemas al mostrar sus emociones. Ahora, se peguntaran porque hice algo tan cruel, pues eso no se los pudo decir. Que mala soy!

Ya saben dejen su opinión, besitos y mordidas Yukki