Gomen! me tarde mucho, y además de eso mate a Charlie y las hice llorar, he de admitir que mi también lloro con la muerte de Charlie, pero el fin justifica los medios! y se preguntaran ¿cual es el fin? pue el fin es... no pudo decirselos! dejare que la curiosidad las carcoma por un par de semanas. Ahora, comenzare a escribir el cap número 6 de esta historia!


Una oscuridad que absorbe:

No me moví de la entrada de la puerta en toda la noche, lloraba por el hecho de haber perdido a mi padre, a la persona que más quería. Cuando decidí que era hora de levantarme, mis músculos estaban agarrotados y me dolían mucho, la espalda era lo que más me dolía, estar apoyada en una superficie dura no era muy bueno que digamos. Subí a mi habitación y saque una cinta negra, de un centímetro de grosor, tome la cadenita que contenía la imagen del santo y la puse en la cinta. La ate a mi cuello.

Eran las seis de la mañana cuando pude conciliar el sueño, nadie se molesto en venir a verme y no importo, porque prefería estar sola. Tocaron la puerta como a las cuatro de la tarda. Tuve que arreglarme para bajar y atender a la única persona que se había preocupado por venir a verme, pero como dije antes, no me improbaba. Al abrir la puerta, me encontré con los preocupados ojos de Edward Cullen, sus semblante estaba lleno de dolor, preocupación y otro sentimiento que no supe identificar. Me regalo una sonrisa triste, porque no llego a sus ojos. Yo le devolví la sonrisa más convincente que pude, pero él no lo creyó.

De un momento a otro yo estaba en sus brazos, llorando desesperadamente, Edward solo me apretó contra su pecho, pasando sus manos por mi espalda, acariciándola, diciéndome que todo estaba bien. Llore por mucho tiempo en sus fríos brazos, su temperatura corporal no me molestaba en absoluto. Me sentía segura en sus brazos, como si todos mis problemas se esfumaran. No recuerdo en que momento me quede dormida, pero Edward no se separo de mi en ningún momento.

Desperté con un fuerte dolor de cabeza, algo me acariciaba la frente, tratando de aliviar el dolor. Abrí mis adoloridos ojos y en mi cama, al lado mío estaba Edward, su cara aún mostraba preocupación, trate de mostrarle una sonrisa, pero mis labios se resistían a la orden de mi cerebro. Yo no podía sonreír, ya nos ería yo nunca más. Sería Isabella Swan, una chica de dieciséis años, cuyo interior estaba vacío. Toque la medallita de mi padre, tomándola entre mis dedos índice y pulgar, esto era lo único que tenía de él.

Edward acaricio mi mejilla, tratando de que lo mirara, de que le hablara, pero no era posible. Yo no quería hablar, no quería nada, solo quería fundirme en un sueño eterno que no terminara jamás, para poder escapar de la realidad, para no sentir nada. Dejar que la oscuridad me absorbiera, tratando de evadir el dolor, luchando con mi ansia de muerte. No podía dejar a mi madre...

El teléfono hizo que pegara un salto, Edward me soltó inmediatamente, yo baje corriendo las escaleras sin tropezarme, todo un reto para mí. Tome el auricular, pero las palabras se resistieron a salir de mi boca. Una respiración se escuchaba a través de la bocina, era pesada, la persona del otro lado tampoco hablaba. Encontré las fuerzas para hablar y murmure un hola.

-Hola- respondió la voz de un hombre en la otra línea- soy Billy Black, era amigo de tú padre, llamo para darte mi pésame, lamento que esto haya ocurrido...- antes de que aquel hombre continuara hablando corte la llamada, no quería hablar sobre mi padre.

Camine lentamente a mi habitación, pero antes de llegar a ella entré al baño. Cerré la puerta y me mire en el espejo. Mis ojos estaban rojos hinchados, mi cabello era una maraña, mi rostro no poseía color alguno, estaba tan blanco como la cal. Lave mi cara y tome una pastilla para el dolor de cabeza. Un ataque de ira me vino en ese momento, no entendía porque mi padre había muerto. El no era una mala persona, no merecía la muerte, los desgraciados que lo había asesinado pagarían por lo que hicieron, aunque fuera lo último que hiciera.

Mi puño choco con el espejo, rompiendo el mil pesados, dejando un corte profundo en la mano, al sangre salía por montó, pero el olor no me marearía, yo tenía sed de venganza y nada podía pararme. Edward llego corriendo ante el sonido del vidrio quebrándose, abrí la puerta y su mirada se encontró con la mía, sus ojos estaban fuera de órbita, miraban el espejo y luego pasaban a mi mano. Tratando asimilar lo que yo había hecho. Se acerco cuidadosamente a mí, examino mi mano por un momento y luego volvió a mirarme.

-¿En qué demonios estaban pensando, Bella?- dijo furioso.

Yo no le respondí, desvié la mirada para no toparme con esos hermosos y profundos ojos dorados como al miel.

-¿No me vas a hablar? Pues bien, porque en este momento estoy muy furioso como para poder hablar racionalmente.

Me tomo entre sus brazos y me llevo al piso de abajo nuevamente, salió de la casa y me introdujo en su Volvo plateado, abrocho mi cinturón en el asiento del copiloto, cerró la puerta y camino hasta el lado del conductor muy rápido. Prendió el motor y arranco de inmediato, pasando la ley de transito. Mire solo una vez el indicador de velocidad, este marcaba los doscientos veinte kilómetros por hora. Yo solos volví la vista al parabrisas. Nos demoramos unos diez minutos en llegar a nuestro destino. Volvió a tomarme en brazos cuando me saco de su auto.

Todas las enfermeras nos miraban sorprendidas, yo enterré mi cara en su pecho, tratando de evitar cualquier mirada de condescendencia. Su paso fue rápido, no paso por recepción, solo se dirigía uno de los pasillos y entro en una consulta. En el interior de esta se encontraba Carlisle Cullen, miraba perplejo a Edward, él le dio una mira furiosa y su padre fijo toda su atención en mí.

Saco todos los pedazos de vidrio que había quedado incrustado en mis nudillos con sumo cuidado. Luego vendo la mano, diciéndome que no necesitaría puntos. Yo solo me dedique a asentir, me recetó un desinflamatorio, su mirado a diferencia de las otras no era de lastima o compasión, sino que se mostraba alegre, eso me gusto. Odiaba que la gente mi mirara con lastima o condescendencia, eso me enfurecía.

Edward me dejo caminar cuando salimos del hospital, íbamos en el auto, cuando me di cuenta de que en vez de ir a mi casa, nos dirigíamos a otra parte. Mire a mi "secuestrador", por decirlo de alguna manera, con cara de fastidio y enfado, él no me dirigió ninguna mirada. Yo negué con la cabeza. Recosté mi cuerpo en el asiento y cruce mis brazos en sobre mi pecho. Íbamos por una ruta que yo desconocía.

Finalmente llegamos a una gran casa, que estaba prácticamente llena de ventanas. Su construcción era hermosa, la madera que la construía por fuer era de un hermoso color claro y barnizado. Cullen, como todo un caballero, me abrió la puerta del copiloto, dejando salir, pensé en correr, devolverme a la civilización, pero mis oportunidades eran nulas, él me alcanzaría en un dos por tres.

Abrió la puerta de su casa, dejándome pasar, yo negué con la cabeza ante esos gestos tan caballerosos, él tenía una educación muy antigua, como la de los años 1900, resople y me concentre en el interior de la casa. Era igual o más hermoso que por fuera. La decoración era justa y precisa, el color de las paredes era de un blanco invierno. Había una escalera que doblaba a en un costado y luego seguía hacía arriba. Un objeto negro me llamo la atención, gire mi cabeza para ver que era y mis sorpresa aumento al ver un gran piano de cola. Mi curiosidad me gano y decidí probar si estaba afinado, las teclas sonaban en armonía, perfectas para usarse en cualquier momento. Toque algunas teclas al azar, ya que no sabía cómo tocar el piano en realidad.

Me percate de una insistente mirada en mi, Edward tenía su vista clavada en mi nuca, deje de tocar y me gire a él. Su semblante ahora poseía un tono más relajado, pero aún se veía duro, me tomo de un brazo y me alejo del gran piano, me sentó, o más bien tiro en uno de los sillones de la sala, se arrodillo frente a mí y acaricio mi cara. Mis ojos no miraban a ningún punto en particular. Sabía que estaba hablándome, pero yo solo reproducía en mi mente el sonido de la canción de Kanon Wakashima " Suna no Oshiro". Mi mano cobro vida propia y comenzó marcar los acordes de la canción, cerré los ojos, olvidándome de todo, solo concentrándome en la melodía.

Edward tomo mi mano entre la suya, deteniéndola por completo, Acaricio mis nudillo y los beso, de forma casi imprescindible. Solté mi amo de un tirón y me aleje de él, me encamine a la puerta, pero no pude abrirla, porque Edward ya estaba ahí. Mi furia e ira se incrementaban cada vez más, trate de controlarme, de pensar en que estaba a punto de hacer, eso me ayudo un poco. Mis labios encontraron la forma de emitir sonidos y los primero que dije fue...

-Déjame ir...

-No voy a dejarte sola, tendrás que quedarte en mi casa hasta que tú madre vuelva por ti- dijo é.

-Ella no vendrá, está en Florida, me mando un correo diciendo que se encontraba en período de mudanza, que no la podía localizar en varios días- susurre como repuesta.

-Entonces te quedaras hasta que la logremos localizar, no voy a aceptar un no por respuesta, Bella.

Yo no respondí ante eso, Edward me jalo fuera de la casa y me llevo nuevamente al Volvo, esta vez íbamos a mi casa, pero solo para que cogiera mis cosas. Guarde mi ropa en una maleta, mis vestidos de Gothic, mis tarjes de cosplay, algunos mangas y lo más importante mi violín. Edward me ayudo a llevar todo hasta el auto y condujo nuevamente a su casa. Pero esta vez cuando llegamos, la casa no estaba sola, todos los Cullen estaban ahí, mire a Edward con cara de pocos amigos y alce la mirada. Alice me sonreía, y trataba de llegar a mi maleta, pero Edward se lo impedía. Jasper tenía cara de afligido, me pregunto por qué será.

La madre de Edward, Esme me enseño mi habitación, tenía una sonrisa pintada en la cara, era una mujer verdaderamente hermosa. Su cabello castaño le llegaba un poco más abajo de los hombros, su cara tenía una forma de corazón, poseía hoyuelos cuando sonreía, era blanca nieves en persona. Suspire mientras dejaba mi maleta en la cama, Lo único que podía calmarme era mi violín, lo saque de su estuche y comencé a tocar una melodía poco definida, solo me deje llevar. El arco acariciaba suavemente las cuerdas del violín, creando una melodía perfecta.

La luna se podía ver directamente desde mi cuarto, una noche despejada en Forks. Yo estaba sentada en la gran cama, leyendo un manga. Llevaba puesto un camisón de dormir color negro, mi cabello estaba tomado en una cola simple y tenía puesto mis lentes ópticos. Un golpe en la puerta me desconcentro, murmure un desganado pase, y me lleve una sorpresa cuando Alice entró. Traía con sigo un vaso de agua.

-Hola- me saludo, con una sonrisa alegre.

-Hola- respondí.

-¿Quieres que te ayude a desempacar?- pregunto.

-Mmm... claro.

-Bien- dio un saltito y se sentó en el piso.

Alice traía puesto un pijama color rosa, lleno de frutillitas, yo amaba las frutillitas. Ella abrió mi maleta y comenzó a sacar mis vestidos. Se sorprendió mucho al verlos, todos eran de colores oscuros, llenos de encaje y lazos. El único vestido claro que tenía era de color blanco. Alice no hizo ningún comentario sobre mi ropa, solo sacaba las prendas de mi maleta y se dirigía al armario.

Podría decir que era la única Cullen, hasta ahora que me agradaba de verdad. Me dio un poco de remordimiento dejarla ordenando mi ropa sola, pero cuando le ofrecí mi ayuda, ella negó rotundamente, levante una ceja ante eso, quedándome muy extrañada, no le di importancia y volví a recostarme en la cama. Retire mi cabello de la cara con mi mano derecha, que era la que tenía buena.

Suspire ante eso, no debí haber descargado mi ira con el espejo, pero no tenía otra cosa cerca, además no quería dañar a nadie.

No sé en qué momento Alice salió de la habitación, yo solo cerré los ojos, dejando que una oscuridad me absorbiera...


Es uno de los capitulos que más me costo excribir, lamento mucho la demora chicas!