Fic registrado, no al plagio. Los personajes son de S. Meyer , yo solo juego con ellos.


Capitulo cinco. Mi vida es tú vida. Bienvenida.

Amar a primera vista es algo que no se puede describir. Ser correspondido es algo divino.

Tras no obtener respuesta por parte de Isabella y ver como su alma seguía consumiéndose, observé al muchacho una vez más. Pronto tendría que hacer unos cuantos viajes. Aquel pensamiento provocó que algo dentro de mí doliera como jamás había dolido. Deseaba ver los hermosos ojos de Isabella una vez más.

Estaba parado frente a la ventana observando cómo llovía con furia en el exterior. Parecía que en el cielo, los ángeles, lloraran por la pérdida de un ser como Isabella. Recordé las palabras de mi hermano y suspiré cansado ¿Cómo podía conseguir que se enamoraran de mi forma espectral? No entendía nada de aquello. En mi pecho, en el hueco vacio donde debería estar mi corazón, dolía intensamente.

Sentí una fuerza devastadora detrás de mí. Me giré confuso hacía la cama de Isabella y por un segundo todo pareció tomar forma y darme las respuestas a mis preguntas no formuladas. Sus ojos castaños estaban clavados en mi figura y sus heridos labios estaban entreabiertos.

-¿Quién eres?- Preguntó en un susurro muy débil. – No eres…

-No.- Negué con la cabeza.

-No estoy viva ¿Verdad?- Pude ver sus ojos oscurecerse y humedecerse.

-Más o menos.- Le dije acercándome.- En este instante estas viva y despierta, pero tu cuerpo ha sufrido mucho daño y esta pendiendo de un hilo.

-Voy a morir.- Dijo buscando algo o alguien en la habitación.-Charlie se morirá.

-Tranquila.- Intenté acariciar su rostro, pero mis dedos la traspasaron.- Lo siento.

-¿Eres la muerte?- Sus dedos se cerraron contra las sabanas y su cuerpo tembló.

-Así es. – Traté de no mirarla mientras asentía con la cabeza.

-¿Y por qué estas triste?- Preguntó alzando su mano.

-Yo no…- Cerré mi boca y la observé.- No estoy triste, no puedo estarlo.

-¿Por qué?- Tenía demasiada curiosidad esa chica.

-No tengo emociones.- Le dije al fin.

-Eso no es verdad.- Sus ojos se abrieron más rápido.- Siento tu tristeza. Puedo sentir como los bellos de mi brazo se erizan cada vez que intentas tocarme. Algo dentro de ti te está haciendo sufrir.

-Eres especial, Isabella.- me acerqué más a ella y pude verme reflejado en sus pupilas.

Creí que ella se apartaría l ver mi estado incorpóreo. O simplemente gritara cuando sintiera mi frialdad, pero me equivoqué. Bella levantó su mano y la acercó a mi sombra.

-Tú no eres la muerte.- Susurró.- Tú eres un ángel.

Negué y me separé de ella. Bella no sabía lo que estaba diciendo. Cualquier otro ser humano, ya me hubiera suplicado pro su perdón. Me hubiese pedido más años de vida o algo realmente atroz. Sin embargo allí estaba ella, a punto de morirse y tratando de consolar a la mismísima muerte.

-No pongas las cosas más difíciles.- Le pedí alejándome.- Pronto nos tendremos que marchar de aquí y ya no pensarás lo mismo.

-Solo pienso en Charlie.- Me dijo al fin después de cinco minutos en silencio.- A mi no me da miedo la muerte, solo me da miedo lo que le pueda pasar a él.

-Charlie estará bien.- Le dije apenado.- Alguien velará sus sueños.

-¡No!- Bella se tensó en la cama.- Esa debo ser yo. Yo debo cuidar a mi padre.

Giré mi rostro de golpe al sentir la fuerza del otro ser humano que había en la habitación. El chico ya había despertado a la muerte y ahora me miraba confuso.

-¿Vienes a llevarme al infierno?- pregunto frotando las manos contra las mantas.- Se que me he portado muy mal e iré allí.

-Posiblemente.- Le dije acercándome.- Por lo que puedo observar te queda un día.

-¿Un día?- Preguntó molesto.- Pues vaya, yo pensé que pagaría mis pecados más tarde ¿No hay forma de burlar a la muerte?

-Si.- Dijo Bella.- Se Devon Sawa y enfréntate a él en Destino final.

Su risa inundó la sala. Pude concéntrame un segundo y ver como realmente, ella, estaba tumbada en la cama, entubada y en coma. En ese momento supe que ella ya no estaba en su cuerpo. La miré preocupado y deseé que volviera a entrar. Mi bastón brilló y lo dejé caer al suelo. Esa era la señal de que debía llevar esa alma perdida a su lugar.

Corrí hasta el cuerpo de Isabella y traté de empujarla de nuevo a la cama. La puerta se abrió y los médicos entraron corriendo para llevársela de allí y tratar de salvarle la vida. Cogí a Isabella de su mano y corrí tras el cuerpo.

-¿No era mi hora?_ preguntó al entrar en quirófano.

-No si puedo evitarlo.- Le dije molesto.

En el mismo instante que le estaban reanimando, me di cuenta que no llevaba mi bastón. Corrí de nuevo a la habitación y dejé a Bella junto a su cuerpo. Entré desesperado y lo recogí del suelo.

-¿Por qué no te la llevas?-Preguntó el molesto joven.

-No es de ti incumbencia.- Le grité mientras corría pasillo abajo.

Al entrar golpeé el batón contra el suelo y Bella me miró atónita.

-No me quiero marchar.- Me dijo sonriendo.- Quiero hacerte compañía.

Aquello me dejó helado. Una luz cegadora inundó la sala y vi aparecer a mi hermano. Desplegó sus alas y se acercó al cuerpo de Isabella.

-No es su momento.- Dijo con voz queda.- Aún tenéis mucho de qué hablar.

Isabella desapareció de la sala y observé como su corazón volvía a latir de nuevo. Traté de buscar a mi hermano con la mirada, pero lo único que encontré fue la antesala. Escuché tras mi espalda la voz áspera y asquerosa del barquero y me giré.

-Has tenido suerte.- Dijo cabreado. – Él llegó antes que yo.

-No sé qué ha pasado.- Dije confuso.

-Por lo visto, tu hermano, creé que puede tomar decisiones que no le conciernen. – Caminó hacia mí arrastrando sus asquerosos y deformados pies.

-No entiendo.- Lo miré a su rostro.

-Lo entenderás.- Y rió ruidosamente.- Vuelve a esa habitación y trata de hacerlo lo mejor posible, es tu única posibilidad.

Desapareció por la puerta y me sentí vacío. Golpeé el bastón contra el suelo y abrí la puerta al hospital. Tras entrar en la habitación de Bella, observé a Charlie dormido a su lado y con la mano de su hija entre las suyas.

-Por poco.- El molesto muchacho estaba mirándome.- Casi la pierdes.

-Es mi trabajo.- Le dije mirando a Isabella.- Os pierdo todos los días.- Y reí bajito.

-No me jodas.- El muchacho me miró divertido.- Podríamos hacer un trueque ¿Qué te parece?

-Yo no hago trueques.- Le dije acercándome y observándolo de muy cerca.- A mi no me engañas.

-No quiero engañarte.- Y rió.- Solo quiero un par de años más.

-Yo no puedo hacer esas cosas.- Y miré a Isabella.

-Solo quiero cargarme a la puta que me hizo esto.- Y se señaló a sí mismo.- De todas formas iré igual al infierno.

-No te daré ninguna opción.- Y me alejé de la cama.- Soy quien soy y nada más. Solo hablaré contigo para llevarte al infierno.

-No seas así.- El muy imbécil no se callaba.- Esta bien, te diré la verdad.

-¿Qué verdad?- pregunté alzando el bastón.

-Solo quiero quedarme aquí.- Y rió.- ¿Puedo quedarme como fantasma? Así podré putearla para siempre.

-No.- Le dije muy molesto.- No puedes.

Realmente estaba molesto porque si podía. Las almas deciden si seguirme o quedarse vagando sobre la tierra eternamente. El alma que decidía quedarse vagando, estaba condenada a la soledad y a ser ignorado por todo aquello que le rodeaba. Muchas veces debíamos intervenir porque se divertían molestando a los seres humanos. Y eso, si era realmente molesto.

-Está bien.- El joven frunció sus labios.- Eres realmente aburrido, sin sentido del humor y patético.

Traté de ignorarlo y pensar que no estaba allí. Me acerqué a la cama de Isabella y sentí la necesidad de abrazar a Charlie. Algo dentro de mí, quería consolar a ese padre. Darle fuerzas y ánimos. Sin embargo estaba condenado a comunicarme solo con aquellos que estaban condenados a la muerte segura.

Me posicioné detrás de él y esperé a que ella abriera sus ojos y mirara a su padre. Si eso ocurría, el aura volvería a su color natural y yo tendría que estar pendiente del joven molesto. Si ella abrí a los ojos y me enfocaba a mi primero, tendría que esperar de nuevo para llevarla conmigo.