Capitulo seis. Dilo en voz alta.

Los sentimientos te abordan y no puedes cambiarlos.

Las horas pasaban y cada vez me sentía más ansioso. Nunca en los siglos, o tal vez milenios, el tiempo había pasado para mi tan sumamente lento. Por un instante estuve quieto tras la espalda de Charlie deseando que me viera. Por otro lado deseé que esa chica tan hermosa, jamás tuviera que volver a verme.

El cansino de la cama de al lado, cada vez me ponía más nervioso. El imaginarme su compañía por toda la eternidad, me hacía temblar desesperadamente. Por un lado sonreí, ya que eso jamás ocurriría. La muerte vagaba sola por el mundo. Tras esas palabras, me di cuenta que eso es lo que era, la simple muerte. Siempre vagaría solo y sin compañía. Suspiré al darme cuenta que jamás cumpliría los requisitos para el trato. Éste nunca sería factible para mí.

Me apoyé contra la puerta del armario y seguí observando a Charlie durante un rato más. Ese hombre realmente estaba desesperado. Pude ver como su aura se ennegrecía poco a poco y aquello no me gustó en absoluto. Ese hombre era capaz de dejarse morir si su hija moría.

Observé detenidamente el historial al pie de la cama de Isabella y me acerqué para leer aquellas palabras que contenía. Al cogerlo entre mis dedos, sentí un gran peso sobre mí mismo. La chica había ido como cada mañana, a un centro de ayuda a mujeres maltratadas con niños pequeños. Ella era la chica que jugaba con los niños y les enseñaba que había un futuro diferente. Después de estudiar en el instituto, iba allí a ayudarles. Algo en mi interior se encogió una vez más y volví mi mirada hacía ella.

Di un paso hacía su dirección y me quedé quieto una vez más detrás de Charlie Swan. Ella estaba muy atenta a mis movimientos. Por primera vez en mi existencia me maldije a mi mismo y maldije a la muerte en general. Por un instante me quedé perplejo ante lo que estaba pasando en aquella habitación. Pude sentir claramente como el dolor se apodera de mi pecho donde debía estar mi corazón y como el calor invadía mi supuesto rostro. Bella abrió sus ojos desmesuradamente y me miró con cara de incógnita.

-Estas llorando.- Me dijo en un susurro.

-Cielo mío.- Charlie se levantó al oírla hablar.

Observé su aura y ésta seguía negra ¿Como era posible que despertara del coma y siguiera en peligro de muerte? Me acerqué a ella y la miré a sus hermosos ojos marrones.

-Él, está llorando papá.- Bella señaló en mi dirección.

-No hay nadie.- Charlie miró mi incorpóreo cuerpo y dio con la nada.- Cielo, estamos solos tú y yo.

-No me puede ver.- Dije a su lado.- Él, no se está muriendo aún.

-¿Como que aún?- Dijo ella asustada.

-¿Con quien hablas?- Charlie empezaba a estar nervioso, escuchaba como su corazón se estaba acelerando por momentos.- Bella, estamos solos.

-Esta detrás de ti.- Bella me sonrió.- No tiene rostro, pero es hermoso.

Sus palabras me detuvieron por un instante. No podía entender como decía aquellas cosas de mí, cuando yo era la vil y cruel muerte.

-El golpe te ha dañado la cabeza.- Charlie se levantó de golpe de la silla.- Voy a llamar a un médico. Deben saber que despertaste.

-No estoy loca.- Bella se incorporó en la cama.- Es hermoso y está llorando por mí. Veo sus lágrimas brillas en el interior de su ser.

Aquello me dejó sin aliento. Me acerqué despacio a ella cuando Charlie salió corriendo de la habitación.

-Isabella.- Susurré dejando que mi hálito frío rozara su rostro.- No puedes hablar de mí.

-Veo que me tomó por loca.- Ella rió.- Creí que eras un sueño.

-Isabella, soy la muerte y vine a por ti.- Le dije encogiéndome sobre mi mismo.- Por eso me ves.

-Pero no me llevaste cuando estaba en coma.- Dijo ella intentando cogerme.-¿Por qué no puedo tocarte?

-Por qué aún no estas muerta.- Le dije arrastrando las últimas palabras.

-Pues si he de estar muerta para estar contigo, deseo estarlo.- Ella se sonrojó.

-No sabes lo que dices.- Le dije sorprendido.- Si deseas tu muerte y mueres, tendrás que ir al cielo. Yo no puedo quedarme con tu alma.

En ese instante las luces se apagaron y escuché una risa profunda. Me elevé separándome del cuerpo de Isabella y por un instante temí por ella. Sabía perfectamente quien era y no podía llevársela sin antes haberla tocado yo.

-Increíble.- Sonó su voz detrás de mi figura.- Ya has conseguido una parte del trato.

-No te entiendo.- Dejé caer el bastón contra el suelo, no deseaba que ella conociera al barquero.

-Sabes perfectamente de que hablo.- Él me arrebató el bastón y me sonrió dejando ver sus dientes podridos.- Ella.- Y señaló a Isabella.- Tiene algo extraño en su interior. No te tiene miedo, Edward.

-¿Ese es tu verdadero nombre?- Isabella sonrió.- Es hermoso.

-Deberías estar temblando.- Le dije sorprendido.- Deberías gritar e intentar huir de nosotros.

-No te tengo miedo y él me da asco.- Señaló al barquero.

-¿Te gusta, Isabella?- El barquero se dirigió a ella.- Dime la verdad.

-Quiero estar con él, no quiero que se vaya nunca.-Bella intentó tocarme de nuevo.

-Edward es la muerte.- El barquero se acercó a ella y rió con fuerza.- Él está bajo mi dominio.

-Entonces llevame.- Ella se sonrojó.- Hazle olvidar a Charlie que he existido alguna vez y llevame con vosotros.

-¡Callate!- Grité a Isabella.- No sabes donde te estas metiendo.

-Yo quiero ser como él.- Dijo el imbécil.

-Esto no va contigo.- El barquero lo mandó a callar, deformándolo sobre si mismo.

-Ya has conseguido que ella se enamore de ti.- El barquero clavó el bastón sobre mi pecho.- Ahora consigue tu sustituto y firmarlo con su sangre.- ¿ves como le clavo el bastón, Isabella?

-Si.- Ella parecía asustada.

-Puedo hacerlo, porque él fue un hombre..- Los ojos de Isabella se abrieron como platos.- Tiene un pasado. Después de contártelo él mismo, seguramente ya no quieras saber nada de él.

El barquero me miró y se rió de nuevo. Sentí ira en mi interior y ganas de matar a ese desgraciado. La lastima es que él también estaba muerto y no podía hacer nada.

-Yo no recuerdo nada de mi pasado.- Le dije entre dientes.- No se que hice para merecer este castigo.

-No seré yo quien te lo cuente.- Tiró mi bastón hacía la otra esquina de la habitación y despareció mientras me gritaba.- Encuentra un sustituto y lo sabrás.

Me giré hacía Isabella y caminé lentamente hacía ella.

-Mi padre no llega.- Dijo asustada.

-Estamos en un espacio tiempo diferente.-Le hablé con cautela.- Para tu padre, se acaba de ir de esta habitación.

-Oh, claro, me dejas más tranquila.- Pude ver un rubor de enfado en sus mejillas y eso me hizo reír.- No te rías de mí, estúpido.

-No me río de ti.-Le dije serio.- Pero me hace gracia cuando te sonrojas.

-Jum.-Frunció su hermoso ceño y se cruzó de brazos.-¿Cuanto he estado así?

-Han pasado dos meses desde que tuviste el accidente.- Le dije tratando de tocarla en vano.

-Bien, ahora se porque no me duele nada.- Ella río bajito.- Aunque si no me duele nada ¿Por qué aún te veo?

-No lo sé.- Le dije sincero.- Tu aura sigue negra, por eso me ves.

-Pero no estoy grave.- Ella miró al de la cama de al lado.

-No me mires.- Dijo rabioso.- Yo tampoco sé porque lo veo.

-Tú.- Le dije acercándome rápidamente.- Tu querías seguir en la tierra ¿no?

-Bueno, yo solo quiero matar a la zorra que me hizo esto.- Y rió.

-Eso ya te dije que no podrás hacerlo.-Levanté el bastón y lo señalé.- Sin embargo, puedo hacer otra cosa.

-¿El qué?- El joven se levantó.

-Puedo darte mi eternidad.- Lo miré intensamente.- Puedes ocupar mi lugar y cada quinientos años, puedes vagar por la tierra durante un año humano como tal.

-¿Caminaría como humano mañana mismo?- Y se frotó las manos.

-No.- Dije tajante.- No puedes vengarte de esa mujer.

-Entonces no lo quiero.- El joven pedante se dio la vuelta y se tapó.

-Tendré que buscar a otro.- Miré a Isabella con pesar.

No entendía lo que ella sentía por mi. No sabía si una vez fuera humano a ella le gustaría como tal. Pero debía mantener la esperanza, ya que Isabella me hacía sentir más humano que nunca y desear estar a su lado el tiempo que ella estuviera viva.

Decidí que ya era hora que todo volviera a la normalidad y dejé caer el bastón contra el suelo. En el mismo instante que la luz se encendió, Charlie, entró por la puerta con el médico. El joven ya estaba de nuevo en estado de coma e Isabella me miraba con extrañeza.

-Bella.- Charlie se acercó a la cama con el médico.- ¿Como te encuentras, hija?

-Estoy muy bien.- Bella dejó de observarme.

-Veamos.- el médico empezó a reconocerla- Y dice que habla con alguien que no existe...

-Me acababa de despertar.- Dijo ella tapándose la boca sonrojada.- No sabía que decía.

-Esta bien.- El médico la observó unos minutos más.- Parece que el cerebro no ha sufrido daños, sin embargo su corazón sigue débil.

En ese mismo momento entendí porque ella seguía viéndome. Su corazón estaba débil. Ella no estaba ante mi por su estado en coma, si no por su corazón. Suspiré tratando de convencerme a mi mismo que ella estaría bien. Cuando el médico salió de allí, Charlie, la mimó como solo un padre sabe hacer y tras quedar dormida, me dirigí al pedante.

-Bueno.- Llamé su atención.- ¿No te llama la atención mi trabajo?- Sabía que al fin y al cabo era el candidato perfecto.

-No, si no puedo vengarme de ella.- Me dijo muy serio.

-¿Puedo saber por qué?- Estaba ya mosqueado.

-Ella me clavó un cuchillo y me dejó en este estado tirándome por el balcón.- Se sentó en la cama.-¿Él no puede verme así?- Señaló a Charlie.

-No.- Dije tajante.- Tu debiste hacerle algo a esa mujer.

-Solo le di lo que se merecía.- Me dijo serio.- ella era una zorra y debía enseñarle quien mandaba.

-Así que la maltratabas.- Dije acercándome furioso a él.- Eres un maltratador.- Por un segundo pensé que ser yo, sería el mejor castigo.- Así que te mereces lo que te hizo.

-Solo le enseñaba el respeto.- Apretó las sábanas.- Y ahora quiero que pague por lo que ha hecho.

-Bien.- Dije al fin cansado tirando la toalla como dicen los humanos.- No tengo nada más que hablar contigo.- Me giré sobre mi mismo y miré a Isabella.

-¿La quieres?- Me preguntó el quisquilloso.

-No puedo hacerlo.- Le dije siendo sincero.-Yo no tengo sentimientos.

-¿Entonces?- El joven se sentó de nuevo.

-Solo quiero que ella no muera.- Lo miré a los ojos.- Que tenga lo mejor en esta vida. Que sonría, se sonroje, viva.- Deseé poder tocarla más que nunca.- Quiero que conozca el amor y sea feliz.

-Eso es amar.- Me dijo serio.- La muerte está enamorada.- El joven llevó las manos a su cabeza y con gesto burlesco volvió a hablarme.- ¡Jodete!

-No estoy enamorado.- Dije escupiendo las palabras.- No puedo estarlo.

En el instante en que pensé aquellas palabras, me di cuenta que jamás había sentido aquello en mi interior. El joven se levantó y salió de la cama. Al observar la cama, me di cuenta que su cuerpo estaba inerte detrás de su alma.

-¿Que haces?- Dije sorprendido.- Aún no es tu hora.

-Yo ocuparé tu lugar.- El joven sonrió.- Así me quedaré aquí para siempre y tú ocuparas mi lugar.

En el mismo instante que el joven dijo aquellas palabras, el barquero apareció.

-Lo has tenido demasiado fácil.- Dijo enfadado.- Firma aquí...con sangre.

El joven lo miró extrañado y observé como el barquero alzaba su dedo y lo mordía. El joven gritó ante tal dolor y escuché un susurro tras de mí. Isabella había abierto sus ojos y me miraba con...¿miedo?

-No te vallas.- Isabella estaba asustada.- No me dejes aquí. No puedes hacerlo.

El barquero rió y me señaló.

-Ocuparas el lugar de este chico. Él tiene veinte años. Así que vivirás lo que a él le pertenezca.- Me estiró el contrato.

-No quiero vivir lo que él viviría si esto no hubiera ocurrido.- Le dije muy serio.- Solo quiero vivir lo que ella viva si se salva.- Señalé a Isabella.

Un halo de luz me cejo ciego en ese instante y sentí un calor invadirme. Un susurro llegó hasta mis oídos y alcé el rostro.

-Ella se salvará, pero antes ha de conocer tu pasado y saber quien eres.- Mi hermano hizo acto de presencia.

-Edward.- Bella me llamó en el mismo instante en que yo me elevaba en el aire.- No tengas miedo, yo estaré contigo.

La luz se hizo más intensa y mi cuerpo ardió por completo. Estiré mis brazos intentando alejar aquel dolor de mí, pero fue imposible. Sentí una fuerza extraña invadirme y como poco a poco la capa que me cubría, caí ala suelo.

-Eramos tres hermanos. Vivíamos bajo la protección del divino.- Mi hermano posó su mano sobre mi pecho y extendió sus alas.- Edward era el pequeño. Jacob el mediano y yo era el mayor. Padre deseaba que todo lo que nos rodeara estuviera en armonía junto a su creación. Sin embargo él adoraba a los humanos más que nuestro padre, más que nosotros.

El calor cada vez era más insoportable. Sentí el aire frío azotarme y unas lágrimas saladas correr por mis mejillas hasta mis labios. Un grito ahogado se perdió en mi garganta y la voz de Bella llegó a mis oídos.

-Es hermoso.- Mi hermano la calló.

-Edward os amaba tanto, que nos abandonó.- Su voz se hizo fuerte.- Bajó a la tierra y caminó entre los frágiles humanos durante días. Padre lo llamó al paraíso y él se negó alegando que abajo era sumamente feliz.

-Desde aquí aparezco yo.- El barquero se acercó a mi cuerpo.- Le prometí que vagaría con los humanos eternamente si se unía a mi. En aquel entonces vosotros erais escoria. No sabíais ni que era el fuego. Él era demasiado inútil y aceptó.

-¡No te metas con mi hermano!- James silenció al barquero.

-¿Y que pinto yo aquí?- Pregunto el joven pedante mientras yo sentía que me consumía bajo aquellas llamas.

-Tu ahora eres mío.- El barquero rió.- Y no hay trato que se pueda romper. Esta vez no. Serás mío para siempre.

El bastón que aún sostenía en mi mano, golpeó el suelo y desapareció. Cuando abrí mis ojos al no sentir el calor en mi cuerpo, pude ver al joven convertido en mi. Su aura era negra y ya no tenía rostro. Caí al suelo de rodillas y observé mis manos rosadas contar el frío suelo. Al fin tenía un cuerpo.

-Morirás cuando ella muera y renacerás con su edad. Aun que estarás solo.- El barquero con su típica risa tenebrosa, desapareció en la ante sala llevando consigo a la nueva muerte.

Sentí un peso en mi espalda e intenté deshacerme de el. Un aire frío inundó la habitación cuando desplegué mis alas y quedé expuesto totalmente ante los ojos de mi hermano James y de Isabella. Rápidamente me envolví de nuevo con mis alas.

-¿Que sucedió?- Los ojos de Isabella brillaban como nunca.- Edward.

-No lo toques.- Mi hermano habló profundamente.- Él hizo un pacto y pagó por ello. Ahora te lo entrego a ti.- Mi hermano miraba a Isabella sin apartar la mirada.- Dejo a mi pequeño ángel entre tus manos, Isabella.

-¿Es un ángel?- Ella sonrió.- Ya te lo dije yo.- Y me miró complacida..

-¿Entiendes lo que te estoy diciendo muchacha?- James sonó molesto.

-Edward es un ángel y lo dejas conmigo.- Bella se levantó de la cama y se acercó a mi posición.- No me tengas miedo. Eres realmente bello. Tus ojos verdes son impresionantes y tus cabellos cobrizos parecen de seda.

-Cuando llegue vuestra hora, subiréis directamente arriba, al lugar donde perteneces, hermano.- James me miró.

-No sin ella.- Le dije con una voz diferente.

-Tu voz.- Bella se acercó a mi casi pegándose a mis alas.- Es de terciopelo.

-Mi promesa a padre ya esta hecha.- James abrió sus alas y empezó a brillar intensamente.- Volverás a casa algún día. Ahora me iré a su lado y te esperaré. Cuidaros el uno al otro.

Mi cuerpo se volvió a alzar en el aire y desplegué mis alas. El calor volvió a apoderarse de mi y de mi garganta salió un grito agónico. Bella me miró con pánico, como si temiese que me pasara algo. Tras aquel encuentro de miradas, caí contra el suelo y cerré mis ojos.

Unas voces atormentaron mi descanso. Sentía frío y alguien que me zanzareaba. Al abrir mis ojos, mis pupilas se clavaron en unos ojos chocolate grandísimos Un pelo negro invadía parte de su cara y en su rostro había desconcierto.

-Muchacho.- Pude distinguir a Charlie.- He muchacho.

-Ah.- De mis labios solo salió un gemido.

-No se que haces aquí, pero estas desnudo y helado. Tranquilo, he llamado a un médico.- Charlie alzó mi cabeza y vi a Bella sentada en la cama observándome.

-Ya hemos traído la camilla.- Una mujer habló tras la espalda de Charlie.- Ahora se llevarán al muchacho de al lado. Murió hace diez minutos.- La enfermera tocó mi rostro.- No se quien es.

-Me llamo...- Mi voz sonaba cansada.- Edward.

-¿Que más?- Charlie me miraba aún confuso.-¿Que hacías en la habitación de mi hija?

-No lo sé.- Dije en un susurro.- No se quien soy.

Y por primera vez, sentí mi corazón latir furiosamente en mi pecho por la mentira que acababa de decirle a Charlie. Me alejaron de Isabella y sentí un vacio enorme dentro de mi cuerpo ¿Que ocurriría ahora?