Capitulo siete. Soledad.
La soledad es un sentimiento de vacío, que solo se llena cuando alguien importante aparece en tu vida.
Me sentía cansado. Un extraño ruido me acompañaba en aquella vacía habitación. El tic tac marcaba el tiempo que pasaba allí. Cuando sentí el aire entrar en mis pulmones, recordé que estaba vivo. Abrí mis ojos y sentí que ese tic tac perfecto, era el latido de mi corazón. Observé a mi alrededor y vi claramente que estaba solo.
Me incorporé en la cama y observé mi cuerpo. Llevaba puesto uno de esos pijamas azules del hospital. Sentí algo extraño recorrerme de la punta de los pies, a la punta de mis cabellos. Esa era una sensación de frío. Hacía demasiados siglos que no caminaba entre los humanos. Aun así, no podía distinguir realmente las sensaciones, ya que jamás me latió el corazón en este estado ni jamás corrió la sangre por mis venas. Cuando visitaba a los humanos, podría decirse que era un no muerto en vida. Ni comía, ni dormía, ni sentía. Aún así, ellos me veían y podía actuar como un humano frente a ellos.
Di unos cuantos pasos hacía la puerta. No sabía exactamente donde me encontraba, pero si sabía que debía estar con Isabella. Estiré mi brazo y noté el frío metal chocar contra mi mano. Aquello provocó que el bello de mi cuerpo se erizara ¿Como sería tocar a un humano? Respiré profundamente captando un cierto olor extraño ¿Olerían así todos los lugares?
Abrí la puerta despacio y asomé mi cabeza tras la rendija. Pude escuchar a unas mujeres hablando en algún punto no muy lejano a mi. Decidí abrir la puerta del todo y salí de la habitación. Giré mi cuerpo hacía el cartel donde podía leer claramente "Salida"
-Muchacho.- una mujer me llamó a mis espaldas.-¿Donde crees que vas?
-Necesito ir con Isabella Swan.- Le dije muy seguro.
-¿La conoce?- Preguntó arrugando su frente.
-Solo la recuerdo a ella.- Me di cuenta que las mentiras salían sin pensarlas.
-También recordó su nombre.-La mujer parecía enfadada.- ¿Cuantos años tienes?
-¿Diecisiete?- Pregunté con media sonrisa en mis labios.
-No sabes ni la edad que tienes.- Tiró de mi brazo de nuevo hacía la habitación.-Voy a llamar a Charlie.- La mujer miró hacía el otro lado del pasillo.- Él sabrá que hacer.
Me empujó de nuevo dentro de la habitación y escuché como avisaba a otra enfermera.
-¿En que le puedo ayudar, señora Webber?- La muchacha sonrió a la mujer con confianza.
-Ángela, quedate con él aquí, hasta que yo regrese con el Jefe Swan.- La mujer miró a la muchacha con algo extraño que no supe descifrar.
-Si, mamá.- Contestó ella con una sonrisa.- Perdón, señora Webber.
En ese momento entendí esas miradas extrañas y esas sonrisas de complicidad. Ellas dos, eran madre e hija. Me adentré de nuevo en la habitación y me senté en la cama. Nada más mirar la ventana, sentí un cosquilleo extraño en mi estómago.
-Creo que tengo hambre.- Le dije girándome hacía la muchacha.
-¿Crees?- Sus cejas se alzaron y su boca se desformo con una mueca extraña.- Se tiene o no se tiene.
-Supongo entonces que tengo hambre.- Y acaricié mi estómago.
-Cuando venga el jefe Swan, mandaré a alguien para que te suba algo.- Dijo ladeando su cabeza y observándome como si fuera un bicho extraño.
Sentí un picor extraño en mi espalda y me quité la camisa de ese horrible traje. La chica jadeo al verme sin camisa y me asusté girándome bruscamente. Intenté verme la espalda una y otra vez sin éxito ¿No tendría la marca de mis alas? Me puse de nuevo la camisa corriendo y la miré con una sonrisa torcida.
-¿Sucede algo?- Pregunté casi sin voz.
-Te la has quitado porque te molesta ¿verdad?- Ella se acercó despacio haciéndome retroceder contra el ventanal.
-Si.- Susurré.
-La tienes irritada.- Ella intentó quitarme la camisa.-La espalda.
-Me pica.- Dije encogiéndome de hombros.
-Igual tienes alergia a algún componente del tejido.- Ángela trató de quitármela de nuevo.
-No importa.- Me sentí extraño por su cercanía.
-Hola.- El jefe Swan entró por la puerta seguido de la señora Webber.- Veo que ya despertaste.
-Hola señor.- Agaché la mirada y cerré los ojos.
Ver ahora de cerca a Charlie y poderlo tocar de verdad, producía que mi cuerpo entero temblara. Era algo demasiado extraño. Las imágenes invadieron mi cabeza sin poder evitarlo. Vi a Frederick en los brazos de aquella médica al nacer y como su madre, pedía clemencia por su hijo. Recordé a ese Frederick caminando por la calle con su mujer y el carrito donde viajaba Charlie. Abrí mis ojos y observé aquellos ojos profundos. Recordé sus coloreadas mejillas cuando tan solo tenía cuatro años. Sonreí sin poder evitarlo, al fin y al cabo lo vi crecer.
-Siéntate.-Me ordenó con voz suave.- Necesitamos saber quien eres.
-Solo sé mi nombre, que tengo diecisiete años y estoy solo.- Dije muy seguro.
-De alguna forma has llegado aquí ¿no?- Charlie parecía sorprendido.
-Dice que conoce a tu hija.- La señora Webber y su hija seguían allí.
Al repetir el apellido de esa mujer, me di cuenta que Charlie había sido cuidado por esa familia cuando era un bebé. Volví a sonreír inconscientemente.
-¿Por qué sonríes tanto?- Charlie chasqueó los dedos delante de mi cara.-¿Ocultas algo muchacho?
-Disculpe.- Y volví a abajar mi mirada.- Solo sé eso y que conozco a su hija.
-¿De que conoces a mi hija?- Preguntó poniéndose de todos los colores posibles.
-¡Ya sé de que lo conozco!- Gritó Ángela.- Ese chico ha venido alguna vez al centro de mujeres maltratadas a jugar con los niños.
Fruncí mi ceño y arrugué mis labios. Esa chica era realmente genial. Observé la reacción de Charlie y sentí un poco de calma al verle como se tranquilizaba poco a poco.
-¿Es eso cierto?- Charlie me miró muy serio.
Asentí con la cabeza y empecé a pensar rápidamente un plan que me pudiera servir en ese momento. Necesitaba ser alguien real, alguien que ha tenido una vida humana durante diecisiete años.
-Le diré la verdad.- Debía agradecerle mucho a Ángela, ya que gracias a sus palabras se me había ocurrido un gran plan.- No es que no recuerde quien soy, si no que no quiero recordarlo.
-¿Y eso por qué?- Charlie se levantó un poco cansado de esa situación.- Necesito saber la verdad.
-Soy un chico de la calle.- Dije agachando un poco la cabeza.- No tengo a nadie, eso es cierto.
Desde que yo recuerde, vivo en soledad. No sé quienes son mis padres. Un dí aparecí por la puerta del centro y conocí a su hija. Ella estaba jugando con tres niños pequeños y le ayudé a clamar a uno que lloraba. Desde ese día, me pasaba todas las mañanas por allí.
-¿Y como llegaste a la habitación de mi hija desnudo?- Charlie alzó una ceja.
-Me perseguían. Me robaron mi ropa y mis pocas pertenencias.- Agaché la cabeza esperando que se lo creyera.- Solo conozco a Isabella. Supe que estaba aquí por un accidente hace más de un mes y decidí venir.
-¿Para qué?- Charlie me cogió del brazo y salté de mi asiento.
No me esperaba ese contacto tan brusco de su parte y a la vez desconocido para mi. Charlie saltó en su sitio y dio dos pasos hacía atrás.
-No pretendía asustarte.- Me dijo con voz calmada.- Esta bien.
-¿Me va suceder algo?- Dije preocupado.- ¿Me van a llevar a algún sitio raro?
Necesitaba saber donde me llevarían. Sabía que con diecisiete años, era menos de edad.
-Por ahora te quedarás aquí.-. La señora Webber me sonrió.- Ordenaré que te pongan buena comida y te traeré la bandeja.
-Gracias.- Dije en un susurro.
Levanté el rostro al oír la puerta y me di cuenta que Charlie seguía allí a mi lado.
-Mi hija se despertó ayer de un coma.- Me dijo con voz ahogada.- Aún le queda mucho tiempo en el hospital.
-¿Donde me llevarán después?- Pregunté angustiado. Necesitaba estar cerca de Isabella.
-No se decirte con exactitud, pero debes pasar a cargo del estado.- Charlie suspiró.- Tengo un amigo que adoptó a cuatro hijos. Tal vez si hablara con él...
-Sería maravilloso.- Dije casi de un brinco.
-Te entusiasmas demasiado muchacho.- Charlie se rascó la barbilla.- No he dicho que te vayas con él, solo que tal vez.
Asentí con la cabeza y mordí mi labio inferior. Realmente me daba igual a donde ir, solo quería estar cerca de Bella.
-¿Puedo ir a ver a su hija?- Mi voz salió un poco más baja de lo deseado.
-Ahora está durmiendo.- Charlie se levantó d ella silla y caminó hacía la puerta.- Ahora come y descansa. Iré a hablar con mi amigo y cuando Bella despierte te avisaré.
-Gracias.- susurré una vez más.
Cuando Charlie salió por la puerta, sentí que el frío se apoderaba de mi cuerpo. Estaba solo de nuevo ¿Y si todo eran mentiras y me dejaba aquí solo? Negué con la cabeza y me recosté en la cama quitándome la molesta chaqueta de ese horrible pijama ¿Toda la ropa sería así de molesta?
La puerta se abrió de nuevo y por ella apareció la dulce mujer de antes. La señora Webber llevaba una bandeja entre sus manos. Sonreí al oler aquello tan dulce y estiré mis manos. Ella dejó la bandeja sobre una mesita y la acercó a la cama destapándola. Aspiré aquel aroma y sentí mis tripas rugir furiosas.
-Tranquilo, edward, come despacio.- Y rió alegremente.- ¿Cuanto llevas sin comer?
-No lo sé.- Dije sinceramente.- Pero huele realmente bien.
-Me alegra saberlo.- La mujer observó mi espalda.- Te ha dado reacción el pijama. Veré si puedo traerte una crema para que no te pique.
-Fafias.- Contesté con la boca llena tratando de darle las gracias.
-No se habla con la boca llena.- Me dijo señalándome con el dedo.- Me parece que te faltan modales.
-Ciento.- Dije de nuevo con aquella exquisita comida en mi boca.
-Edward.- La mujer ladeo la cabeza.
Traté de tragar lo más deprisa que pude y respondí de nuevo.
-Lo siento.- Dije riéndome.
-Al menos eres educado.- Ella acarició mis cabellos y me sentí extraño.- Pobre pequeño. A saber las cosas horribles que has pasado en la calle.
Me atraganté al escuchar sus palabras. Si ella supiera realmente que antes fui la muerte, o un ángel antes de la muerte. Me encogí de hombros y seguí masticando aquel maravilloso manjar. Al acabar de comer, una mujer entró y se llevó la bandeja.
Las siguientes horas fueron horribles. Nadie entraba en mi habitación desde que la señora Webber había venido una hora después de comer a ponerme aquella maravillosa crema que quitó los picores de mi espalda. Cuando estaba apunto de dormirme del aburrimiento, la puerta se abrió y escuché unos pasos firmes y seguros acercarse a la cama.
-Bella se ha despertado y a corroborado la misma historia que tú.- Charlie se aclaró al garganta.- Dice que un día apareciste en el centro y desde entonces no has faltado ninguna mañana.
-Aja.- Fue lo único que pude articular.
-Ella esta despierta.- Charlie encendió al luz.- Puedes venir a verla.
-¿Habló con su amigo?- Dije levantándome de la cama y poniéndome esos plásticos horribles en los pies.
-Mañana vendrá a verte.- Charlie no me miró durante el trayecto a la habitación de Isabella.- Esta noche te quedarás aquí, ya que la señora Webber dijo que estabas algo flaco y bajo en vitaminas. Mañana te darán el alta y si puede ser, te irás con Carlisle Cullen.
-Gracias.- Susurré una vez más.- De verdad, muchas gracias.
-Ya hemos llegado.- Y se paró frente a la puerta.- Pasa.
Cuando entré, vi esos hermosos ojos observándome. Sonreí al verla tan hermosa como siempre sobre la cama. Me acerqué despacio y cogí su mano.
-Hola.- Dije suavemente.
-Hola, Edward.- Ella me sonrió.- Me alegra saber que estas bien.
-Y a mi también.- Le sonreí de vuelta.
-Mi padre me ha dicho que te irás con el señor Cullen.- Ella suspiró.- Es un buen hombre, sé que tiene a cuatro hijos adoptados. No los conozco, pero sé que estarás bien.
Sus ojos brillaban y sus dedos apretaban mis dedos. Respondí aquel apretón y suspiré.
-Mañana vendrá a conocerme.- Dije temeroso.- Tengo miedo de que nos separen.
-No lo harán.- Ella rió.- Carlisle vive en el pueblo, así que estaremos juntos.
-Sin ti no podría vivir.- Dije al fin.- eres mi vida.
-Y tu la mía.- Contestó ella sonriendo.
-Esta bien.- Charlie me separó de su hija.- No quiero saber nada por el momento.- Su voz se volvió dura.- Y ala has visto, así que ahora vuelve a tu habitación y duérmete.
-Gracias, señor Swan.- Dije con todo el dolor de mi alma.- Mañana nos vemos, Bella.
-Hasta mañana, Edward.- Y salí de allí triste.
Necesitaba estar a su lado fuese como fuese. Sin ella cerca de mí, me sentía extraño, solo, vacío. Entré en mi habitación, me metí en la cama y cerré mis ojos para soñar con mi dulce Bella. .
