Capitulo ocho. Palabras.

La palabra es el lenguaje del ser humano.

Durante la noche tuve ansias de acudir al cuarto de Bella. Lo único que necesitaba era escuchar su voz. Tras saber que ella sentía lo mismo por mí, no pude dormir tranquilo. Podía escuchar cualquier ruido proveniente de cualquier habitación. Sentía el frío en mi cuerpo anhelando el calor que había sentido junto a ella.

La luz entró por la gran ventana, anunciándome la llegada de la mañana. En el mismo instante en que el rayo de sol tocó mi cama, me levanté de un salto y abrí la puerta de la habitación ¿Estaría ya despierta ella? Ahora era mañana, así que Charlie no podría decir nada si iba a verla.

Salí de la habitación descalzo. No necesitaba llamar la atención, así que me pegué a la pared y empecé a caminar despacio. Cuando llegué a la esquina que anunciaba el final de mi pasillo, una mano tocó mi hombro haciéndome saltar en el sitio.

-¿Qué haces aquí?- Su voz sonó cariñosa.

-Quiero estar con Bella.- Dije en su mismo tono.

-Mira, no sé de que os conocéis en realidad.- Ángela posó sus manos contra su cintura.- Pero no es el momento de ir a verla.

-Pero...-Intenté protestar pero me silenció una vez más.

-Ni peros, ni quejas.- Tiró de mi brazo nuevamente hacía la habitación.- Te he llevado el desayuno a tu cuarto y no estabas ¿Que quieres que haga?- Ella me sonrió.- Carlisle Cullen vendrá en media hora con su mujer a conocerte.

-¿Tan pronto?- Pregunté asustado.- Pensé que vendrían a la tarde.

-Él es una persona muy ocupada.- Ángela volvió a sonreírme.

-¿A que se dedica?- Pregunté curioso mientras me subía a la cama.

-No lo sé.-Ella acercó mi bandeja.- Solo sé que es alguien conocido internacionalmente.

-¿Tan importante es?- Dije casi atragantandome con las galletas.

-Te he dicho que no sé quien es.- Ella se sonrojó.

-Me estas mintiendo.- Dije arrugando mi frente.

-Está bien, yo no te he dicho nada de esto.- Ángela se acercó más a mi y me sentí extraño.- Carlisle Cullen es el dueño y señor de la empresa Cullen e hijos.

-¿Y?- No me parecía tan sorprendente.

-Ese hombre, tiene empresas repartidas por todo el mundo.- Ella levantó sus cejas.- Es muy rico y muy buena persona.

-¿Pero de que son esas empresas?- Pregunté ya cansado.

-Él y sus empleados en todo el mundo, crean sistemas de seguridad para los bancos y empresas más importantes del mundo.- Ella hablaba cada vez más bajito.

-Ah.- Tomé el vaso de zumo entre mis manos.- Así que crea sistemas de seguridad.

-Si.- Ella recogió la bandeja.- Pero yo no te he dicho nada.

-Soy un ángel.- Dije riéndome.- Tendré la boca cerrada hasta la muerte, tienes mi palabra.- Y volví a sonreír.

-Muy bien.- Ella abrió la puerta.- Me gustas para Bella.- Y salió guiñándome un ojo.

Miré mis vestimentas y me sentí vulgar. No me gustaba en absoluto que el señor Cullen me viera con un simple pantalón azul. Me levanté de la cama y asomé mi cabeza por la puerta. Tal vez Ángela pudiera ayudarme. Salí de la habitación, después de un buen rato, esperando a que ella pasara. Cuando decidí ir a la sala de enfermeras, una mano me paró ¿por qué todo el mundo había cogido por costumbre tocarme?

-¿Donde vas?- Una voz que no conocía me hizo saltar y mirarla a los ojos.

-¿Quien eres y qué quieres?- Dije algo molesto por su presencia.

-Soy Alice Cullen, y vengo a ayudarte.- Ella me sonrió y estiró su pequeña mano.

-Edward.- Miré su mano extrañado.

-¿No vas a saludarme?- Ella dio un medio gritito molesto.- Cuando una persona estira su mano, la otra le responde de la misma forma y se estrechan.- Me dijo ladeando su cabeza de un lado a otro.

-Si.- Y apreté su mano como me había pedido.

Ella caminó delante de mi, haciendo que sus cortos y alborotados cabellos negros me marearan. Había dicho que se llamaba Alice Cullen, así que ella sería una de las hijas adoptadas.

-Bueno, mi padre vendrá en menos de quince minutos, está hablando con Charlie.- Ella me tendió unas bolsas de plástico llenas de cosas.

-¿Y?- Me encogí de hombros y meneé mi cabeza.

-Te he traído algo de ropa.- Ella dejó caer el contenido de las bolsas sobre la cama.- Como jamás te había visto, te he traído varias prendas de diferentes tallas.

-Oh.-Me acerqué a la cama y observé toda la ropa.-¿y si no me acepta?

-¿Como?- Ella se tapó la boca y se rió.- ¿Y perderse la oportunidad de tener otro hijo?

-No quiero saber más.- Cogí la ropa entre mis brazos y me metí en el baño.

Tras darme una ducha rápida, salí y observé las prendas de vestir. Había visto esas ropas en mis múltiples viajes, incluso sabía para que se utilizaba cada cosa pero...¿Sería cómodo? La última vez que tomé mi forma humana, mi cuerpo no sentía nada, así que las ropas que me ponía, solo adornaban mi cuerpo.

Me puse los calcetines y sentí los dedos de los pies algo prietos. Acto seguido, me coloqué lo que llamaban ropa interior y sentí ciertas partes de mi cuerpo comprimidas ¿Porque tenía eso entre mis piernas? Cuando estaba en el paraíso, eso no existía en esa parte de mi cuerpo, y cuando tomaba mi forma humana tampoco ¿Por qué esta vez si?

Dejé de lado mis pensamientos al escuchar la puerta de la habitación abrirse y cerrarse. Una voz fuerte llegó a mis oídos y supe que habían llegado. Me puse un pantalón negro de tela y unos zapatos a juego. Observé mi reflejo en el espejo y me sonreí a mi mismo. Por primera vez veía color en mis mejillas. Me puse una camiseta negra y encima una camisa blanca. Observé mis cabellos y decidí dejarlos como estaban. Tras respirar profundamente un par de veces, abrí la puerta y observé a los allí presentes.

-Él.- Charlie me señaló muy serio.- Es Edward.

-Hola.- Susurré al hombre rubio que acompañaba a Charlie.

-Hola.- Se acercó despacio y tendió su mano.- Soy Carlisle.

Esta vez si supe como reaccionar ante su mano extendida, así que le respondí con un buen apretón.

-Es guapo.- Dijo la chica pequeñaja.- Cuadra con nuestra familia ¿Verdad, papá?

-No lo sé.- Carlisle me miró.- ¿Tú que opinas?- Me preguntó.

-Nunca he tenido una familia.- Dije agachando mi cabeza.- Así que no se que opinar, señor.

-Llámame Carlisle.- El hombre alzó mi rostro con sus dedos.- Creo que Señor me hace demasiado viejo.- Y rió.

-Si.- Y sentí un calor extraño en mis mejillas.

-Bueno, Edward, cuéntame un poco de ti.- Él hombre rubio y la pequeñaja, se sentaron en el sofá negro.

-No tengo mucho que contar.- Sentí que mis manos empezaban a mojarse y mi corazón latía tan fuerte en mi pecho, que temí que lo escucharan.

-¿De donde vienes?- Preguntó la chica.

-No vengo de ningún sitio.- Medio sonreí.-Porque no tengo familia. No recuerdo nada de ella.- En ese instante me acordé de James.- Vivía en la calle.

-¿Donde vivías?- Preguntó ahora Charlie.

-En todos lados y en ninguno a la vez.- Volví a medio sonreír.

-Bien.- Carlisle me observó de arriba a abajo.- ¿Sabes leer y escribir?

-Si.- "Antes que vosotros"Pensé.-Vivir en la calle, no es vivir en la ignorancia.-Ladeé la cabeza.- Supongo que aprendí en algún momento de mi vida que no recuerdo.

-¿Te acuerdas de tu infancia?- Volvió a preguntar Charlie.

-No.- Negué con al cabeza.- Lo siento.

-Tal vez sea una forma de protegerse.- Carlisle se golpeó en la barbilla.- Muy bien.

-¿Nos lo quedamos?- Dijo la muchacha emocionada.

-No es ningún perro.- Carlisle riñó a su hija.

-¿Puedo ver a Bella?- Y miré a Charlie.

-No.- Charlie me miró serio.- Están haciéndole unas pruebas.

-¿Esta mejor tu hija?- Alice se acercó a Charlie.

-Es un milagro.- Carlisle miró a Carlisle.- Ella estuvo en coma y de golpe despertó y se recuperó.

-¿Como?- Carlisle se acercó a Charlie también.

-No lo sé, los médicos dicen que es un milagro.- Charlie se frotó la frente.- No se explican como puede haberse recuperado en dos días, ni como su corazón está sano.

Sonreí al escuchar aquellas palabras. Miré disimuladamente por la ventana y cuando divisé las nubes, susurré un "gracias".

-Eso es una buena noticia.- Ellos siguieron hablando durante un buen rato.

Mientras los dos hombres conversaban y la muchacha opinaba de vez en cuando, observé la calle desde la ventana. Respiré tranquilo al no ver el aura de todos esos humanos que entraban y salían del hospital. Cada vez que escuchaba el nombre de Bella, más ansiaba de verla. Cuando al fin acabaron sus conversaciones, escuché mi nombre.

-Edward.- Carlisle me llamó.

-Dime.- Me giré mirándolo fijamente.- Hoy mismo voy a hablar con los asistentes sociales.- asentí con la cabeza.- Cuanto antes estés en casa, antes recibirás una buena educación.

-Gracias.- Y agaché un poco mi cabeza en señal de cortesía.

-Modales tiene.- Dijo Alice.

-La verdad es que es educado.- Charlie me sonrió.- Hoy te dan el alta, así que en cuanto la tengas, acude a la habitación de mi hija.- Charlie se acercó a la ventana junto a mí.-Pasarás el día con nosotros hasta que llegué Carlisle para llevarte a su casa.

-Gracias.- Dije nuevamente.

El médico llegó antes de que los Cullen se fueran. Tras firmar Charlie el alta, me dirigí con él hacía la habitación de Bella. Cuando entré, aspiré fuertemente por mi nariz. Me encantaba su olor. Caminé despacio hasta la cama y la observé mientras dormía.

-¿Te gusta?- La voz de Charlie me asustó.

-Si, señor.- Y agaché mi mirada.- Desde el primer día que la vi.- Y sonreí por mi primera verdad.

-Siendo sinceros, antes hubiese tenido muchos inconvenientes.- Él se acercó a mí.- No se si me entiendes.

-Si.- Susurré.- No tengo nada que ofrecerle.

-No es eso.- Charlie cogió mi hombro.- Simplemente, no me hubiese fiado de ti.

-Ya.- Y me aparté un poco de él.-¿Y ahora si lo hace?

-No.- Dijo muy sincero.-Pero ahora está Carlisle para responder por tus actos.

-Voy a comer.- Charlie salió por la puerta sin decir nada más.

Los minutos pasaron y cada vez me sentí más extraño. Había deseado muchas veces estar entre los humanos y convivir con ellos como un igual. Sin embargo ahora acababa de comprender la complejidad de esos seres. Cogí la mano de Bella entre mis dedos y deseé que despertara. Tras observarla durante diez minutos más, al fin ella abrió sus ojos.

-Edward.- Ella se incorporó al verme.

-Hola.- Sentí mis mejillas arder y vi las suyas enrojecerse.

-Te he echado mucho de menos.- Ella apretó mis manos.

-Y yo a ti.- Besé su frente.

-Me han dicho que soy un milagro.- Ella empezó a reírse.- Seguro que esto es obra de tu hermano el ángel.

-No lo digas mucho en voz alta.- Y reí con ella.

-Gracias.- Ella besó mis labios suavemente.

Al sentir ese roce, una descarga eléctrica recorrió mi ser por completo. Mi corazón se agitó nuevamente. Deseé besarla y sentirla así de nuevo. Antes de que se apartara, mis manos acunaron su rostro y sintiendo el dulce calor de su piel, la besé intensamente. Había visto demasiadas veces a los humanos demostrarse el amor de esa forma, sin embargo sentirlo en mi propia piel era algo excitante.

Un ruido extraño salió de mi garganta y mi cuerpo entero ardió como si estuviera en el mismo infierno. Me separé de ella lo más rápido que pude y susurrándole un lo siento, me levanté de la cama.

-¿Que te ocurre?- Dijo ella levantándose también.

-No te acerques.- Le pedí nervioso.

-¿Por qué?- Ella acarició mi espalda y esa sensación extraña me invadió de nuevo.-¿Te arrepientes?

Abrí mis ojos como platos y me giré de golpe hacía ella.

-Nunca.- Dije abrazándola.- Jamás me arrepentiré de estar a tu lado. Eres mi vida y mi humanidad. Sin ti, no sería nadie.

Besé de nuevo sus calientes labios y volvió a escaparse ese ruido extraño de mi garganta. La sensación de calor se apoderó de nuevo de mi cuerpo ¿Estaría enfermo?

-Creo que estoy enfermo.- Dije abrazándola y oliendo su hermoso cuello.

-No estas enfermo.- Ella rió.- Ya te lo explicaré.

Ella besó mis labios con tan solo un roce y se acostó de nuevo en su cama. Conforme ella se acomodó, Charlie, entró por la puerta.

-Ya estoy aquí.- Dijo dándose pequeños golpes en su tripa.- ¿Se ha despertado?

-Estoy despierta, papá.- Ella se incorporó.- Ahora ves a comer tú.- Ella acarició mi mejilla.

-Toma.- Charlie me tendió diez dolares y me señaló al puerta.- Cuando salgas del pasillo, coges el ascensor y bajas al primer piso.- Y me dio la espalda.

-Hasta ahora.- Miré a Bella y después a Charlie.- Gracias Jefe Swan.

-No tardes.- Dijo serio.

Bajé a la cafetería y tras pedirme un buen bocadillo, me senté en una mesa a comer. No llevaba ni medio bocadillo, cuando apareció Ángela.

-Hola.- Saludó sentándose con otro bocadillo.- ¿Como estás?

-Bien, gracias.- Y le sonreí.

-Me alegra saber que te vas con Carlisle.- Ella me sonrió.- Y que estas con Bella. Nos veremos mucho, ya que ella y yo somos muy amigas.

-Me alegra saberlo.- Y terminé mi bocadillo.- Me caes muy bien.- me levanté y me marché.

Al llegara la habitación, el médico estaba allí.

-Mañana le daremos el alta.- Dijo mirando a Charlie.- Aunque esté bien, yo le recomiendo reposo durante al menos dos semanas más.

-Esta bien, gracias.- Charlie estrechó su mano y se despidió del doctor.- Ya lo has oído.- Se acercó a Bella.- Reposo.

-Si papá.- Se veía muy feliz.- Edward.

Entré al escuchar mi nombre. Me acerqué a la cama y le tendí mi mano. Sus ojos brillaban y sus mejilla estaban sonrojadas.

-Hola.- Besé su frente.

-Las muestras de cariño fuera de mis ojos.- Charlie miró al tele molesto.

-Lo siento, Jefe Swan.- Y los dos nos reímos bajito.

La puerta se abrió en ese momento y por ella entró Carlisle con una mujer que no había visto antes.

-Buenas tardes.- Saludaron los dos.- ¿Estas listo?- Preguntó él.

Miré a Bella y tragué en seco. No deseaba irme de allí, no deseaba irme con ellos y dejarla en esa cama. Bella apretó mi mano y me animó, como si supiera lo que estaba pensando.

-Nos veremos mañana.- susurró.- Te quiero.

-Y yo a ti también te quiero.- Besé sus labios suavemente y me separé de ella.- Estoy listo. Adiós Jefe Swan.

Tras la despedida, caminé por aquel pasillo sintiendo mis piernas temblar ¿Que sucedería a partir de ahora?