Capitulo diez. Quiero la verdad.

El pasado es muy difícil de ocultar cuando se tiene, pero...¿y si no se tiene?

La tarde había llegado demasiado pronto. Después de planear lo que haríamos en la tarde de compras, ella me aconsejó que me duchara, ya que me sentí bastante incomodo con la ropa. Tras darme una larga ducha, deseé que pronto acabara todo para poder estar con ella a solas. La puerta de casa se abrió nada más bajar al piso de abajo los dos cogidos de la mano. Alice apareció por ella sonriendo.

-Buenas tardes.- La morena me miró de arriba abajo.- Realmente necesitas ropa.

-Soy Bella.- Ella se acercó a mi nueva hermana y le tendió la mano.- Encantada.

-Yo soy Alice.- Y se tiró a los brazos de Bella.- Me alegra saber que estáis juntos. Siento no haber podido venir por la mañana, pero teníamos cosas que hacer.- Se disculpó.

-Supuse que vendríais más tarde al pasar las horas.- bella se sonrojó.

-Bueno, no hay más que hablar, vamonos.- Alice tiró de mi brazo y de la mano de Bella.

Durante el trayecto en el coche, sentí como se formaba un nudo en mi estómago. Estaba comprobado, los coches y yo serías enemigos. Al llegar al centro comercial después de escuchar a Alice y Bella cantar todo el trayecto, bajé del coche como si quemara.

-¿Que pasa?- Preguntó Alice rápidamente.

-Creo que los coches y yo no nos llevamos bien.- Dije tapando mi boca.

-Te acostumbrarás.- y rió junto a mi Bella.

Caminamos cogidos de la mano, dentro del centro comercial, mientras Alice caminaba por delante buscando al resto de mis hermanos adoptivos. Bella frenó un poco nuestros pasos y me miró con cariño en sus ojos.

-¿Que ocurre?- Pregunté apretando sus dedos.

-¿Como te sientes?-Ella besó mi mano.

-Estoy bien.- Le respondí el beso en la suya.-¿Por qué?

-No sé.- Ella encogió sus hombros.- Antes eras un ángel y después fuiste la muerte durante milenios.

-Y ahora estoy caminando al lado de la mujer que amo y me ayudó a cumplir mi sueño de ser uno más.- Le sonreí.- Estoy bien, Bella, me acostumbraré a todo esto.

Ella asintió y en ese instante empezó a picarme la espalda de nuevo como días atrás en el hospital. Cerré mis ojos fuertemente e intenté olvidar ese quemazón en mi espalda. Alice se giró deprisa y se acercó casi corriendo a nosotros.

-Están ahí.- Señaló unos cuantos metros más hacía delante.- Ya veo a mi Jasper.

-Pues no los hagamos esperar.- Dijo Bella sonriendo.

-Bella.- estiré de su mano antes de que saliera detrás de Alice.

-Dime mi ángel.- Ella ladeo su cabeza.

-Me pica demasiado la espalda.- me giré y levanté un poco mis ropas.- Puedes meter la mano y rascarme, por favor.

Bella metió su mano entre mi espalda y las camisetas y me estremecí. Sentir su dulce tacto acariciar la piel de mi espalda era algo inexplicable. Cada vez que ella me rozaba una descarga eléctrica invadía mi ser llevándome al cielo.

-Edward.- Su voz sonó sorprendida.- Tenemos un pequeño problema.

-¿Que sucede?- Dije asustado.

-Tu espalda.- Ella tragó en seco y volvió a meter la mano.-Tienes algo raro.

Me giré más asustado todavía y tiré de su mano hacía los demás.

-Vamos a saludar y después lo miramos.- Dije tratando de calmarme a mi mismo.- No creo que sea nada importante.

-Esta bien.- Ella me sonrió y caminó a mi lado.

-Hola.- Emmett me estrechó entre sus brazos.- ¿Como estás?

-Bien.- Dije casi sin aire en mis pulmones.

-Suéltalo, Emmett, lo estás ahogando.- Rosalie sacudió el brazo de su novio.

-Perdón.- Me soltó al suelo y abrazó a Bella.- Me alegro de conocerte.

-Gracias.- Y ella se sonrojó.- Yo soy Bella Swan.

-Yo soy Rosalie y él es Emmett.- Mi hermana adoptiva le dio dos besos a Bella.

-Encantada.- Ella miró a Jasper.

-Yo soy Jasper.- El muchacho se acercó a bella y le dio dos besos.- Soy el novio de Alice y acogido en la casa de los Cullen.

-¿Todos os llamáis Cullen?- Bella abrió sus ojos.

-No.- Alice rió.- El único que se va a llamar Cullen será Edward.- Alice cogió la mano de su novio y tiró de él hacía la entrada.

-¿Por qué?- Pregunté confundido.

-Verás.- Rosalie caminó a mi lado junto a Emmett, mientras Alice se iba a una tienda de ropa.- Cada uno llegó a una edad diferente.

-Yo llegué con trece.- Emmett se señaló a si mismo.- Y ahora tengo diecinueve.

-Yo llegué hace tres años.- Rosalie me sonrió.- Llegué con diecisiete.

-¿Y Jasper?- Pregunté señalando tras el cristal de la tienda.

-Él llegó con nueve años.- Rosalie señaló a Alice.- Y ella con once.

-¿Pero sois adoptados?- Preguntó Bella.

-Acogidos.- Emmett movió sus brazos y asintió.

-No lo entiendo.- Miré extrañado a mis hermanos.-¿Y por qué yo si?

-Tu no tienes nombre.- Emmett me guiñó el ojo.- Eres un fantasma.- Y rió llevándose detrás a Rosalie y Bella.

-No le veo la gracia.- Dije molesto mirando a Bella.

-Lo siento.- Bella se disculpó a la vez que Alice y Jasper salían de la tienda.

-¿De que te disculpas?- La pequeña se acercó a Bella.

-Solo ha sido una broma.- Añadió Emmett.- Le estábamos contando porque conservamos nuestros apellidos.

-Muy fácil.- Alice tiró de mi brazo caminando hacía otra tienda.- Somo acogidos.- Ella me guiñó un ojo.- Solo esperábamos a que alguien nos adoptara de verdad, pero como nunca ocurrió, aquí estamos juntos. Sin embargo, como tú no tienes tan siquiera una tarjeta de identificación, ellos te van a dar su apellido.

Alice me soltó del brazo y tiró de mi mano hasta entrar en una tienda. Los demás nos siguieron. Ellos se ocuparon de comprarme todo aquello que "Supuestamente" necesitaba. Al acabar, sentí que mi espalda iba a peor y aquello me preocupó bastante.

-¿Podemos ir a casa?- Dije ya cansado.

-Esta bien.- Alice hizo un puchero y luego observó a todos.- Pero la semana que viene volvemos, hoy solo compré para mi tres conjuntos.

-Tú y la ropa.- Rosalie bufó.- Siempre igual.

-Tú y los cosméticos.- Alice le clavó el dedo en el pecho.- Siempre igual.

-Basta.- Emmett se metió en medio.- No empecéis como siempre.

Caminamos hasta el coche lleno de bolsas pro todas partes y las dejamos en el maletero del coche de Alice.

-Creo que no cabe todo aquí.- Mi hermana rió.- Será mejor que metas unas cuantas bolsas en el coche de Emmett.

-Si.- Rosalie me quitó las bolsas que ya no cabían y se las llevó al otro coche.- Nos vemos en casa.

Entré en la parte trasera del coche y Bella se sentó a mi lado. Alice puso de nuevo la radio y empezó a cantar sus canciones.

-¿Como vas de la espalda?- Me preguntó Bella.

-Aún me pica a horrores.- Le dije restregándome por el asiento.- Ahora miraré en casa lo que ocurre, tal vez sea esta ropa.

-Yo creo que no.- Bella negó.- Tienes algo raro en ella.

Los dos nos sumimos en el silencio y esperamos a llegar a casa. Alice aparcó al lado de Emmett y salió como un huracán del coche.

-¡Voy a probarme mis conjuntos!- Gritó mientras entraba en casa.

Cuando entré pude ver a Carlisle sentado en el sofá con una copa de vino entre sus dedos y observando la gran televisión.

-¿Os lo habéis pasado bien?- Carlisle se volteó y nos miró a todos.

-Si.- Alice se acercó a Carlisle.- Como siempre papá.

-Me alegro.- Miró a las chicas.- Ir a la cocina a ayudar a Esme con la cena. Tú ven aquí, Edward.

Asentí con la cabeza y soltando la mano de Bella, me senté al lado de Carlisle. Pude ver algo extraño en su mirada y sentí mi cuerpo sudar y temblar.

-¿Ocurre algo?- Dije preocupado.

-Si.- Carlisle se rellenó al copa de vino.- Ya tengo tus papeles legales para la adopción, sin embargo...

-¿Qué?- Abrí mis ojos como platos.

-No voy a firmarlos hasta que no me cuentes tu verdad.- Dejó la copa de vino vacía sobre la mesa.- No puede ser que en ningún estado estés inscrito.- Negó con su cabeza.- Tampoco puede ser que las cámaras de seguridad no te captaran en algún momento cuando llegaste al hospital.

-No recuerdo como llegué.- Apreté mis puños contra mis piernas.- No lo sé.

-Edward.- Carlisle suspiró.- En la habitación de Isabella había una cámara instalada la noche que tu apareciste.- Carlisle se rellenó la copa de vino dos dedos.- En la grabación sucede algo extraño.

Algo cayó encima de mi. Mi respiración se volvió dificultosa y sentí como mi corazón latía ferozmente en mi pecho.

-No...- Giré el rostro y miré la pantalla.

-¿Ves esa luz blanca en la pantalla?- Carlisle se levantó y la señaló con el dedo.- Minutos antes Isabella estaba hablando contra la nada. El corazón del muchacho de al lado latía perfectamente.

-Yo...- Lo miré al rostro y temblé.

¿Que iba a decirle ahora? Me levanté despacio del sofá y me acerqué a la tele.

-No sabes que decir ¿verdad?- Carlisle se colocó a mi lado.- Yo te lo mostraré.

Corrió la cinta un poco para atrás y pude ver a Bella sola en la habitación. Su rostro miraba hacía la pared y movía sus labios. El chico de al lado estaba vivo todavía.

-Ella estaba inconsciente.- Puntualizó Carlisle.- estaba demasiado medicada y no podía levantarse ella sola. Aunque lo más extraño viene ahora.-Carlisle señaló la pantalla.

-Oh.-Un gemido se escapó de mis labios al ver lo que ocurrió en esa habitación.-Es...

No pude seguir hablando. Miré la pantalla y observé una silueta oscura en la pared. Pude distinguir perfectamente a mi hermano James gracias a la sombra de sus alas.

-¿Ves eso?- señaló la silueta de las alas.- Pues espera y verás.

Otra sombra apareció en la pared y esta vez pude ver como el chico empezaba a convulsionar en la cama y como si de una niebla espesa se tratase, se levantó de la cama y desapareció. Mis ojos se abrieron como platos y diría que estaba apunto de salirse de mis cuencas.

-N...n...no.- Balbuceé.

-Espera.- Carlisle se arrodilló a mi lado.-Hay más.

Otra sombra negra se alzó en la pared y de pronto se abrieron sus alas. Supe enseguida que ese era yo. Bella seguía hablando a la nada con su cuerpo inerte observando la pared. Una luz blanca invadió al pantalla y cuando el fogonazo se fue, aparecí yo en mi forma humana en el suelo.

-Creo que hay algo que debes contarme.- Carlisle se levantó, sacó al cinta de video y me cogió del brazo.- Vamos a mi despacho, las chicas estarán apunto de salir de la cocina y los chicos de bajar a cenar.

Lo seguí por un estrecho pasillo en el primer piso sin protestar ¿Que iba a contarle yo ahora? Carlisle encendió la luz y entró en la habitación dejándome caer bruscamente contra la silla.

-Ya puedes empezar.- Dejó al cinta contar la mesa.- Si no lo haces, llamaré a Charlie y le mostraré la cinta. Después saldrás de mi casa y no volverás a vernos jamás, sobre todo a Isabella.

Lo miré a los ojos y pude ver que decía la verdad. Aquello se iba a complicar demasiado y yo no sabía que decirle.