Feliz año nuevo y gracias a todas las que leeis esta historia y comentais, tambien a las lectoras fantasma. Nos vemos el año que biene con un poco más de esta historia kiss.
Capitulo once. Soy uno más entre vosotros.
La igualdad hace la fuerza.
A veces las cosas no salen como uno quiere. Pueden complicarse hasta el punto de hacerte desfallecer, o pueden fortalecerte hasta hacerte más fuerte y más grande. En ese instante creo que yo estaba en la primera opción. Los ojos de mi supuesto nuevo padre, me observaban sin clemencia. Su mirada en ese instante era fría. Temblé ante aquel hecho.
Observé una vez más la cinta sobre la mesa y tragué en seco ¿Cual sería la verdad que él soportaría? Miré el suelo antes de enfrentarme una vez más a mi destino. Yo siempre había sido implacable. El poder, el miedo, la fuerza, la energía. Yo había sido el todo y la nada. Me levanté de la silla y apoyé mis manos sobre aquella mesa y con decisión le pregunté.
-¿Quien crees que soy?- Observé su duro rostro.
-No lo sé.- Carlisle giró su rostro.- Por eso te lo pregunto.
-Si te dijera aquello que tu mente no soportaría, tal vez me llamarías loco.- Me separé del escritorio.- Y si no te lo dijera, me echarías de aquí como si fuera la peste.
-Arriesgate.- Se levantó y rodeó el escritorio hasta colocarse a mi lado.- Me gusta saber a quien meto en mi casa.
-Soy aquel que podrías preguntarme cualquier cosa y tendría una repuesta correcta.- Estiré mis manos boca arriba.- Soy aquel que deseé ser "uno más" durante demasiado tiempo. Os he visto crecer y compartir. Entregaros al amor sin pestañear o a la tentación.
-No me gusta tu forma de hablar.- Carlisle caminó hasta colocarse más cerca de mi.- Hablas como si conocieras la vida humana desde hace demasiado tiempo.
-Solo te pido la oportunidad de ser uno más entre vosotros.- Ladeé mi cabeza.
-¿Quien eres?- Carlisle apretó la cinta entre sus manos.-¿Y que quieres de mi familia?
-Quiero ser Edward Cullen.-Miré sus ojos.- Amar y ser amado.
-¡¿Quien eres?- Golpeó la mesa haciéndome saltar.
-Una vez fui...- Me separé de él con pasos firmes hacía atrás.-¿Crees en lo sobrenatural?
-¿Qué?- Carlisle arrugó su frente.- ¿Sobrenatural? Yo solo he visto a Isabella hablar con la nada y unas sombras inexplicables en esa habitación. Después apareciste tú.
-¿Sombras inexplicables?- Me alejé dos pasos más.
-Exacto. Quiero que me digas como hiciste eso. Quiero que me digas la verdad.- Carlisle se acercó unos pasos más hasta mi de nuevo.
-Esta bien.- Miré el suelo y tragué antes de decirle la verdad.- He sido la muerte durante milenios.
El silencio se apoderó de aquella sala y sentí que mi corazón humano retumbaba en mi pecho. Una risa rompió aquel pesado silencio y alcé mi cabeza para observar aquellos ojos azules.
-La muerte.- Susurró mientras reía.- ¿No tienes nada mejor que decirme?
-Si.- Volví a tragar.- Fue un castigo por amaros. Antes de eso fui un ángel, pero deseaba ser uno más de vosotros y acepté el peor trato que me ofrecieron. Aquella noche volví a ser el ángel que fui y se me concedió el deseo de ser Edward.
-¿Estas loco?- Carlisle rió de forma extraña.- ¿Y que tiene que ver Isabella en esto?
-Por ella soy Edward.- Me sentí pequeño en ese instante.- Ella me amó tal y como era y me ama tal y como soy ahora.
-Estas loco.- Carlisle cogió la cinta entre sus manos.- Realmente loco.
-Tu querías la verdad.-Lo miré confundido.
-Tendrías que haber entrado en un psiquiátrico y no en esta casa.-Carlisle me cogió del brazo fuertemente.- Solo quería saber con que truco habías hecho esa sombras y me sales con que eras la muerte y fuiste un ángel.
-Es la verdad, me haces daño.- Intenté soltarme de su agarre.- Confié en ti.
Y por primera vez, supe lo que era llorar. Mis ojos escocieron dejándome casi ciego. Un gemido salió de mi garganta y mi espalda empezó a arder como nunca.
-Estas llorando.- Afirmó Carlisle.- Me mientes y después lloras.
-¿Os he perdido, verdad?- Lo observé mientras me empujaba hacía la puerta del despacho.-No soy lo suficiente humano para vosotros.
-¿Quieres dejar de hablar de eso?- Carlisle me sacó a la sala llevándome del brazo.- Ahora mismo te voy a llevar al hospital.
-Si.- Susurré ya sin fuerzas.- Como usted diga, señor.- Agaché mi cabeza y observé el suelo mientras era sacado de aquella casa.
-¿Donde vais?- Preguntó Esme.
-Espera fuera y no te vayas.- La mirada de Carlisle me horrorizó.
-Si.- Sonreí a Esme y salí por la puerta.
Al apoyarme en el marco, pude escuchar la conversación de Esme y Carlisle.
-No podemos adoptarlo.- Carlisle sonó serio.
-¿Por qué?- Esme sonó muy sorprendida.-¿Que ha pasado?
-Verás, es una persona extraña.- Negué con la cabeza y suspiré.
-Pero...- Esme parecía dolida.-¿Que ha hecho?
-Mentirnos.- Carlisle sonó severo.- Cuando vuelva te lo explicaré todo.
Acto seguido salió por la puerta y volvió a cogerme del brazo. Lo seguí sin mediar palabra hasta su coche y tras abrirme la puerta de atrás, me senté en silencio. Carlisle arrancó el coche y observé el camino tras la ventanilla ¿Como podría pasar mi vida entera al lado de Isabella? En ese momento mi pecho dolió como nunca. No volvería a verla jamás.
Tras más de media hora en el coche, empecé a sentirme demasiado mal. Mi cabeza parecía que daba vueltas y mi estómago se encogió. Mis manos no dejaban de temblar y mi respiración se agitó. Carlisle paró el coche al escucharme respirar bruscamente.
-¿Ahora que sucede?- Sus ojos me evaluaron.
-No me siento bien.- Le susurré.
-Esta bien, detendré el coche y saldremos a que te de el aire.- Carlisle se adentró en el camino del bosque y abrió la puerta del coche.- Sal.
En ese instante sonó su teléfono móvil. Me dejó apoyado contra el coche y se alejó unos pasos para hablar. Pude ver como su expresión se ablandaba y su rostro empalidecía. Tras colgar el teléfono se acercó a mi.
-Acabo de hablar con Isabella.- Carlisle guardó su móvil y cogió mi brazo.- Ella me ha contado su historia ¿Como has conseguido que mienta así por ti?
-No volveré a verla ¿Verdad?- Traté de respirar más calmadamente.- Y a vosotros tampoco.
-Edward.- Carlisle se apoyó a mi lado en el coche.- Nunca me ha convencido tu historia. Eso de que no recuerdes quien eras, ni de donde venías...- Movió su cabeza a ambos lados.- Según tú, vivías en la calle pero nadie te conoce. Y apareces de repente contándome que eras la muerte y un ángel.
-Querías la verdad.- Lo miré a los ojos.- Y puesto que ibas a tenerme en tu casa, pensé que es lo que querías. No hay ningún truco en ese video. De todas formas, llevame donde tengas que llevarme. Seré lo que quieras que sea.
Tras aquellas palabras, sentí que mi cuerpo ardía y caí al suelo de rodillas. Carlisle se agachó a mi lado y levantó mi rostro.
-¿Que te sucede ahora?- Sus ojos esta vez no me decían lo que pasaba por su mente.-Deja ya de mentir.
-Me arde la espalda.- Le confesé al fin.- Me quema.
Carlisle se levantó y con un ligero movimiento de muñecas, sacó la camiseta de mi cuerpo dejándome al descubierto ante sus ojos.
-¿Que es esto?- Pude sentir su mano acariciar mi espalda.- Tienes dos manchas rojas en la espalda y están ligeramente abultadas.
Tras aquellas palabras, la luz blanca volvió a hacer acto de presencia ante nuestros ojos. Carlisle se levantó del suelo y miró hacía ambos lados buscando la proveniencia de aquella luz.
-Márchate.- Susurré.- Dejame aquí solo.- Podía sentir la presencia de mi hermano James.
-Lo dejamos en vuestras manos y lo repudiáis.- La voz de James llenó mis oídos.- No siempre ver es creer.
-¿Quien habla?- Carlisle se cogió de mi brazo.-¿Quien eres?
-Soy James.- Y mi hermano apareció ante nuestros ojos con sus enormes alas blancas haciendo acto de presencia.- Y ese es mi hermano.
-¿Tu hermano?- Carlisle arrugó su frente y me miró abriendo sus ojos como platos.
-Has sido el elegido para mostrarle la vida humana, pero veo que me equivoqué. No eres lo suficientemente humano para ello.- James se acercó a mi y me levantó del suelo.
-Yo no...- Carlisle se levantó del suelo y me miró.- ¿Que quieres que crea?
-A mi hermano.- James acarició mi espalda y esta dejó de arderme.- Os ha amado siempre por encima de nosotros. Incluso caminó durante milenios sobre la tierra siendo ignorado y temido al mismo tiempo. Ahora, él, consiguió al fin ser libre y tu lo juzgas de esa forma.
-James, basta.- Miré a mi hermano y le supliqué con la mirada.- No es mal hombre. No lo castigues. Solo defiende lo que es suyo y yo no lo soy.
-No lo defiendas, hermano.- James alzó mi rostro.- Vivir en la ignorancia no hace a uno ignorante, pero si débil.
-No es débil.- Asentí.- Él tiene a cuatro jóvenes acogidos y los ama pro encima de todo, solo que yo no estoy hecho para vivir entre ellos. Son perfectos.
-Tú eres la perfección.- James me acogió entre sus brazos.- Este hombre iba a llevarte a un sitio horrible donde te hubiesen hecho mucho daño.
-No estaba preparado para la verdad.- Dije muy seguro de mi mismo.
-Volverás a casa.- me ordenó mi hermano.- No permitiré que te hagan más daño.
Me levantó del suelo y sentí como mi cuerpo se expandía. Una vez más, mis alas, hicieron acto de presencia y esta vez ante los ojos cautelosos de Carlisle.
-No se lo permitas.- Estiré mi mano hacía Carlisle.- No me dejes volver a casa. Llevame contigo.
-Olvidalo.- James tiró de mi hacía arriba.- Abre bien tus alas y vuela conmigo a casa.
-No quiero.- Me negué intentando escaparme de los brazos de James.- Quiero volver con él. Quiero ser uno de ellos, me lo prometiste.
-Suéltalo.- La voz de Carlisle sonó autoritaria.- No quiere ir.
-Tampoco quería ir a donde tu lo llevabas.- Mi hermano lo miró con odio.
-Volverá a casa conmigo.- Carlisle cogió mi mano.- Perdona mi ignorancia y deja que sea uno más entre nosotros.
-Esta bien, perdonaré tus errores.- james me soltó sobre la hierva.- Ahora, mantendrás esto entre nosotros y cuidarás de Edward como si fuera tu propio hijo.
-Así lo haré.- Carlisle observó mis alas.- Pero eso no puede quedarse.- Y las señaló.
Mi hermano sonrió y tras un nuevo haz de luz, mis alas desaparecieron dejando una marca roja en mi espalda y unos pequeños bultos casi imperceptibles ante el ojo humano. Tras aquello, desapareció.
-Gracias.- Dije alzándome del suelo.- Prometo no molestar. Haré todo aquello cuanto se me pida, siempre.
-Decías la verdad.- Carlisle cayó al suelo y tapó su rostro.- Te juzgue mal.
-No importa, ahora ya sabes mi verdad.- Lo alcé del suelo.- ¿Me ayudarás a ser uno más?
-Siempre.- Y tras aquellas palabras volvimos a casa, a su casa.
Agradecí en silencio que mi hermano me hubiese ayudado. Al fin sería uno más y Carlisle debería guardar mi secreto. Sonreí al ver de nuevo la casa y saber que ya nada ni nadie me alejaría de mi Isabella. Al salir del coche, observé como Esme y bella estaban en el porche.
-¿Que ha sucedido?- Bella se lanzó a mis brazos.- Dime mi pequeño ángel.
-Creo que a partir de ahora, las cosas vana cambiar.- Besé despacio sus labios y miré a Carlisle.
-Me equivoqué con cierta información.- Carlisle abrazó a Esme.- pero ya esta todo aclarado, mañana, será un Cullen oficialmente.
-Eso me lo contarás en privado.- Bella besó de nuevo mis labios.- Aún hay mucho que has de aprender siendo humano.- Susurró contra mi oído.
Los cuatro entramos en la casa y por primera vez, sentí que ese era verdaderamente mi hogar.
