Capitulo doce. Oficialmente un Cullen.
Sonriele a la vida y trata de ser positivo.
Las manos me sudaban incontroladamente. Podía sentir los latidos de mi corazón tan fuerte que retumbaban en mi pecho, haciendo eco en mis oídos. Hoy por fin, iba a formar parte de aquella familia. Caminaba despacio por aquel pasillo lleno de cuadros tontos. Podía sentir los pasos de Carlisle detrás de mi y aquello me ponía más nervioso.
Desde que Carlisle sabía mi secreto, las cosas habían cambiado radicalmente. Sus ojos brillaban de una forma extraña y sabía perfectamente como explicarme aquellas cosas humanas, que no entendía. Muchas veces, en estas dos semanas, había tenido la paciencia suficiente para explicarme los lazos humanos. Poco a poco me había explicado como un ser humano, puede amar de forma incondicional a su pareja, sus hijos o amigos.
Entré en aquel despacho y tras presentarse el hombre que se encontraba delante de nosotros, nos hizo firmar una serie de papeles que ni siquiera entendía. Al salir, durante el trayecto en coche hacía la casa, Carlisle, me explicó lo que había firmado.
-No te abrumes, hijo.- Carlisle me sonrió.- En esos papeles, reclamo aquello que es mío ahora y también lo que es tuyo.
-No entiendo.- Dije en voz alta.
-Fácil.- Carlisle suspiró.- Ahora, tú, eres mi hijo legal y con ello eres nuestro heredero.- Giró a la derecha.- Pero también he recalcado en esos papeles que dejas a mis hijos acogidos parte de esa herencia.
-Está bien.- Dije suspirando.- Al fin y al cabo no me interesa nada material.- Y observé la carretera.
-Lo sé.- Carlisle me sonrió.- Pero ya te interesará cuando crezcas.
El resto del trayecto fue en silencio. Podía escuchar la radio de fondo y reconocer viejas canciones. Me encantaba saber más que los humanos sobre cosas antiguas. Sin embargo, en otras ocasiones era un novato referente a las cosas del día a día.
Cuando Carlisle aparcó el coche, sentí un alivio interior increíble. Definitivamente los coches y yo no nos llevábamos nada bien. Entré a paso lento en la casa y observé a un animal negro con sus ojos fijos en mi persona. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral, dejándome helado.
-¿Quien es eso?- Pregunté bajito a Carlisle.
-No es quien, sino qué.- Él rió.- Es un perro.
-Se que se llaman perros.- Giré los ojos.- Pero... ¿Que hace aquí?
-Es el perro de Bella.- Carlisle se arrodilló en el suelo y el perro negro se acercó moviendo la cola.- Es un Rottweiler y se llama Angelo.
Abrí mis ojos desmesuradamente ¿Por qué el perro se llamaba Angelo? Asentí con la cabeza y pasé por su lado. El perro levantó la cabeza tan grande que tenía y volvió a mirarme.
-No te hará nada.- La voz de Bella llenó mis oídos.- Es un angelito.- Y me sonrió.
-¿Por qué Angelo?-Pregunté separándome de los dos.
-Es Ángel en Italiano.- Ella sacudió su cabeza.- Siempre me han gustado los ángeles.- Y me enseñó sus blancos dientes en una enorme sonrisa.-Pero eso ya lo puedes comprobar por ti mismo.
-Es lúgubre.- Y señalé el perro.- Parece traído de allá abajo.- Y señalé el suelo.
-Dicen que es el perro del infierno, pero yo nunca lo vi así, es muy cariñoso.- Bella acarició su gran cabezota.
-Bueno yo me voy a trabajar.- Carlisle se despidió y salió por la puerta.- Nos vemos a la noche.
En cuanto cerró la puerta, ella se acercó ami y besó mis labios dulcemente. Deslicé mis manos por sus sedosos cabellos y atrapé su labio inferior entre los míos. Aquello era estar en la gloria. Después de que ella me explicara que no me ponía enfermo cada vez que me excitaba, decidí que siempre que la besara, me dejaría llevar por las sensaciones.
Agarré fuertemente su nuca y la aprisione entre mi cuerpo y la pared haciéndole notar lo enfermo que me ponía. Ella gimió contra mis labios y aquello me hizo jadear. Bella descendió por mi espalda con sus manos y subió su pierna derecha sobre mis caderas. En ese instante, la levante de sus nalgas y ella se colgó de mi cuerpo.
Subí lentamente las escaleras y me adentré en mi habitación. Cerré la puerta con el pie y deposité a Bella suavemente sobre la cama. Me incorporé un poco y encendí al lamparita. Ella no dejaba de sonreírme mientras acariciaba mi espalda volviéndome loco.
-Te amo.- Susurró contra mi cuello.- Te deseo, mi ángel.
-Te amo, Bella.- Besé su mejilla despacio y ascendí hasta sus parpados depositando suaves besos en el proceso.- Yo también te deseo.- Le confesé.- Enseñame a amarte.-Ella se rió bajito y asintió despacio.
Los dos estábamos recostados en la cama uno frente al otro. Bella bajó sus manos hasta mi pecho y acarició la superficie con delicadeza. Sentí una descarga por mi cuerpo, desde mis cabellos, hasta la punta de mis pies.
Bella descendió con su lengua desde mi mentón hasta la base de mi cuello. Aquello provocó un sonido gutural de mi pecho. No sabía que hacer con mis manos ni donde podía tocar. Ella se dio cuenta de mi indecisión y tras alzar mi mano junto a la suya, la posó suavemente sobre sus redondo y contorneado pecho. Pude sentir la dureza que escondía su sujetador. Su pezón erecto me indicaba que aquello le estaba gustando.
Acaricié despacio sobre la tela y ella emitió un gemido mientras lamía suavemente mi hombro. Levanté mi cabeza para darle mayor acceso y mientras apretaba su pezón entre el pulgar y el indice, ella, mordió mi clavícula. Aquel acto inesperado, me hizo sobresaltarme.
Bella rió mágicamente sobre mi pecho y acarició mi pezón sobre la tela. Sentí rápidamente como esa parte de mi cuerpo que antes no estaba, ahora, estaba demasiado dura. Bella colocó su pierna sobre mis caderas y pude sentir el calor que emanaba de su sexo sobre mi muslo.
Ella tiró de la tela que tapaba mi cuerpo y alcé mi cabeza para que me despojara de ella. Sin darme tiempo a reaccionar, se desprendió de su blusa y observé con los ojos muy abiertos la pequeña tela negra que cubría sus pechos. Un jadeo salió de mi garganta y ella rió de nuevo.
-No muerdo.- Y acercó mi mano de nuevo a su pecho.- Puedes acariciar cuanto desees, soy tuya.
Acaricié delicadamente con la yema de mis dedos la fina piel que sobresalía de la tela y mordí mi labio inferior. Algo dentro de mi, deseó besar, lamer y succionar aquella suave piel. Apreté mis labios contra su cuello y sin pensármelo, descendí por su pecho hasta toparme con la tela de su sujetador.
-Bésame.- Pidió ella con la voz ronca.- Hazme completamente tuya.
-Eres hermosa.-Susurré contra su piel.-Muy hermosa.- Sentí como el bello de su cuerpo se erizaba.
-No más que tú.- Ella deslizó sus uñas por mi espalda y gemí ante aquel placentero poder que ejercía sobre mi.- Necesito más.
En ese instante me di cuenta que ella sabía perfectamente donde debía tocarme y como. Me separé de su cuerpo y la miré a los ojos.
-Tú...-Acaricié su rostro.- Tú ya...ya...ya has hecho esto ¿verdad?- Sentí mis mejillas sonrojarse.
-Edward.- Bella me recostó en la cama y se colocó a horcajadas sobre mi cuerpo recordándome que mi sexo estaba duro.-Yo salí hasta hace poco con Jacob Black, peor las cosas no funcionaron.- Sus caderas se movieron sobre mi cuerpo haciéndome gemir.- No soy virgen, ya lo he hecho ¿es un impedimento para ti eso?
-No.- Solté con voz extraña.- Te amo tal cual.- Y apreté sus caderas contra las mías.
Bella se recostó sobre mi cuerpo y pude sentir sus pezones tras la tela rozar mi pecho. Jadeé contra su cuello e intenté desabrochar la fastidiosa prenda.
-¿Puedes?- Preguntó entre risitas.- Yo lo hago.
Bella se alzó sobre mi cuerpo y pude ver como la tela caía poco a poco sobre sus hombros hasta caer contra mi pecho dejando sus hermosos pechos al aire. Mi respiración se cortó en ese mismo instante y sentí todo mi cuerpo arder.
-Tocame.- Me pidió en un susurro con las mejillas sonrojadas.- Borra mis anteriores recuerdos y hazme completamente tuya.
-Lo que me pidas.- Contesté sin pensar.- Solo guiame.
Mis dedos acariciaron al fin esa zona ahora despejada y mis labios se enroscaron en su pezón. Bella no dejaba de moverse sobre mi cuerpo como la anterior vez en el sofá y aquello me estaba volviendo loco. Podía sentir mi cuerpo temblar ante aquellas nuevas sensaciones y como ella disfrutaba conmigo.
La recosté sobre la cama mientras seguía besando, lamiendo y mordisqueando sus pechos. Ella jadeó cuando me separé de su cuerpo y solo pude sonreirle. Con dedos temblosos, traté de desabrochar la última prenda que me separaba de su cuerpo y ella cogió mis manos con las suyas para tranquilizarme.
-Shhttt.- Mordió su labio inferior y mi corazón se agitó fuertemente en mi pecho.- Tranquilo, amor.
-Bella.- Besé su plano vientre.- Siento que voy a decepcionarte.- Susurré al fin.
Sabía perfectamente la teoría del sexo, pero jamás llegué a imaginar que pudiera experimentarlo. Me sentía fuera de lugar y a la misma vez como si perteneciera a su cuerpo desde que fui creado.
-No vas a decepcionarme.- Ella cogió mi rostro entre sus manos y me recostó sobre su cuerpo.- Hagas lo que hagas, siempre...-Suspiró y aparté mi vista de su rostro.- Escúchame.- Me obligó a mirarla a los ojos.- Siempre serás el mejor.
Tras aquellas palabras, nuestras bocas se juntaron con hambre y ella misma se desabrochó los pantalones dejándome ver su tanga de encaje, a juego con el sujetador. En ese instante mi pantalón se encogió un par de tallas.
-Oh dios.- Suspiré.- Más hermosa de lo que pensé nunca.
-Tu turno.- Ella desabrochó mis pantalones y los bajó hasta mis pies sacándolos de ellos.- Tengo ganas de verte.- Y sus ojos vagaron hasta mi ropa interior.
-Bella.- Agaché mi cabeza.- Soy tuyo.
Me recosté a su lado y sentí el calor de su cuerpo traspasar el mío. El olor en el ambiente había cambiado y podía distinguir perfectamente el de su cuerpo desnudo y excitado. Sus dedos recorrieron mi longitud y jadeé contra sus pechos. Aquel roce había sido la gloria.
Ella me indicó como debía acariciarla sobre su sexo y tras dejar caer el tanga negro sobre el suelo, se recostó a mi lado y abrió sus piernas. Pude ver la carne rosada que me esperaba mojada y ansiosa. Sonreí al ver perfectamente sobre su cuerpo lo que yo le provocaba.
Acerqué mi dedos despacio hasta su sexo y lo acaricié con vehemencia. Poco a poco fui introduciendolos en su ser y pude notar la estrechez de su interior abarcar la longitud de mis dedos. Sus jadeos llenaban la habitación.
Bella se convulsionó contra mi mano y gritó mi nombre. Sus uñas se clavaron en mis hombros y sonreí contra sus labios. Aquella sensación de poder me había gustado. Sentir como se retorcía bajo mis caricias, era una sensación extraña. Saqué mis dedos de su interior y ella gimoteó contra mi cuello.
-Más.- Me pidió introduciendo su mano en mi ropa interior.- Quiero más de ti.
-Hueles tan bien.- Acaricié mi labio con un dedo y saboreé su cuerpo con mi lengua.- Sabes tan bien.
Bella empezó a deslizar mi ropa interior por mis piernas, cuando la puerta sonó haciéndonos saltar de la cama.
-Muy bien tortolitos.- Alice gritaba a la otra parte de la puerta.- Siento interrumpir lo que esteis haciendo, pero un perro enorme esta comiéndose las plantas del jardín y haciendo agujeros de tres metros.
-¡Angelo!- bella se levantó de un golpe y se colocó toda su ropa en un abrir y cerrar de ojos.- Vístete ya seguiremos en otro momento.
Tras salir de la habitación corriendo, me levanté de la cama y volví a colocarme mis ropas. Me encaminé al baño y lavé mis manos con jabón. La verdad es que tenía hambre, ser humano también tenía sus inconvenientes.
Bajé las escaleras despacio y me encontré a mis hermanos riéndose en la mesa. Olía demasiado bien, así que me senté tras decir un simple "Hola" Bella entró a la cocina toda llena de barro y con el perro atado con una correa.
-Voy a atar a Angelo en el porche.- Ella hizo una mueca de disculpa.- Ahora entro y cenamos.
Tras decir "Cenamos" me percaté que habíamos pasado toda la tarde acariciándonos. Aquello me agradó demasiado.
-¿Ya te estrenaste?- Emmett me guiñó un ojo.- ¿O ya lo habías hecho?
-¡Emm!- Rosalie lo miró con enfado.- Déjalo.
-¿Lo has hecho?- Jasper saltó riéndose.
-Alice nos interrumpió en el mejor momento.- Bella entró con un rubor en sus mejillas, pero fuerte.-Recuerdame que te frustre el intento, la próxima vez que te folles a tu novio.- Y le guiñó un ojo a Alice.
-Basta.- Pedí avergonzado.-No más.
-Esta bien, el pequeño Eddie se sonroja.- Emmett rió.- Dejemoslo en paz.
-Buenas noches.- Carlisle entró por la puerta.- Mamá y yo traemos cena especial para celebrar que Edward ya es un Cullen.- Carlisle miró la mesa.- Así que, hacer más espacio para esta comida.-
Carlisle dejó unas bolsas en la mesa y pude ver comida Italiana dentro.
-Que bien.- Emmett frotó sus manos.- No es que Rossie cocine mal, pero prefiero lo Italiano.
Me levanté de la mesa y acompañé a Bella hasta el jardín. Charlie había venido a buscarla. Una parte de mi se alivió, ya que no podría seguir lidiando con mis hermanos y nuestras intimidades.
-Te amo.- Susurró contra mis labios.
-Y yo a ti.- Y la solté a regañadientes.
Tras esos suaves besos en los labios, supe que esto solo acababa de empezar.
-Edward ya ha probado las carnes.- Jasper me señaló conforme me senté en la mesa.- Bella no ha tardado nada en mostrarle quien es el ama.
-Dejar a Edward.- Esme cogió mi mano y la apretó, cosa que agradecí en ese momento.- Ya es mayorcito para hacer lo que quiera.
-Dejarlo que experimente.- Carlisle carraspeó su garganta.- Vosotros ya sabéis todo ¿Verdad?- Y miró a los cuatro.- Y bajo este techo, así que...
-Muy rica la cena.- Y Alice se levantó de golpe de la silla.- Felicidades por llegar a esta casa de locos.- Y me señaló.- Me voy a dormir.
-Yo te sigo.- Jasper se levantó.- Bienvenido, hermano.
Tras esa fugaz escapada, y cuando me quise dar cuenta, estaba solo en la cocina con mis nuevos padres.
