Capitulo dieciséis. Casate conmigo.
La mayor satisfacción es ver tus logros realizados.
El sol entraba por la ventana. Hoy sería el día "de". Me levanté animado y caminé hasta el baño. Tras año y medio trabajando en el bufete de los Denali, al fin, empezaría a trabajar en el imperio Cullen. Me di una ducha corta y salí para vestirme con mi traje chaqueta. Al bajar me encontré la mirada de Esme.
Ella siempre me había apoyado en todo lo que estaba a su alcance y realmente le debía demasiado a aquella humana. Le sonreí y tomé la taza de café entre mis dedos. Esme se acercó a mi y trató de domar mi cabello. Aquello me hizo reír abiertamente ¿Nunca se rendiría? Cada mañana lo intentaba sin éxito.
-Suerte, hijo.- Esme besó mi mejilla.
-Gracias, mamá.- Me giré y tras coger mi maletín salí de allí.
Mientras conducía hacía la empresa Cullen, sentí mi estómago empequeñecerse. Hoy tendría mi primera gran prueba ante él. Carlisle Cullen era el mejor empresario y catalogado como el hombre más rico. Sus empresas estaban distribuidas por todo el mundo y yo iba a formar parte de ellas.
Cuando aparqué el coche y entré en el edificio, pude ver a la señora Newton. Ella era la recepcionista de la empresa. La mujer me dedicó una cálida sonrisa y me indicó que Carlisle estaba esperándome en su despacho. Asentí devolviendole la sonrisa y me adentré en el ascensor.
Al llegar al noveno piso, las puertas se abrieron y pude ver aquellos ojos chocolate que tanto me robaban el sueño. Bella era la secretaría de mi padre desde hacía once meses. Mientras caminaba hacía ella, pude leer sus labios "Guapo" me decía una y otra vez mientras me acercaba. Al llegar a su mesa, ella, se levantó y me dio un casto beso en los labios.
-Buenos días, mi ángel.- Susurró contra mi cuello.- Tu padre te esta esperando ansioso.
-Buenos días.- Y olí su cabello.- Gracias.
Tras besar de nuevo a Bella, toqué despacio en la puerta de Carlisle. Tras unos segundos de espera, al fin escuché su voz dándome permiso. Al abrir la puerta, me encontré con demasiada gente en la otra parte del despacho. Donde Carlisle tenía una mesa enorme y hacía sus juntas de empresa.
Los nervios volvieron a mi cuerpo y entré despacio al despacho. Observé a las personas que allí habían y caminé hacía mi padre. Al llegar, este, me tendió la mano y me sonrió. Tras darme un golpecito en el hombro, me indicó que me sentara a su lado.
-Bueno.- Se giró hacía los allí presentes.- Como ya sabéis, mi hijo, se incorpora hoy a la empresa. Será nuestro nuevo abogado.
-¿Ocupará el puesto de Cayo Belussi?- Preguntó un hombre ya bastante mayor.
-Trabajará con él.- Indicó mi padre.- Por ahora digamos que será su pupilo, hasta que se jubile.
-Bien.- Un hombre rubio y alto se incorporó en su silla.- Prosigamos entonces.
Carlisle me hizo sentarme a su lado y la reunión continuó su curso. Tras tres horas encerrado en aquel despacho, mi mundo empezó a dar vueltas. En la empresa de los Denali, solo era el pequeño abogado. Me dedicaba a casos sin importancia. Escuchar como iba a defender a la empresa ante grandes casos, me estaba poniendo demasiado nervioso.
Cuando creí que me iba a saturar de tanto apuntar, rocé el bolsillo de mi chaqueta. Sonreí al sentir la pequeña caja que allí ocultaba. Deseaba salir de ese despacho y llevar a Bella a cenar. Hoy sería un día importante por dos cosas. Una ya la estaba realizando, la otra debería esperar un poco más.
Al fin pude salir de aquella sala, tras cuatro horas encerrado y con dos cafés en el cuerpo. Sentí los pies bastante pesados y la cabeza empezaba a dolerme. La mano de mi padre se posó en mi hombro antes de que cruzara la puerta de su despacho.
-Espera.- mi padre tiró de mi brazo.- Tengo que hablar contigo ahora.
Asentí y esperé a que toda la gente saliera. Algunos me sonreían con ánimos, otros me miraban como si sobrara de aquella sala. Conocía perfectamente aquellas miradas y aquellos gestos, los había visto durante demasiados siglos a través de la gente que recogía.
-Bien.- Mi padre se sentó en su sillón cuando el último cerró la puerta.- Espero que no te agobies, hijo.
-Es mucha información, pero me acostumbraré.- Le sonreí.
-Hoy es un día muy importante para ti.- Señaló mi chaqueta.
-Si.- Y saqué la cajita que contenía el anillo.- Al fin terminé con el apartamento y pensé que hoy, sería el mejor día para hacerlo.
-Mucha suerte.- Se levantó y me abrazó como solo él sabía hacer.- Eres un buen ser humano.
-Gracias.- Tras estrechar nuestras manos, salí de allí.- Nos vemos luego.- Dije cerrando al puerta.
Miré la mesa de Bella y vi que ella ya había recogido todas sus cosas. Unas manos en mis ojos, me indicaron que ella estaba detrás de mi.
-¿Los has impresionado, Cullen?- Bella besó mi nuca.
-Impresionado no sé, pero molestado...a unos cuantos.- Y me giré para abrazarla.
-¿Y eso?- Ella cogió mi mano y salimos dirección hacía el ascensor.-¿Que ha pasado?
-Por lo visto, las envidias son muy malas.- Y reí.- Algunos me han mirado con odio, otros con una sonrisa falsa.
-Vaya.- Bella suspiró al salir a la calle.
-Solo tres me han felicitado de verdad.- Y abrí el coche.
-¿Como sabes eso?- Ella se abrochó el cinturón.
-Bella.- Moví la cabeza de lado a lado.- Conozco al ser humano.- Y señalé mi sien.- Te olvidad fácilmente de que en realidad tengo milenios.
-Dejemos el tema.- Y besó mis labios.- Demostrarás que eres el mejor ¿Donde vamos?
Ella se sorprendió al ver que giraba en la otra dirección. Sonreí de lado y me negué a contestar. Bella se cruzó de brazos y suspiró. Me hacía gracia verla pensativa.
-No frunzas el ceño.- Y estiré mi mano para acariciar su frente.- Vamos a cenar.
-¿Celebramos tu contrato?- Y me miró con brillo en sus ojos.
-Así es.- Aparqué frente al restaurante de la playa y la ayudé a bajar.
-¿La Push?- Me miró sorprendida.
-Cállate.-Y tiré de su mano.- Sígueme, ya verás.
Cuando entré en el restaurante, Seth, nos estaba esperando en al mesa reservada. Estreché su mano y le presenté a Bella.
-Seth, ella es Bella.- Y Seth le dio dos besos.
-Encentado de conocerte al fin, Edward, habla mucho de ti.- Y me sonrió.
-¿De que os conocéis?- Se sentó intrigada.
-Hace cinco meses, trabajaba en el restaurante de la empresa Denali.- Y nos dio la carta.- Ahora estas cenando en mi propio restaurante.
-Enhorabuena.- Y ella le felicitó.
Cuando acabamos de cenar, Seth, trajo una botella de champán y unas copas.
-Para celebrar.- Y me guiñó el ojo.
Bella no quiso champán y decidió beber agua. Llené mi copa y la alcé junto a la de ella. Tras brindar por mi nuevo trabajo, una melodía sonó en la sala. Aquel era mi momento. Levanté a Bella de su silla y le indiqué que me siguiera a la pista de baile. La pegué contra mi cuerpo y empecé a cantarle la melodía contra su cuello. Al acabar, me arrodillé allí mismo y saqué la caja.
-Isabella Marie Swan.- Ella me miró con los ojos como platos.- Eres la mujer perfecta, para este humano imperfecto ¿Compartirías el resto de tu vida conmigo, siendo mi esposa?
Las lágrimas empezaron a caer por su rostro y la vi asentir levemente con su cabeza. En esos pequeños segundos, el corazón había estallado en mi pecho a mil por hora y mi cuerpo entero sudaba. Me levanté del suelo y le coloqué aquel anillo sencillo de oro con diamantes engarzados, en forma de corazón.
-¡Si!- Seth gritó desde el otro lado de la sala y la gente aplaudió.
-Bella.- La miré a los ojos.- Dilo en voz alta, por favor.
-Si.- Ella trató de secarse las lágrimas mientras miraba su anillo.- Si, quiero ser tu esposa.
Acaricié su rostro llevándome sus lágrimas con mis dedos y acerqué mi boca a la suya. Nuestros labios se sincronizaron al instante y nuestras lenguas danzaron sin tregua chocando entre si.
-Yo también tengo una sorpresa que darte.- Bella me miró realmente feliz.-Vamos a tener un pequeño ángel.
Cuando llevó su mano a su vientre, sentí que me elevaba del suelo. La gente aplaudió de nuevo y nos vitoreó. Seth se acercó a nosotros y nos hizo prometerle que volveríamos pronto. En ese instante se me ocurrió que el convite de bodas fuera en aquel maravillo lugar, donde me enteré que sería padre.
Tras darle la noticia a todo el mundo, Alice, decidió preparar nuestra boda en la playa. Por lo visto nos habíamos puesto de acuerdo y las dos mujeres estaban embarazadas casi del mismo tiempo. La misma noche que le pedí a Bella que se casara conmigo y me dijo que estaba de dos meses, Alice, llamó a casa para anunciar que estaba de mes y medio.
Alice se dio cuenta de que en poco tiempo se les empezaría a notar la barriga y preparó todo para tres semanas después. Realmente debía admitir que tenía una familia maravillosa. Charlie se lo tomó con calma. En un primer momento debo admitir que se enfadó demasiado, pero al fin y al cabo estábamos a punto de casarnos.
El sol brillaba con intensidad esa mañana. Los mellizos de Rosalie y Emmett correteaban pro la arena sin descanso. Desde que habían aprendido a correr, no los paraba nadie. Rosalie fue a cogerlos cuando el coche de Bella hizo acto de presencia. La hora de hacerla mi mujer oficialmente había llegado.
El reverendo Webber nos estaba esperando con su sotana blanca y la biblia en la mano. Bella descendió del coche y mi corazón dio un vuelco. Estaba realmente hermosa. Su vestido blanco llegaba a sus pies con una hermosa caída. Era un vestido simple y liso sin mangas. Su cabello estaba recogido en un moño y algunos mechones caían en su nacarada piel. Sonreí al verla caminar descalza hacía el altar. Alice había indicado expresamente que era una boda sin zapatos. Charlie besó la frente de Bella cuando llegaron a mi lado y me tendió su mano.
-Cuidala y respetala.- Y estrechó mi mano.
-Siempre.- Y observé a la mujer que estaba a punto de ser mi esposa.
Una vez iniciada la ceremonia, pude ver una luz brillar en el agua. Aquello me hizo sonreír. Sabía que mi verdadero hermano estaría ami lado ese día tan importante.
-Mira el agua.- susurré a Bella mientras el cura daba su discurso.- Es James.
-Siempre te cuida.- Y me sonrió.
Cuando al fin el cura llegó a la parte que me interesaba, cogí a Bella de las manos y pronuncié mis votos.
-Nunca creí posible que mi sueño se hiciera realidad. Bajo las sombras de mi vida, jamás creí encontrar la luz de mi camino. Sin embargo cuando te vi por primera vez, mi muerto corazón estalló en miles de esperanzas. Gracias por compartir tu vida conmigo y llenarme de luz esas sombras que me envolvían. Gracias por hacerme un buen ser humano. Te amaré siempre Isabella. Te amo.
La observé unos segundos y tras su intensa mirada miré a Carlisle. A él también le debía demasiado en mi vida humana.
-Isabella.- El cura esperó a escuchar sus votos.
-Mi ángel.- Ella trató de no llorar.- Cuando apareciste en mi habitación del hospital, pensé que todo había acabado. Mi corazón estaba apunto de abandonarme y tú me diste ese aliento que me faltaba. Gracias por parecer en mi va. Te amo.
Tras nuestras palabras, el reverendo Webber, nos indicó que nos pusiéramos nuestros anillos y nos declaró al fin marido y mujer. Apreté a Bella contra mi cuerpo y besé sus labios como si ese dí afuera nuestro último día. Pude escuchar las quejas de Emmett y como Rosalie le mandaba a callar.
En el restaurante de Seth hubo una gran orquesta y un menú increíble. Tras la tarta nupcial y el brindis por parte de Carlisle, salimos a bailar a la pista. La gente nos aplaudió mientras rodábamos por el salón y nos mirábamos intensamente.
Tras acabar la fiesta, al fin, eramos libres de las miradas de la gente. Nos subimos a nuestro avión y marchamos hacía nuestra luna de miel. El viaje fue tranquilo. Bella se durmió contra mi hombro y se despertó al aterrizar.
-¿Donde estamos?- Preguntó divertida.
-En las islas Caimán.- Y le guiñé el ojo.
-No es verdad.- Y miró las magnificas playas.
-Si lo es.- Y reí.- Observa todo lo que te rodea..
El taxi nos dejó frente a nuestra cabaña y la ayudé a salir del vehículo. Cogí nuestras maletas y abrí la puerta de la cabaña.
-¿Donde va señora Cullen?- La detuve antes de que entrara.
-¿Dentro?- Y me miró confusa.
-No.- Solté las maletas en el interior y salí a buscarla.- Eso no es una tradición de recién casados.
La cogí entre mis brazos y pasé el umbral de la puerta. Bella se rió divertida cogida a mi cuello. Cerré la puerta con el pie y la dejé despacio sobre la cama.
-Mi primera noche siendo una Cullen.- Bella acarició mis cabellos.
-Como me gusta ese nombre.- Y besé su mandíbula.- Isabella Marie Cullen.
-Bella Cullen.- Y apretó sus uñas contra mi espalda.
-Como usted mande.- Y tiré de la cremallera de su vestido.- Es solo mía.
Bella estiró sus manos y deshizo el nudo de mi corbata. Podía sentir su aliento chocar contra mi cuello mientras desabotonaba mi camisa y la dejaba caer por mis brazos hasta el suelo. Besó mi pecho y descendió hasta mis pezones, haciéndome jadear ante tanto placer.
Alcé mis manos ansioso por tocarla. Dejé caer su vestido al suelo y descubrí una lencería demasiado fina. Su sujetador era completamente transparente y su tanga era realmente diminuto. El encaje marcaba su perfecta figura. Descendí pro su cuello y besé su pecho haciendo a un lado la tela con mi lengua.
Bella desabrochó su sujetador y lo dejó caer al suelo. Paseé las yemas de mis dedos por sus erectos pezones y gemí ante la dureza. Poco a poco la recosté contra las sábanas de seda y desabroché mis pantalones. Bella los sacó de mis piernas tirándolos con sus pies. Reí ante sus ansias y mordí su labio inferior.
-Te necesito.- Jadeó contra mi hombro.- Hazme tuya.
-Poco a poco.- Lamí si vientre y me detuve en su pequeña redondez.- Despacio.
Bella rió y cogió mi cabello entre sus dedos cuando adivinó mis intenciones. Me arrodillé entre sus piernas y alcé una para besar su pie. Ascendí lentamente hasta su muslo y dejé un camino de lametones hasta su centro. Ella gimió y apretó su cabeza contra al almohada, volviéndome loco.
Arranqué su pequeño tanga y me colé entre su piernas. El sabor de su sexo en mi boca me encantaba. Jugué con al punta de mi lengua en su clítoris y adentré dos dedos en su interior. Los moví despacio dentro y fuera de su cuerpo mientras lamía, mordía y succionaba su punto de placer. Sus dedos estiraron mis cabellos y acto seguido me apretó contra su cuerpo. Sentí como su interior apretaba mis dedos y aceleré el ritmo, provocando que se fuera en mi boca.
-Edward.- Jadeó mientras me sentaba a su lado.
-Aún tengo más.- Y la senté sobre mi regazo.
Bella frunció su ceño y tiró de mi ropa interior. Me levanté un poco y la saqué de mi cuerpo. Cuando ella se sentó de nuevo contra mi erección, jadeé ante el contacto de nuestros sexos. Besé su boca con ansia y restregué mi miembro contra su entrada. Estaba realmente húmeda. Adentré la punta en su interior y ella descendió despacio, regalándome el mayor placer que existía.
La cogí de sus caderas y la ayudé a subir y bajar despacio. Sus labios besaron mi oreja, mi cuello, mi pecho y al fin mi boca. Sentí como mi cuerpo se tensaba y bajé mi mano hasta su centro. Tras unos movimientos circulares sobre su clítoris, ella, se empezó a tensar sobre mi cuerpo. Aceleré mis movimientos y conseguí explotar en su interior a la vez que ella me recibía con su orgasmo.
Bella se bajó de mi cuerpo y se tumbó a mi lado. Me recosté junto a su cuerpo y nos tapé con al fina sábana. Me acerqué a su cuerpo y la rodeé con mis brazos atrayéndola contra mi pecho. Tras besar sus cabellos y acariciar su espalda, sentí como bostezaba y besaba mi pecho.
-Buenas noches.- Besó mi cuello.- Mi ángel.
-Buenas noches.- Besé su frente.- Mi vida.-Me acomodé en la cama y caí dormido al instante junto a ella.
La cabeza me daba vueltas. Sentía una opresión en el pecho tan fuerte, que parecía incluso que el aire no entrara en mis pulmones. La oscuridad se cernía sobre mi cuerpo y por más que corriera, ella, siempre me atrapaba. Mis jadeos cortantes, se escuchaban allá donde pisaba. Una luz extraña apareció ante mis ojos y escuché aquella risa ya casi olvidada. Temblé al reconocerle. El barquero estaba ante mis ojos y no podía escapar por ningún lado.
