Capitulo diecisiete. ¿Que he hecho?

El pasado...¿Pasado es?

Los días siguientes fueron algo extraños. Cada noche, al cerrar mis ojos, lo encontraba en mis sueños. A la luz del día, solo estábamos Bella y yo en aquella cabaña. Era nuestro último día de luna de miel y realmente me sentía cansado. Me levanté de la cama y observé a mi mujer mientras dormía. Aquella imagen era mi salvación cada mañana.

Entré en el baño y me di una larga ducha. Hoy iríamos a pasear por la playa y a comer al mejor restaurante de la zona. Después de aquello, recogeríamos nuestras cosas y nos iríamos a casa. Salí vestido con un bañador azul y una camiseta de tirantes blanca. Bella se removía sobre la cama ya despierta.

-Buenos días, Mi ángel.- Y me sonrió.- ¿Te ocurre algo?

Bella era muy perceptiva. De hecho, cada mañana, me preguntaba si me pasaba algo. Ya era muy habitual que le mintiera. Me sentía demasiado mal, pero solo eran sueños y no quería preocuparle.

-¿Estas lista?- Pregunté cuando salió del baño.

-Un minuto.- Bella me sonrió.- Cojo la toalla y nos vamos.

Bella abrió la maleta y sacó una toalla grande anaranjada. La seguí hasta la puerta y la abrí. Cuando pisamos la arena, me sentí bastante incomodo. Bella no me había hablado desde lo de la toalla y aquello no era normal en ella.

-Bella.- Cogí su mano y la apreté contra mi pecho.-¿Te ocurre algo?

-Lo mismo que a ti.- Y me sonrió tristemente.- Desde que llegamos aquí, pareces otro.

-Bella.- Suspiré cansado.- No me ocurre nada , amor.

-Pues entonces, dime porque tienes esas ojeras.- Y surcó mis ojos con sus dedos.- Pareces consumido ¿Te arrepientes de haberte casado conmigo?

Me paré en mitad del paseo y observé el agua. Las olas chocaban contra la arena y los niños corrían entre sonrisas y chillidos.

-Nunca.- La miré a los ojos.- Jamás vuelvas a preguntar eso.- Chasqueé la lengua.- Bella, eres lo mejor que me ha pasado en milenios.

-Entonces.- Ella agachó su rostro.- ¿Por qué no confías en mi?

Tiré de Bella hacía una parte menos transitada, y la senté en un banco de piedra.

-Confío en ti.- Alcé su rostro con mis dedos.- Plenamente, amor. Sabes mi secreto y quien soy. Me amaste a pesar de ser la muerte.

-Eres un ángel.- Y me sonrió conteniendo sus lágrimas.

Verla así me destrozó el alma. Jamás pensé que le haría daño de una forma u otra, y mucho menos ocultándole las visitas del barquero en mis sueños.

-Bella.- Decidí que lo mejor era contarle la verdad.-Estoy cansado y asqueado...

-¿Por qué?- Ella acarició su vientre.

-Sueños.- Alzó una ceja.- En mis sueño he visto al barquero.

-No.- Tapó su boca.- ¿Que significa eso?

-No lo sé.- Me arrodillé ante ella y apoyé mi frente contra la suya.- Pero nada bueno.

-Esta bien.- Bella se levantó y me tendió su mano.- Hoy volvemos a casa, así que disfrutemos nuestras últimas horas aquí y cuando lleguemos a casa intentaremos arreglar esos sueños.

Asentí mudamente y me levanté del suelo. Entrelacé mis dedos con los suyos y los dos caminamos hasta la orilla. Me despojé de mi camiseta y mis sandalias y observé a Bella mientras se quitaba su vestido. Dejó la toalla en el suelo y se adentró en el agua. Bella caminó despacio hasta mi y se abrazó a mi cuerpo. Sentirla de esa forma me devolvía las fuerzas. Besé su frente y me separé un poco de ella. Sonreí y me alejé un poco.

-No te alejas tanto.- Me riñó.- No sabes nadar en el mar.

-Es la primera vez que entro en el.- Y me reí al mismo tiempo que una ola me tragaba.

Salí del mar tosiendo y temblando. Bella no dejaba de reírse. Se acercó a mi y me tapó con la toalla.

-Ves.- Y me señaló con el dedo.-No puedes alejarte de mi.

-Ya aprenderé y te daré una paliza nadando en el mar.- Y tiré arena a sus piernas.

-No seas tan molesto.- Bella se levantó intentando que no le tirara más arena.

-Sea como sea, yo gano.- Y me levanté cogiendo nuestras ropas.- Ande vamos a ducharnos que el restaurante nos espera.

Después de darnos una ducha y terminar de arreglar nuestras maletas, salimos a nuestra última comida allí. Caminamos despacio hasta el restaurante, sin prisas.

-¿Crees que será niño?- Me preguntó acariciándose su vientre.

-Tal vez sea una hermosa niña como su madre.- Y besé su mano.

-O tal vez sea un niño con tus ojos.- Y se paró frente una casa de ropa infantil.

-¿Te gusta algo?- Le pregunté señalando el escaparate.

-Me gusta todo.- Y rió como si fuera una niña.

-Entonces entremos.- Y abrí la puerta.

-Llegaremos tarde al restaurante.- Y sacó su labio inferior recordándome a Alice.

-Vamos, por cinco minutos no pasa nada.- Y tiré de su mano.

Cuando entramos en la tienda, nos dimos cuenta que no solo había ropa allí. Las estanterías estaban llenas de accesorios del bebé y en la parte de atrás, tenía desde carritos, hasta cunas y demás. Me acerqué a una cuna blanca con un ángel tallado en la cabecera.

-Quiero eso.- Y la señaló con brillo en sus ojos.- Quiero esa cuna para mi bebé.

-Esta bien.- Y suspiré agradecido de que a ella también le hubiese gustado.-Hablaré con la dependienta.

-También quiero ese carro.- Y señaló uno color azul cielo.

Bella parecía una niña en un centro de juguetes. Cuando fui a hablar con la dependienta, ella, estaba observando la cuna.

-Buenos días.- Saludé a la chica.- Mire, tenemos un pequeño problema.

-Dígame.- La chica me sonrió.- ¿En que puedo ayudarles?

-Verá, nosotros no somos de aquí y bueno...- Me sentí extraño hablando con aquella desconocida.- Mi mujer se ha enamorado de una cuna.

-Veamos.- La mujer me siguió hasta el puesto de las cunas.-¿Cual es?

Cuando me giré para mirar a Bella me quedé sorprendido. Llevaba un carrito y había ropa y accesorios de bebé.

-Es esta blanca con el ángel.- Puntualicé.- Y bueno también todo lo que lleva en el carro, el cochecito y la hamaca.

-Esta bien.- L achica me sonrió.- Veamos como podemos arreglarlo.

Tras más de una hora allí, quedamos en que lo enviarían a casa todo junto. Aquello nos iba a costar una pasta. Bella se empeñó en llevarse la ropa y los accesorios pequeños. Así que después de pagar aquello, salimos hacía el restaurante.

Al llegar, el mêtre, nos miró con cara de pocos amigos. La comida fue más rápida de lo que hubiese deseado, pero al fin y al cabo había disfrutado demasiado comprando las cosas para mi futuro hijo o hija. Al llegara la cabaña, Bella, metió todo en la maleta de los regalos y me sonrió.

-Ya esta todo.- Y se acercó a la puerta con su bolsa de mano.-¿Cuando llegara la cuna y las demás cosas?

-En un mes.- Le recordé.- Cuando llegue, tenemos que pagar el resto del dinero.

Bella subió al taxi y se quedó dormida contra mi hombro. Al llegar al aeropuerto, la desperté despacio y salí del taxi.

-Bella.- La llamé la ver que no salía.- Despierta.

-Voy.- Y se desperezó en el asiento.- Ya voy.

-Vamos, podrás dormir en el avión.- Dicho y hecho.

Nada más subimos al avión, ella, se apoyó en mi brazo y volvió a dormirse. Intenté leer, escuchar música y ver todo aquello que nos rodeaba. No deseaba dormirme allí y tener que ver la cara asquerosa y huesuda del barquero.

Cuando el avión aterrizó, desperté a Bella y la ayudé a bajar. La familia estaba allí esperándonos. Mis hermanos me ayudaron con las maletas. Carlisle me miró con el ceño fruncido y me hizo el gesto de que después hablaríamos.

Durante la cena, Bella, se pasó el rato enseñando las fotos y las cosas que había comprado para el bebé. Les comentó lo de la cuna y todo el mundo se asombró. Por un instante sentí que me ahogaba allí sentado. Me levanté de la silla y tras pedir perdón, salí al jardín trasero.

-Edward.- Carlisle me llamó.

-No me siento bien.- Le admití antes de que llegara a mi.

-¿Que te ocurre, hijo?- Carlisle posó su mano sobre mi hombro.

-Me duele mucho al espalda.- Me quité la camiseta y la arrojé al suelo.

-Edward.- Carlisle dijo mi nombre en un susurro leve.

-¿Que ocurre, Carlisle?- Mi cuerpo empezó a hacerse pesado.

-Las marcas.- Pasó la mano por mi espalda y un latigazo invadió mi cuerpo.- No me gusta.

Mis ojos se cerraron pesadamente y mi cuerpo flaqueó. En ese momento creí que chocaría contra el suelo, pero unos fuertes brazos me sujetaron. Una risa estridente invadió mis oídos. Pude escuchar los susurros de mi familia. Por un instante deseé desaparecer de allí.

Todo aquello que me envolvía se hizo oscuro y él apareció ante mis ojos. Cuando al fin abrí mis ojos y enfoqué a Carlisle, pude observar a mis hermanos y cuñados a su lado. Giré mi rostro y vi a mi Bella y a mi madre apartadas de la escena. La risa se hizo más fuerte y vi las caras de pánico de mi familia.

-Veo que no has perdido el tiempo.- El barquero estaba en mitad de nuestro jardín.- Chico listo.

-¿Que quieres?- Pregunté con voz ahogada.- ¿Por qué haces esto?

-¿Saben todos la verdad?- Y volvió a reír.

-A ellos no los metas en esto, nuestro trato esta saldado.- Y me alejé de ellos.

-Tu sustituto vaga por la tierra como humano.- Caí de rodillas al suelo y escuché el grito ahogado de Bella.- Es un blandengue, tu vales mil veces más para este trabajo.

-Lo nuestro esta cerrado.- Le recordé.

Sentí sus huesudas manos alzar mi rostro y su aliento pútrido, invadió mis pulmones. Sus ojos se posaron en mi familia y volvió a reír. En su mano izquierda llevaba aquel bastón que conocía tan bien. Mi cuerpo tembló y sentí como mi espalda empezaba a arder.

-Entralos en casa.- le rogué a Carlisle.

-Ellos no se van a ir de aquí.- El barquero dejó caer el bastón contra el suelo y un halo negro los envolvió a todos.- Van a ser participes de la verdad.

-¿De que estas hablando?- Alice sonó asustada.-¿Que te ha hecho mi hermano?

-¿Tu hermano? - El barquero se alejó de mi y se acercó a la dulce Alice.- Él está por encima de ti, muchacha insolente.

-No nos hagas esto.- Pude oír a Bella suplicar.

-Yo se la verdad.- Admitió Carlisle.- Y no me importa quien fue.

-¿Y ellos?- Señaló a los demás.- ¿Como se sentirían, si supieran que han sido engañados estos años?

-¡¿Que esta pasando?- Gritó Esme.

-Esta es la verdad.- El barquero se acercó a mi de nuevo y pasó el bastón por mi espalda.- Muéstrate ante sus ojos.

Sentí mi cuerpo elevarse del suelo y mis alas se desplegaron ante todos los ojos humanos. Bella empezó a llorar y calló de rodillas al suelo acompañada por mi madre. Carlisle se tapó la cara y negó con la cabeza. Los demás simplemente abrieron sus ojos y sus bocas.

-No les hagas daño.- Supliqué.

-Entonces compláceme.- Y rió como solo él sabía hacer.- Si no, lo pagara tu hijo que yace en su vientre.- Señaló a Bella.

-A ella ni la mires.- Traté de sonar lo más firme que aquella posición me dejaba.- No toques a mi familia.

-Entonces escuchame.- Se acercó a mi sin vacile y me tendió el bastón.- Muestrales quien eras realmente, aquí y ahora ¿Como se sentirá la pequeña Alice cuando sepa que tú te llevaste a sus padres?

-Las cosas no son así, y lo sabes.- Traté de levantarme del suelo en vano.- No sigas.

-Cuéntales quien los dejó huérfanos.- Me cogió del brazo y me levantó con brusquedad del suelo.

Mis alas se desplegaron de nuevo y sentí las miradas de mi familia sobre mi cuerpo.

-¿Que es lo que quieres?- Pregunté derrotado.

-Seis meses.- Se acercó a Bella y la levantó del suelo.- O ya sabes.

-¡No la toques!- Intenté acercarme cuando el halo negro me retuvo en mi lugar.- Aparta tus sucias manos de mi hijo y mi mujer.

Alzó su mano y un papel apareció ante mis ojos. Carlisle negó con la cabeza y vi como intentaba moverse sin éxito.

-Seis meses.- Le confirmé.- Solo seis meses y dejarás a mi familia en paz para siempre.

-Solo serán seis meses, lo pone en el contrato.- Apareció una pluma ante mis ojos.- Los seis meses que el vago estará en la tierra.

Estiré mis manos y cogí aquel contrato. Esta vez lo leería completamente. Tras comprobar que solo eran seis meses, cogí la pluma entre mis dedos y observé a aquellos que había aprendido a amar más que a mi propia vida.

-Suéltalos y firmaré.- Dije seriamente.

-¡NO!- Bella me miró con miedo en sus ojos.

-Yo o nuestro hijo, Bella.- Una lágrima descendió pro mi mejilla.

-No nos puedes hacer esto.- Bella miró al barquero.- Él cumplió todos los tratos. Me salvó al vida y ayudó a esta familia a estar más unida.

-Humanos sentimentalistas.- El barquero la obligo a caer de rodillas de nuevo.

Al ver las caras de horror de mi familia, cogí la pluma fuertemente entre mis dedos y estampé la firma. Aunque me condenara de nuevo a ser la muerte para toda la eternidad, lo haría con tal de no ver a mi familia sufrir.

-Seis meses.- Y le tendí el contrato.

-Muy bien.- El barquero los soltó a todos.- Nos vamos.

Miré a Bella y le susurré que volvería pronto. Mis ojos vagaron hasta los de Carlisle y me disculpé ante aquella verdad. Ahora toda mi familia sabía quien fui y quien era. El barquero me tendió el bastón y conforme lo toqué, vi que mis alas se hacían negras. Estas se envolvieron sobre mi cuerpo y me elevé del suelo.

Mi ropa cayó y mi cuerpo desapareció ante sus ojos. Por un instante todos los allí presentes vieron mi forma incorpórea. Rosalie se abrazó a Emmett y cerró sus ojos. Podía sentir su pánico. Alice dio un grito ahogado y corrió dentro de la casa para proteger a los niños. Jasper frunció su ceño y giró el rostro. Cuando me fijé en mis padres, los vi abrazados. Los ojos de Carlisle me miraron de arriba a abajo y pude ver la esperanza en sus ojos de que volvería.

-Cuanto antes empiece, antes volveré.- Me acerqué despacio hacía Bella y estiré mi ahora incorpóreo brazo.- Os amo.

Antes de que ella pudiera decir algo, el barquero abrió el portal y aparecí en la ante sala. Esto lo hacía por mi hijo, por mi mujer y mi familia. Debía ser fuerte y hacer mi trabajo una vez más durante seis meses. Iba a ser un tiempo muy largo.