Capitulo dieciocho. Luz propia.

Luchar por aquello que amas, es luchar por uno mismo.

La luz brillaba por donde pisaba. Volver a ver aquella sala era algo realmente extraño. Podía recordar casi todos los momentos allí vividos. Todo estaba de la misma forma que la última vez, excepto yo. Cerré mis ojos y ubiqué los rostros de mi familia. Ver el horror en las caras de mis hermanos estrujó mi pecho donde debería estar mi corazón.

No era el mismo. Yo ya no era la muerte. Sin embargo, tenía que aguantar todo lo que pasara durante esos seis meses si quería recuperar a mi mujer y mi hijo. Observé la puerta más alejada, aquella que tantas y tantas veces había traspasado. Su voz me llamó desde dentro. Suspiré y caminé hacía ella, como si esta fuera un imán y yo su metal.

Estiré mi brazo casi incorpóreo y giré aquel pomo frío como el hielo. El olor de las aguas invadió mi cuerpo. Negué con la cabeza y suspiré. Antes no percibía aquellos detalles tan pequeños. Asomé mi extraño rostro y vi al barquero ocupando su barca y esperándome.

-¿Donde debo ir?- Pregunté alzando mi cabeza.

-Tan solo sal a la ante sala y deja caer el bastón.- Me miró de arriba a abajo.

-Esta bien.- Salí a paso lento y observé una vez más aquella cúpula.

Antes de dejar caer el bastón, pensé en mi hermano James ¿Donde estaba? Esta vez era preso del barquero por temor. Temor a perder a mi única familia en al tierra. Dejé caer el bastón y la puerta se abrió. Me deslicé dentro de aquella oscuridad y suspiré. Al enfocar mi vista periférica, me encontré con algo sumamente devastador.

El agua, inundaba todo aquello que podía alcanzar desde mi posición. No había ningún humano a la vista, aquello directamente me trastornó ¿Donde estaba? Caminé por aquellos escombros y sentí la energía bajo mis pies ¿Estaban bajo tierra?

Golpeé de nuevo con el bastón en la tierra y pude ver claramente la luz de aquellas pobres almas condenadas. Ellos caminaron hacía mi y se reunieron a mi alrededor. Un alma tras otra me observaba fijando su vista en mi extraño cuerpo. Antes hacía este trabajo y sentía cosas extrañas por esos humanos, pero ahora que era parte de ellos me sentí devastado.

Alcé el bastón para indicar con una luz donde me encontraba. Aquello era un río sin fin. Podría decir a ciencia cierta que allí habían más de cien mil personas. Un hombre viejo se acercó a mi y se detuvo a solo dos pasos de mi persona.

-¿Vas a llevarnos al fin?- Preguntó cansado.

-¿Donde estoy?- Y bajé el bastón.

-Estas en Haití.- El hombre observó su tierra devastada.- Nos azoró un terremoto hace poco más de veinte minutos.

-Tengo mucho trabajo que hacer.- Dije mirando con dolor a aquel alma.

Durante horas trabajé con aquella gente. El barquero iba y venía una y otra vez dejando almas en sus lugares respectivos. Cada vez que venía una pequeña alma, me acordaba de mi futuro hijo. Día tras día era mi propio infierno bajo aquellos escombros ubicando aquellas pobres almas.

Cuando al fin pensé que aquella lluvia masiva de almas había acabado, la tierra se cebó en otros lugares con los humanos. Podía sentir mi propia energía negativa, ante todo aquello que me rodeaba ¿Por qué el tiempo pasaba tan lentamente ahora? Al terminar mi trabajo en aquellas devastadas tierras, dejé caer el bastón con la última victima. Al entrar en la antesala, el barquero estaba allí esperándome.

-Este trabajo, solo podías hacerlo tú.- Puntualizó mientras se llevaba a aquella mujer.

-No puedes recurrir a mi, cuando sucedan estas cosas.- Negué una y otra vez.

-No lo haré.- Y rió de nuevo antes de desaparecer por el horizonte.

Suspiré y salí de allí en busca de otro lugar. Una parte de mi se sentía demasiado vacía de estar allí. Necesitaba el calor humano, necesitaba mi forma humana. Por un instante, me di cuenta que al ser durante tanto tiempo un simple humano, todo aquello me estaba afectando demasiado.

Intenté contabilizar el tiempo transcurrido y en ese momento, me di cuenta que el contrato se rompería justo cuando mi hijo naciera ¿Lo vería nacer? Día tras día, deseaba ver a Bella por un hueco y ver crecer a mi hijo en su vientre. Con cada viaje que hacía, me sentía más y más lejos de ellos.

Tras aquel viaje a Haití, vinieron muchos más durante esos tiempos. El barquero no se comunicaba conmigo, tan so lo recogía aquellas almas que llevaba a la ante sala y después desaparecía en el embarcadero con ellas.

Tras pasar aquellos seis meses, mi trabajo había concluido con él. Caminé por las calles de China en busca de mi última alma. Las calles estaban concurridas y la gente caminaba de un lado a otro. Al rozar aquellos humanos, podía observar como sus cuerpos se erizaban y miraban de un lado a otro.

Me adentré en una antigua casa y caminé bajo aquel suelo de madera. Una voz ronca y rota por el dolor, se escuchaba entre aquellas viejas paredes. Observé detenidamente aquella antigua casa de Beijing. Me adentré en la habitación y observé a aquel hombre de rasgos duros. Sus ojos demostraban sabiduría y sus manos el trabajo duro de una vida.

Me acerqué a aquel hombre y al verme se estremeció. Traspasé aquella habitación en un abrir y cerrar de ojos y dejé caer mi bastón sobre el viejo y desgastado suelo de madera. El hombre me observó una vez más alzándose sobre su castigado cuerpo.

-¿Vienes a llevarte mi alma?- Preguntó tosiendo y quejándose.

-Así es, viejo sabio.- Le afirmé.

-Este no es tu lugar.- Asintió con al cabeza y estiró su brazo.- Esperaba una muerte lúgubre y temerosa.

-Un ser sin alma, despiadado y con ansias de llevarse lo que es suyo.- Contesté tendiéndole mi incorpóreo brazo.- No luche, simplemente déjese llevar.

-No lucho.- El hombre cayó al suelo y volvió a toser.- Solo veo lo que me rodea.- Suspiró.- Tu luz no es lúgubre. Escondes algo en tu interior.

-Solo estoy de vacaciones.- Y volví a golpear con el bastón en el suelo sin que se abriera la ante sala.- Haciendo el trabajo de otros.

-No, muchacho.- El hombre rió.- Haces tu antiguo trabajo. Te conocí hace cuarenta años, cuando te llevaste a mi mujer de mi lado. Es la misma esencia...pero con algo más.

-Probé la felicidad y ahora espero estar de vuelta en ella.- Volví a golpear el suelo con el bastón, sin que ocurriese nada.

-No tengas prisa.- El hombre se sacudió mientras tosía agonicamente.- Las prisas, solo llevan al mal camino.

-Solo quiero volver a casa.- Susurré.

-El hogar.- El viejo dobló su rostro y me miró de los pies a la cabeza.- Mi mujer...- Susurró.- Llevame con ella.

Observé el bastón y en ese instante la luz que lo acompañaba se había apagado ¿Que ocurría? Sin esa luz, el bastón, era cualquier otro. Miré al anciano Y levité por aquella sala indeciso ¿Como volvería ahora?

-Hace demasiado frío.- Me comunicó el anciano.- Las cosas no marchan bien.

Caí al suelo y el olor putrefacto me invadió. El barquero apareció ante nuestros ojos y la muerte tras él. Mi mano se abrió de golpe y el bastón voló hasta su dueño.

-El trato a terminado.- Me anunció serio.- Es hora de volver a casa.

-Las aguas son turbias y el cielo negro.- Dijo el anciano.- No traes la palabra, viejo barquero. Tus tretas son sucias.

-¡Calla!- El barquero miró al anciano enfurecido.- Nadie te ha pedido vela en este entierro.

-Mentiras salen de su boca y la tierra se rompe bajo sus pies.- El anciano me miró.- Ahora veo su poder.

-¡He dicho que se calle!- El barquero se acercó al anciano y lo levantó de sus ropas.- Nadie se va sin pagar su peaje.

-Abre tus alas y vuela a tu hogar.- El anciano volvió a toser.- La penumbra nos invade.

-No entiendo nada.- Susurré.- Mi tiempo terminó aquí.

-Largate.- El barquero abrió un portal.- He intenta recuperar lo que fue tuyo, mi venganza ha terminado y con ella tus esperanzas.

El barquero rió con malicia y se adentró en la ante sala con el anciano y la muerte. Una luz cegadora me invadió y pude escuchar un suave golpeteo en mi cabeza. El frío había desaparecido y un calor me invadía. El airé entró de golpe en mi cuerpo y mi corazón repiqueteó en mi pecho.

Abrí mis ojos intentando ubicarme y el olor de mi hogar invadió mis pulmones. Estaba en casa. El miedo se apoderó de mi cuerpo y salí de aquella luz brillante, para encontrarme mi cama vacía. Observé detenidamente mi cuerpo y vi mis manos. Era de nuevo un humano.

Un ruido en el piso de abajo me sacó de mis pensamientos y abrí la puerta para descender rápidamente las escaleras. Al llegar abajo, me encontré con mis hermanos en la cocina. Al entrar en ella, me miraron con algo extraño en su mirada.

-Tú.- El susurro de Rosalie fue vagamente bajo.

-¿Donde esta Bella?- Pregunté agitado.

-No te acerques a nosotros.- Alice miró sorprendida a Rosalie.- No eres bienvenido.

-No.- Di dos pasos hacía atrás y negué con la cabeza.

-Has traído la desgracia.- Rosalie se levantó de su asiento y caminó con paso firme hasta mi.- ¿Quien eres?

-Rosalie.- Alice la cogió del brazo y me miró con ojos vidriosos.- Ya nos contaron la historia, es nuestro hermano.

-¿Nuestro hermano?- Rosalie rió.- Es la muerte.

-Es un ángel.- susurró Jasper.- Lo vimos con nuestros propios ojos tiempo atrás.- Jasper abrazó a Alice.

-El ángel de la muerte.- Emmett se levantó y cogió a Rosalie.- Nos engañó a todos.

-No lo hizo.- Alice negó con la cabeza.- Él salvó la vida a Bella.- Y me señaló.- También le devolvió la paz a esta familia.

-¿Que pretendes?- Rosalie me miró aún más furiosa.- Te haces humano, te casa con Bella, la dejas embarazada y la abandonas.

-No fue mi elección.- Susurré contra mi pecho.- Si no lo hacía, mataría al bebé o a vosotros.

-Pues no funcionó.- Emmett negó con la cabeza.- El bebé, esta en riesgo.

-No.- Miré a Alice.- No puede ser, me lo prometió.

-Sálvalo.- Me exigió Rosalie.- Salva a tu hijo y a Bella.- Se acercó a mi y me cogió por los brazos.- Solo así, serás bienvenido en mi familia de nuevo.

Negué una vez más con la cabeza y salí de aquella casa ahora desconocida para mi. Corrí calle abajo hasta llegar a la puerta del hospital. Al entrar, el frío invadió mi cuerpo. No me hizo falta preguntar, podía sentir a Bella y a mi hijo desde cualquier lugar.

Cuando entré pro aquella vieja puerta de madera, pude observar a Carlisle. Se acercó a mi y me estrechó entre sus brazos. Las lágrimas descendieron por su rostro y su cuerpo tembló contra el mío.

-¿Que ha sucedido?- Pregunté con un hilo de voz.

Mi mirada se cruzó con los ojos tristes de Esme. La mujer se acercó a paso lento y al llegar a nuestra altura, abofeteó mi rostro.

-No vuelvas a darme un susto así.- Susurró Esme contra mi pecho.- No soportaría perderte de nuevo.

-¿Estas enfadada conmigo?- Susurré contra sus cabellos.

-No, pero no es el momento para hablar de esto.- Y se separó de mi cuerpo.- Entra ahí y salva a tu mujer y tu hijo.

Esme señaló la puerta del fondo y mi corazón se hizo pequeño ¿Que les sucedía?

-El parto se complicó.- Me informó Carlisle.- Bella no se separa de vuestro hijo.

-Esta muriéndose.- Esme se limpió el rostro de lágrimas.- Sálvalo.

Caminé despacio hasta aquella puerta y escuché el zumbido de las máquinas tras ella. Cuando alcé mi mano, pude observar que mi cuerpo entero temblaba. El barquero no había cumplido su palabra y el anciano lo sabía.

Cuando abrí al puerta, me encontré a mi mujer al lado de una incubadora. Sus ojos estaban cerrados y su rostro estaba desfigurado. Observé las ojeras que enmarcaban sus ojos y sus pómulos marcados. Sus labios hinchados y sus mejillas sonrojadas y húmedas. Al acercarme a la incubadora, pude observar el ser más perfecto sobre la faz de la tierra. Mi hijo estaba allí tendido, conectado a un millón de maquinas luchando por su pequeña vida.


Hola chicas! Gracias por todos vuestros comentarios, alertas y favoritos de historia y de autora. ESta historia esta llegando a su fin. Os dejo el penultimo capitulo. Muchas gracias por acompañarme en esta nueva aventura.

Os traigo un pequeño resumen de lo que será mi nueva historia aqui. Es una historia escrita por mi hermana y por mi. En el ultimo capitulo daré más detalles. KISS

LA VENGANZA.

El frágil y gentil Edward o el inquieto Chase. La madre de los chicos, le pidió en su último aliento que hiciera algo por ellos, pero si lo hacía... ¿que seria lo correcto, uno o los dos? Después de dos largas horas recorriendo su estudio, la chimenea ya consumía las últimas ramas que había echado y entre sus manos, llevaba su segunda taza. Esta contenía un líquido de un rojo intenso. Mientras seguía caminando por la sala, llegó a la conclusión de que convertir a los dos, era lo mejor, así se tendrían el uno al otro.