Capitulo diecinueve. El ángel que llevo dentro.
Dar tu vida por aquel a quien amas, es amar sin medida.
Ver aquello que amas en ese estado, es ver la oscuridad. Mi cuerpo estaba vacío y mi mente en blanco. Aquel pequeño ser luchaba por su vida, luchaba por respirar. Me acerqué a mi familia y extendí mis dedos hasta rozar la mejilla caliente del ser que amaba. Me sentí inútil en ese instante. Me sentí tan sumamente insignificante, que deseé una vez más estar ante el barquero para seguir sirviendole con tal de que no se llevara a mi familia.
Bella se removió un poco y abrió muy lentamente sus ojos. Mi respiración se cortó, cuando sentí su frágil cuerpo moverse. Una lágrima se deslizó por su blanca mejilla y un ruido extraño salió de su pecho. Me estremecí de los pies a la cabeza y me arrodillé a su lado estrechándola entre mis brazos.
-Estas aquí.- Susurró llorando contra mi cuello.- No lo hice bien. Se esta muriendo.
-Fuiste perfecta, mi amor.- Apreté mis brazos contra su cintura.-Esto no es culpa tuya, sino mía.
-No fui fuerte.- Bella apretó su rostro contra mi pecho.
-¿Que tiene?- Miré a mi hijo entre aquellas malditas maquinas.
-Nació sin vida.- Bella rompió en el llanto más doloroso que se pudiera escuchar.- Todo iba perfecto. Me levanté con contracciones y cuando me quise dar cuenta estaba aquí trayéndole al mundo.
-Sin mi. Te fallé.- Puse despacio la mano sobre el cristal de la pequeña incubadora.
-Gabriel nació sin vida.- Bella miró a nuestro hijo.- Se lo llevaron sin que pudiera verle.
-¿Gabriel?- Miré a mi hijo una vez más.
-Edward.- Bella cayó abatida entre mis brazos.
Verla de esa forma, casi sin vida de nuevo, era algo que me superaba. Me quedé allí arrodillado ante mi mujer y mi hijo. Odié ser quien era y odie ser un simple humano en ese instante. Las horas pasaron sin darme apenas cuenta de lo que sucedía ami alrededor.
Carlisle entró por la puerta y se llevaron a Bella a la habitación. Fui arrastrado tras ella y durante un largo tiempo, estuve sumido en mis pensamientos. Si alguna vez llegué a pensar que ser la muerte era el infierno, me acababa de demostrar a mi mismo que no había peor infierno que perder a los seres que amaba.
Mis ojos se cerraron poco a poco frente a la cama de Bella y quedé profundamente dormido. En mis sueños pude ver de nuevo la última escena transcurrida en aquella población de China. Aquel anciano me advirtió a su manera que el barquero no era de fiar y las cosas no serían buenas a mi vuelta.
Abrí mis ojos de golpe a las cuatro de la mañana. Mi corazón se contrajo y mi respiración se paró. Me levanté del sofá como si este quemara y salí corriendo por el pasillo hacía el final de aquella oscuridad.
Me paré frente a la puerta de Neonatos y las lágrimas empezaron a descender por mi rostro. Giré despacio el pomo y pude ver a una muchacha inclinada sobre la incubadora de mi hijo. Sus ojos transmitían una tristeza enorme.
La joven estaba observando las maquinas y puso muy mala cara. Mi corazón se agitó dentro del pecho y mis piernas se aflojaron. Pude escuchar el pitido que emitió aquella maquina. Mi hijo se estaba rindiendo y poco a poco se escapaba su vida.
Una médica me empujó y me tiró fuera. Las palabras hicieron eco dentro de mi cabeza. Unos hombres pasaron corriendo por mi lado y se adentraron en la sala. Pude ver claramente como se llevaban a mi hijo. En ese instante me sentí como si cuerpo estuviera a kilómetros de allí. Mi alma se hubiese podido escapar por mi boca y yo no me hubiese dado ni cuenta.
Volvieron a abrir la puerta y salieron corriendo de allí. Mi hijo estaba fuera de esa incubadora y pude observar como el médico le sujetaba una mascarilla extrañá sobre su pequeño rostro. Mis rodillas se aflojaron y caí al suelo entre sollozos ¿Que había hecho mal como humano?
Los seguí como pude, cuando vi que entraban a la sala de quirófanos. Los gritos de aquellos médicos me asustaron realmente. Una chica salió y me cerró la puerta sin miramientos. Apoyé mi cabeza sobre la fría pared y suspiré tratando de no ahogarme en mis propias lágrimas.
-Disculpe.- Una voz rota sonó tras mi espalda.- ¿Es usted el padre de Gabriel Cullen?
-Si.- Susurré contra la pared.
-Acompáñeme por favor.- L achica cogió mi brazo y tiró hacía las sillas.- Su hijo...
Sus ojos negros brillaban con pena. Antes de que pudiera decir una sola palabra más, miré la puerta de los quirófanos y negué con la cabeza.
-Gabriel está vivo.- Susurré observándola.- No se puede rendir. Apenas acaba de empezar a vivir.
-Lo sentimos mucho, señor Cullen.- L achica cogió mi mano cariñosamente.- Su hijo nació con muchas complicaciones. Su pequeño cuerpo no lo soportó y tuvo un derrame cerebral.
-No.- Me levanté del asiento y observé la puerta de salida.- Bella.
La joven médica me miró asombrada al escuchar el nombre de mi mujer. Me giré hacía la puerta y salí como pude pasillo abajo. Al llegar a la habitación, entré abriendo la puerta de un golpe y me acerqué a la cama sobresaltando a Bella. Mi mujer me miró con los ojos como platos y en ese instante deseé ser yo el que hubiera muerto.
La abracé contra mi pecho y susurré que Gabriel había tenido un fallo cerebral. Bella se levantó de la cama y gritó de una forma que me terminó de partir el alma en dos. Bella negó sucesivamente con la cabeza y corrió pasillo abajo. Corrí desesperado tras ella y la alcancé antes de que llegara a la puerta de pediatría.
-Bella, no puedes hacer eso.- La pegué contra mi pecho.- Estas muy débil. Te harás daño.- Le supliqué entre lágrimas.
-Mi Gabriel.- Bella golpeó mi pecho.- Necesito ver a mi Gabriel. Eres un ángel.- Me empujó lejos de su cuerpo.- Debes hacer algo. Ruega porque hagan algo.
-Ya lo he hecho mientras lo entraban.- Intenté acercarme a ella de nuevo.- Por favor, no me separes de ti.
-Me dejaste sola.- Bella cayó de rodillas al suelo suplicando pro la vida de nuestro hijo.- Haz algo.
Había perdido a Gabriel y no podía permitir que Bella se fuera también de ese mundo. La miré por última vez y me arrodillé a su lado.
-Te amo.- Susurré contra sus cabellos.- Perdóname por todo el daño que os he hecho. No puedo negar quien soy.
Bella alzó su rostro y me miró confundida.
-Que...-Me miró con sus hermosos ojos achocolatados.
-Soy la muerte y eso es lo que he traído a esta familia.- Acuné su rostro entre mis manos y besé por última vez sus labios.- Te prometo que tendrás a tu hijo, Isabella.
Me levanté del suelo y la dejé allí, en medio de aquel pasillo. Abrí despacio la puerta donde habían puesto a mi hijo. Caminé con pasos lentos hasta su pequeño cuerpo inerte. Pude observar su extrema palidez y sus pequeños ojos cerrados. Una última lágrima descendió de mis ojos y lo alcé contra mi pecho.
-Padre.- Supliqué al cielo.- Pido permiso para abrir mis alas y y devolverle el aliento a este pequeño ser que yace entre mis brazos.
Me separé despacio de la cama y miré aquel impoluto techo blanco. Sabía que ellos me escuchaban allá donde estuvieran. Capté un pequeño ruido a mis espaldas sin darle la menos importancia. Tras cerrar mis ojos, sentí mi cuerpo calentarse. La camiseta que llevaba se rasgó cayendo al suelo y mis brazos se doblaron para calentar su cuerpo. Apoyé la cabeza de mi hijo contra mi pecho y mis alas se desplegaron. Mi vida humana no valía en absoluto sin la suya.
Envolví nuestros cuerpos entre mis alas y rogué por su vida una vez más. Aquella sensación fue hermosa. Poco a poco perdí la fuerza y caí al suelo protegiendo el frágil cuerpo de mi hijo con mis alas. Un sollozo se escuchó desde alguna parte de aquella habitación. Creí escuchar unas voces en la lejanía. Tal vez me llamaran, pero eso ya no me importaba.
Un hermoso llanto invadió mis oídos y sonreí al escuchar a esa parte de mi alma. Mi hijo se revolvió entre mis brazos y supe que al fin, había cumplido mi misión como ángel y como humano. Abrí mis alas para observar su rostro y sus penetrantes ojos verdes me traspasaron como un flechazo.
Al alzar mi rostro y depositarlo en el suelo, pude observar a mi familia al completo rodeándonos. Besé la tierna cabecita de mi bebé y exhalé mi último aliento. Caí en mi propia inconsciencia, tras observar a Bella coger a nuestro hijo.
-Levántate.- Me susurró una voz muy grata.- No te rindas ahora.
-Su vida, vale más que la mía.- Susurré.- Yo deseé ser humano, y lo conseguí. Obtuve una familia que me amó un día y ahora le toca a él.
-UNA NUEVA VIDA, RENACERÁ BAJO LAS ALAS DE UN ÁNGEL.- Tras aquellas palabras, mis ojos se abrieron.
-Edward.- La voz de Bella sonó esperanzada.- Despierta, mi amor.
-¿Que ha pasado?- Intenté incorporarme.
-Has salvado a nuestro bebé.- Bella me abrazó y lloró contra mi pecho.- Te perdimos a ti y en ese instante nuestro hijo lloró por primera vez.
-Le di mi vida humana.- Susurré contra su cuello.- No entiendo que hago aquí.
-James apareció en el último momento.- Bella rió entre lágrimas.- Estas aquí, entre nosotros.
Tras aquellas palabras de mi mujer, supe que una nueva vida me había sido concedida. Un nuevo ángel había nacido aquella noche. Gabriel desplegaría sus alas y viviría una larga vida junto a nosotros.
Hola chicas! bueno, hemos llegado al final de esta historia...sniffffff... Muchas gracias por vuestros comentarios capitulo a capitulo... y muchas gracias a las personas que han llegado al final de esta historia y se han dedicado a dejarme un comentario en cada capitulo. De verdad que muchas gracias chicas.
No se si escribiré un epílogo. Así que todabía no la cambiaré a completada.
Bueno en la anterior actu, ya puse un pequeño parrafo de mi nueva historia... espero poder subirla pronto y poder leer vuestros comentarios.
Dentro de unos días, retomaré mi otra historia Te entrego mi vida. Disculparme por no actualizar en ella, pero quería terminar esta primero.
Nos vemos pronto. Un gran beso. Desam.
