Epílogo.

El sol brillaba en el patio trasero. La sensación era extraña, parecía como si el astro rey riera con los niños de aquella casa, jugando en el inmenso jardín. La paz se respiraba en el ambiente. Observar a cada miembro de la familia, me llenaba el corazón de una alegría inmensa.

Observé a Gabriel coger la mano de su hermana. Ellos dos hacían un buen equipo. No había nadie que se enfrentara a ellos. Si le hacían daño a uno, el otro respondía como si su vida se fuera en ello. Saúl sin embargo era más independiente.

Los niños de Alice y Jasper corrían tras los de Rosalie y Emmett. No solían jugar demasiado con Gabriel, Saúl y Marie. No es que no se compenetraran como primos, sino que mis hijos preferían ir por libre ellos tres.

Angelo corría tras Saúl dando saltos detrás de su bocadillo. Las risas estaban aseguradas siempre en las reuniones familiares. Volver a ser una familia costó bastante después de que mi hijo renaciera de nuevo. Aquello asombró demasiado a mi familia y debo reconocer que al principio era el bicho raro. Carlisle trató de explicar la historia debidamente, pero ellos en un principio hicieron oídos sordos.

Poco a poco conseguí ser de nuevo uno más en la familia. Tanto llegué a compenetrarme con ellos, que incluso hoy en día me pedían que contara historias del pasado. Muchas veces nos reuníamos bajo el calor de la chimenea y las historias surgían solas.

-Papá.- Gabriel se acercó a ami sacándome de mis pensamientos.

-Dime, hijo.- Me incorporé en la silla.

-Mañana es mi décimo cumpleaños.- Mi hijo me sonrió.- Y en una semana los mellizos cumplen doce.

-¿Que quieres decir con eso?- Alcé una ceja.

-Queremos una mega fiesta con nuestros amigos.- Y agachó su rostro sonrojado.

Me encantaba que hiciera eso, ya que me recordaba a su madre cuando se sonrojaba. James y Vera iban a cumplir doce años y mi hijo diez. El tiempo pasaba demasiado rápido y ellos merecían una buena fiesta.

-Esta bien.- Le dije sonriendo.- La haremos aquí en casa.- Me levanté del asiento.- Pero nada de invitar a cientos, solo a tus amigos de verdad.

-Tío.- Vera se acercó a mi.- Gracias.

-Vera.- La miré con emoción en mis ojos.- Vosotros siempre seréis lo primero.- Acaricié su mejilla.- Y lo que os hace feliz a vosotros, siempre me hará feliz a mi.

-Cariño.- Bella me abrazó pro la espalda.- Piensa que si les consientes esa fiesta a ellos, cuando Saúl cumpla los ocho dentro de dos meses...

-Saúl tendrá una buena fiesta y Marie la mejor del barrio.- Observé a mi hija de cinco años.

-Yo también quiero una.- Saltó Jasper Jr.

-Tu tendrás la tuya cuando cumplas los diez dentro de siete meses.- Alice acarició al cabeza de su hijo mayor.- Primero va la fiesta de Ruth.

-Ruth va a cumplir dos años en tres meses.- Recordó su hermano.- Y no me gusta tener a tanto niño pequeño en casa.

-No seas así.- Jasper lo levantó del suelo.

-¡Papá!- Jasper Jr se removió en los brazos de su padre.- Ya soy un hombre casi, no me hagas eso.

Al escuchar las palabras de mi sobrino, todos reímos a carcajadas. Siempre se hacía el interesante y realmente diríamos que era un niño más adulto si no supiéramos su edad real.

-Vale.- Jasper lo soltó.- Cuando estemos en casa, no me pidas jugar y esas cosas. Los hombres no juegan.

-Eso es trampa.- Se marchó enfadado con su padre y volvimos a reír.

-Se le pasará.- Dije riendo.

-Seguro.- Alice se acercó a ami y me dio un beso.- Nos vamos ya a casa.

-Volver pronto.- Abracé a la pequeñaja y besé su frente.

-Siempre.- Y se alejó con su marido de la mano y sus hijos.

Rosalie y Emmett también se despidieron y se marcharon con los mellizos. Cuando mis padres se fueron a casa, observé a mi mujer y a mis hijos recogiendo las cosas de la fiesta en el jardín. Me acerqué despacio hasta mi mujer y besé su cabeza.

-Mañana cumplirá diez años.- Susurré contra su cuello.

-Para el mundo es mañana su cumpleaños.- Ella se giró y me cogió por la cintura.- Pero para mi, siempre será tres días después.

-Te amo.- Besé sus labios y sus mejillas.- Siempre.

-Gracias.- Bella acarició mi pelo y mi mejilla.- Y yo a ti te amaré toda la vida.

-Sin vosotros, no se que sería hoy de mi.- Observé a mis tres hijos jugando con Angelo.

-El pobre esta muy viejo.- Bella miró a su perro.- No se como aguanta la vitalidad de los niños.

-Yo soy más viejo.- Y miré a Bella alzando las cejas.

-Mejor callate, anciano.- Bella golpeó mi pecho.- Los milenios no se cuentan.

-Bella, mi vida empezó cuando me convertiste en humano.- Cogí sus manos entre las mías.- Mi corazón latió por primera vez ese día y yo nací en ese instante.

-Entonces eres un niño.- Bella me volvió a besar.- Al que tengo que enseñar muchas cosas todavía.

Reí ante aquel comentario de mi mujer. Hoy, a mis treinta y cuatro años, todavía debía de aprender mucho de la vida humana. Aun que lo que más ansiaba, era seguir aprendiendo día a día de ellos.

La muerte aún estaba lejos, pero no le temía. Sabía que cuando llegara ese día, iría junto a mi hermano James y Bella. Mis alas se extenderían y una parte de mi, se quedaría reflejada en la tierra tras la vida de mis hijos y su futura familia.