SUMMARY:

Participando en el RETO: "ONE SHOTS LLENOS DE CLICHÉS" de la página de FaceBook INUYASHA FANFICS :3


Sólo Tú y yo... y quizás él

Todos sabían que existía una especie de pelea por ver quién ganaría el corazón de la sacerdotisa proveniente del futuro, si bien uno de ellos no estaba del todo seguro de los sentimientos de la sacerdotisa, sí que estaba seguro de que podría conquistarla, lo único que veía necesario era tener un poco más de tiempo, aunque con aquella bestia todo el tiempo pegado a ella era una tarea casi imposible, más aún porque cada vez que se encontraban el hanyou salía de cualquier lugar para interrumpir el momento.

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Inuyasha comenzó a estornudar, Miroku diría que probablemente alguien estaba hablando mal de él, se preguntó si aquello podría ser cierto o era una de las tantas mentiras que solía inventar el libidinoso de su amigo. En cualquier caso, estaba ansioso porque Kagome ya había tardado más de la cuenta en regresar de su época, quería ir a buscarla, pero la última advertencia que le había hecho la muchacha lo habían disuadido de ir y la verdad no quería terminar enterrado en medio de aquel lugar.

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Mientras tanto no muy lejos de aquel lugar, el lobo siempre atento a todo lo que tuviese que ver con su amada Kagome, se dio cuenta que el aroma de ella se había desvanecido casi por completo, como si de pronto hubiera desaparecido, recordaba que al principio aquello se le hacía de lo más extraño y en más de una ocasión estuvo a punto de poner la aldea entera de cabeza para encontrarla, pero siempre de un momento a otro el aroma de Kagome aparecía de nuevo, por ello, una de esas tantas veces decidió que quería saber a dónde es que iba, cuando se dio cuenta que Kagome parecía desaparecer por aquel pozo y que aparentemente el único que podía cruzar aparte de ella era la bestia de Inuyasha, no pudo evitar sentir cierto resentimiento, no entendía por qué no podía él también cruzar junto con ella.

Así que ahí estaba nuevamente, delante de aquel pozo esperando paciente a su "presa", quería al menos ser el primero al que viera cuando llegara, podía esperar tranquilamente pues se había enterado de que Inuyasha se había ido de la aldea, no estaba seguro de a dónde y tampoco le interesaba demasiado averiguarlo.

De pronto algo en el ambiente cambió, era ella, estaba seguro, a pesar de no verla aún podía jurar que aparecería en cualquier momento, su corazón se aceleró como cada que la veía, se levantó de un salto y caminó con rápides hacia el dichoso pozo, no podía evitar hacer una mueca de sonrisa, era más que suficiente el saber que vería a Kagome para hacerlo feliz.

Los ojos de Kagome se encontraron con los de Koga, vaya, definitivamente no lo esperaba a él, pero tampoco era una mala vista, después de todo Koga era muy atractivo también, se ruborizó un segundo al descubrirse pensando en aquello.

—Kagome —saludó encantado el lobo mientras le extendía la mano para ayudarla a salir.

—Koga... gracias —agradeció y lo tomó de la mano.

Y como era de esperarse, Koga aprovechó aquella oportunidad para quizá, atraerla con un poco más de fuerza de la necesaria, haciendo que Kagome terminara pegada a su cuerpo, aquella quizá era la primera vez que se encontraban tan juntos, sin que los interrumpiera inevitablemente Inuyasha, por ello tal vez fue que ambos se sintieron un poco más nerviosos que de costumbre, era como si cualquier cosa pudiese suceder en aquel momento.

—Gracias —atinó a murmurar Kagome mientras se negaba a voltear a ver a los ojos a Koga, porque tenía el presentimiento de que la estaba viendo, fijamente, y temía que viera en aquellos ojos algo, algo que quizá hiciera tambalear finalmente su mundo.

—No es nada —contestó Koga, viendo a Kagome, sintiendo el corazón latir aún más rápido de lo que él podía correr.

Lejos de ahí se encontraba Inuyasha, si bien estaba ansioso de ver a Kagome, había decidido que la mejor forma de hacer que el tiempo pasara más rápido era haciendo algo que mantuviera su mente ocupada o al menos su cuerpo.

Miroku le había dicho que en una aldea vecina había un monstruo que había estado atacando a la gente, mataba sin ninguna razón, el monje le dejó entrever que quizá se trataba de algo relacionado a Naraku, no creía que se tratara de eso, pero no tenía nada mejor que hacer y aquello le venía muy bien para distraerse.

Pero en aquel instante cuando estaba ya saliendo de la dichosa aldea junto a Miroku, sintió algo, un presentimiento de que algo ocurría, algo que no le agradaría en absoluto, Miroku al ver la expresión en el rostro de Inuyasha le preguntó.

—¿Qué sucede? —dijo examinando aquella expresión de disgusto.

—Nada —dijo secamente, aunque era claro que sí que pasaba algo.

—No es necesario que escondas tus emociones —dijo calmadamente el monje recibiendo por respuesta un simple Feh!

Ambos hombres iniciaron su viaje de regreso hacia la aldea, aunque Inuyasha deseaba volver lo más pronto posible, tampoco quería verse alterado, sobre todo porque no era más que una sensación que se había apoderado de él. No era más que su imaginación que no lo dejaba tranquilo. Miroku podía notar la inquietud en él, por lo que continuaron de largo sin descanso, estarían de regreso en la aldea para la mañana siguiente.

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Finalmente, Koga había conseguido tener aquel momento junto a Kagome, sin ninguna interrupción, sin ninguna prisa en absoluto, podía sentir que el corazón de Kagome también latía con fuerza, lo que ocasionaba que a su vez su corazón latiera todavía más frenéticamente. Quería decirle que la amaba, que estaba locamente enamorado de ella, quería pedirle que fuera su mujer, quería decirle que quería que fuera ella la única mujer en su vida hoy, mañana y siempre, pero su voz se había quedado atorada en su garganta, los nervios le estaban jugando una mala pasada, justo en ese momento era que no le salían las palabras ¡vaya suerte! Pensó.

—Koga —la voz de Kagome interrumpió el silencio que se había formado en el lugar. Kagome se había obligado a levantar la vista, pasaría lo que tuviera que pasar de todas formas, pensó.

El aludido bajó la cabeza para ver a Kagome, ahí estaban, aquellos ojos chocolate que tanto amaba, lo veían con aquella dulzura tan característica, se preguntó si veía de esa forma a todos o solamente a él, deseaba que la respuesta fuese la segunda opción.

En un instante, sin siquiera pensarlo claramente, Koga se inclinó sobre Kagome y sin decir nada, se acercó a su rostro, tan cerca que podían sentir su aliento sobre sus rostros, Kagome abrió los ojos con sorpresa, aunque no se apartó, su corazón la estaba traicionando, no era posible que no se alejara, ella estaba enamorada de Inuyasha ¿no era verdad? Y ¿entonces? ¿por qué su cuerpo se quedaba tan quieto frente a Koga? ¿por qué su corazón no dejaba de latir con tanta fuerza que parecía que se saldría en cualquier momento de su pecho?

Las dudas inundaban la cabeza de Kagome, mientras aquella quietud por parte de ella, no hacían más que aumentar las esperanzas de Koga, quien podía ver aquella batalla interna que tenía la muchacha frente a él, podía darse cuenta de que se debatía entre aceptar lo que sea que él fuese a hacer o golpearlo por atrevido.

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Inuyasha había aumentado el paso, aunque sabía bien que no había forma de llegar antes de el amanecer, sabía que se veía como un loco, principalmente porque no le había dicho nada a Miroku, no es como si pudiese decirle que tenía el presentimiento de que alguien estaba haciendo algo, o que presentía que Kagome quizá... no, era ridículo para empezar.

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Kagome se quedó quieta dejando que Koga se acercara tanto a su rostro, que no podía creerlo. Sus labios estaban casi fundidos en uno, pero fue un segundo, un segundo el que le bastó a Kagome para darse cuenta de que no estaba segura, no estaba segura de lo que estaba pasando, justo en el momento en que los labios de Koga estaban ya casi sobre los suyos, Kagome desvió levemente el rostro, dejando que Koga terminara besando tan sólo la comisura de sus labios, aquello decepcionó un poco al lobo, pero sentir aquella piel tan suave era más que suficiente, al menos momentáneamente.

—Lo siento yo —dijo Kagome apenada, sintiendo como los labios de Koga quemaban su piel.

—No te preocupes yo tuve la culpa —Koga desvió la mirada—, lo siento, no debí, pero pensé que

—No... no es —se quedó callada un momento—, la verdad, yo... no estoy segura de lo que siento.

Ante aquellas palabras, Koga no pudo más que sonreír para sorpresa de Kagome, a lo que Koga dijo simplemente Eso quiere decir que aún tengo posibilidades. Kagome sonrió ante la declaración del lobo, era verdad suponía, el hecho de no haberlo apartado y sentir que el corazón se le salía, pero sus sentimientos no estaban claros; sintió los brazos de Koga rodeándola en un abrazo, un abrazo tan cálido que deseo por instante no tener que apartarse nunca, pero tenía que.

—Me tengo que ir —dijo Koga con desgano mientras acariciaba la mejilla de Kagome.

—Está bien, ten cuidado —contestó Kagome sin apartarse de su caricia, lo que le hizo sonreír nuevamente. El hombre desapareció entre el bosque, tan rápido como había aparecido, pero la sensación que le había dejado dudaba que fuese a desaparecer así de rápido.

La noche cayó cuando ya se encontraba en la cabaña de la anciana Kaede, sólo estaban ella y Shippo, el sueño se fue apoderando de ella, comenzó a despertar cuando sintió que alguien la observaba, abrió los ojos con pesar, sí, alguien la observaba.

—Vuelve a dormir —le dijo el hombre junto a ella.

—¿Cuándo llegaste? —preguntó mientras se sentaba aún medio dormida.

—Hace un momento

—Parece que se cansaron bastante —comentó al ver a Miroku tirado sin siquiera cobijarse y ya dormido.

—Feh! Ya sabes que Miroku no tiene muy buena condición —dijo mintiendo vilmente a lo que Kagome sólo sonrió—, vuelve a dormir —dijo nuevamente Inuyasha.

—No tengo sueño —dijo mintiendo, la verdad tenía sueño, pero también tenía ganas de ver a Inuyasha.

—Oh... bueno, si ese es el caso —dijo mientras se levantaba—, vamos por un poco de agua al río —dijo tendiéndole la mano a Kagome para que esta se levantara.

—Claro —dijo Kagome tomando la mano que le extendía, no estaba segura de por qué de pronto Inuyasha actuaba tan caballeroso, aunque no le molestaba, de vez en cuando actuaba así, se preguntó si serían aquellos gestos lo que la habían enamorado, no, sin duda no era su caballerosidad, era todo él, aunque tuviera una personalidad un poco difícil.

Ambos salieron de la cabaña rumbo al río en busca de un poco de agua, aunque Kagome no estaba del todo segura de que ya no hubiera agua en la casa de la anciana Kaede, aquel pretexto era tan bueno como cualquier otro para estar un rato a solas con Inuyasha.

Se encontraban caminando como siempre, juntos, pero no tan juntos, cuando de la nada, Inuyasha tomó su mano, y no es que nunca se hubiesen tomado de la mano, era sólo que normalmente era ella quien iniciaba el contacto, pero ahora era él quien la tomaba de la mano y hacía que las mariposas de su estómago se despertaran y revolotearan tan fuerte que parecía que comenzaría a volar en cualquier momento.

Detuvieron sus pasos una vez estuvieron delante del río, la Luna no se alcanzaba a ver del todo pues las nubes la cubrían sutilmente, pero los rayos de luz que alcanzaban el agua hacían que la vista fuese simplemente hermosa.

—Kagome —dijo con una voz extrañamente ronca.

—¿Qué sucede? —contestó Kagome intentando ignorar la forma en que había dicho su nombre, lo miró a la cara esperando una contestación.

—Kagome —dijo una vez más causando en Kagome estragos, aparte de las mariposas en el estómago, sentía que su corazón bombearía tan fuerte su sangre que terminaría desangrándose, su cerebro no podía hilar ningún pensamiento coherente—, hueles muy bien —ahí estaba, otra vez, pero ahora se lo estaba diciendo a la cara y completamente consciente, el corazón latía tanto que seguramente se podía ver desde afuera de su pecho.

Inuyasha veía inquieto a Kagome, podía escuchar el latido de su corazón, sabía que el corazón de Kagome latía así de fuerte por él, aquello lo llenó de valentía, acercó su rostro hasta ella, vio como sus ojos se abrían con sorpresa, puso sus manos alrededor de su cuello, aquello le gustaba, podía sentir sus latidos claramente, sonrió, las pupilas de Kagome estaban tan dilatadas, él mismo podía sentir que flotaba, el corazón le palpitaba con locura y sintió entonces que no necesitaba nada más, tenía entre sus manos todo lo que necesitaba, todo lo que alguna vez podría querer.

Kagome se quedó quieta, sin decir nada, no había nada que decir, aunque sus pensamientos eran otra cosa, justo antes de que Inuyasha pusiera sus manos alrededor de su cuello, el recuerdo de Koga le vino a la mente, la confusión que sentía era real, claro que pensaba que estaba enamorada de Inuyasha, pero ¿qué tanto? Aquel casi beso de Koga le había hecho darse cuenta de que quizá, sólo quizá, aquellos sentimientos por Inuyasha no fuesen tan fuertes como creía.

Entonces sintió las manos de Inuyasha alrededor de su cuello, vio aquellos ojos dorados viéndola directamente, era como si de pronto el alma de Inuyasha estuviese completamente abierta para ella.

El hanyou se contuvo tanto como pudo, no quería asustar a Kagome, quería quizá besarla, pero optó mejor por tocar suavemente con sus labios su frente y luego recorrer con sus labios, tan despacio como le era posible, el camino que llevaba a sus labios, quiso besarla, pero quizá aquello era demasiado, se separó un poco cuando llegó a sus labios, sintió el cálido aliento de ella, casi lo volvía loco, pero logró controlarse y terminó por abrazarla, sentía todavía el corazón de ella latiendo muy rápido, se rio para sí mismo al darse cuenta, que sus corazones latían al mismo ritmo.

No puede ser, no puede ser se repetía una y otra vez Kagome en su mente, mientras Inuyasha la abrazaba, sí que era posible, estaba segura de que Inuyasha le gustaba y mucho, pero hasta el día de ayer no se había planteado seriamente el darle una oportunidad a Koga y ahora, ahora con todo lo que había sucedido no podía estar segura de que fuera una mala idea, pero en ese momento se preguntaba también si no era mejor en todo caso esperar a Inuyasha, es que acaso ¿podían gustarle los dos al mismo tiempo? De pronto las cosas se habían complicado y nada tenía que ver con buscar los fragmentos o derrotar a Naraku.