6. Fisuras
Elena sentía las miradas de los que la rodeaban como látigos sobre su cara. Especialmente Matt no podía creer lo que estaba viendo.
—Siempre supe que podías herir fácilmente, Elena Gilbert, pero esta vez te has superado a ti misma.
—Matt… —ella intentó hablar pero Meredith la interrumpió.
—No trates de justificarte, Elena; de veras nos has decepcionado. Y tú —se volvió hacia Damon— tú patético… galán… roba chicas… ¡Había empezado a confiar en ti!
Damon volvió a mirar a Meredith como hacía tiempo no lo hacía, con ganas de arrancarle la cabeza; pero Bonnie intervino calmándolos a todos.
—Dejen… que ella explique; por favor. Sé que todo esto es muy difícil pero… Elena es mi amiga, nuestra amiga, y algunos incluso le debemos la vida, a ella y a Damon…
—No la habríamos arriesgado en primer lugar si no hubiéramos estado allí para ayudarla.
—Eso es injusto, Meredith… —empezó a decir Elena y Damon completó su frase.
—… porque yo les advertí de no ir y ustedes escogieron hacerlo.
—Porque confiábamos en Elena. Y una vez juramos ayudarla a cualquier cosa que tuviera que ver con su amor por Stefan. ¡Pero miren ahora! Ella traicionó a Stefan y se quedó con… su hermano.
—Meredith, todos estábamos allí, y fue Stefan quien la dejó a ella, y quien le dijo que ella pertenecía con Damon. No sé por qué lo hizo, pero supongo que tendría sus razones —volvió a hablar Bonnie.
—Claro; debe haber visto en los recuerdos de Damon todas las veces que estos dos se besuquearon y apretaron en los rincones mientras él… casi agonizaba en esa celda —gruñó Matt—. Y eso si no pasó algo peor. Porque ¡mírenla!, ella está embarazada, y no parece algo que comenzara anteayer.
Damon no pudo contenerse esta vez. Atrapó a Matt y lo lanzó contra un mueble.
—¡No vas a ofender más a Elena!
La Sra. Flowers corrió junto al muchacho rubio y lo ayudó a levantarse. Su mirada bondadosa recorrió a los demás y luego habló pausadamente.
—Creo que… entiendo un poco lo que ocurre. Vamos, chico, tú y yo… nos iremos a la casa de mi hermana en Washington por unos días. Necesitamos buscar algunas cosas allá para volver a arreglar las cosas en el pueblo, entre ellas a mi hermana, que es una bruja muy poderosa; entre más ayuda tengamos, mejor. Así… daremos tiempo a que se calmen las cosas. Sé que luego todos se entenderán.
—Yo… —Matt se limpió la sangre a un lado de su labio inferior, mientras observaba de reojo a Damon, quien tenía aún una mirada amenazante— voy con usted, si me necesita.
Elena fue hasta donde estaba la Sra. Flowers y le tomó las manos.
—Gracias. Sé que al final todos entenderán.
—No te preocupes tanto, niña. Todos te quieren. Pueden quedarse aquí, tú y Damon Salvatore, hasta que regrese de Washington. Luego ya veremos.
Meredith se volvió cuando Elena intentó hablarle a su vez y se fue tras Matt y la Sra. Flowers. En la sala quedaron Bonnie y Sage. Este tenía una sonrisa maliciosa cuando se acercó a Damon y le puso una pesada mano en el hombro.
—Bueno, bueno, será interesante verte como un hombre de familia; porque supongo que tu mojigato hermano menor no es el responsable de la situación de Elena.
—Yo amo a Elena, Sage, la amo de verdad.
—Me imagino. Sólo mencionabas su nombre cuando te salvé de que te estacaran después de aquella paliza que soportaste por protegerla a ella de esa horda de vampiros enfadados.
—¿Lo hice? No recuerdo eso.
—Supongo que Shinichi también te robó ese momento para su disfrute personal. Un vampiro rudo como tú… ¡enamorado! Bueno, por mí todo bien. Tú eres mi amigo, no Stefan; y la diosa acá, la bella Elena, puede hacer lo que mejor le plazca y nadie debe siquiera intentar impedírselo. Andaré por el bosque estos días, por si me necesitan —dijo mientras salía.
Bonnie besó a su amiga en el rostro.
—Todo se arreglará, Elena. Yo hablaré con Meredith y la haré entender; siempre hemos estado unidas y nada puede separarnos, ¿no es cierto?
—Eso espero. Si no es así, me dolerá mucho pero nada va a apartarme ahora de Damon; nunca más.
Bonnie asintió, aunque esas palabras también le habían dolido a ella.
