11. Destinos.

Margaret adoró la idea de ser tía, aceptó con la facilidad propia de los niños que Elena estaba viva y de regreso al pueblo, y hasta miró con buenos ojos a Damon.

—Es lindo tu novio, Elena; es más lindo que el otro —le dijo al oído la última parte.

Sólo un día más, y Elena daría a luz.

Damon y Bonnie eran los que estaban a su lado, y ella estaba muy tranquila, como si supiera que nada malo le iba a pasar. En cambio, sus acompañantes estaban muy nerviosos. Ella tomó la mano de Damon y le sonrió.

—Estás pálido, mi amor. Debías salir a buscar algún ciervo o algo así.

—Ahora no; no voy a dejarte sola.

—Bonnie está aquí.

—Ni siquiera con Bonnie.

La pelirroja miró al vampiro para constatar su preocupación real; y a su pesar sintió una punzada de celos por el amor que él reflejaba en su rostro, en su mirada, en todas sus acciones dirigidas a la amada, a Elena.

Ella supo cuando era tiempo, se acomodó para dejar salir más cómodamente al bebé; no hubo gritos ni sudores fríos, y ahí había una niña rubia, casi pelona, con los ojos lapislázuli de su madre. Entonces Bonnie gritó.

—¡Dios mío! ¡No puedo creerlo!

—¿Qué ocurre?… ¡oh! —Elena lo sintió; venía otro bebé.

Un niño, con mucho pelo oscuro, ojos como pedazos de cielo. Damon tenía a la bebé en sus brazos; ella pareció oler su fragancia personal. Bonnie puso al otro bebé en los brazos de Elena, mientras Damon depositaba allí también a la niña. Ella sonrió cuando cada uno se posesionó de uno de sus senos para alimentarse. Miró a Damon.

—Tenemos gemelos.

—Hembra y varón, como los kitsune. ¿Eso será una coincidencia?

«No. No lo es.»

Todos oyeron y vieron a Isfendarmad.

«Ya veo que las doncellas aquí presentes mantienen, ambas, su corazón puro. Hermano Damon, han tenido hermosas crías».

—¿Por qué estás aquí otra vez, Isfendarmad? —dijo él receloso—. ¿Sólo para conocer a tus sobrinos?

«Ya sé que estás un poco molesto porque te sientes una pieza de ajedrez, o algo así, una parte de un engranaje que no puedes controlar. Pero, Damon, siempre es de esa manera. Existe el libre albedrío, pero sólo puede modificar mínimamente el verdadero destino. Mírate: te convertiste en un vampiro cuando debías ser el representante de Asallam entre los Hombres, pero eso no te impidió llegar hasta aquí, y unirte a la princesa hada».

—¿Princesa hada? —interrumpió esta vez Elena; los niños seguían tomando leche, imperturbables.

—Fuiste adoptada por los Gilbert, bella Elena; tus verdaderos padres viven en el reino de las hadas: son el rey y la reina. No creas que les fue fácil desprenderse de ti, mucho más después de ver cómo su otra hija se corrompía y se convertía en hada oscura, en vampiro, en monstruo…»

—¡Katherine! —exclamó Bonnie, que hasta ese momento parecía como hipnotizada.

—Esto es muy sórdido —dijo Elena—. Resulta que Katherine era algo así como mi hermana, y yo la maté…

«Tenías que hacerlo. Ella no tenía redención posible».

—Pero… ¿por qué son tan iguales físicamente? Su parecido es demasiado perfecto aún para dos hermanas.

«Elena es su dopelgänger: una doble astral y física; tenía que ser así para que ella y Damon pudieran unirse. Sus padres tienen una magia muy poderosa, e influyeron su genética desde la propia concepción».

—Bien; está claro que todo fue muy bien planeado; pero necesito saber qué papel juega Stefan en todos los planes de la Dimensión Dorada, y de la Oscura —masticó más que dijo las palabras Damon.

«Para ellos, Stefan estaba ahí para mantenerte encadenado por el odio, por el deseo de venganza, y para propiciar tu transformación en vampiro. Para nosotros, él era tu conciencia, tu apego a un afecto real, y también estaba para protegerte, especialmente de ti mismo.»

Las últimas frases tranquilizaron un poco las reservas de Damon; su cierto sentido de culpa por el sufrimiento de Stefan.

«Cuando vuelva Stefan, recuérdenle revisar el regalo que le hizo su compañero de prisión. Podría ser lo que tanto más ha deseado tener en los últimos 500 años. Él va encontrar la felicidad también; así como esta pequeña bruja».

Bonnie supo que estaban hablando de ella.

—¿Qué saben de mí… y de mis poderes psíquicos?

«Te he estado mirando, y realmente tienes mucho Poder. La sangre de hada no debe estar muy lejos en tu árbol genealógico. ¿Sabes que todos los brujos tienen un antepasado hada? Pueden hacer todos un buen equipo. Damon y Elena, los gemelos, Stefan, y la bruja. ».

—Mis hijos se ven tan indefensos… —protestó Elena.

«Pero no lo son. Míralos ahora, Elena».

Todos miraron a los bebés, a los que habían dejado de observar por unos segundos mientras escuchaban hablar a Isfendarmad. Había un pequeño unicornio en uno de sus brazos; en el otro, un hada diminuta, con alas traslúcidas.

«Pueden transformarse cuando quieran; y asumir los poderes de sus formas alternativas. Yo les pido que se queden en este pueblo por un tiempo. Ya saben que hay fuertes líneas de Poder cruzando por aquí y aún esas líneas van a atraer más seres oscuros; además, todavía hay que arreglar lo que hicieron los kitsune.»

—Pero tendremos que irnos de cualquier manera. En algún momento se darán cuenta de que yo no envejezco —dijo Damon—. Y… ¿qué va a pasar con Elena?

«Las hadas sólo son longevas mientras permanecen en la Dimensión Dorada; en el mundo del Hombre son tan mortales y susceptibles como cualquier otro humano. Pero Elena tampoco envejecerá mientras beba cada día tu sangre, Damon; tu sangre la protegerá. Ah, un pequeño truco para que no se llenen de demasiados hijos: lo pueden controlar con sus mentes, el que no haya fertilización. Usen sus Poderes. Y sí, deberán irse algún día; habrá otros lugares como este donde el Hombre necesite la ayuda de la Dimensión Dorada para librarse de la Oscuridad. Ahora, me voy. Buena suerte, hermano. »

La habitación quedó iluminada tras la partida de Isfendarmad; Damon fue junto a Elena y la abrazó. Los niños habían vuelto a la normalidad, y los llevaron a las cunitas que tenían preparadas.

Bonnie los contempló largamente, mientras Damon y Elena decidían cómo iban a nombrarlos. Bran y Brenna, fue la elección final. Bellos nombres, pensó Bonnie. ¿Y yo? ¿Cuál es mi destino? ¿Qué papel tengo yo en toda esta historia?

Salió de la habitación; luego se sentó en los escalones de la entrada. Damon la siguió.